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Otro libro en puerta

Entre miércoles y viernes dediqué más de la jornada habitual de trabajo a la lectura y revisión de un nuevo libro que coordino con un dilecto amigo y colega. Por ahora, me reservo nombres del colega, colaboradores y del propio libro, hasta que hayamos avanzado un poco más y sea el momento de contarlo en esta página.

Lo que puedo decir ahora es el tema: la pandemia en las escuelas y sus implicaciones teóricas y prácticas.

Mi tarea es de lectura y revisión. La experiencia es siempre un desafío, más cuando los revisados son autores de solvencia sobrada. Así lo estoy disfrutando, aunque es extenuante.

Mientras ese proyecto avanza, en el horizonte tenemos el inicio del nuevo semestre en la Universidad y debemos preparar el curso, distinto a lo realizado hasta ahora.

Tiempos de trabajo intenso. Luego vendrán las cosechas, y si no, quedará el trabajo y las satisfacciones. Incluso las frustraciones, que también son un gajo del balón.

Volver a las escuelas en Colima

¿Es tiempo de pensar en la vuelta a clases en Colima? Sí, si queremos un retorno seguro, escalonado, sensato, sin costos altos.

Si queremos un retorno así debemos comenzar o acelerar su planeación e instrumentación.

Claro, no está cerca. Estacionamos en el semáforo rojo, pero una decisión responsable que termine el confinamiento escolar no puede improvisarse.

No alcanzan las buenas intenciones, ni las presiones de escuelas particulares o la voluntad gubernamental. Frente a la elevada contagiosidad del virus se precisa una acción informada, inteligente, alimentada por la ciencia y discutida con expertos. Planes basados en evidencias y bien comunicados.

Las comparaciones son indeseables, dicen, pero necesarias en educación. Hay que contrastarnos para valorar presente y posibilidades, para diagnosticar. Uruguay es el primer país del continente que retornó a las clases y uno de los primeros en el mundo, con una experiencia documentada por la Unesco.

Cuando uno contrasta lo que ellos hicieron y nuestra ruta, las diferencias sonrojan. No hay tiempo para detalles.

Allá no hay decisiones unipersonales, ni ocurrencias. Se lo tomaron en serio desde el principio, y para junio ya habían regresado.

Los políticos toman decisiones aquí y allá. La diferencia son los criterios y personas que las nutren.

El “protocolo” para el retorno a clases que anunció Esteban Moctezuma en octubre es un listado de lugares comunes. No es suficiente. Las escuelas son distintas en contextos y condiciones.

El regreso uruguayo, definido como voluntario, por etapas y gradual, no se organizó por niveles educativos; priorizó densidad territorial, vulnerabilidad de los estudiantes y finalización de ciclos escolares, así como las condiciones sanitarias de poblaciones y escuelas.

Lo ideal sería hacerlo para todo el país, pero con más de 250 mil escuelas la tarea es descomunal. Hecha desde un estado como Colima, es factible. Se requiere, por ejemplo, el censo de las escuelas y sus condiciones sanitarias; el personal que labora en cada una para apoyar la desinfección permanente de instalaciones y definir cuántas personas y dinero faltan.

La movilización de familias, estudiantes y maestros es clave. Hoy, con escuelas cerradas en Colima, más de 200 mil personas no circulamos diariamente a pie, auto propio o transporte público. Lanzar a las calles de nuevo a 100 o 150 mil personas cada día tiene riesgos. Hay que planearlo con cuidado, y eso sólo se logra con información. El semáforo epidemiológico no sirve para este propósito.

No está cerca el regreso a las aulas en Colima. Pero si no hemos empezado a diseñar planes confiables de retorno, perderemos oportunidades y desaprovecharemos lecciones de la experiencia.

El retorno a las escuelas en Colima

¿Cuándo debemos volver a las aulas en Colima? ¿Es tiempo de pensar en eso? ¿Ya tendrían que estar trabajando en la vuelta a clases las autoridades del estado y de las instituciones educativas y sanitarias? ¿Qué opinamos papás y mamás? ¿Qué opinan los maestros?

La petición del presidente de la República a los estados que se encontraban en semáforo verde para volver a las escuelas ya tiene dos consecuencias. Una, la vacunación de los maestros campechanos, decisión que sembró otra polémica ante la prioridad que representa el magisterio frente al personal de salud, en este momento todavía escaso de vacunas. La otra consecuencia es que resurgieron las exigencias de las escuelas particulares para abrir, amenazando con hacerlo sin autorización. Veremos qué sucede.

En ese contexto, me parecen pertinentes aquellas y otras preguntas sobre el retorno a las clases en Colima. Es evidente que no será en el muy corto plazo, si hoy volvimos al rojo en el semáforo del gobierno federal, y faltarán varias semanas para recuperarse de esta nueva ola de contagios y muertes provocadas por claras incompetencia gubernamental e irresponsabilidad ciudadana.

Creo que preguntarnos y preguntarle a la Secretaría de Educación en Colima y a las autoridades de las instituciones educativas tiene mucho sentido para evitar que se repitan las decisiones improvisadas, sin fundamentos y tardías, como nos acostumbraron en estos meses desde la SEP.

