Novedades

El primer día de clases

El martes volveremos a las actividades escolares maestros y estudiantes de la Universidad de Colima y otros subsistemas. El primer día como maestro es trascendente, sobre todo, cuando enfrentas un grupo estudiantil nuevo. No sé si puede calificarse como el más, pero es un día para el que uno debe prepararse mejor que siempre.

Ignoro si los maestros somos conscientes de ello y vamos como a cualquier día, pero en estas semanas, en que tuve oportunidad de hablar ante profesores de varias instituciones educativas, enfaticé la necesidad de llegar preparados como a un examen duro, con la mejor actitud, mensaje asertivo y oídos alertas.

La docencia es una profesión de alta demanda física y emocional, que exige no solo disposición cognitiva, también corporal, porque estar en pie varias horas, moverse en el aula, caminar entre las filas cobra factura, por lo menos, mientras se coge el ritmo habitual.

En su investigación sobre los profesores más extraordinarios en Estados Unidos, Kein Bain encontró un conjunto de prácticas que los caracterizan. El primer día también es clave: no llegan al salón con la cara más arisca o las amenazas habituales entre aquellos que suponen que la rigurosidad de su curso se mide por la expresión facial, el tono imperativo de voz, las advertencias sobre lo que sucederá al que falte o llegue tarde, no lea, se mueva, incumpla tareas o se equivoque.

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Nuevo mes, otro semestre escolar

Se terminó este mes, que los memes calificaron de mil formas, como el más largo de la década, entre otras genialidades que parieron las benditas redes sociales. Para algunos de los profesores e instituciones educativas, enero fue de preparaciones, reuniones y puestas a punto.

El martes muchos volveremos a las aulas para el comienzo de otro ciclo. Así será en la Universidad de Colima. Por la tarde tendré mi primera clase, y luego el jueves. Dos días a la semana, como el ciclo previo.

Las vacaciones estudiantiles fueron todo menos un paseo entre los jardines del ocio. Aproveché para recuperar tareas atrasadas, avanzar proyectos y emprender un programa de lecturas sobre la escritura. Fue el periodo más intenso que recuerdo en un buen rato, pues tuve que impartir conferencias y mini talleres en varias instituciones educativas, con saldo estimulante. Aunque no sé si lo repetiré, porque el cansancio me desplomó este fin de semana, cuando ya avizoro nuevos compromisos.

Mientras llega el martes con su trajín, estos días frescos en Colima serán lo más parecidos a una convalecencia luego de un largo mal. En momentos así, me encantaría tener la varita mágica para elegir noches largas y días brevísimos.

El coronavirus

Un fantasma recorre el mundo: el coronavirus. Surgido de una provincia china que probablemente nunca escuchamos antes, hoy amenaza la salud mundial. Cada día se expande y el mapa va agregando nuevos puntos donde brotan casos; la cifra de muertos se eleva incesante.

Según los datos recientes de la ONU, en esta tarde de jueves, en China hay 7,711 casos confirmados; 12,167 casos sospechosos, 1,370 graves y 170 muertes. El mal llegó a 18 países donde se reportan 82 casos, 7 de los cuales no habían viajado a China; fuera de China, se sabe que en 3 países hubo contagios de persona a persona y, por fortuna, no hay muertos todavía.

Por otro lado, aparecieron mitos en torno al origen, como rumores, que crecen con la falta de información y de ganas de enterarse. El problema es también un déficit formativo y de interés.

China no deja de sorprendernos con su magnificencia. Construye un hospital gigantesco en la provincia donde comenzó la maldición bíblica de ocasión: cabrán más camas de hospital que en toda Colima.

El coronavirus, para algunos malpensantes, es otro de esos males creados por seres humanos perversos que pretenden equilibrios demográficos o vender las curas y enriquecerse. Entre esas hipótesis y las sopas de murciélago que otros acusan como causantes, nos vamos pasando estos días grises.

Mañanas en el Conalep 2

Hoy estuve en el Conalep Manzanillo para conversar con los profesores sobre el mismo tema que ayer con sus colegas de Tecomán y Colima: la ética en los espacios educativos.

Fue una experiencia distinta, entre otras razones, por el tamaño del grupo (hoy era menor), por la pertenencia a un solo plantel y porque también revisé algunas decisiones de la planeación.

Esencialmente era la misma propuesta, pero algo fue distinto en Manzanillo: conocí en varios diálogos situaciones crudas, problemas, conflictos que experimentan los estudiantes del puerto. Algunos de los casos me cimbraron, por el dramatismo de las circunstancias de los implicados, estudiantes y sus familias, y por los peligros de un entorno violento como el que viven. Me abstengo de los detalles y me quedo con la sensibilidad de quienes me contaron los hechos; me sorprende la gravedad de algunos y me admira la delicadeza para enfrentarlos con su potencial peligrosidad.

A mí agradecimiento por la confianza, sumo hoy la de los aprendizajes que obtuve, que desbordaron límites y me obligan a replantearme ideas o profundizar el intento de comprensión.Si ayer y hoy al principio de las sesiones hablé de la urgencia de encarar la tarea educadora con una profunda vocación ética, al cierre debo admitir que mis argumentos adquirieron nuevos matices y un baño de dolorosa realidad.

Mañanas en el Conalep

Esta mañana tuve oportunidad de compartir una sesión de trabajo con los profesores del Conalep Colima y Tecomán en el Archivo Histórico de la Universidad. La Dirección General, en el marco de su semana de capacitación, me pidió abordar un tema interesante y urgente: la ética en los espacios educativos.

La propuesta me resultó desafiante, sobre todo, por el momento incierto (violento, inseguro, perplejo) que atravesamos en el país y los sucesos recientes en las escuelas. Además del tema, dije sí a la invitación por el afecto que me une a varios colegas de esa institución educativa, en la cual siempre encontré solidaridad cuando la pedí. Hoy debía reciprocidad, aunque mi agenda asfixiada pide pausa para cerrar proyectos.

¡Confieso que me cansé! El trajín de las últimas semanas, los aires acondicionados gélidos, la tensión han sido inclementes. Me cansé, pero disfruté con el cansancio estimulante, el que deriva de observar rostros interesados, advertir inquietudes, actitudes y palabras entusiastas de muchos asistentes. De no haber sido así, las cuatro horas habrían dejado sin fuerza mi garganta y ánimo. No. Mañana temprano, cuando tomemos la carretera para viajar a Manzanillo y encontrarnos con los profesores del Conalep, encenderé la alegría de sentirme un profesional privilegiado, ejerciendo una profesión apasionante y agradecido con las oportunidades de servir a los colegas como un pretexto para preguntarnos, de nuevo, por el sentido del oficio que abrazamos.