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Estudiante de nuevo

Viernes distinto. En estricto sentido ninguno es igual. Este es el primero del nuevo ciclo escolar, que impone una rutina distinta a la jornada laboral. Por eso es singular. Pero también porque mañana será mi primer día del curso de francés que tomaré en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad.

Será un semestre escolar especial. Mis hijos también tomarán un curso; ellos de inglés. Ambos son hábiles en ese idioma. Además de las sesiones desde la guardería, luego en el colegio, ya pasaron por algunos cursos en la misma facultad universitaria. Les gusta. En su examen de colocación obtuvieron estupendos resultados.

Nada me obliga a tomarlo, nadie me lo exige, me lo propuse cuando me liberé del trabajo en el INEE. Y lo cumpliré. Quiero leer habitualmente, incorporar otros autores y otras lecturas a mi cotidianidad laboral. No soy totalmente ajeno. En el plan de estudios que cursé en la licenciatura había dos cursos de francés que aprobé sin problemas; luego, en la UNAM, para cumplir requisitos de egreso, debí acreditar dos idiomas, uno, el idioma de los hoy campeones del mundo del fútbol. Lo libré en el primer intento.

Me ilusiona llegar a la nueva aula y comenzar un ciclo de aprendizajes. Dormiré temprano y despertaré a tiempo.

Viacrucis en Banco Santander: ¿el banco serio?

Mi relación con los bancos nunca ha sido tersa. Y cada día se deteriora más. Mi animadversión sube de tono. Primero fue Banamex, y hoy es Santander.

La ruptura con Banamexfue casi definitiva. Sigo con lo mínimo para una vida imposible sin plásticos. Pero les rechazo todo y no les pido nada, ni sus promociones dignas del usurero más elegante.

Cerrado el capítulo Banamex confié mi vida bancaria en Santander y me defraudan con cíclica mala onda;  pero no puedo zafarme porque ahí cobro mi salario.

En los últimos meses las afrentas del Santander son insoportables. Al temor de venir al banco en una ciudad peligrosa, sumo el trato que me dispensa el banco. La lista de situaciones es larga. Con paciencia las voy borrando para no amargar la nube de mis emociones, pero hoy me sucedió de nuevo en la sucursal de Villa de Álvarez.

Resumo. Tenía que hacer dos pagos a la Universidad de Colima. Hice el primero

para mi hija, en el cajero automático, donde debo hacerlo. Sin problema. Vino el turno de mi hijo. Error en la operación. El cajero no reconoció uno de los billetes que otro de sus semejantes me había dado cinco minutos antes, a menos de cinco metros.

Me indicó que cancelara o pagara el total. ¡Ya había pagado todo! Pedí cancelar y que me devolviera el dinero, como marcaba la opción. Ruidos extraños y luego de varios minutos reanudó su servicio. El comprobante es claro. Se quedó con mi dinero.

Hablé con un funcionario. Me pidió pasar a la caja 1. Vino un pequeño viacrucis: imposible darme el dinero o saldar la operación. Debo hablar con la subdirectora. Ella, con la tersura de un refrigerador no se inmutó: apúntese y espere a levantar acta.

¿Cuánto tiempo? ¿Dos horas? Pregunté medio ingenuo. Ella es una fiera de la contundencia: el que sea necesario. Sin rubor. Patada doble en los testículos con pulla.

En conclusión, Santander, el dizque banco serio, me tiene aquí esperando que reclame por una estupidez que no cometí, por un dinero mío, en un tiempo mío y con la paciencia agotada. En la lista quedan unas 18 personas. ¿Cuánto tiempo permaneceré? Bajé al auto, tomé un libro, escribí estos tuits exorcizadores y luego a leer.

Ah, y además, debo volver a pagar mientras se resuelve “el error de operación”. En serio: ¿Santander es el el banco serio?

Posdata

Diez tuits tirados a la basura en Santander, como el tiempo perdido. Espero que por lo menos no mi dinero.

