Novedades

Los últimos libros

Elegí dos libros para acompañar los últimos días y horas del año. Las obras completas de Charles Dickens me consumiría semanas o meses de lectura, por las más de diez mil páginas en formato electrónico, así que sólo tomo algunas sin afán de concluirlo algún día.

El otro es de Stefan Zweig, su autobiografía, El mundo de ayer. Zweig es el escritor que más leí durante este 2020, con varias de sus extraordinarias biografías. Ahora conozco la autobiografía de uno de los mejores biógrafos.

Hoy empecé con Zweig. En las primeras 80 páginas descubro el mundo cultural riquísimo de Viena y las tortuosas experiencias del joven estudiante que sólo disfruto la escuela el día que se cerraron sus puertas para siempre.

Tiempo de valorar

Después de concluir los proyectos marcados para este año, abro una pausa en el trajín. Ni ellos están totalmente terminados, ni yo puedo seguir sin descanso. Reposarán días o semanas, luego volverán a la pantalla; con suerte, tendré algunas notas, nuevas ideas o interrogantes para la siguiente versión.

En la revisión encontraré detalles inadvertidos. Las tijeras de la poda, afiladas por el receso, se encargarán de adelgazar las palabras que abulten la redacción.

En la pausa toca no pensar casi nada en ellos, aunque un pasaje en la lectura, por alguna extraña asociación, podría conectarse internamente y obligarme a tomar las hojas media carta siempre a la mano y la pluma de punto fino para garabatear la idea, transcribir la cita o desarrollar uno o dos párrafos.

Toca cerrar las ventanas al trabajo. Leer sí, todos los días y todo lo posible. Leer algún libro especial, o dos al mismo tiempo. Toca distraerse. Y toca, inevitablemente, el recuento de lo que sucedió este terrible año plagado de muerte, dolor y sufrimiento.

Es tiempo, sobre todo, de mirarse al espejo y descubrir las nuevas experiencias y arrugas, también las sonrisas y personas que alegraron los doce meses previos. Es tiempo de balances. De gratitudes e, inevitablemente, algunas tristezas. De valorar la vida, nada más.

Misión cumplida

En enero de 2019 comencé el proyecto que me llevó por escuelas de Colima, en los municipios de Cuauhtémoc, Comala y Coquimatlán. Inicialmente pensaba en recorrer unas diez escuelas. Cuando llevaba seis, en febrero de este año, las lúgubres noticias del COVID-19 me hicieron parar las visitas cuando terminaba la incursión en el Telebachillerato Comunitario 8, de La Esperanza, en Coquimatlán.

En el calendario general calculaba concluir en octubre o noviembre del 2020. Y el libro que iría escribiendo con un capítulo de cada escuela estaría listo, en primera versión, el 23 de diciembre. No cumplí exactamente. Fue hoy, al mediodía, cuando terminé de escribir los dos párrafos finales de las conclusiones.

El resultado me entusiasma. Porque terminar un proyecto y cumplir metas es alentador. Porque la experiencia del trabajo de campo fue extraordinariamente rica. Porque pienso, con las reservas de la revisión crítica ajena, que tengo un material que valdrá la pena para lectores interesados.

Mi feliz navidad en la materia no fue como la imaginaba, pero tuvo este final feliz.

Inesperadas y gratas noticias

Hoy recibí una muy agradable e inesperada noticia en Twitter. El artículo que publiqué en mayo en Distancia por Tiempos, el blog de la revista Nexos, es uno de los 10 más leídos durante el año. La bomba de alegría estalló en el mejor momento, cuando hacía falta.

Cuando escribo, por supuesto que aspiro a ser leído, pero una vez publicado, me olvido un poco y dejo que el azar y su propia calidad decidan el impacto lector. A veces disfruto, a veces me quedo con interrogantes. Trato de aprender en cada caso.

Al terminar el artículo de referencia estaba muy contento. Creí que era un buen producto, pero no imaginaba el desenlace.

Estar allí, entre los 10 primeros, en un relevante blog dedicado a temas educativos, es un privilegio y una motivación inmensa. Más, cuando el final del año se agota la reserva del combustible vital.

Gracias, muchas gracias a quienes pasaron por el blog y me leyeron.

Dos noticias

Tengo dos noticias de que escribir. Una importa a muchos. Es vieja ya; es decir, pasaron varia horas. Sabemos quiénes son las principales candidatas al gobierno estatal. La del PRI y la de Morena. De ellas, creo, saldrá la nueva gobernadora. Dudo poco: será de mi municipio quien gobierne Colima. Hay otros candidatos, candidatas, pero no veo muchas posibilidades. Tal vez me equivoque. En todo caso, apuesto poco a que una persona le cambie la historia a un estado. Viví lo suficiente como para no creer en reyes magos, o reinas mágicas.

La otra noticias es íntima e importa poco. Bueno, a mí, todo. La semana pasada Juan Carlos, Juancito, tuvo una caída mientras jugaba en su patineta eléctrica. Es diestro y juguetón. Algo pasó. Cayó y lo que parecía un buen raspón en su codo izquierdo, es ahora una fisura en su brazo derecho. Pasamos la mañana en consulta, radiografía y ahora está inmovilizado.

La primera noticia que conté ahora me importa poco. Antes también. Hay un momento en la vida, este en la mía, en el que los hijos se vuelven casi todo. No sé si es buena o mala noticia. Es lo que tengo.