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Algún día volveremos a las aulas…

Algún día volveremos a las aulas. Un día estaremos juntos de nuevo maestros y alumnos. Un día será posible vivir como si afuera no pasara nada, como si sólo existieran los problemas de siempre en las escuelas: maestros fastidiosos, niños aburridos, rituales absurdos, exámenes inútiles, recreos anhelados, evaluaciones que no evalúan, padres que se olvidan de los hijos.

Un día, claro, también volverán las escuelas emocionantes, directores comprometidos, maestras apasionadas, maestros que encantan a los estudiantes. La dedicación de miles de educadores que cada mañana y cada tarde dejan un pedazo de sí en la compleja tarea de ayudar a otros más jóvenes a prepararse para la vida y, de paso, aprender matemáticas, lectura, ciencias, historia, geografía.

Alguna vez pasará todo eso. Mientras, algunas preguntas vienen a la cabeza.

Cuando eso pase: ¿a qué escuela volveremos? ¿Será distinta o la misma, sólo con gel antibacterial, un termómetro en las puertas, menos alumnos en el salón, jabón en los baños y medidas higiénicas severas?

Más preguntas: ¿los profesores seremos distintos? Quiero decir, mejores, porque enseñamos mejor.

¿Las autoridades harán bien su parte? Quiero decir, mucha comprensión, programas y políticas adecuadas y recursos suficientes.

¿Tendremos claro que cada estudiante es único y sus circunstancias pueden ser adversas?

¿Estableceremos alguna relación pedagógica con la familia? ¿Los directores, entenderán, de una vez y para siempre, que madres y padres no son sólo receptores de información?

En esta materia tengo dudas. Me gana el escepticismo. Para las escuelas públicas, para muchas, el padre puede ser incómodo o inexistente. Y servir sólo para organizar actividades recreativas u obtener recursos.

En las escuelas privadas, madres y padres son otra versión de la educación bancaria del pedagogo brasileño Paulo Freire: una tarjeta de crédito.

La pandemia es oportunidad para reinventar lo que hicimos por costumbre, inercia o comodidad. O para la simulación.

Ahora comenzamos Aprende en casa II y no tenemos una evaluación pública de lo sucedido el ciclo escolar anterior. ¿No la hicieron las autoridades? ¿No saben que es indispensable? ¿No importa?

¿Cómo se puede planear un ciclo escolar tan insólito, sin una evaluación confiable, sin recoger voces de los implicados? ¿Cómo se puede planear sin aprender de la experiencia?

Con este Aprende en casa II, sin libros de textos todavía en las manos de los niños, con mucha televisión, juzgada muy polémicamente, no parece que los responsables estén pensando, en serio, en el presente y futuro de esos millones de niños.

Ojalá me equivoque. Si así fuera, celebraré mi desvarío.

Heraldo. Opinión 1

Feliz cumple a la Universidad

Llegué a la Universidad de Colima con 15 años; muchos después, aquí sigo. Era un niño entonces. Mis compañeros de la prepa, algunos, un poco crueles, decían que me habían bajado del cerro a tamborazos. Y claro, Quesería, mi pueblo, son lomas entre lomas, en los cerros donde nace el volcán de Fuego. Por suerte, nunca me intimidaron, no hice caso y seguí mis estudios hasta terminar con un título y el premio al mejor estudiante de mi carrera; que no era gran cosa, porque sólo éramos seis, pero está por ahí, para orgullo de mi madre en su momento.

Mi historia con la Universidad tiene muchos capítulos. Tantos, que tengo en planes un día escribirla en un libro para contar vicisitudes, desde mi experiencia como director de la Facultad de la cual egresé, hasta el proceso en que pretendí participar por la rectoría. De lo demás, hay poco que decir. Algunas páginas ya están escritas. Un día, tal vez, decida que es el momento.

Hoy la Universidad, mi segunda casa, cumple 80 años. Y por supuesto que lo celebro y me celebro por ser parte de ella. Porque ahí me formé, porque trabajo en ella y ahí pasaré otros cuantos años de mi vida.

Es un buen momento para agradecer a todos de quienes he aprendido y con quienes trabajé. Y no digo sólo a mis maestros, también a mis colegas, jefes, colaboradores y ahora, a los estudiantes que asisten a mis cursos. ¡Gracias! ¡Felicidades a ellos!

¡Felicidades a quienes han hecho de ella la casa de miles de colimenses!

Tarde de cine

Dos horas de la tarde los pasé viendo la película La lengua de las mariposas. Dura menos, pero en algunos momentos la detuve para escuchar mejor, de nuevo o tomar algunas notas. Esa y otras cintas serán parte del material que analizaremos en un curso.

La película está basada en la historia escrita por uno de los periodistas españoles más reconocidos: Manuel Rivas, y forma parte del libro ¿Qué me quieres, amor?

El personaje principal es un maestro, don Gregorio, interpretado maravillosamente por un actor estupendo como Fernando Fernán Gómez. Disfruté la dos horas, poco menos, aunque el final, incluso visto varias veces, no deja de formar un doloroso nudo en la garganta.