Las comparaciones son indeseables, dicen, pero en educación son necesarias. Hay que mirarnos contra un estándar, contra una referencia o un modelo, para valorar la condición presente y posibilidades, para diagnosticar. Uruguay es el primer país del continente que retornó a las clases y uno de los primeros en el mundo, con una experiencia muy interesante que la Unesco recogió y puede leerse fácilmente en el mundo internet.

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Una canción me trajo aquí

Este mediodía, luego de las labores universitarias, fui a mi pueblo. Destino único: la tumba de mi madre. Desperté así, con el ánimo en subibaja. Quería conversar con ella. La idea surgió súbitamente. No lo pensé mucho cuando decidí. Cerré la computadora, la casa y subí al auto. Manejé sin prisa, con ganas de disfrutar el viaje, la vuelta a la tierra que huele a caña y azúcar. Quería ver los cañaverales, la danza de sus espigas. Los volcanes. Respirar de nuevo aquellos aires. Así fue. Todo tal cual. Llegué al cementerio. Sólo estaban unos trabajadores que soldaban en alguna tumba cerca de la nuestra. El sol a plomo me obligó a entrar en la casita y desde ahí dialogué con doña Rosa. Los detalles no los cuento, bien sûr.

A la salida del panteón me entraron como una ráfaga los mil recuerdos que tengo de infancia y juventud. Primera juventud, disculparán. Y subí, porque en mi pueblo, como sabrán quienes son de allá o estuvieron por esos pagos, su sube y luego se baja, o viceversa. Entré y recorrí las calles entrañables. Pasé por la Eva Sámano, mi primaria y luego secundaria. Así me fui, sin tiempo fijo ni prisa. Recorriendo las calles y la película de mi vida, un pedacito.

Luego vinieron a la memoria mis amigos de esos años: Pancho Rivera y Alejandro Ochoa en la primaria; Mario Rodríguez, de secundaria, con quien compartí labores para ganarnos unos pesos vendiendo lo que podíamos, como periódicos o fotos de nuestro amigo Juan Bautista, “el fotógrafo”, como le apodaban quién sabe por qué extraña asociación; tan amigos Mario y yo que la chica a quien primero pedí ser mi novia, terminó en sus brazos y yo, sin rencor, le sigo apreciando, porque a los míos llegaron otros de cuyo nombre no debo acordarme. En la época del bachillerato tuve como amigo y compañero de equipo al “Urban”, o Urbanito, como apodaban algunos a aquel muchacho de más de 1.80 metros, mi querido Urbano Gómez.

Como ven, fue un doble viaje, o muchos viajes. Al pueblo y a mi vida en esos años en que, con poquito, éramos tan tan felices como no lo sabíamos.

El Censo 2020: avances y retrocesos

Hace unos días se presentaron los resultados del Censo de Población y Vivienda del 2020.

La radiografía ilustra avances en el desarrollo del país y sus persistentes zonas críticas.

Me concentro, por supuesto, en los datos de la educación, que se exploran con 4 de las 27 preguntas del capítulo Población.

En principio, sabemos que somos 126 millones de habitantes, que el crecimiento es más lento; las mujeres, mayoría y la población paulatinamente envejece y modifica la pirámide, despidiéndonos de a poquito del llamado bono demográfico.

La cosa no es sólo estadística. La composición mayor o menor de grupos juveniles o adultos cambia necesidades y perspectivas en todos los ámbitos, de la salud al trabajo, la recreación a la educación. La pregunta que debemos formularnos es si el país está preparando la transición que ocurrirá en dos décadas.

En educación hay buenas noticias. El grado promedio de escolaridad aumentó dos grados escolares en dos décadas. Hoy es de 9.7. En Colima, de 10 grados, es decir, primero de bachillerato.

El analfabetismo también se redujo notablemente en este siglo, al bajar de 9.5 por ciento de la población mayor de 15 años, a 4.7, aunque esa cantidad todavía representa a 4 millones y medio de mexicanos iletrados. Colima es uno de los estados con menos población en esa condición, junto a Baja California Sur y Aguascalientes.

Creció también la población que asiste a la escuela en todos los grupos de edad, aunque todavía 6 de cada 100 niños no están en la escuela primaria o secundaria.

Hay claroscuros, como se aprecia en esta muestra. El país avanza aunque debe acelerar el paso y replantearse metas, como no reducir la alfabetización a sólo aprender a leer y escribir, competencias insuficientes para el siglo 21.

Los retos son de calidad y en el derecho a la educación. Antes de la pandemia 5 millones 300 mil niños de 3 a 17 años estaban fuera de la escuela. 600 mil más que hace 5 años.

Con sus avances, el país sigue en deuda con esos millones de niños que no están en la escuela, con los millones que se desconectaron en los meses de pandemia, con los analfabetas y con los jóvenes que todavía no tienen la posibilidad de asistir al bachillerato o la universidad.

Nunca hubo tiempo que perder, pero hoy menos.