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Entradas con las etiquetas ‘Educación media superior’

Acceso libre al bachillerato universitario

Hoy leí que dos universidades públicas importantes, como la Autónoma de Puebla y la de Guadalajara, tomaron una decisión aplaudible: todos los aspirantes a sus bachilleratos tendrán espacio seguro y no pasarán por ningún proceso de admisión.

La media superior de la universidad poblana no es muy cuantiosa, pero la UdeG debe ser, con la UNAM, las más grandes en el bachillerato nacional.

La medida podría ser secundada por otros subsistemas o instituciones públicas, habida cuenta de que no habrá las restricciones históricas de espacios físicos o maestros; con ello, de paso, envían el mensaje de que este año calendario no habrá vuelta completa a las aulas.

El anuncio no esconde ni alivia la otra desgracia que pronostica el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: un millón 600 mil estudiantes no ingresarán a las aulas de media superior y universitarias.

Entrevistado ayer para dos medios, puse al abandono escolar como uno de los retos cruciales para el sistema educativo mexicano. Si ya era un problema, con la pandemia amenaza convertirse en la tumba para las aspiraciones legítimas de superación de millones de jóvenes y sus familias.

Ojalá las políticas sociales e institucionales contengan la sangría y no sacrifiquen la calidad de los aprendizajes con una estrategia para salir al paso sin soluciones de fondo.

El impago a maestros de EMSAD y TBC

El secretario de Educación, Esteban Moctezuma, desde antes de asumir el cargo, dejó claro que la revalorización del magisterio es una de las prioridades sobre las que se fincará el sexenio educativo. Lo repite incesante. Los primeros hechos y decisiones me dejan dudas sobre el significado de la expresión. En Michoacán, hace diez días, algunos profesores me compartieron incertidumbre semejante.

En el discurso del secretario, que inevitablemente comparo con otros, como Nicolás Trotta, el argentino, encuentro poca profundidad y muchos ecos en su espejo: Nueva Escuela Mexicana y revalorización del magisterio son expresiones que todavía son más adjetivos que líneas o programas sustantivos, y ya pasó un año sin que tengamos visos.

Pero la cuestión no es solamente del titular de la Secretaría de Educación. La pregunta sobre el papel de los maestros y la relevancia de la educación nos interpela a muchos otros actores, políticos, académicos, sociales y medios de comunicación; al propio magisterio, por supuesto. Pero hay distintas responsabilidades, y algunos deben responder primero: ¿qué significa para el nuevo gobierno la revalorización del magisterio?  ¿Es una prioridad la educación para los gobiernos?

Las dificultades financieras que atraviesan en este momento distintas estructuras del sistema educativo, o los recursos para la actualización de maestros en servicio, contradicen los discursos sobre la relevancia del magisterio o, por lo menos, la ponen en tela de juicio. En Colima hoy tenemos un hecho inaceptable: hace 54 días los maestros de los subsistemas EMSAD y TBC, educación media superior a distancia y telebachillerato comunitario, no han cobrado su pago quincenal. Hablamos de 45 escuelas donde laboran 260 maestros y se atienden 3,029 estudiantes.

El secretario de Educación en la entidad, Jaime Flores Merlo, hace días, en rueda de prensa, expuso documentos para demostrar que sus oficinas cumplieron en tiempo y forma los requerimientos del presupuesto para ambos subsistemas, del orden de 55 millones de pesos a cubrir con recursos federales y estatales. Es el gobierno federal, entonces, quien no ha radicado el dinero para cubrirles el pago a los maestros.

No sé con exactitud dónde está el nudo que impide la radicación de los recursos, ni quiénes los responsables, pero sé que cualquier argumento es inadmisible y tendría que desatar nuestro respaldo y solidaridad, el de los colegas de profesión y el de los ciudadanos, al margen de partidos y fobias. El impago es inaceptable; su postergación indigna.

Hace días hablé con un profesor que labora en telebachillerato comunitario. Su comentario es elocuente, palabras más, palabras menos, confesó: me gustaría estar pensando en mi clase nada más, pero no puedo dejar de distraerme en las necesidades que también debo cubrir.

¿Con discursos y palabras, que de tan repetidas se vuelven huecas, se revalorizará al magisterio? Nunca hubo tiempo para la impostura, hoy menos.

Discursos contra realidades

El secretario de Educación, Esteban Moctezuma, desde antes de asumir el cargo, dejó claro que la revalorización del magisterio es una de las prioridades sobre las que se fincará el sexenio educativo. Lo dice y lo repite sin cesar. Los hechos me dejan dudas sobre el significado de la expresión. En Michoacán, la semana pasada, algunos profesores me compartían incertidumbre semejante.

¿Qué significa para el nuevo gobierno la revalorización del magisterio?  ¿Es una prioridad la educación para los gobiernos que tenemos? Hablo del país, estado y municipios. Lo discutiré en otro momento, ahora me interesa escribir estas líneas para expresar mi absoluta solidaridad con los maestros de telebachillerato comunitario y EMSAD (educación media superior a distancia), quienes no han cobrada hace tres quincenas.

El impago es inaceptable. Cualquier discurso sobre la importancia de la educación o la revalorización de los maestros se destroza cuando observamos estos hechos.

