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Despertar abrupto

Desperté a las 4:15 de la mañana, intempestivamente, asustado por el movimiento. No sabía si temblaba o era un mal sueño en estas noches pandémicas que a veces se convierten en pesadillas. Con el corazón acelerado me paré a observar y en previsión de que siguiera temblando. No pude dormir más.

Al susto del despertar abrupto lo compensó la noticia de la nonagenaria que recibió la primera vacuna en Reino Unido. Algunos titulares hablaban de la primera mujer en el mundo. Ahí me confundí. Creía que habían sido los rusos los primeros en recibir la vacuna el fin de semana. Otros portales y medios precisaban: primera persona en Reino Unido. Por cierto, el segundo británico, de 81 años, se llama William Shakespeare. Leí hace un instante. Dejé el tema.

En el baño pensaba en las contrastantes realidades que vivimos: la pesadilla de COVID-19 que cambió nuestro mundo y la posibilidad de ser testigos, en tiempo real, de lo que sucede en cualquier parte del mundo, de lo bueno y de lo feo.

¡Y lo que nos falta!

Aprende en casa 3

Esteban Moctezuma Barragán, secretario de Educación Pública, anunció que ya preparan la nueva versión de la estrategia nacional frente a la pandemia de COVID-19: Aprende en casa 3. Era una decisión predecible, como prolongar la no vuelta a clases, ante el alud de infecciones que recrudecieron las críticas cifras de la pandemia.

Alejandro Morduchowicz, experto argentino radicado en México, ha dicho que, en general, los ministerios de educación han sido rebasados e incapaces de enfrentarse a la emergencia.

México, la SEP, no escapa al juicio, aunque el secretario presuma que hemos ingresado a otra era de la educación digital, en declaración que mezcla cinismo y demagogia.

Asumirse como excepcionales, para bien o desgracias, parece un rasgo del ser latinoamericano. Exhibe ignorancia o cinismo, o ambas cosas y algo más.

Con los estudiantes del curso que imparto en Pedagogía de la Universidad de Colima, hicimos un estudio comparativo de los sistemas educativos frente a la pandemia en la primera etapa del confinamiento. En conjunto, habremos estudiado unos 35 o 40 países y encontramos diferencias con el caso mexicano, como similitudes, pero entre los sistemas universalmente reconocidos como extraordinarios, no estará el mexicano.

Estamos a tiempo, muy a tiempo de planear el inicio del 2021 y aprovechar las lecciones que ya nos dejó la pandemia. Eso o seguir la lamentable estela de improvisaciones. Aplica para los sistemas educativos, pero también para las instituciones, como las universidades. La exigencia es la misma: evaluar para comprender, planear las estrategias más adecuadas, después evaluar, corregir y así. Eso, o la improvisación, como ha sido.

La pandemia es, también, la oportunidad para demostrar las lecciones aprendidas. Veremos si lo aprueban los responsables. Por ahora, están suspendidos.

 

¿Importa la educación?

El martes, en otro espacio radiofónico compartí una propuesta radical de Naomi Klein, periodista, escritora y activista canadiense.

En su libro Los años de reparación, nos dejó una idea provocadora para la reflexión, pero temeraria para las autoridades de los sistemas educativos y la cultura instituida en torno al cambio en las escuelas.

Dijo Naomi Klein: “En lugar de fingir que es posible subsanar décadas de austeridad en unas pocas semanas de vacaciones de verano, deberíamos cerrar esas escuelas durante un año entero y usar ese tiempo para repararlas y reimaginarlas… mientras tanto, los maestros, con ayuda de un cuerpo juvenil, podrían impartir las clases al aire libre”.

Pensé, pienso, si es posible hacer algo semejante en México.

Me vienen a la cabeza las recientes declaraciones del secretario de Educación Pública, aplaudiendo que en estos dos años hemos avanzado muchísimo, porque no hay huelgas, porque hubo acercamiento con el magisterio, porque se instaló la Nueva Escuela Mexicana y porque tenemos Aprende en casa 1 y 2, y otras bondades por el estilo.

