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Entradas con las etiquetas ‘América Latina’

Desigualdades y juventudes

Ayer terminé un curso sobre desigualdades y juventudes en América Latina y el Caribe, impartido por CLACSO, Unesco y El Colegio de México. Se integra por una introducción y cuatro módulos muy interesantes, sobre educación, salud y trabajo.

Mediante videos breves, con intervenciones individuales, en parejas o tríos, entrevistas, animaciones, experiencias de buenas prácticas, datos destacados, canciones, un foro por cada módulo y examen de los contenidos, aprendí muchas cosas, sobre todo, la necesidad de no perder de vista en el campo de mi ejercicio profesional, otros ámbitos que se intersectan de múltiples formas para ensañarse con millones de jóvenes hoy, antes y después de la pandemia, si no ocurren intervenciones definitiva de los gobiernos mediante políticas públicas universales, que atiendan la diversidad de circunstancias.

Fue un buen momento, además, para descubrir expertos en varios temas, dispersos en la geografía continental, pero unidos con el propósito de provocar reflexiones e, idealmente, intervenciones frente a la problemática analizada.

La pandemia, dentro de sus muchas consecuencias, nos ha ofrecido posibilidades de aprendizaje insospechadas y que, me parece, llegaron para instalarse entre nosotros, en el redescubrimiento de la necesidad de los otros.

Trabajo adolescente y escuela en América Latina

El Sistema de Información y Tendencias Educativas en América Latina (SITEAL) es una plataforma de estadísticas, documentos, informes, debates y publicaciones para el «seguimiento de la situación educativa de niños, adolescentes, jóvenes y adultos en la región latinoamericana», en la búsqueda de asegurar el derecho a la educación.

Inspirado en ese ideal, en agosto de 2016 publicó un cuaderno sobre la situación de adolescentes trabajadores y los obstáculos para ingresar y permanecer en la escuela: “El trabajo de mercado como obstáculo a la escolarización de los adolescentes” (http://www.siteal.iipe.unesco.org). Sus autoras, Vanessa D’Alessandre, Yamila Sánchez y Ximena Hernández, trazan una cartografía de las dificultades para cumplir convenciones internacionales y leyes locales. Además, revisan algunos planes nacionales para la erradicación del trabajo infantil, elaborados entre 2000 y 2015, lo cual permite contrastar datos e intenciones gubernamentales.

Es verdad que en las décadas recientes los progresos en el acceso a la escuela son inocultables; prácticamente todos los niños de entre 6 y 11 años están en ella, ocho de cada diez de entre 15 y 17 años están escolarizados, y las leyes nacionales se extendieron hacia abajo y adelante; México y Ecuador son los más avanzados, al ofrecer educación a partir de los 3 y hasta los 17 años.

La expansión es innegable, pero también los problemas, en un mapa de desigualdades sociales que se reproducen cruelmente en el territorio de la institución escolar: niños y adolescentes que cumplen un doble papel, como estudiantes y trabajadores en la familia o fuera de ella, asalariados o no; niños y adolescentes que abandonan la escuela o nunca pisaron las aulas.

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¡Hasta siempre, maestro Tedesco!

Lunes 8 de mayo. 16:14 horas. Una pausa en el trajín de la jornada. El calor de la temporada doblega un cuerpo nacido en el norte fresco del Estado de Colima, cuyo espíritu se niega a la resignación del trópico. Abro mi cuenta de Twitter y Pablo Gentili sacude la modorra: “Falleció Juan Carlos Tedesco. Fue un gran intelectual, un inmenso luchador por la escuela pública. Lo extrañaremos muchísimo.”

La noticia me sacude. No hay posibilidad de error. Ni caso tiene frotarse los ojos. La realidad es así, directa, brutal a veces. En Facebook, Sebastián, hijo del maestro, confirma y notifica el domicilio de los servicios funerarios en Buenos Aires.

Varios recuerdos rompen fibras sensibles. Se me agolpan y decido vaciar un poco en estas líneas.

Tedesco, como le llamábamos, fue lectura de mis años de estudiante universitario. Abrevé en su pensamiento consuetudinariamente y le admiré como hombre político e intelectual.

De sus méritos y obra no escribiré. Para los estudiantes y estudiosos de temas educativos no precisa carta de presentación. Basta con decir que apenas el 4 de mayo el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, lo homenajeaba con el Premio Latinoamericano y Caribeño de Ciencias Sociales: “por su contribución a la construcción de un pensamiento pedagógico innovador y crítico, por su permanente defensa de la educación pública y por su lucha incansable para la construcción de una América Latina justa, democrática e igualitaria”.

