Blog

Entradas con las etiquetas ‘Colima’

Las huellas del INEE en Colima

El último día de marzo se cumplirán dos años del cierre de las oficinas del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en los estados. Como memoria y testimonio del trabajo realizado por un núcleo de cinco personas, al que se incorporaban temporalmente otros colaboradores, escribí un libro que se llama Lecciones y reflexiones. Mi vida en el Instituto, publicado a finales del año pasado por Puertabierta Editores. Aquí les comparto las primeras páginas del libro, de descarga gratuita en la página web de la editorial.

Zygmunt Bauman comienza su libro Esto no es un diario explicando las razones de escribirlo. En la primera entrada, fechada el 3 de septiembre de 2010, recoge un fragmento de José Saramago [Ensayo sobre la ceguera] a quien, confiesa, estaba descubriendo como fuente de inspiración: “Creo que todas las palabras que vamos pronunciando, todos los movimientos y gestos […] que hacemos, cada uno y todos juntos, pueden ser entendidos como piezas sueltas de una autobiografía no intencional que, aunque involuntaria, o por eso mismo, no es menos sincera y veraz que el más minucioso de los relatos de una vida pasada a la escritura y el papel”.

Un diario se escribe en principio para sí, asegura Silvia Adela Kohan. Esa idea nunca se hospedó más de una noche en mi cabeza. Siempre pensé que debía compartir el resultado de este ejercicio de la memoria. Por eso, tuvo más lectores y críticos que ninguno de mis anteriores proyectos, porque, siendo personalísimo, no quería que fuera un diario íntimo, ese artefacto donde, dice Kohan: “escribes tus pensamientos, tus lamentos, recuentas una situación del día y lo haces como registro, sin ir más allá del registro, sabiendo que tu acompañante es el que te inventas y te representa”.

Leer más…

La educación en las campañas electorales

Empezaron las campañas por la conquista de la gubernatura colimense y, como era previsible, en las imágenes que circulan de los primeros actos, en varios casos, observamos gente sin respetar distancias y en cantidades poco recomendables en estos tiempos.

Lo que vimos, salvo una inusitada epidemia de cordura, será el principio de más aglomeraciones por toda la geografía local.

La búsqueda de adhesiones y votos no atiende ni la sensatez frente a la pandemia, ni la decencia o la mesura en las palabras. Comenzó el desfile de promesas y demagogia.

Ante la acumulación de gente, aun en espacios abiertos, conviene recordar la lógica del virus. Es elemental: a mayor movilización de la gente, más infecciones. En 15 días podríamos tener nuevos repuntes en las cifras de infectados y fallecidos. ¿Quién asumirá los costos?

En estos primeros días de campañas, excepto por cubrebocas y el predominio de mujeres candidatas, no observo algo distinto a lo conocido.

¿Las campañas y los partidos se infectaron de esterilidad imaginativa? Por ahora, así parece.

Sobre educación no he leído nada destacable entre los discursos de las candidatas y candidatos.

Dos asuntos están en la mesa para el debate o, por lo menos, para sus pronunciamientos: el regreso a las escuelas y las estrategias para recuperar a los estudiantes que se hayan desconectado o abandonaron. Un esfuerzo político, económico, social y pedagógico extraordinario.

El segundo, los programas locales que, en el marco de la Federación, permitan avanzar en el cumplimiento de los grandes compromisos: el derecho a la educación de todos, especialmente con la obligación constitucional de universalizar la enseñanza media superior en un año y la educación superior gratuita, aprobada hace unas horas con la Ley General de Educación Superior.

¿Qué harán las candidatas y candidatos? ¿Les importará la educación como un tema estratégico para el desarrollo de Colima?

Ojalá tengan tiempo de reflexionar sobre los factores críticos para la transformación del sistema educativo colimense y no se conformen con recetar las pobres promesas que se repiten desde hace varias elecciones, que sólo exhiben el raquitismo político en la materia.

 

Inician las campañas: ¿veremos algo distinto?

¡Comenzaron los campañas electorales! En unos meses la ciudadanía, más o menos informada, más o menos enajenada, más o menos enojada y, espero, más libre, elegirá a la próxima gobernadora o gobernador de Colima.

Muchas ideas me vinieron a la cabeza. Pensé en los que ya se van. Los que que gobernaron seis años, o menos, porque se incorporaron después. El gobernador y su equipo. Más allá de su campaña propagandística, los resultados están muy lejos de colocarlos entre los mejores gobernantes de Colima. Lejos quedamos de vivir felices y seguros.

Pienso también en los que compiten ahora. En los que se inscribieron con buenas u otras intenciones y los que tienen posibilidades reales de ser electos. Electas, por supuesto. Pensé en las intenciones genuinas de cada una, lejos de las campañas y los micrófonos: ¿para qué quieren gobernar?, ¿saben?, ¿pueden?

Pensé en las campañas. En que ahora, a cada paso, en cada pantalla, en cada avenida estaremos inundados de publicidad contándonos loas a los candidatos, a las candidatas.

Pensé, quiero pensar, que los ciudadanos estarán atentos y recibirán (es más una ilusión, admito) campañas ejemplares. Ojalá sea así. Nos merecemos campañas y candidatos distintos.

Empezamos las campañas y me pregunto: ¿veremos algo diferente? Quiero decir, ¿veremos algo mejor?

