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Otra democracia es posible

Cada vez soporto menos el Facebook. Y cada vez me soporto menos cuando digo algo semejante. Solo un buen número de amigos, lo confieso, son la razón de continuar allí

Si ya me costaba trabajar pasear un rato por las olas de esa red social, con las campañas electorales en Colima se me volvió francamente odiosa. Es patético ver las expresiones de una, otra y otra parte. Lo peor de todo es que pretendan vernos la cara, como a unos perfectos imbéciles. Unos disparando hacia allá, aquellos envueltos en banderas de santidad, los otros para allá y para acá.

La democracia nuestra, me dirán los realistas, los escépticos o los inteligentes, es así. Y no hay más que salir a votar jubilosos cuando corresponda, mientras, a aguantar los baldazos de frivolidad y populismo.

Tengo la impresión, o quiero pensarlo que así, que el futuro será distinto. Que nuestros hijos, sus hijos, se cansarán de esta forma del ejercicio de la política y renunciarán a la condición de subalternos en que nos tienen sumidos hoy. Tengo un ejemplo buenísimo. Ayer, cuando subimos al auto, mi hija iba con un libro entre las manos; apenas encenderlo, las voces de una entrevista nos sorprendieron. Sin decir nada, es decir, sin avisar ni pedir permiso, lo habitual en esos casos, Mariana oprimió el botón de apagado y se callaron las voces de un candidato y su entrevistador. Se lo agradecí. Volví la mirada a la avenida, en silencio; ella, a su libro.

Así creo que vamos forjar un futuro distinto. Cuando los jóvenes de hoy, niños también, renuncien o digan no a este deprimente, decadente espectáculo donde la política es este pozo de mentiras y demagogia, y los ciudadanos, rehenes más o menos complacientes e indiferentes.

Aniversario de concepción

Un día como hoy nació el Diario 2015. Lo recuerdo con precisión, y emoción. Estaba en Manzanillo, disfrutando la placidez de las vacaciones; los hijos, lejos de la mesa de trabajo, con sus gritos y correrías. La mañana refrescaba sin temores ni preocupaciones, sin ocupaciones ni agendas. Leía a Andrés Neuman y su libro Cómo viajar sin ver; justamente un diario de viajes.

Lo conté ya: la idea de escribir un diario la había acariciado seis meses antes, cuando el mundial de fútbol de Brasil. El reto de una página en ese tema me intimidó y opté por la renuncia. Con el proyecto de Neuman me convencí que valía la pena. Y sin pensarlo demasiado (tal vez hacerlo me habría impedido continuar), lo decidí. En Manzanillo, pues, nació la idea y la primera página.

Hoy estoy en casa, encerrado en mi biblioteca y envuelto entre libros, apuntes y la computadora abierta en todo momento. Avanzo en la escritura de un libro y no pude dejar de recordar aquella circunstancia. Juan Carlos me acompaña, tumbado en el suelo, juega y silba feliz, esperando la Navidad y los juguetes.

El año ha sido fantástico, por muchas razones, y entre esas, este ejercicio cotidiano me regaló un desafío y una emoción indispensables.

El Diario está a una semana del fin. Hoy llego a la página 351. Una cantidad descomunal para el registro personal. Extrañaré el año siguiente este hábito, pero haré una pausa y apresuraré otros proyectos. Mi año 2016 delinea contornos interesantes y retadores.

Tarjetas navideñas

tarjeta navideñaA veces me da por pensar lo contrario de la marea humana. Hoy, por ejemplo, repaso los sitios más tristes para vivir la noche de la Navidad. No quiero ser un aguafiestas, y no lo seré, pero tampoco me pasa por la cabeza intentarlo.

Más que dónde pasaré esa noche, o los regalos de mis hijos, me dio por reflexionar en dónde no quisiera pasar una navidad, y no porque me derritan las campanitas, las músicas de temporada o los arbolitos fosforescentes.

Iré al grano. Creo que una prisión, un campo de guerra o un hospital son los peores sitios. En cualquiera de sus variantes: como recluso o internado, o sufriendo la pena de una persona querida.

No, en verdad no quiero insistir, pero a veces hacerlo es una forma inigualablemente perfecta de valorar la libertad, la salud, la alegría.

Ojalá nadie de los que me lea tenga que experimentar una pena así, y si la tiene, que pronto salga del trance.

Cuatro minutos bastan para enamorarse

Leía a Carmen Guaita, filósofa y pedagoga española, cuando encontré un pensamiento que me detuvo y zumbó el resto del día: Cuatro minutos mirando a los ojos de otra persona son suficientes para enamorarse.

¿Es posible? ¿Será cierto? Mascullé ideas en torno a la afirmación tan corta de palabras pero extensamente provocadora.

Rememoré entonces que sí, que alguna vez, lejos ya en el tiempo y en la memoria, fui consciente de que un cruce de miradas durante cuatro, tres, cinco minutos había provocado un aguijonazo memorable en el corazón, o alguna parte difícil de explicar. Fueron los ojos quienes se cruzaron, pero fue también una instantánea que se me untó en la retina, con los rubios bellos de ella, de su brazo derecho, levemente azuzados por el viento suave.

El recuerdo se fue abriendo, como si descorriera el velo pesado de los años. Lo reviví jubilosamente: el mundo cambió, algo se movió en aquel instante. Supe que allí, mirándome en sus ojos, me enamoré para siempre de una chica de la cual ahora no puedo siquiera recordar el nombre.

Lección de Lincoln

En una charla para TED, realizada en 2010, Ken Robinson leyó un texto que habría escrito Abraham Lincoln en diciembre de 1862. Las palabras no son clarividentes sino intemporales.

El décimo sexto presidente de los Estados Unidos habría dicho:

“Los dogmas del pasado silencioso son inadecuados para el presente tempestuoso. La ocasión es una montaña de dificultades y debemos crecer con la circunstancia. Como nuestro caso es nuevo tenemos que pensar de nuevo y actuar de nuevo. Debemos desencantarnos nosotros mismos y así podremos salvar a nuestro país”.

 La frase aplica para México, por supuesto, y para Colima. La circunstancia que vivimos es inédita, y las recetas del pasado repetidas sin imaginación son una expresión de la locura, afirmó Albert Einstein.

Quede claro para quienes tienen poca apertura o disfrazan su personalidad con los colores partidarios: no hablo de partidos o candidatos, sino de esquemas mentales, proyectos de sociedad, proyectos de presente y futuro, de la semilla de otra ciudadanía.

No es el retrovisor donde debemos mirar.

No es pensar como siempre y actuando igualmente.

¿Seremos capaces?

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