Un amigo común, Juan Carlos Geneyro, me había prometido una cena juntos en Buenos Aires. Quería entrevistarlo para un libro que sigo soñando. No pudo ser, no será jamás. Luego, ya en tierras conosureñas, viajé de Córdoba a Santa Fe solo para encontrarlo en la Universidad Nacional del Litoral, que yo había dejado semanas atrás. Fueron dos noches consecutivas durmiendo en cómodos buses para escucharlo, mientras mi familia, ajeno totalmente, vivía una noche aciaga en la Córdoba víctima de policías y ladrones, en diciembre de 2013.

En 2014 me invitaron del periódico español Escuela a formar parte de su equipo de colaboradores. La explicación me la dio el entonces editor, Pablo Gutiérrez. El ex ministro de Educación con Cristina Fernández había pedido una pausa y me ofrecían ese espacio, para contar con una opinión desde América Latina. La sorpresa y pudor siguen a flor de piel.

Lo reencontré a finales de 2015, en Chihuahua, a propósito del Congreso Nacional de Investigación Educativa, y tomé apuntes selectivos de sus profundas pero claras ideas. No me acerqué siquiera a saludarlo, pues la fila era enorme.

Como Pablo, como muchos, también lo extrañaré. ¡Hasta siempre, maestro!

Educar a los pobres

En el umbral del siglo XXI, Carlos Fuentes sintetizó magistralmente un diagnóstico de los tiempos contemporáneos en conferencia dictada el 5 de marzo de 1996. El novelista mexicano propuso un decálogo para la nueva centuria. Comentaré los desafíos iniciales.

A su juicio, el primer reto es la vida: asegurar la posibilidad de la existencia humana frente al suicidio ecológico y la destrucción planetaria. El segundo, contener la explosión demográfica, especialmente en algunas regiones. Colocó después el fortalecimiento de los derechos de la mujer; enseguida, el replanteamiento de las relaciones geopolíticas del orbe y las asimetrías entre países desarrollados y atrasados. Las cifras de la pobreza en América Latina eran elocuentes: “En el informe que elaboramos los miembros de la Comisión presidida por Patricio Alwyn para la Cumbre sobre el Desarrollo, que tuvo lugar el año pasado en Copenhague, constatamos que en la América Latina la pobreza, lejos de disminuir, va en aumento: 60 millones más de miserables entre 1980 y 1990, hasta llegar en la actualidad a 196 millones de latinoamericanos con ingresos inferiores a los 60 dólares”.

En la década posterior la pobreza disminuyó relativamente, pero sigue lacerando. El informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Panorama social de América Latina 2013, registró una disminución de la pobreza en números relativos, aunque en millones de personas no se reflejó. En 2012, 28.2% de la población latinoamericana era pobre, y la indigencia atrapaba al 11.3%; es decir, 164 millones de pobres y 66 millones de miserables. La evolución es sombría: 18.6% de población en pobreza extrema en 1980 correspondía a 62 millones; mientras que el 11.3% de 2012 equivale a 66 millones.

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POBRES Y EMPRESARIOS

Para el proyecto donde analizo el cumplimiento del derecho a la educación leo dos informes de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) y las Naciones Unidas. En uno reviso las cifras sobre la pobreza en el continente. Una constatación inquieta: seguimos careciendo de definiciones universales sobre la pobreza y su medición.

Aunque en el siglo XXI hubo avances en el tema y se redujo de manera notoria en las estadísticas, persisten problemas y efectos. Visto con detenimiento y no poca ironía, podríamos afirmar que el avance mayor es no haber empobrecido más a las sociedades latinas.

Una gráfica del informe (Panorama Social 2013 de América Latina y el Caribe) exhibe la evolución entre 1980 y 2013. En términos porcentuales, para 1980 había 40.5% de pobres y 18.6% de indigentes. Para 2012 se redujeron a 28.2 y 11.3%, respectivamente; para el año siguiente se estimaba en 27.9 y 11.5%. En millones de personas esto significa que pasamos de 136 millones de pobres y 62 millones de indigentes en 1980, a 164 y 66 millones en 2012. El cálculo para 2013 empeoraba: 164 y 68 millones.

La conclusión es sombría: cuando la mayor parte de los gobiernos de la región en Sudamérica dedicaron políticas y recursos para su combate, la pobreza no se redujo en la realidad continental. Además, persisten las desigualdades.

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