Blog

Entradas con las etiquetas ‘Educación y cine’

Tarde de cine

Dos horas de la tarde los pasé viendo la película La lengua de las mariposas. Dura menos, pero en algunos momentos la detuve para escuchar mejor, de nuevo o tomar algunas notas. Esa y otras cintas serán parte del material que analizaremos en un curso.

La película está basada en la historia escrita por uno de los periodistas españoles más reconocidos: Manuel Rivas, y forma parte del libro ¿Qué me quieres, amor?

El personaje principal es un maestro, don Gregorio, interpretado maravillosamente por un actor estupendo como Fernando Fernán Gómez. Disfruté la dos horas, poco menos, aunque el final, incluso visto varias veces, no deja de formar un doloroso nudo en la garganta.

Cine para disfrutar y aprender

Alguna de estas noches vi una película que me dejó gratísimas sensaciones: El niño que domó el viento, opera prima de Chiwetel Ejiofor, el actor de 12 años de esclavitud.

Casi dos horas de una historia que transcurre entre el hambre, la pobreza y la desolación de un país, Malaui, sacudido por la violencia política y su condición geográfica, expuesto a inundaciones o sequías.

Llegué por accidente, zapeando entre algún viejo partido de fútbol que valiera la pena o una película. El anuncio de la peli me convenció. Las primeras escenas retratan escenarios naturales de pobreza y una historia que se hilvanaría con esos retazos. La música, los colores y naturalidad de las actuaciones me atraparon desde el principio.

No haré reseña, que no es mi oficio, ni contaré el final.

La historia es bella y ocurrió realmente, como se consigna en el libro escrito por el personaje principal, un niño de 13 años.

Película interesante para analizar en clases con estudiantes de educación o maestros, porque junto al hambre y la curiosidad del pequeño William Kamkwamba, fue expulsado de la escuela cuando la familia no tenía dinero para pagar las cuotas y por su cuenta, leyendo en la desvencijada biblioteca de la escuela, a hurtadillas, consiguió su propósito.

¿Cómo calificar la actuación del director, despiadado a la hora de aplicar las reglas y no permitir que nadie ingrese a la escuela sin haber pagado? ¿Cómo juzgar el papel de los maestros? ¿Profesores pobres castigando a estudiantes y familias pobres? ¿Qué significa la escuela en un contexto de absoluta pobreza? ¿Es éticamente aceptable que si tienes dinero puedes ser educado, y si no tienes, te espera la miseria? ¿Y el derecho a la educación de los más pobres, de todos? En fin, un montón de preguntas propicias para discutir en un salón de clases.

La educación prohibida

 Les invito al cine. La película se llama “La educación prohibida” y puede verse en el canal de videos Youtube. No tiene costo y, aunque dura más que un partido de futbol, es una buena inversión. No es una película como las que se ven en el cine o en la tele, con una historia de amor entre hombres y mujeres, o de muertes por montones; tampoco de aventuras, suspenso o terror, menos de héroes fantásticos.

Hay un poco de todo ello: la profesión de educar es un oficio que reclama pasión, y los educadores, como dice Fernando Savater, deben ser optimistas, creer que su tarea tendrá un efecto positivo sobre otras personas. Educar también es una aventura que, así asumida, es fascinante y desafiante. No es un oficio de héroes, pero trata de evitar el horror de la mala educación que se convierte en mutilación de la curiosidad.

Leer más…

La obligatoriedad del bachillerato

Dos temas ocupan el debate educativo nacional. El estreno de la película “De panzazo” y el decreto que establece la obligatoriedad del bachillerato. Del primero solo diré ahora que su exhibición ante la élite de investigadores educativos apenas aprobó, justamente, de panzazo.

No se puede estar en contra de una medida a favor del derecho a la educación. Pero debemos prevenirnos y discutir implicaciones. Que el Estado deba cumplir el derecho a cursar bachillerato es una condición necesaria pero no suficiente. Nada garantiza el decreto, a priori.  La secundaria hace años es obligatoria, sin embargo, 17 millones de mexicanos no tienen su certificado.

Aunque soy optimista en la voluntad, los hechos, la historia, una rápida mirada al presente y la estadística inyectan una dosis doble de pesimismo. Sin una inversión cuantiosa, sin mejores docentes y sin resolver problemas de ineficiencia escolar no se concretará ese derecho.

Pero aún con una mejora sustancial de la escuela, queda pendiente un contexto social inequitativo que condiciona las probabilidades de ingresar a bachillerato y culminarlo oportunamente. Las estadísticas son inapelables: el ingreso y conclusión del bachillerato está ligado al origen social y al estatus socioeconómico de la familia. ¿Alguien puede afirmar que los habitantes de Michoacán, Guerrero o Guanajuato no van en su mayoría al bachillerato por incapaces o flojos; mientras que los del Distrito Federal y Baja California lo hacen por ser más inteligentes?

Como afirmó el rector de la UNAM en Colima: que se cumpla la promesa es responsabilidad de todos los mexicanos, y lo que no podemos admitir son pasos atrás: que en aras de cantar logros ficticios se abran opciones de baja calidad en las escuelas oficiales o se promueva más educación privada chatarra.

Escucha la opinión

A panzazos

Con la aparición del documental “De panzazo”, de Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola, estalla una nueva ola de críticas al sistema educativo nacional, con argumentos que en el medio pedagógico hace algunas décadas ya eran conocidos, aunque el conductor de noticias afirme, supongo que por ignorancia, que descubrió el mundo secreto de la escuela; no sé si los secretarios (de hoy y ayer) y subsecretarios del ramo lo sabían, pero la rica tradición de investigación etnográfica en México ha expuesto, tiempo atrás, la sociología de las aulas mexicanas.
Leer más…