Blog

Entradas con las etiquetas ‘Educación’

Educando en el circo

grancircoalaskaEn cada generación de estudiantes de la Facultad de Pedagogía encuentro razones para alentar la vocación, para seguir confiando en que tenemos posibilidades de ganar la batalla contra la mala educación que se instala peligrosa y masivamente en las escuelas mexicanas, públicas y particulares.

De casi cada uno de los grupos recuerdo los nombres; pero no miento, ni quiero ser descortés, si admito que algunos alumnos tienen un sitio aparte, porque a la memoria adhiero afectos y agradecimientos. En ese grupo ahora recuerdo a Marina Espada, estudiante malagueña de intercambio que vino por un semestre y se quedó un año, con Gloria, en Colima, estudiando y conociendo parte de México, regalándonos, además de amistad, la generosidad del buen corazón que la mueve.

Marina, como Gloria, también española, tomaron un par de cursos conmigo y la experiencia de cada clase fue muy enriquecedora para el profesor que escribe. Y lo sigue siendo, tanto, que Marina leyó por petición expresa un ensayo que dos años después se convirtió en libro colectivo (Memoria y presente. Tres décadas de Pedagogía en Colima) para honrar los treinta años de la primera facultad universitaria de Colima, la de Pedagogía. Un párrafo entusiasta y desafiante que envió en su comentario cierra los epígrafes que elegí para mi capítulo.

Leer más…

DE LAS CALIFICACIONES EN LA ESCUELA

Esta tarde pasé por el colegio de Mariana Belén para recoger sus calificaciones del primer bimestre en el cuarto año de primaria.

Camino a casa, con la sonrisa por los resultados, divagué acerca de las conversaciones que solemos tener en las mañanas. Le inquieta el valor que tienen las calificaciones y yo, no me canso de repetirle, con palabras diferentes y buscando nuevas argumentaciones, que sacar 10 no es el motivo más importante, que el 10 no es la medida del éxito escolar que persigo en la escuela, ni para ella ni para su hermano. Que un 10, obtenido sin el máximo esfuerzo y aprendizajes, no merece aplausos o felicitaciones. Así pienso que debería funcionar la escuela.

Es verdad, en esta época en que la escuela pondera las estrellas, las competencias y la competitividad, el individualismo o las medallas de oro en lectura, hay que tener mucho cuidado en el mensaje para no provocar disonancias incapaces de resolver los niños con sus medios.

A contracorriente, le insisto, no tengo obsesión por hijos de 10 en las escuela, o máximas calificaciones con esfuerzos regateados, ni quiero como meta ser mejores que los demás. La medida de la comparación es siempre uno mismo, si se trata de compararse.

La educación, si la entendemos como el proceso de formación de las personas y no se reduce a la escuela, trabaja con personas y no con objetos o mercancías, por tanto, es mucho más compleja e interesante, más delicada y requiere de un sentido común que hoy es elementalmente escaso.

¿QUIÉN EDUCA A LOS NIÑOS MEXICANOS?

Juan Marsé, escritor catalán, aseveró que en España el auténtico ministerio de cultura es la nefasta televisión. En México pasa lo mismo, y quizá de manera más cruda por ausencia de tal elefante burocrático que ya pretenden crear en un sexenio obsesionado con promover reformas.

Desde mi perspectiva, la cultura es todo aquello que queda cuando se agotaron las actividades programadas por la secretaría de cultura, o cuando se está lejos de la escuela. Es aquello que hace la gente por gusto en su intimidad, cuando nadie lo ve o para que los otros aprecien sus gustos. Allí, lejos de la parafernalia oficial, nuestros niveles culturales son inquietantes.

En una medición reciente del rating entre niños de cuatro a catorce años, el primer lugar lo ocupaban las telenovelas, enseguida, los reallity shows. Repito para escandalizar un poco: niños de entre cuatro y catorce años educan sus emociones con la maestra Laura en América y la basura que produce abundantemente la televisión mexicana, Televisa, principalmente.

Son ellas, Laura Bozzo y las telenovelas, las pedagogas más influyentes entre la gran mayoría de niñas y niños en este país. Ella son las educadoras emocionales de los niños de hoy, ciudadanos de mañana, futuros electores.

