Blog

Entradas con las etiquetas ‘Estados Unidos’

La justicia defectuosa

Suele decirse que la justicia es ciega. Con los ojos cubiertos se le representa en la estatua icónica, tomada de Temis, diosa griega del orden.

Pero en estos tiempos, o tal vez siempre, o siempre en ciertos momentos y circunstancias, la justicia, además de ciega, es lenta, muy lenta, lentísima. A veces no llega.

La corte suprema de justicia (debe leerse aquí: injusticia) en los Estados Unidos, resolvió que la familia de Sergio Adrián Hernández, un niño mexicano de 15 años, asesinado en Ciudad Juárez hace diez años, en la frontera entre ambos países, cada uno en el suyo, no tiene derecho a ningún reclamo, porque se trata de un caso de “política exterior y seguridad nacional” (así tal cual).

Una justicia ciega, lenta e injusta. Una justicia extraviada. Injusta justicia.

El chasquido de Trump

El entonces candidato presidencial de Morena, AMLO, había dicho que pondría a Donald Trump en su lugar. Cumplió su promesa y amenaza. El presidente de los Estados Unidos es un negociador virulento y con sus chasquidos, en forma de tuits, va colocando la soga donde se asfixia el margen de negociación de los gobernantes de la cuarta transformación.

Trump, con mucha mano izquierda y un poquito de derecha, chasquea sus dedos y en pocos días nos arrodilla. Lo peor no es que ocurrió una vez, es que es apenas el principio. Peor, también, es que se celebre tomar solo un poquito de cicuta, sonrientes, hasta que el agente naranja diga lo contrario.

La salud mental del mundo

El título de la página tal vez sea desatinado. Lo admito. No encontré algo apropiado. En todo caso, estoy tan perdido como desorientado el mundo.

No podríamos asegurar que el mundo fue paraíso alguna vez: que las relaciones humanas eran puro amor, y las guerras, accidentes pasajeros o efímeros; que la concordia es la capa que cubre a los países. Nada por el estilo parece haber en la historia, desde Caín, Abel y el fratricidio.

Cuando estamos más avanzados en ciencias y tecnologías (o tal vez por eso), cuando más sabemos, producimos e inventamos, el mundo no se mueve por amistad y fraternidad. La medianamente aceptada idea de que hay lugar y comida para todos en el planeta, si no apuramos demasiado el contador demográfico, es incongruente en los hechos.

Sobra una lista exhaustiva para constatarlo en los días recientes. El domingo vimos una expresión de barbarie en Cataluña, cuando unos señores de la policía, ordenados por sus jefes, apalearon con salvajismo a otras personas que querían votar porque ya no quieren ser parte de ese país. Las elecciones eran inconstitucionales, declaró el gobierno español, y la forma de convencerles, a falta de argumentos y acuerdos de las partes, fue a garrotazos y patadas. Inaudito es el término blando que quiero usar para un hecho funesto, inaceptable, vergonzoso, como cuando al Quijote lo apaleaban tachado de loquito, de diferente.

Pocas horas después, el multihomicidio de Las Vegas es un golpe al corazón de la ideología que pregona su impresentable presidente. Uno como él, como ellos, otro igual, del mismo color, idioma y origen disparó sin piedad a una multitud de otros de la misma condición, como si de matar cucharas se tratara. Y en Marsella, Francia de nuevo, lo pasaron amargo.

La salud mental del mundo, es decir, de quienes lo habitamos, no parece mostrar síntomas de buena condición. Nunca fue perfecto, hoy, cuando podría, se aleja con las compañías jubilosas del odio, la muerte, la violencia y el desprecio a los otros.

Trump y la gerentecracia

Las placas tectónicas de la geopolítica mundial se sacuden inusitada y vertiginosamente. Donald Trump es el autor intelectual y material del fenómeno. El caprichoso millonario elegido presidente por la singular democracia de los Estados Unidos, día tras día cosecha en casa y fuera nuevos enemigos o, por lo menos, adversarios que refutan sus delirios. Las decisiones de Trump, tomadas en otros países y presidentes, digamos del centro o sur de América, habrían provocado en las poderosas industrias de opinión andanadas de juicios sumarios sobre su estado mental, cuestionándose el talante democrático de una nación que se atreve a ungir tales esperpentos.

El personaje no es un sujeto anormal. Él es uno, producto de esa ideología retrógrada que poseen millones en su país, inoculados del veneno que se apropió del concepto de “América” para ellos, o que decretó que fuera de sus fronteras, en casi todas partes tienen “intereses”, que es una forma sutil de dictarnos: por tanto, derecho a la injerencia y a meter las narices donde quiera que se les pegue la gana, cuando se les antoje.

Estados Unidos es un país de maravillas y de mentiras. Eduardo Galeano recordó con lucidez juguetona que su ministerio siempre dispuesto a las agresiones, al atropello y las violaciones de los derechos humanos se denomina “de Defensa”. En sus poderosas industrias crearon a todos los súper héroes (infatigables, siguen y siguen) que, cuando se cansaron de salvar al mundo enemil veces, aburridos, se inventaron guerras fratricidas.

Leer más…

Trump: ¿próximo presidente de Estados Unidos?

trump_flicker_face_yessMe extraña la candidez de algunos bien intencionados que se alarman por el probable triunfo de Donald Trump en la carrera republicana por la presidencia de su país. A mí, no. No me extrañaría que se convirtiera en el sucesor de Obama. Tampoco es mi deseo, pero los deseos de los mexicanos en México no definirán la elección, ni siquiera un poquito.

El dispendioso mundo político hace tiempo (¿siempre?) nos regala desfiguros a raudales. La lista puede ser larguísima y hasta trágica. Baste recordar ejemplos cercanos en el civilizado mundo occidental: Silvio Berlusconi en Italia; el “loco” Abdalá Bucaram en Ecuador; Alberto Fujimori en Perú; los Nicolás, Sarkozy en Francia y Maduro en Venezuela; México, con Vicente Fox y Martha Sahagún, o José López Portillo. A Mauricio Macri en Argentina habrá que darle un poco más de tiempo. En fin.

En Estados Unidos no podemos olvidar el oprobio de que su actual presidente recibiera el premio Nobel de la Paz, y menos la talla intelectual (sic) de algunos de sus ex presidentes, como Ronald Reagan o los George Bush, padre e hijo.

Pero ya no nos extrañamos, claro, porque la imbecilidad se instaló majestuosa entre nosotros tiempo atrás, como el tango Cambalache cuando canta: “Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor… Cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón.”

Vuelvo del paréntesis en el arrabal porteño. En esa secuela, repito, nadie tendría que extrañarse si Trump triunfa y se convierte en el presidente más poderoso del mundo.

Puestos a mirar el presente con sentido crítico, habría que preguntarse: ¿con Obama el trato que recibieron los mexicanos fue distinto, es decir, mejor?

Es verdad, con Trump y sus desquiciadas ideas la situación puede empeorar, pero eso no lo decidiremos, ¿o acaso permitiríamos que ellos pretendieran decidir por nosotros?