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El 9 de marzo en clave de Twitter

Salgo temprano a la caminata matutina. Dejo atrás el parque donde a veces paro; habitualmente hay tantas mujeres como hombres, o más, pero hoy no salió ninguna. No a esta hora.

En el andador peatonal de Comala sí pasean mujeres, algunas, pocas, muy poquitas. Estamos casi solos, los hombres.

Salgo temprano a la facultad. Las calles fluyen como domingo temprano. No tengo dificultades para estacionarme cerca. Coloco mis audífonos y enfilo al acceso. No hay barullo, no hay chicos afuera, no camina nadie en las banquetas.

En nuestra facultad, Pedagogía, 85% de la matrícula son mujeres: su ausencia es absoluta. Las aulas están cerradas, los pasillos vacíos. Se detuvo el tiempo. No hay actividad a la vista.

Pregunto a personal de servicios si vinieron las compañeras. Detiene el movimiento de la escoba, mueve la cabeza y con una sonrisa me dice: ninguna.

Yo no quiero otro día sin mujeres en la Universidad: porque ya están con nosotros y porque empezamos a cambiar todo lo necesario, juntos.

Quiero ver mañana a las estudiantes de Pedagogía de nuevo en las aulas, pasillos y jardines. No quiero que me pidan permiso de salir antes de clase porque viven lejos, en zonas inseguras y tienen miedo.

Ojalá hoy cerremos un capítulo y mañana empecemos a escribir otro. No es fácil ni breve el camino; pero es posible y hay que apresurar el paso.

El 9 de marzo y la escuela

Al principio de la semana pasada recibimos un recado de la escuela de Juan Carlos: un pedazo de hoja sin distinción o formato especial. Preguntaban si el infante iría a clases este 9 de marzo; aclaraban que las actividades escolares podrían ser atípicas. Advertían que las maestras, base de la planta docente, podrían ausentarse y trastocar la jornada.

A propósito del recado, en la mesa hablamos del asunto. Mariana dijo, en primera instancia, que ella sí iría a clases; que sus maestras habían dicho que asistirían y, en consecuencia, sus amigas. No lo dudaba. Me sorprendió su respuesta y firmeza, por inesperadas, porque creo que estamos a tiempo de enviar o recibir mensajes contundentes.

Sin dilación abordamos el asunto. Expuse mis puntos de vista. Ella sabe, como su hermano, la situación de violencia contra las mujeres, y de violencia en general que vive el país; escuchan las noticias de la mañana mientras se acicalan. Es verdad que México nunca ha sido un paraíso de paz y hermandad, que hemos vivido episodios trágicos permanentemente, pero hoy la situación es insoportable, porque tenemos más medios de información y contención, más escolaridad y un panorama mundial como nunca. Y tenemos también, muchos, pocas ganas de soportar la indignidad.

Mariana dudó ante mis argumentos por su sentido del deber colegial. Apelé a la necesidad de la conciencia, de tener una perspectiva crítica, más allá de partidos políticos, lejos de mesianismos y fundamentalismos siempre peligrosos. Juan Carlos no dudo y saltó a la tribuna: yo no iré a clases; afirmó. Mariana meditó sus palabras y luego habló: tampoco yo.

Hoy 9 de marzo será un día distinto, especial. Tal vez un punto y aparte. Otra historia o, por lo menos, otro capítulo. Ojalá sea el fin de la negra noche, el principio de otro amanecer. No será sencillo. El 12 o el 13 de marzo no dejarán de morir mujeres, pero tal vez, en dos o cinco años, esta fecha sea recordada como el parto de una sociedad menos violenta y más amable.

No tengo duda: nuestros hijos ya son mejores y tienen un grado de conciencia mayor. Con que no los envenenemos o perturbemos, habremos hecho lo que nos corresponde. No estorbarles podría ser la colaboración más grande.

Contenido de la reforma universitaria

En la búsqueda de información e ideas para la comprensión del pasado y presente de la universidad latinoamericana, leo un libro muy interesante sobre la autonomía universitaria en la región. En el turno uruguayo, un capítulo me está resultando fuente valiosa. Su autor es Jorge Landinelli, profesor de la Universidad de la República.

