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Entradas con las etiquetas ‘Democracia’

Noroña y los huevazos

Esta mañana vi en Twitter el video donde lanzan objetos a Gerardo Fernández Noroña durante un acto público en Hidalgo. No lo comparto ni lo festejo.

Tengo pocas afinidades con el pensamiento del diputado, y menos con sus formas, pero nunca celebraré un acto así, tan degradante para la vida política y ciudadana del país.

No podemos permitirnos llegar a estos extremos. Si la fractura política ya parece más que insalvable, porque sobrevivió a la necesidad de estar unidos frente a la pandemia, la violencia física es una manera insostenible de dirimir las diferencias.

Los mexicanos (las mexicanas, por supuesto) tenemos la obligación de combatir el coronavirus tanto como la intolerancia, que no nos deja ningún fruto deseable.

No podemos permitir que el insulto o la agresión se conviertan en la nueva normalidad, en la forma de dialogar (sic) con quienes piensan y actúan distinto.

Ni #Borolas ni #Cacas

Me abstengo de sentarme a la mesa para comer rebanadas del pastel de los insultos que se lanzan a diario seguidores y críticos del presidente de la República. En principio, creo que la generalización es abusiva: en ambos bloques conviven diferentes grupos, como los inteligentes y razonables, los detractores por afición, los pagados, los que mascullan por rabias mal digeridas, por señalar algunos.

No celebro, de ninguna manera, el intercambio escatológico que se vive en estas horas en Twitter entre #Borolas y #Cacas.

Más allá de los memes desbordantes de ingenio lanzados al espacio de la batalla campal, no festino. En la burla y el escarnio se esconden sentimientos fratricidas que contradicen los principios democráticos de la tolerancia o el respeto activo.

No me formo en la fila de los angelicales, pero creo que algunas ideas siguen siendo indispensables para construir una sociedad mejor. El artículo tercero constitucional afirma, por ejemplo, que la educación, mi oficio, se basa en el “respeto irrestricto a la dignidad de las personas”. El desprecio o el insulto no circulan en esa dirección.

Si el espectáculo escatológico de estas horas no ayuda a la democracia como forma de vida, me guardo las risas y cierro Twitter. Eso no resolverá ningún problema, ni los míos, pero me ahorrará la constatación ingrata de lo mucho que nos falta pensar en construir y no en destrozar al enemigo con descalificaciones.

Ineptocracia: retrato del presente

Rubén Carrillo, cazador infatigable de autores y lecturas, me envía una imagen. No resisto la idea de compartirla y dejarla asentada en mi Diario. El fondo es negro, en el centro, arriba, una foto del hombre con su mano en la barbilla. Abajo, el texto: Impecable descripción del filósofo y escritor francés Jean d’Ormesson de la palabra que ha inventado, y que describe literalmente la “democracia” actual.

Luego, la definición magistral: “La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que sabe que son idiotas”.

No tengo el contexto, pero no será México el motivo de su aporte al diccionario político del siglo 21. Creo.

Sería muy simpática, sin duda, si fuera el guion de una película satírica, o si no tuviera visos de acercarse lenta e inexorablemente al horizonte.

De la indignación a la organización

Según la nota de AF Medios, 50 ciudadanos acudieron este domingo a la marcha para manifestarse por la seguridad en Manzanillo, luego de una ola de muertes de menores de edad en pocos días.

Ignoraba la convocatoria, pero habría imaginado que la irritación provocada por el asesinato vil de un jovencito en la tienda de Kiosko aglutinaría a muchas personas. 50 para el municipio más populoso de Colima es una cifra reveladora de la distancia que nos separa de sociedades con desarrollos democráticos maduros.

Un acto público de 50 personas refleja que todavía optamos por la comodidad de observar los problemas sociales desde el sillón de casa, a través de la computadora o la pantallita del teléfono, simulando agitar las banderas que unos pocos enarbolan en las calles.

La ciudadanía es la condición para la democracia. No son las elecciones, ni tampoco los partidos, la equidad y jueces imparciales los que forjan una auténtica democracia. Es claro que todos esos, y otros elementos, como la prensa libre, son condiciones necesarias, pero sin la participación fundada y vigorosa de la sociedad, de las personas, la democracia cojea.

De la indignación a la organización es una ruta que ni siquiera trazamos todavía en Colima. Ojalá no sea demasiado tarde.

Excesos de patriotismo

Festejar la muerte de varias decenas de personas en la tremenda tragedia de Hidalgo es un exceso de patriotismo. Así pienso luego de leer comentarios despiadados en redes sociales. Ni vale la pena recordarlos; algunos son asquerosos.

La muerte de todos ellos, en las circunstancias en que ocurriera, merecen algún respeto por la sola condición humana, que no pierden los peores criminales, los genocidas, los traficantes de personas, quienes envenenan a los jóvenes o explotan naciones con las armas de la bolsa de valores, una pluma o decisiones autoritarias.

Estoy en contra del robo de los bienes públicos por parte de altos funcionarios o ciudadanos; de cualquiera. Adhiero a su combate, aunque difiera de formas. Lo ocurrido en Hidalgo debe ser aclarado con transparencia absoluta. La justicia debe sentenciarse en tribunales, no en tribunas periodísticas, menos en redes sociales.

Me apenan los hechos, el número de muertos que sigue aumentando, pero más me entristece e indigna la calaña de algunos que se enrolan en las filas de los salvadores y desde la comodidad cobarde de las redes disparan sin pudor. Ellos no mataron a los niños y adultos en Tlahuelilpan, pero aniquilan, cada uno con su aporte modesto y cínico, la posibilidad de una convivencia civilizada y democrática, de por sí precaria en los gobiernes anteriores.