No sé con exactitud dónde está el nudo que impide a los maestros cobrar el pago que merecen; no sé quién es el responsable, pero sé que cualquier argumento es inadmisible y tendría que desatar nuestro respaldo y solidaridad, el de los colegas de profesión y el de los ciudadanos, al margen de partidos y fobias.

Hace pocas horas hablé con un profesor que labora en telebachillerato comunitario. Su comentario es elocuente, palabras más, palabras menos: me gustaría estar pensando solo en mi clase, pero no puedo dejar de distraerme en las necesidades que también debo cubrir. La falta de pago, además, no es novedosa.

¿Con discursos y palabras, que de tan repetidas se vuelven huecas, revalorizarán al magisterio?

La caravana de los expulsados

Con esta colaboración retorno a las páginas de El Comentario, que me albergaron tantos años y de las cuales me retiré voluntariamente para enfocarme en distintas actividades. Las tareas siguen, aumentan y se complejizan, pero la necesidad de pronunciarme crece también. El momento es propicio, así que abro puertas y ventanas para ventilar preocupaciones, problemas, convicciones y algunas ilusiones en el intrincado, apasionante y exigente campo de la educación. ¡Bienvenidos a mi Diario de Educación!

La caravana de los expulsados

En 2012, una decisión histórica del Congreso de la Unión determinó que en 10 años la educación media superior sería universal. En el ciclo escolar 2022 todos los niños y adolescentes con edad de cursar la educación media superior (15-17 años) deben estar inscritos en una escuela.

Después de los aplausos [antes, es verdad], vinieron las preguntas: ¿es posible lograrlo?, ¿qué políticas educativas de largo aliento lo favorecerán?, ¿cuánto dinero y programas auténticamente estratégicos se destinarán? Muchas más se desataron. Por ejemplo: si la secundaria se decretó obligatoria en 1992 y, por tanto, ya tendría que ser universal, por qué todavía no se alcanza en el país 26 años después. Entre paréntesis, en Colima, la cobertura de secundaria en el ciclo escolar 2016-2017 fue de 98%. Es verdad. Son casi todos, pero no son todos. En la perspectiva nacional, en una población de millones, 2 o 3 por ciento son muchos miles. En 2015, según INEGI, en el país había 4,763,862 niños de entre 3 y 17 años fuera de la escuela.

¿Cuánto décadas del siglo 21 le llevarán al país alcanzar la cobertura universal en el tipo medio superior? No pocas. En el ciclo escolar 2015-2016 la cobertura fue de 73.2%. Pero ese promedio es relativo: en las zonas rurales el porcentaje desciende 10 puntos; entre los hablantes de lengua indígena, solo el 63.9% pudo llegar al bachillerato, y en las personas con discapacidad, apenas el 55.8%.

¿En Colima? Las cifras son un poco más alentadoras respecto a la media nacional. Del grupo de edad acceden 76 de cada 100. Repito: 76 de cada 100. ¿Qué significa esto? Que cuando faltan cuatro años para universalizar la enseñanza media superior, en Colima se quedaron fuera 24 de cada 100 personas. No es bagatela, sobre todo, cuando nos preguntamos: ¿qué hará el estado mexicano para acelerar el proceso de incorporación y la permanencia?

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Coloquio de Formación Docente en la UdeC

2-coloquioEl inicio de semana me sorprendió con la grata noticia de que la Universidad de Colima, a propuesta de su rector, será sede del Coloquio de Formación Docente organizado por la hoy llamada Red Nacional de Educación Media Superior, de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior.

¡Bienvenido a casa!, podría firmarlo con alegría. Efectivamente. Este coloquio nació en el año 2000 como resultado de la suma de voluntades y recursos entre las Universidades de Guadalajara, Nuevo León y Colima, cuando, quienes entonces fungíamos como representantes de dichas universidades, con el respaldo absoluto de los rectores, decidimos convocar a las 26 universidades públicas con bachillerato, agrupadas en la entonces denominada Red Nacional del Nivel Medio Superior Universitario, para reunirnos cada año en una convivencia profesional y amistosa a dialogar, compartir y aprender juntos.

Por justicia la primera sede del Coloquio fue la Universidad de Guadalajara, quien engendró la idea, con la batuta de Cándido González Pérez; la segunda, en 2001, fue Colima y la tercera, al año siguiente, en Nuevo León, casa del primer coordinador nacional, mi dilecto amigo y fundador de la Red, Filiberto de la Garza. A partir de esas primeras maravillosas experiencias, se sumaron más y más universidades a lo largo de los años, y doy fe de ello hasta 2005, en que debí abandonar el cargo de coordinador de la Red, por decisión personal y congruencia.

Los coloquios en que participé, esos primeros, luego en Coahuila, la UNAM, Zacatecas o Aguascalientes, fueron inolvidables oportunidades de aprendizaje. Son imborrables las anécdotas; destacables los enormes esfuerzos financieros que el rector Carlos Salazar Silva hizo para que cada año la de Colima fuera una de las delegaciones más numerosas y sólidas por su prestigio académico, reflejado en las ponencias presentadas por sus profesores o los talleres que impartían a colegas del país, y encomiable el entusiasmo que prevalecía en esos días intensos.

Solo experiencias gratas conservo, y varios amigos de antaño en distintas partes del país, con quienes me unen lazos imperecederos.

Para el Coloquio de Colima no sé si estaré presente, porque la vida nos conduce por caminos y retos distintos, pero celebraré con emoción su vuelta a casa.