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Volver a las escuelas: cómo y cuándo

El debate por la vuelta a las escuelas en estos tiempos de pandemia tiene dos posturas firmes: no a la presencialidad, hasta que haya condiciones sanitarias y laborales o vacuna; la otra, prolongar la modalidad remota de educación perjudicará más las posibilidades de los que menos tienen, es preciso, por lo tanto, volver a las aulas, pues distintas evidencias muestran que los niños no son el foco de propagación supuesto.

Se discute el tema en distintas latitudes; en México menos, pero ocurrirá en algún momento con fuerza.

Esta mañana leí el pronunciamiento de un grupo diverso de educadores argentinos; proponen un “acuerdo de concertación educativa” para que el 2021 sea mejor que 2019 y logremos el retorno seguro y con los aprendizajes adquiridos de estos meses.

Mariano Narodowski, uno de los promotores de la iniciativa, en su cuenta de Twitter plantea una idea sugerente para invitar a la lectura: proponer la vuelta a clases sin ideas y criterios concretos, para funcionarios concretos y escuelas concretas, no parece muy productivo. Así lo creo. El debate debe superar la grieta o fractura entre posiciones políticas y pedagógicas e instalarse en otra perspectiva. En México también aplica.

A continuación, por su valía para un debate con ideas, comparto en forma breve los 12 puntos de la iniciativa suscrita por un abanico creciente de personas con posturas divergentes, pero que suman a la necesidad de superar la situación que enfrentan Argentina y otros países del continente.

1. Todos queremos que las escuelas reabran y así regresar a la educación presencial.
2. La educación debe ser prioridad real, no una mera declaración.
3. La vuelta a clases requiere un consenso que incluya a todos los actores de la educación.
4. No queda margen para seguir descuidando la infraestructura sanitaria básica en las escuelas.
5. Es urgente garantizar las condiciones de conectividad y equipamiento para los sectores que no cuentan con ellas.
6. Es preciso mapear y movilizar todos los recursos para garantizar el derecho a la educación, priorizando a los sectores desfavorecidos.
7. La vuelta a la escuela no puede ser improvisada.
8. Los docentes conocen como nadie el territorio real. Es imprescindible que las decisiones incluyan también a directivos y docentes en los ámbitos de gestión y decisión, dado que las respuestas deberán ser diversas, según las características de cada institución.
9. El peor escenario es la autonomía escolar perversa, en la que cada institución y cada docente resuelven los problemas aisladamente y con muy escasos apoyos y acompañamiento
10. La escuela es también ese lugar en el que se detecta y actúa ante la vulneración de derechos.
11. Los problemas socio-pedagógicos emergentes requieren un abordaje que articule macro y micro políticas educativas.

La número doce la copio completa por su valor y convocatoria: “2021 tiene que ser mejor que 2019. No hay certezas; hay desigualdades y problemas socioeducativos que se arrastran desde hace mucho tiempo. Pero contamos, por un lado, con una enorme experiencia pedagógica y didáctica acumulada gracias al gran esfuerzo que realizaron los docentes este año en todas las escuelas del país, y por el otro con investigación en territorio desde universidades públicas, privadas e institutos de formación docente. Con esa materia prima se pueden dar respuestas nuevas para los desafíos que se nos imponen, esperando que la política educativa las promueva, las apoye, las acompañe y las potencie”.

Un debate educativo razonable, informado y al margen de las posturas pro o contra el gobierno federal (para salvar la “grieta”, dicen los colegas argentinos), es indispensable para que en el regreso a las escuelas aprobemos el examen de las lecciones que no está dejando, a manos llenas, la pandemia.

Los mejores libros para los hijos

Desperté con la naciente claridad del domingo. Pasado el primer acto de reconocimiento, escuché muchos ruidos alrededor, desde los animales en la calle, pajaros entre los arboles y algunas voces humanas. Comprendí que ya no dormiría de inmediato, así que elegí uno de los libros abiertos: Momentos estelares de la humanidad, de Stefan Zweig, preparado durante 20 años.

Estoy atrapado en las páginas de Zweig. Sus biografías de Erasmo, Montaigne y Honoré de Balzac lo convirtieron en autor imprescindible.

Los dos capítulos más recientes de Momentos… rebasaron límites de la belleza literaria de contar una historia real; además, la verosimilitud con que retrata los 14 sucesos que el actor juzga como determinantes en la historia de la humanidad.

Me conmovió la historia de la Marsellesa, el himno creado una noche por Rouget, capitán del ejército y compositor menor, que en pocas horas, a petición de su superior, escribió los versos llamados por él “Canto de guerra para el Ejército del Rin”, que luego de circunstancias muy humanas habría de ser adoptado como himno nacional, mientras él vivía dificultades los últimos años de existencia.

El otro momento estelar que leí recién es la batalla final de Napoleón, Waterloo, y la desoladora situación que padeció el emperador al dejar su suerte en manos de Grouchy, un mariscal pusilánime, quien, por su comportamiento errático, lo abandonó para ser vapuleado por los ejércitos prusiano e inglés.

Cuando llego a la mitad del libro estoy convencido de que si tuviera que hacer una lista de los 10 que mis hijos tendrían que leer antes de los 20 años, apuntaría esta obra maestra de Zweig.

