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2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA. ¿Y LUEGO?

2-octubre2 de octubre no se olvida. 2 de octubre no se olvida. 2 de octubre no se olvida.

Nos hemos acostumbrado a escucharlo, leerlo, escribirlo, gritarlo, cantarlo. ¿Ha servido de algo? ¿Además de usarlo en manifestaciones, en artículos, en pancartas, tuvo un sentido? ¿Tiene alguna repercusión, más allá de conservar la memoria?

Me parece que ya no es suficiente. Que no basta solo recordarlo.

A diferencia de otros países, como Argentina, donde los responsables de la dictadura de Videla, es decir, de la muerte y desaparición de miles de personas han sido y son juzgados, condenados en juicios públicos ejemplares, en México los responsables, los culpables de crímenes atroces, como el del 2 de octubre de 1968, pasan de largo y siguen su vida sin demasiadas tribulaciones públicas, hasta que llega la hora de su muerte, sin juicios, sin castigos.

2 de octubre no se olvida es también un mea culpa que el país no puede seguir cantando sin dar un paso más en la dirección de la justicia y el nunca más.

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PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

Empecé a corear el “2 de octubre no se olvida” cuando llegué a la universidad. La frase tantas veces repetida me acompaña desde que tropecé con los libros de Carlos Monsiváis y, sobre todo, la emotiva “Noche de Tlatelolco”, de Elena Poniatowska. El segundo texto que escribí y fue publicado en una pequeña revista escolar en nuestra facultad se llamó “Memorandum: a veinte años”; vio la luz hace justamente 25 años, el 2 de octubre de 1988. El grito (y el hecho funesto) lo sigo sintiendo, aunque debo confesarlo: cada vez me sale con menos entusiasmo el coro.

Es verdad que el 2 de octubre no se olvida. No se olvida a quienes nos ubicamos de este lado de la vereda, de quienes fuimos y somos persistentes inconformes con una sociedad permanentemente injusta, autoritaria y poco democrática. No se olvidó nunca, ni antes ni ahora, pero tampoco a los del otro lado, a los mismos que asesinaron, que reprimieron en aquellos años. Con otros nombres y apellidos son los mismos que no dejaron de asesinar, con otros métodos; los mismos, con otros nombres y apellidos, pero con los mismos colores, que siguen comprando a la prensa y a la todavía cuantiosa opinión pública venal. Son los mismos que ayer fueron expulsados y regresaron a su paraíso de la corrupción y la impunidad.

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