El siguiente párrafo me hizo detenerme para desagregarlo, analizarlo sin prisa y trazarme coordenadas para la comprensión. Escribe: “El reformismo universitario uruguayo del siglo pasado se identificó progresivamente con una visión integral de la democratización de la universidad”. Las ideas son preclaras. En aquella visión pueden identificarse cinco dimensiones de la democratización: “como principio de participación y representación en la elección e integración de los órganos de gobierno universitario; como disposición igualitaria de relacionamiento entre los miembros de la institución; como posibilidad social no discriminatoria de acceso a la educación superior; como voluntad de poner al servicio de las mayorías las realizaciones de la actividad universitaria, es decir, los graduados, la investigación, la extensión; como capacidad de ejercer una función crítica, o sea, contraer la responsabilidad de involucrarse desde las prácticas académicas y científicas en la resolución de los problemas fundamentales de la sociedad.”

¿Cuál es el estado actual de la democratización de las universidades mexicanas? Es la tarea.

Tarde de clases: debate y feminicidios

A las 16:30 comienza mi clase del curso Gestión y administración de la educación superior (sic) en la licenciatura en pedagogía. Me gusta llegar puntual y comenzar sin dilación. Hoy dejé a un lado el libro de lecturas para irnos directo. El tema es clave para el curso y buena parte del ejercicio profesional de la pedagogía: el diagnóstico. Desde la semana pasada las estudiantes (23 mujeres, 3 hombres) habían recibido a través de la plataforma que usamos, el capítulo del libro que debían leer.

Esta vez cambié la propuesta metodológica para analizar el material, o mejor, la realidad: un debate a partir de formular diagnósticos. El motivo: los feminicidios y el paro del 9 de marzo. Dividimos al grupo en tres: unos estarían a favor de la marcha por la gravedad de los feminicidios; otros, en contra, buscando argumentos distintos. El tercer equipo organizó conmigo el debate. La sesión nos llevó dos horas; insuficiente, respondió Josué al final, entusiasta en sus participaciones.

Fue muy grato ver a los estudiantes trabajar primero, ordenando ideas, buscando información, construyendo argumentos, organizando sus participaciones; con una inflexible mesa de moderación que controlaba silencios y tiempos. Más grato ver a las estudiantes en acción, esgrimiendo argumentos, proporcionando datos, cifras dramáticas, exponiendo casos reales, tratando de defender una posición que algunas no compartían. Unos con más vehemencia; otros, tímidos, pero todos, creo, interesados por el tema.

Probablemente, fue una lección significativa para ellos; para mí, sin duda. Una tarde donde dejamos que la realidad se metiera por todos los huecos del campus, para informarnos, discutir y, en algunos momentos, indignarnos.

Mañana estimulante en la UPN

Pasé parte de la mañana en la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 61 para presentar Colima: avances y retos. Educación. La jornada terminó de forma estupenda, gracias a las participaciones de las estudiantes.

Si los comentarios de Alondra Barajas, estudiante de sexto semestre de la licenciatura en intervención educativa, y el maestro Rubén Martínez González habían sido muy gratos, el cierre resultó impecable. En ello fue decisiva la provocación, en el buen sentido de la palabra, del director, quien les pidió a algunas de las estudiantes un comentario sobre la actividad. Después, varias pidieron la palabra para expresarnos las opiniones solicitudes y sus consideraciones sobre el futuro de la educación y su destino profesional, o su paso por las escuelas antes de llegar a la Universidad.

Escucharlas fue muy agradable, por la sinceridad e intimidad percibidas. Sobre todo, por el compromiso que destilaban sus mensajes.

Cerré mi discurso con una idea magistral de Federico Mayor Zaragoza: la educación no es un empleo, es una misión de transformación social. Y esa vocación para el ejercicio pedagógico encuentra en la UPN unos de los vientres más potentes que tenemos en Colima y México. Es mi convicción.