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Desafíos de la obligatoriedad del bachillerato (2a parte)

¿Es posible que el Sistema Nacional de Bachillerato y las políticas de la Reforma Integral de la Educación Media Superior permitan alcanzar el objetivo de universalización en el ciclo 2021-2022? Si no se cumple, ¿qué sucederá?

Los problemas estructurales irresueltos hoy condenan a que millones y millones de niños y jóvenes no escapen de la maldición de “La triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada”, es decir, a pagar una condena por delitos no cometidos: la exclusión del derecho a la educación.

A ese grave problema agregaría otros desafíos pendientes en la promesa de extender la obligatoriedad del bachillerato.

Primero, construir proyectos educativos para sujetos diferentes, cuyas condiciones muchas veces ni siquiera conocemos. Estudiantes que trabajan, que tienen hijos, con deficiencias formativas detectadas por los propios instrumentos de medición oficiales y que no suelen atenderse ni en el currículum ni en las políticas educativas.

En dicho proyecto debe instalarse la colegialidad, los equipos, las academias de maestros para reflexionar y tomar decisiones sobre aspectos cruciales de su labor: el aprendizaje, las formas de enseñanza, la relevancia de los contenidos, la disciplina, el desarrollo de la autonomía, entre muchos. ¿Cómo hacerlo sin profesores de tiempo completo que puedan comprometerse?

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Tarde literaria

Pasé dos horas gratas en lo que un grupo de estudiantes de pedagogía en la Universidad llamaron “Tarde literaria”. Reunidos en la explanada, en torno a una pequeña mesa, sin pompa ni ceremonia, dos colegas maestras y tres alumnos leyeron y comentaron textos elegidos previamente.

Los asistentes escuchamos con atención, aplaudimos emocionados (creo), tomamos café, unas galletas y ganamos libros rifados que habían obsequiado profesores.

El resultado fue estupendo y cerró con la participación de Víctor Chi, narrador oral de la Secretaría de Cultura.

Escuchando a los jóvenes recordé a un colega y amigo, Juan Fidel Zorrilla, con quien conversé la semana anterior en el Congreso Nacional de Investigación Educativa. Juan Fidel tiene una interesante concepción de la vida universitaria; palabras más, palabras menos, afirma: la universidad existe cuando un estudiante toma un libro académico, científico o humanístico, lo lee, lo comprende y escribe o expresa verbalmente algo inteligente. Es decir, la universidad es un espacio de pensamiento, palabra, expresión, actividad con sentido.

Esta tarde, en la explanada de Pedagogía, a pesar de la oscuridad de la noche, he visto la universidad.

Brevísima historia de un libro

El frío invierno 2013 que vivimos en Santa Fe, Argentina, calentó varios de los proyectos cuyo frutos recojo ahora.

En la pequeña mesa de trabajo, con la ventana mirando al río Paraná y las luces nocturnas de la capital de la provincia de Entre Ríos, empecé a escribir un documento personal sobre los 29 años de la fundación de la primera facultad universitaria en Colima, la de Pedagogía, hecho que viví como estudiante sin ser demasiado consciente de sus implicaciones.

Divertimento en su origen, las páginas que se fueron escribiendo casi sin parar auspiciaron la idea de que allí podría estar el germen de un proyecto más amplio. Un grupo de egresados mexicanos, y estudiantes extranjeros que habían realizado movilidad en dicha facultad, enriquecieron con sus opiniones y perspectivas. Al rebasar la página cincuenta tenía formado el objetivo editorial en la cabeza. Los primeros lectores críticos me alentaron.

En el regreso a México, aquellas notas iniciales, en una especie de ensayo, fueron conocidas por colegas de la facultad, e invitados para escribir un libro que celebrara las tres décadas. La historia de esfuerzos y encuentros es larga y no quiero aburrir.

El proyecto se consumó, tiene vida propia y fue presentado el lunes anterior. Es un aporte no solo a la facultad, también a la Universidad, pues no existe otro libro semejante, donde se recupera la historia y la memoria, se reflexiona sobre pasado y presente e invita a pensar el futuro.

Muchas horas dediqué a la coordinación. Probablemente más que a alguno de mis libros personales, pero quería dejar testimonio. Está ya en las manos de quienes deseen enterarse, comprender y examinar. La obra fue posible por la coedición de la propia Universidad y Puertabierta editores.

Memoria y presente. Tres décadas de Pedagogía en Colima es la culminación de una ilusión. Ahora voy por otras, sin prisa, sin perder tiempo. En mayo de 2016 confío en presentar el próximo libro impreso. La emoción y el reto de escribirlo me frotan las manos y alegran el ánimo.

Días luminosos que terminan oscuros

Termina un día intenso, cargado de emociones. Hemos presentado en dos ocasiones el libro colectivo Memoria y presente. Tres décadas de Pedagogía en Colima, escrito por un grupo de profesores de la Facultad de Pedagogía. Con la obra conmemoramos los treinta años de la primera facultad colimense y proponemos un conjunto de motivos para que su comunidad reflexione sobre pasado y presente, e imagine, en ejercicios dialógicos, futuros posibles y cómo alcanzarlos.

La celebración tiene un marco especial por los 75 años de la Universidad de Colima. La ocasión doble no podía ser indiferente a una facultad que debe caracterizarse por la vitalidad de su academia y el cumplimiento de la exigencia ética y profesional de pensar a la universidad y pensarnos en ella.

Este día los autores hemos hablado de nuestro capítulo y escuchado comentarios y preguntas. Mucho queda por decirse, especialmente a través de las voces del estudiantado y el profesorado.

Con esta jornada cierro un proyecto que consumió parte de mis actividades desde septiembre de 2013, pero especialmente este año en que entramos en la fase final de revisiones y correcciones. El resultado siempre es perfectible, pero el empeño máximo deja la tranquilidad de haber cumplido la meta.

Mi noche sería perfecta si no hubiera revisado llamadas y mensajes telefónicos informándome una terrible noticia que me conmocionó.

La muerte casi siempre es mala noticia, y hoy lo ha sido. Frente a lo inevitable, no hay apelación. Los que quedamos, tenemos que seguir bregando.

Un largo minuto de silencio que dure más de 60 segundos. Que descanse en paz un hombre cuyo nombre hoy no quiero mencionar, para respetar dolores ajenos y amistades francas.

Las calles de esa ciudad

El lunes tuve oportunidad de caminar las calles del centro de Chihuahua. Sus edificios son de una arquitectura distinta a las de ciudades más próximas en la geografía y sentimientos.

No me detendré en detalles técnicos o artísticos porque carezco de autoridad. Veo las construcciones, me paro en lo que creo un buen ángulo y no estorba el tráfico humano, y sigo. Me gusta, no me gusta, me es indiferente, o algo así, mientras doy el siguiente paso hacia ninguna parte, habitualmente.

Esperaba un paseo menos agitado. Pedí al taxista que me dejara en la peatonal, pero solo al bajar me di cuenta que, como las calles de otras ciudades, el comercio se instaló, se apoderó de las vías públicas, y sus gritos llamando a los clientes son semejantes, con variaciones producidas por los giros particulares del idioma. Pero la ropa, los negocios, los carteles, casi todo tan común, como si se calcara.

Aunque quisiera no verlos y andar sin prisa, era imposible. Lunes, día inhábil, cierre del “Buen fin”. La gente inundaba y la marea desenfadada te detenía aquí o allá.

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