Carta de un padre a los docentes

Estimada maestra, estimado maestro:

En marzo del año pasado no imaginábamos lo que se venía para el mundo, la salud de las poblaciones y los sistemas escolares. Habíamos tenido una experiencia con otro virus una década atrás, de distintas dimensiones y consecuencias, pero tendemos a olvidarnos pronto o nos absorben los compromisos cotidianos.

El cierre de los sistemas educativos en más de 190 países, y unos 1 500 millones de estudiantes (y millones de profesores) fuera de las escuelas era impensable. Sucedió. Cuando nos acercamos al año de aquello, las dimensiones que cobra lo ocurrido nos desafían en todos los planos de la vida social y privada. Me temo que todavía nadamos en mares de dudas y debilidades. La lucecita al final del túnel sigue lejana.

Además de la alta contagiosidad del virus, los seres humanos damos muestras fehacientes, un día y otro también, de una osadía digna de mejores causas. En casi todo el mundo las imágenes de gente en las calles, sin protección ni respeto a los protocolos, paseando y de vacaciones, son un hecho que nos tendría que ruborizar un poco, por lo menos. La lógica del virus es muy simple: entre más se mueve la gente, sin protecciones, más se mueve el virus, se propaga y mata sin piedad.

Ustedes, los profesores de las escuelas públicas, todos, pero pienso ahora en quienes tienen su base en escuelas pequeñitas, en comunidades marginadas, en escuelas multigrado, con niños de contextos precarios cultural y económicamente, merecen nuestro absoluto reconocimiento. Ahí, en esas escuelas, o en las casas de esos niños, para ser precisos, donde los equipamientos tecnológicos y culturales son paupérrimos, ustedes son mensaje de esperanza.

Ustedes, los profesores de las escuelas públicas urbanas, con niños, familias y condiciones menos desfavorables, tienen la alta responsabilidad de continuar los procesos instructivos con el mayor esfuerzo posible. Ambos, quienes laboran en escuelas rurales o urbanas, no tienen acompañamiento suficiente. No estaban preparados para trabajar por vías remotas. Carecían de materiales adecuados o apoyos para la tarea de conservar la salud personal, del hogar, hijos y parejas.

Después de las vacaciones de Semana Santa y Pascua hubo que reconectarse con los estudiantes y familias a través de plataformas que muchos no habían usado jamás. Lo hicieron y el cierre de ese ciclo escolar dejó lecciones. Era evidente que sobraban entusiasmo y responsabilidad, pero también incertidumbre y entrenamiento. La improvisación afloró en mayor o menor medida, en parte, porque las autoridades no abrieron canales con las comunidades escolares confinadas para escucharles y tomarles en cuenta.

Esa es una de las lecciones más duras que debemos tomar. En una situación así, la palabra de quienes están en la trinchera, a veces en territorio comanche, son fundamentales. Primero, para hacerles sentir que importan, que su palabra cuenta, que sus ideas, críticas o sugerencias son indispensables, porque el acierto pedagógico más trascendente es el que se produce en la relación entre profesores y estudiantes.

En estos meses he observado o escuchado algunas de sus clases, veo comentarios de profesores desde su experiencia remota, leo detractores y defensores de la estrategia para enseñar y aprender desde casa y trato de mantener ecuanimidad. Ni la defensa a ultranza, porque hay profesores irresponsables, ni elogios baratos.

En estos meses hemos visto ejemplos que erizan la piel, por conductas que rayan en lo heroico, que exhiben lo mejor de cada casa, de cada persona. Hemos visto, también, ejemplos de docentes que se desmoronan ante la imposibilidad de sostenerse en la cruzada. Otros, en momentos de locura encararon e insultaron a sus estudiantes. Hemos visto de lo peor y de lo sublime, como la condición humana. Mientras la pandemia siga, veremos más, quizá de peor gravedad por desesperación y desesperanza de este prolongado aislamiento.

Resistan, queridos maestros, maestras. Necesitamos que soporten el esfuerzo, que sigan creyendo que la roca podrá quedarse en la cima, que las semillas caerán en tierra fértil, aunque quizá no veamos el fruto en estos meses. Soporten el agobio, el cansancio, la política de control, más preocupada por reunir evidencias que por los aprendizajes. Resistan y sigan dando el más grande ejemplo a los estudiantes.

Si al resistir, además, pueden atreverse a inventar, sería fantástico. Atrévanse. Reinventen la docencia. Trabajen con nosotros, con las madres y padres. Seamos socios. Vamos a ganar todos. Rehagan lo que han hecho durante los años del oficio docente. Imaginen otras formas, hablen entre ustedes. La comunicación es un combustible para resistir al aislamiento y alentarse a partir de reconocerse.

En tres palabras resumo mi deseo: resistan, reinvéntense, dialoguen.

Un abrazo fraterno con admiración y gratitud.

*Fragmento del artículo publicado en España por “El Diario de la Educación” en febrero.

Mañana de saudade

13 de febrero. La mañana fue distinta. Por la inauguración del 36 aniversario de la Facultad de Pedagogía asistí a un panel virtual con dos de las primeras directoras, Sara Lourdes Cruz y Sara G. Martínez.

Poco más de una hora duró la sesión en pantalla, con evocaciones personales desde los lugares que ambas mujeres ocuparon en la Facultad, una como fundadora y primera directora; la otra, como estudiante, luego profesora y directora.

El relato de la Facultad es, en parte, el de la película de mi vida profesional. A la distancia, estos 36 años no se pueden recorrer sin la saudade. Fue una placentera forma de recordar, es decir, de volver a pasar por el corazón.