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Entradas con las etiquetas ‘Educación’

¿Nacido para perder?

Leo con mezcla de sentimientos las circunstancias en que transcurre la elección de los responsables del organismo que sustituirá al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

La indignación y preocupación que advierto en Twitter reafirma mi hipótesis inicial, que Esteban Moctezuma avaló en su visita al ex INEE el 17 de mayo: un organismo a modo, capaz de cuadrar los datos cuando sea preciso. No abundo. Quisiera estar rotundamente equivocado.

El anuncio de las listas de los aspirantes a la Junta Directiva y al Consejo Técnico me sorprendió, no por el anuncio, claro, sino por los nombres. Esperaba una relación que desmontara aquella hipótesis. No conozco a la gran mayoría, a los que sí, tampoco me inspiran entusiasmo.

La segunda decepción personal vino con el conocimiento del centenar de candidatos que no fueron admitidos a los concursos, luego, el descubrimiento de irregularidades y trampas de algunos aceptados. Es inaudito. ¿Quién hizo las listas difundidas? ¿Con qué criterios?

La negativa a reponer el proceso de selección, sin argumentos ni transparencia, es la peor señal que podría enviar el Senado, empeñado, parece, en anidar desconfianzas que terminarán por deslegitimar a los eventuales elegidos y, sobre todo, el organismo.

Discutía con un colega acerca de las razones de la trampa y la desinformación del caso. Él, desde el terreno de la comunicación; yo, de la educación, cada quien con sus énfasis, pero coincidíamos en un punto del intercambio: la irrelevancia de la educación para quienes tienen en sus manos, en alguna medida, el rumbo del país y el diseño del futuro sistema educativo.

Triste panorama.

La belleza del ejemplo

No hay forma más bella de la autoridad que el ejemplo, recité a los estudiantes del curso “Gestión y administración de la educación superior” en la Facultad de Pedagogía. Me miraban como casi siempre: atentos e interesados. Luego volví a citar a Miguel Ángel Santos Guerra para reafirmar el valor de su idea. Con un comentario más terminé la clase y les agradecí la complicidad.

Me gustaría que ideas como esas se quedaran rebullendo en la cabeza del grupo de jóvenes con quienes tengo la alegría de coincidir cinco horas a la semana. Que las repasaran mentalmente, o en pequeños grupos, en parejas, y discutieran la enorme verdad que encierra la invitación a hacer del ejemplo el ejercicio más poderoso y convincente de la autoridad, para aplicarlas en su casa, en su relación con otros, en su futuro como profesores o directores.

En este tramo del curso elegí “Las feromonas de la manzana”, de Santos Guerra, para reflexionar con los estudiantes sobre el diagnóstico que están realizando y sus experiencias como universitarios y previamente. Es un texto estupendo que suma a la profundidad, la clara y precisa narrativa, enriquecida por la fructífera experiencia del autor.

En educación no existen las balas de plata, escuché decir alguna vez a otro educador extraordinario, Juan Carlos Tedesco. Y la idea de Santos Guerra tampoco es una solución mágica. No hay soluciones fáciles ni únicas para resolver los problemas complejos de las escuelas y los sistemas educativos, pero hay principios e imperativos insoslayables.

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Niños diputados por un día

La idea de los cabildos o congresos integrados por niños un día me parece demagógica en extremo casi insoportable. Una suerte de mea culpa, de falsa corrección política, de inclusión fácil, de mercadotecnia política agotada.

Sucede cada año por estas fechas, ante la llegada del 30 de abril. En un síntoma de anemia mental, no hay nada nuevo cada año, a nadie se le ocurre imaginarse (y actuar) algo distinto, creíble, formativo, trascendente más allá de la nota efímera. No digo que no resulte (o pueda serlo) una experiencia inolvidable para los niños elegidos, pero no produce impacto alguno en la sociedad.

En el mundo se han ensayado ideas para atreverse a resonancias o apuestas mayores; por ejemplo, un cabildo infantil permanente, que sesione un día cada mes, una mañana o una tarde, integrado por representantes de las escuelas del municipio, con un encargado de coordinar, tomar notas, llevar seguimiento, ayudar en las gestiones. Ese cabildo llevaría a las sesiones el sentir de sus compañeros de los centros escolares, plantearía problemas, propondría soluciones, en suma, ejercería el derecho de los niños a opinar sobre los temas de interés colectivo.