Con ese optimismo, dirán que cambiar no es necesario si ya estamos revolucionando la pedagogía.

En otras esferas, alimentadas por datos y perspectivas distintas, la idea de Klein es muy sugerente. No sólo es posible, sino urgente y necesaria en muchos lugares, donde no existen condiciones materiales, ambientales, tecnológicas e higiénicas para volver a una mejor escuela que la de marzo pasado.

Se nos fueron otra vez los meses. Es decir, se le están yendo a las autoridades, que en este momento ya tendrían que estar haciendo todas esas reparaciones.

Pero eso significa, como podrán imaginarlo, que hay presupuesto y un proyecto para que volvamos a otra escuela.

Sin embargo, no aparecen en el horizonte ni dinero, ni proyecto. Así, entonces, es impensable.

La lección que aprendí con Alejandro Morduchowicz, argentino radicado en México, es imperdible: sospechemos, siempre sospechemos cuando al discurso del cambio en la educación, no lo acompañan los presupuestos.

Lecciones y reflexiones

Abrí la portada azul en la pantalla y quedé absorto. Me gustó la sobriedad del diseño, el tono, la tipografía. Como atrapado, a un metro del espacio donde nació, me hundí en un tobogán de recuerdos, desde el origen del libro en el diciembre de hace dos años, el tiempo transcurrido en el INEE y las vicisitudes para su publicación.

En el viaje me revolcaron emociones contradictorias. Buenos y negros momentos. Alegrías y dolores. Como la vida.

Dos años después de aquel rayo que me azuzó habrá nacido Lecciones y reflexiones, que casi todo este tiempo se llamó Mi vida en el Instituto.

Sobran motivos para la alegría, aunque el tema sea en parte desagradable por el desenlace.

Sobran motivos, aunque afuera abunden los pesares.

Ecos de mis palabras y voz

El 2020 fue un año de mayor intensidad en mis colaboraciones periodísticas para diversos medios. Cada uno, cada semana o cuando corresponde, fueron un desafío para dejar alguna idea o pregunta bullendo en la cabeza de los lectores o escuchas.

Para cada medio y para su personal tengo gratitud doble: porque me reciben y me obligan a tratar de superarme.

En España, desde hace algunos años, encontré un editor estupendo, siempre trabajando al máximo. Pablo Gutiérrez me invitó primero al periódico Escuela y hoy me acoge en las páginas de El Diario de la Educación, con una opinión desde y sobre América Latina. Las colaboraciones que envío cada tres semanas no se publican en México y con ellas espero, pronto, formar un libro recopilatorio de los mejores textos, más otros inéditos allá y acá.

En Colima mi columna semanal, Diario de Educación (guiño al portal español), se publica en Afmedios, gracias a la invitación de un buen amigo y periodista, Essaú López. En El Comentario, mi gratitud al director, Pepe Ferruzca, y a su personal, compañeros en la Universidad de Colima. Gracias también a Luis Fernando Castillo, capitán de El Centinela.

Periódicamente remito colaboraciones al portal de periodismo Educación Futura, a quienes agradezco en la persona de su director, Erick Juárez.

Este año volví también a la radio. Primero, con la invitación que me hizo Luis Fernando Castillo para participar cada quincena en Radio Recuerdo, donde cumplí 18 colaboraciones con las que cerramos por ahora.

Con la llegada a Colima de El Heraldo Radio, Martha de la Torre, su jefa en el estado, me invitó a colaborar semanalmente y hoy sumo 12 cápsulas. Gracias también a la conductora del espacio informativo, Heidi Vizcaíno.

La doctora Arcelia Martínez Bordón, del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación, de la Universidad Iberoamericana, acogió un artículo mío en su blog, Faro Educativo, mismo espacio donde hoy se están publicando los capítulos de nuestro libro Cuando enseñamos y aprendimos en casa. La pandemia en las escuelas de Colima, por lo que me declaro deudor permanente.

Gracias a cada uno de los medios y personas por abrirme espacios para compartir mis palabras y mi voz.

Un abrazo, los mejores deseos y que nos encontremos de nuevo en 2021 con salud y la misma alegría.