Robo a escuelas

Hay días en que cuesta mucho mantener el optimismo. En tiempos de pandemia, la misión a veces es imposible. Como hoy. Leo en un portal noticioso y a mi cansancio de cada lunes sumo impotencia: “Alarmante robo de material en las escuelas del estado”, titula la nota, sobre una entrevista con el director del Instituto Colimense de la Infraestructura Física Educativa.

Aunque la información es escueta y focalizada en Tecomán, el comienzo denuncia robos en las escuelas de todo el estado.

Los objetos hurtados favoritos: materiales eléctricos y equipos de cómputo.

El robo es delito. Se sabe. Pero robar a instalaciones públicas que prestan servicios como los de salud o educativos ameritarían persecuciones y sanciones mayores, por los daños patrimoniales y la situación de indefensión en que colocan a las instituciones escolares.

Las necesidades sociales, el hambre, el desempleo o la desesperación pueden explicar los móviles del robo a las escuelas, pero los daños que causan son imperdonables. El presente de las escuelas es el futuro de las sociedades; sin un presente promisorio, cancelamos parte del futuro.

Educación superior gratuita sin presupuesto

La nota periodística de La Jornada, escrita por Víctor Ballinas y Andrea Becerril el 10 de septiembre, comienza así: “Con el aval de todas las fuerzas políticas, se presentó ayer en el Senado la iniciativa de Ley de Educación Superior, en la que se establecen las bases para que el Estado cumpla con la obligación de garantizar el derecho de los mexicanos a la instrucción universitaria gratuita”.

Según la nota, en el artículo 64 de la iniciativa, el Proyecto y Decreto de Presupuesto de Egresos de la Federación “establecerá un fondo federal especial destinado a asegurar a largo plazo los recursos económicos suficientes para la obligatoriedad, de manera gradual, de los servicios de educación superior”; ese fondo permitiría “apoyar el incremento de la cobertura de educación superior, mejorar la distribución territorial y la diversidad de la oferta educativa, y garantizar el financiamiento plurianual de la infraestructura, equipamiento, instalaciones, incremento de la planta docente y gastos de operación de las instituciones públicas de educación superior”.

A reserva de las discusiones que puedan suscitarse, el consenso para su presentación, con la participación de todos los partidos, supone que no habrá problemas para una aprobación rápida. Aplausos unánimes.

Pero aparecen las contradictorias posiciones en el partido gobernante respecto a la educación. Un día antes de la iniciativa, en el Senado se entregó el Proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación del año 2021. Desde los primeros análisis hubo rechazo en distintos sectores magisteriales. Destaca, tristemente, el recorte de varios programas federales que sostendrían el discurso de la educación con equidad, entre ellos, la desaparición de tres: Escuelas de Tiempo Completo, Expansión en la oferta en educación media superior y superior y Fortalecimiento a la excelencia educativa.

Lo mismo sucede con el no menos despiadado recorte del presupuesto para las escuelas normales, cuando el secretario de Educación Pública ha insistido durante dos años en la revalorización del magisterio, la relevancia de las escuelas normales y la sensibilidad de la SEP para trabajar junto a los maestros.

Contra el discurso, el presupuesto dicta otra línea. El mismo día la Junta de la Coordinación Nacional de Autoridades de Educación Normal, en representación de las 32 entidades, expresó su “preocupación” por el presupuesto que les asigna el Proyecto de Egresos. La educación normal sólo recibirían 20.6 millones de pesos, equivalente a 229 pesos por estudiante en 2021, denuncia en su pronunciamiento dirigido a los secretarios de Educación Pública y Hacienda y al presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados. Tijeretazo brutal de 95.3% con respecto al presupuesto 2020.

La primera decisión tendrá hondas implicaciones. Constituirá un punto y aparte en la historia de la educación nacional, aunque los cambios en la ley queden lejos de las realidades. Las universidades públicas autónomas tendrán que comenzar procesos de ajustes internos graduales, como todo el sistema, lo cual obligará a discutir seriamente los procesos de admisión, entre otros temas.

Pero el presupuesto para 2021 también tendrá repercusiones graves, aunque tal vez sea sólo pasajero y, lo mejor, pueda rectificarse en las discusiones del Congreso.

Los dos hechos están ahí. De alguna forma reflejan el estilo de gobernar, con mensajes contradictorios y decisiones que a veces no se sustentan en condiciones factibles. Dos de los programas que fortalecerían la decisión trascendente sobre la educación superior (Expansión en la oferta en educación media superior y superior y Fortalecimiento a la excelencia educativa) están orientados a esos propósitos; quizá su pecado es que no fueron creados en este sexenio. Es verdad que hay un ligero incremento global para educación media superior y superior, pero la organización “Mexicanos Primero” en su análisis lo atribuye a los programas de becas: financiamiento a la demanda, no a la oferta, propuesta clásica del neoliberalismo.

Cierro con preguntas obvias que circulan en el ambiente cuando se repasan estas noticias: ¿gratuidad de la educación superior sin recursos adicionales para que las universidades públicas se recuperen de los recursos que no obtendrán por concepto de cuotas? ¿Cómo se amplia el cupo de las universidades públicas sin más recursos para contratación de profesores? ¿Alguno de los magos de la política oficial tiene la respuesta?