El oficio de escribir

Con el escritor español Arturo Pérez-Reverte aprendí que al terminar de escribir un libro no hay pausa para comenzar el siguiente. Que no hay vacaciones o descanso entre cada uno. Que escribir es un oficio, como cualquiera, que hay horarios y exigencias. Con esa idea, el periodo de confinamiento ha sido pródigo en resultados. Luego de coordinar en tiempo récord el libro sobre la pandemia en las escuelas de Colima, enfoqué toda la atención en cerrar los pendientes de otro libro colectivo sobre los 35 años de la Facultad donde estudié, la que dirigí y donde ahora laboro. Concluido el proyecto y recibidos los ejemplares, este fin de semana trabajo en la corrección de las primeras pruebas de un libro que nació en diciembre de 2018, basado en los tres años que laboré en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Al hacer una pausa para comer llegué a la mitad, 70 páginas, y seguiré en las próximas horas para entregarlo a la editorial el martes. Terminaré pronto, auguro, y entonces seguiré con los compromisos autoimpuestos. No es fácil, pero hacerlo, regala momentos placenteros y algunas satisfacciones. Además, es mejor estar escribiendo que fastidiando la vida a los otros.

Día del Libro, nuevo libro

No soy afecto a la celebración del Día de…, pero hoy, Día Nacional del Libro en México, pasé por Puertabierta para recoger la edición de nuestro libro 35 años de Pedagogía. Balances y perspectivas, que coordiné con el director de la Facultad de Pedagogía, Francisco Montes de Oca Mejía, para conmemorar el aniversario de nuestra escuela.

Es una obra colectiva en la que trabajamos durante más de un año y suspendimos temporalmente por la pandemia y el confinamiento, pero que al fin, por suerte, y gracias a la editorial, pudo ver la luz en este mismo 2020.

En unos días comenzaremos las presentaciones. Por lo pronto, tenemos motivos para celebrar un nuevo logro.

Han valido la pena la iniciativa y las muchas muchas horas invertidas entre la escritura, reescritura, revisiones y correcciones. También, porque al cuerpo de 21 autores se sumaron varios estudiantes y egresados recientes de la Facultad que tendrán pronto su primer libro entre las manos y, supongo, sobradas alegrías.

Candidatos a gobernador y la educación

En noviembre se aceleraron los pronunciamientos de quienes pretenden gobernar Colima los próximos seis años. También las encuestas que preguntan por las preferencias si ahora fueran las elecciones. Esos juegos que entretienen y, con frecuencia, embaucan.

Algunos aspirantes comenzaron su campaña desde cargos públicos hace meses o años. Es momento, ya, de que los ciudadanos examinemos mensajes, analicemos trayectorias y hechos para tomar buenas decisiones.

Los rebaños sólo tienen rutinas, porque así están programados, a seguir a su pastor, pero los ciudadanos tenemos libertad y voluntad para decir no, o sí, como juzguemos razonable.

No hay que tener bola de cristal para imaginar los dos grandes temas que ocuparán la atención: violencia e inseguridad y economía. Tiempo atrás lo padecemos, como el país, claro.

Lejos aparecerán otros, como la educación, más distantes la cultura o la construcción de una civilidad distinta para una entidad con características para ser ejemplar.

No es que la educación sea la solución directa de los problemas económicos o de la violencia, pero sí que la educación está en el fondo, junto a otros factores, para construir una economía vigorosa y lo más justa posible, y que son la educación y la cultura las que construyen la paz en las mentes y corazones de las personas, como así postula la Unesco. No hablo de abrazos y no balazos.

Es entendible el tercer o cuarto lugar que puede ocupar la educación para políticos como los que padecemos. Porque ella, la educación, no ofrece resultados inmediatos, como embellecer un jardín o develar una placa. La educación es siempre una apuesta por el futuro, es decir, por el mediano y largo plazos. Y los políticos no miran más allá de las próximas elecciones.

Por supuesto, hay que pensar un poquito y encontrar los proyectos que, repito, en mediano y largo plazos, redunden en la mejora de las condiciones de vida y desarrollo social.

Pienso, por ejemplo, convertir a Colima en una auténtica ciudad universitaria, reconocida en el país (no por nosotros mismos ni por nuestros invitados) porque aquí están las mejores facultades universitarias de, por ejemplo, Medicina, Bellas Artes, Arquitectura, Oceanología, Agronomía, y se vuelve un destino atractivo para los mejores estudiantes del país y de otros.

El mercado de los estudiantes de movilidad antes de la pandemia era uno de los más jugosos en la economía mundial. Tiene múltiples beneficios: calles peatonales, bares de estudiantes (no antros ni sitios para emborracharse), comedores, sitios para ejercitarse, residencias estudiantiles, museos, bibliotecas, centros digitales de aprendizaje, cineclubes, más valor a las personas y menos a los vehículos, transporte público limpio y eficiente, en fin.

No es fácil, pero tenemos esa opción, otras opciones. Usémoslas o sigamos así, en la medianía, en el Colima que vive más en nuestras fantasías e ilusiones, que el que pisamos cuando salimos a las calles.