Según el Primer Informe para los Derechos de la Audiencia Infantil los niños mexicanos ven la televisión un promedio de cuatro horas y 34 minutos cada día. Y todo eso, durante siete días a la semana, tiene un poderoso efecto que sin duda compite (y combate) con la escuela. ¿Qué currículum es capaz de contraponerse a esos aprendizajes?

¿Le preocupa a la autoridades ese tipo de minucias, que no fueron tocadas ni por el pétalo de la más sensible reforma?

Una reforma educativa que desconoce, ignora o desdeña esa realidad, que niega la posibilidad de construir alternativas culturales y pedagógicas, es una reforma que está destinada al fracaso en lo más hondo: en los saberes de los niños y la transformación de las prácticas docentes.

Es esta una de las aristas por las que he sostenido que no tenemos una reforma completa, de largo aliento, pedagógica, centrada en la realidad y que conciba lo educativo en su más compleja dimensión: como un proceso que también ocurre en la escuela.

LA ESCUELA, LA VIDA, JUAN CARLOS

Caminamos al campus central de la Universidad, Juan Carlos al lado en el auto. Al pasar frente a la estancia infantil a donde asistió varios años, le pregunto:

-Aquí estuviste un tiempito. ¿Te acuerdas?

-Sí, me dice raudo.

-¿Te gustaba estar allí? Enemigo esta vez de los rollos, responde sin dudarlo.

-Sí.

-¿Qué fue lo que más te gustó? De nuevo, sobrio en las respuestas, me dejó primero perplejo, luego sonriente, finalmente desbordado por la risa de ambos.

-¡Que no aprendí nada!

Su picardía me obliga a mirarlo. Sabe que dijo algo inteligente y espera mi reacción. Le tiendo una mano para chocarlas. Avanzamos riéndonos.

Vuelvo a la carga metros adelante.

-¿Cómo que no aprendiste nada? Algo debiste aprender. ¿Qué aprendiste?

-No, nada. No había tareas. Solo jugaba y me divertía. Y no aprendía nada.

Aquí podría dejar mi relato. Y convocar a la reflexión de cada quien.

Pero no. Me parece que la respuesta de Juan Carlos es una veta para admirar un ángulo del significado que tiene la escuela para los niños.

Pequeñito ya, a sus hoy cumplidos seis años, logra establecer claras diferencias entre la vida y la escuela, entre la realidad y la ficción en que de alguna forma es el ritual de la escolaridad. A la escuela se va a estudiar, hay tareas, uniformes, obligaciones, calificaciones, regaños; en la vida se juega, se divierte, se pasan bien las horas en esas edades en que el máximo cometido no puede ser otro que ser niño y feliz.

¿Alguna vez lograremos que la escuela se parezca un poquitín a la vida, en que sea menos aburrida y estresante, y más divertida?

*

IMG_1209Como esbocé líneas arriba, el personaje de esta pequeña anécdota hoy cumplió seis años. Facebook me recordó las fotos y textos que escribí hace dos años, en Santa Fe, Argentina, cuando celebramos su fiesta en nuestro pequeño departamento, con escenografía, piñatas, pastel, comida, regalos, todo hecho por nosotros. Entonces compartí lo que ahora repito:

Seis años ha que nació el segundo de los soles que calientan mi planeta.

Seis años dirigido por un capitán llamado a enderezar el rumbo de mi nave.

Seis años ha.

Seis años.

Seis.

BREVÍSIMO MANUAL PARA ALCALDES

El artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece: “Todo individuo tiene derecho a recibir educación. El Estado –Federación, Estados, Distrito Federal y Municipios–, impartirá educación preescolar, primaria, secundaria y media superior. La educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica; esta y la media superior serán obligatorias”.

En el inciso A de la fracción II se lee: “Será democrática (la educación) considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

El inciso C de la misma fracción afirma: “Contribuirá a la mejor convivencia humana, a fin de fortalecer el aprecio y respeto por la diversidad cultural, la dignidad de las personas, la integridad de las familias, la convicción del interés general de la sociedad, los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos, evitando los privilegios de raza, de religión, de grupos, de sexos o de individuos”.

Otros párrafos del máximo ordenamiento podrían citarse para sustentar la idea que pretendo, pero bastan los transcritos para ilustrar el vacío que abrieron históricamente las autoridades municipales con respecto a sus obligaciones.

Leer más…