Más de una hora después sigo mi viacrucis. Me tocaba el turno pero no, debo esperar a la única empleadas que atiende esos casos. ¡Qué maldito banco serio!

Primer día de clases

Primer día de clases del nuevo curso en la licenciatura. Nuevo por el arranque del ciclo escolar y porque es la vez primera que lo impartiré. El grupo es el mismo del semestre previo; los conozco un poco, ellos igual, aunque no somos iguales. Ellos llegan al último año de la carrera, en la antesala del fin del proceso formativo, la tesis y luego el desafío del mundo laboral.

Será un reto que espero librar de la mejor manera posible y colaborar con experiencias significativas en su formación. ¡No tenemos tiempo que perder!

Esta mañana dediqué algunas horas a un proyecto ahora marginal, pero que me despierta ilusiones. Conocí la obra pedagógica de Jesualdo Sosa, educador uruguayo del siglo 20, autor de varios libros donde se recoge su extraordinaria experiencia, de enorme riqueza política y pedagógica, con aristas variadas, valiosas para el proyecto Escuelas de Colima, hoy central. Seguiré estudiándolo y empezaré a leer por lo menos uno de sus libros, creo que el más trascendente: Vida de un maestro.

Mañana de luces. Jornada de aprendizajes.

Educación y pobreza

Pasé la tarde revisando datos recientes del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social, CONEVAL, el organismo oficial encargado de la medición de pobreza. La semana pasada publicó un reporte con la evolución de la pobreza entre 2008 y 2018, en el país y en las entidades.

La sensación después del repaso numérico es agridulce: por un lado, diseñó una metodología para comprender las múltiples dimensiones de la pobreza (ingresos económicos de la familia, acceso a educación básica, servicios de salud, alimentación, calidad de la vivienda, servicios de la vivienda…), que, nos dicen, es referente mundial; por otro, la cara oscura, la cantidad enorme de personas que habitan en los territorios de la pobreza y la miseria es una bofetada a las políticas gubernamentales.

Buscaba, en particular, la evolución de la pobreza en Colima. Las cifras no alientan, aunque se aprecia una disminución en las tendencias de la pobreza y la miseria. En 2018, en Colima había 235 mil habitantes en pobreza, una tercera parte de la población; y en la pobreza extrema, 18 mil habitantes.

Mi foco, como cabe suponerse, es lo educativo. Y las evidencias son contundentes: hay una correlación entre pobreza y resultados de aprendizaje o posibilidades de concretar el derecho a la educación. Los pobres pueden ser educados, por supuesto, pero se necesita una pedagogía, y no solo becas y apoyos asistenciales. ¿Podremos entenderlo en los próximos años? Nosotros, pero, sobre todo, los otros, los responsables de la acción pública.

Diario de ruta 6

1. Primera demora por control de tráfico aéreo en Ciudad de México, anuncia un empleado de Aeromar desde la puerta 4 de la terminal en San Luis Potosí. Son las 8.45 horas y tendríamos ya que estar abordando. No tengo prisa, ninguna. Mi vuelo a Colima saldrá a las 6 de la tarde. Comienza el largo regreso. Tengo varias tareas para ocuparme.

2. El vuelo salió 20 minutos tarde. Aterrizamos sin problemas una hora después, como lo anunciara el capitán de la nave. Aproveché y leí: primero a Witold Gombrowicz, y su brevísimo Contra los poetas; termino y sigo con Pierre Ménard, autor de un hilarante texto, 20 buenísimas razones para no leer nunca más. Hasta llegar al cielo de México detuve la entretenida lectura.

3. En Ciudad de México trabajo en la revisión de una de las partes finales de nuestro libro con título mejorado: Colima: avances y retos. Educación. Será el primero de una colección que abrirá Puertabierta editores.

4. El martes siguiente tendré mi primera clase. Algunas horas del fin de semana dedicaré a prepararme para el reencuentro con los estudiantes. También me hará falta descansar de tres camas distintas en cinco días.

Aeropuerto, Ciudad de México