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Alianza estratégica por la educación colimense

Cuando se publicó en 2018 la convocatoria para el Fondo INEE/Conacyt, la Dirección del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en Colima invitó a las instituciones públicas dedicadas al campo educativo, a reunirnos para analizar la posibilidad de presentar proyectos interinstitucionales. Durante varias sesiones, entre agosto y septiembre, tuvimos la asistencia de representantes del Instituto Superior de Educación Normal de Colima (Isenco), la Unidad 61 de la Universidad Pedagógica Nacional y varias áreas de la Universidad de Colima, así como de la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado.

El ánimo en todos los participantes era propositivo, de compromiso con las instituciones y la educación estatal. No fue posible concretar los proyectos colectivos para competir en la convocatoria, pero esbozamos distintas posibilidades de colaboración. El primer producto ya se concretó: la Red de Evaluación Educativa de Colima, anunciada el 11 de febrero en la Universidad de Colima.

El segundo reto parecía más ambicioso, porque implicaba un compromiso formal, pero fue posible por la voluntad del rector de la Universidad, ante quien expuse las bondades del acuerdo; el secretario de Educación, por su parte, expresó también la decisión de sumarse en el acompañamiento y a través del Isenco. Con los directores del Isenco y de la UPN, colegas y amigos, la gestión fue fácil porque había convencimiento de las posibilidades.

El jueves pasado se firmó el documento en la Sala de Juntas de Rectoría, y en los discursos se palpó la decisión de que sea un hecho histórico para la educación colimense. Gracias al compromiso de las partes, serán factibles, entre otras acciones, la movilidad de estudiantes, un ejercicio cada vez más indispensable para completar la formación profesional; así, por ejemplo, los alumnos que estudian pedagogía en la UdeC podrán cursar un semestre o materias en las otras instituciones, para profundizar su preparación en el campo docente, ámbito esencial de la UPN y el Isenco. Y viceversa, por supuesto.

Los profesores podrán realizar movilidad académica, desarrollar investigaciones conjuntas, asesorar tesis, publicar artículo o libros, y de forma muy necesaria, emprender programas para la formación y actualización de los maestros en ejercicio, a través de cursos, talleres, especialidades, diplomados o maestrías.

El territorio para la cooperación no tiene fronteras; la voluntad de sumar enriquece. Estoy seguro: la firma del convenio no será solo una imagen para la foto o la nota periodística; es punto y aparte en la historia reciente de la educación en Colima. Las autoridades hicieron su parte; toca a los actores centrales la suya.

Lo que me enseñaron los niños 2

La semana pasada se publicó en este espacio la primera parte de un ejercicio colectivo con estudiantes del sexto semestre grupo A de la Facultad de Pedagogía en la Universidad de Colima. Cada uno escribió un párrafo a partir del enunciado que titula esta colaboración. Esta es la segunda mitad.

Los que nos enseñaron los niños

Los niños transmiten la alegría que a veces nos falta a para ver el mundo de colores. Siempre pueden enseñar tres cosas a un adulto: a ponerse contento sin motivo, a estar ocupado en algo y a exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.

Los niños son el motivo para continuar luchando por el futuro; inspiran para trasmitir una sonrisa frente a situaciones adversas.Son la alegría de un salón de clases y se aprende de ellos, como ellos de nosotros.

Un niño es increíble; te pueden sacar mil sonrisas con el simple hecho de verlos, escucharlos, convivir, jugar, entenderlos. Cuando me preparo para trabajar con niños, en ocasiones entra mi desesperación por no saber qué actividades elegir, con la preocupación de que no les gusten. Mi hermana dice: “acuérdate de lo que te gustaba hacer cuando eras niña”; y aparecen ellos, porque tienen el poder de hacerte retroceder el tiempo, de hacerme pensar como cuando era niña para lograr comprenderlos; no es fácil, porque he trabajado tanto en ser adulto que me olvido que en algún momento fui niña, pero ellos lo consiguen.

Los niños me enseñan a vivir el presente; no les importa lo que pasará mañana o después. Disfrutan el momento y mientras vamos creciendo nos va importando más el futuro, tenemos más preocupaciones de qué sucederá y no disfrutamos el día a día.

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