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Entradas con las etiquetas ‘Exámenes’

Un examen a la evaluación

Envuelta en un halo casi mágico, la evaluación se ha convertido en una palabra y práctica estelares. Todos hablan de evaluación, la invocan y la procuran, porque así, supone el sentido común instalado, la educación será mejor. Los gobiernos e instituciones invierten crecientemente en exámenes, se extienden los rankings y se creó una industria evaluadora, plagada de departamentos que diseñan exámenes, cursos (para hacer pruebas e interpretarlas, de preparación para aprobarlas, para convertirse en evaluadores, para ser evaluados y preparar informes, etc.), expertos que evalúan y organismos que acreditan.

A la creencia mítica en la evaluación hay que someterla a riguroso examen, para conocer posibilidades y límites, aprovecharla y convertirla en medio. A continuación, algunos ítems para examinar la evaluación.

-La evaluación, entendida como exámenes, no es sinónimo de calidad. Es más usual crear un sistema de exámenes, modernizarlo y hacerlo cada día más sofisticado, que trabajar en salones de clases con los maestros para perfeccionar prácticas de enseñanza.

-¿Exámenes como control o como insumo para la reflexión del profesorado y autoridades? En la exigencia de evaluación hay por lo menos dos razones: una, propia de sociedades democráticas, es la responsabilidad de la rendición de cuentas; la otra es la desconfianza derivada de hechos que obligan a no dejar que las escuelas se conviertan en territorio de impunidad e irresponsabilidad, pero también la desconfianza prohijada por la incomprensión de los tiempos naturales del aprendizaje o los cambios educativos. La examinación no es tarea burocrática, debe convertirse en proceso pedagógico para comprender, no solo para premiar y castigar.

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DÍA DE EXAMEN

Esta mañana, mientras nos preparábamos para salir al colegio, se me grabó la cara angustiada de Mariana Belén al preguntarme: ¿y si no contesto bien el examen? Se refería a la prueba estatal de avance educativo, de la cual nos enteremos 12 horas antes. No te preocupes; es un examen diagnóstico, y le expliqué lo que creo. En realidad, no tengo conocimiento preciso, pero insistí en mis recomendaciones habituales para periodo de exámenes.

Esa es una de las peores imágenes que tengo de la escuela. No de un colegio en particular, sino de la escuela como institución social. La imagen atemorizante de la escuela en ciertos momentos del año, en que llegan las temidas pruebas. No sé si sentimientos como los de Mariana son generalizados en otros alumnos, pero ella, que casi nunca ha reclamado ni se queja al despertarla cada mañana, solo sufre cuando llegan los exámenes. No quiero imaginar qué pasaría si en casa la presionáramos con la exigencia de buenas calificaciones, pues su única obligación es el esfuerzo razonable y la responsabilidad.

Dejo el ámbito familiar. Insisto en la animadversión que me provoca esa idea que promueve a la escuela como sitio de tortura, espacio de tareas rutinarias y domesticación de inquietudes. Esa es la peor escuela de formación ciudadana.

Nunca he pensado que la escuela tenga que ser fácil o divertida. Los profesores no tenemos la obligación de divertir a los alumnos en un salón de clases, pero tampoco tenemos el derechos de matarlos de aburrimiento con clases intrascendentes.

Hacer de la escuela una aventura vital no es fácil, pero no hay otra forma de concebirla si queremos que los niños vayan a ella para aprender a ser mejores personas, no solo para instruirse en matemáticas, ciencias naturales o civismo. Esa tarea vital, de ciudadanización, de amplitud de horizontes de los niños se ejecuta en un escenario agradable, o matamos lo más valioso de la infancia.

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Rita, excelente estudiante de pedagogía, y mi asistente en el curso de Formación Ciudadana durante el actual semestre, me recomendó ver un capítulo del “Informe Kliksberg”, una serie para Encuentro, canal argentino de televisión.

En la apacible comodidad de mi cubículo, esta tarde lo vi. Es un análisis de los seis problemas que, a su juicio -lo comparto-, enfrenta la educación en América Latina. Después de este, me prometí observar uno cada día durante el mes.

El martes próximo será insumo para nuestra clase.

¿CUÁNTAS PATAS TIENE UNA CUCARACHA?

Ana Maria Saul cuenta en el libro Propuestas de Paulo Freire para una renovación educativa (coordinado por Carlos Núñez con el sello del ITESO), que en cierta reunión con profesores de escuelas medias en Sâo Paulo, cuando comentaban el examen de ingreso a las universidades brasileñas, les cuestionó: ¿cuántas patas tiene una cucaracha?

La pregunta la había leído en dichos exámenes. Su intención, al recordarla, era invitarles a reflexionar sobre la naturaleza de la prueba y la significatividad de sus ítems.

Agréguese a la intención original por lo menos otra cuestión: ¿qué estamos enseñando en las escuelas?, o mejor, ¿qué estamos enseñando en las escuelas medias y qué exige la universidad para el ingreso?

Más allá de lo anecdótico, el tema es delicado, porque pruebas con preguntas de dudosa relevancia, o franca irrelevancia, como en el caso, excluyen y castigan. La centralidad del problema pedagógico, político y ético es evidente; sin embargo, su importancia es poca en amplios sectores del medio. El derecho a la educación o la significatividad de los aprendizajes, por ejemplo, no son parte de la reforma educativa en marcha.

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LA EDUCACIÓN A DEBATE

Varios temas rondan a la hora de sentarme a escribir la colaboración semanal. Es que la educación, en días recientes, se convirtió en asunto de primeras planas y hasta espacios en noticieros de televisión. Ante la imposibilidad de abordarlos todos con mediana prolijidad, me dedicaré solo a enunciarlos y emitiré breves comentarios.

El primero de los temas inspira cierto regocijo, no tanto porque sea muy elegante celebrar que buena parte del sistema educativo del país se haya volcado en torno a un programa que ya terminó por desmoronarse con el anuncio oficial de su extinción. Es decir, no festejo el fracaso de un instrumento fallido desde su concepción, sino la decisión gubernamental de detener el yerro; no es suficiente, pero es un paso. Me refiero a la llamada prueba ENLACE, una de las banderas (otra ilustre es el examen de la OCDE, conocido por sus siglas en inglés como PISA) del numeroso contingente de quienes todavía creen que los exámenes eran la piedra filosofal en la transformación educativa. Sepultada la escasa credibilidad que podría tener, queda pendiente la valoración prometida por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), no solo sobre los detalles técnicos o pedagógicos, sino también los financieros y sobre todo políticos, o sea, las responsabilidades que tuvieron quienes adoptaron la decisión. Que no descanse en paz ENLACE hasta que no se cumpla aquello de: “…y si no, que la patria se los demande”.

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Otra vez “maestros reprobados”

Con un titular de esos que gustan a la prensa en busca de escarnio, leí en “La Jornada” (04.12.12) el siguiente: “Reprueban alumnos de tercer año de primaria a maestros”. Así tal cual. La nota alude a una “encuesta de contexto” de la prueba Excale (Exámenes para la Calidad y el Logro Educativos) que aplica el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE).

La encuesta recoge las opiniones de los niños acerca de un conjunto de temas que deben ser usados en las escuelas, por los maestros y directivos, y por los expertos en el tema docente y la educación básica, para profundizar reflexiones sobre el significado de las percepciones estudiantiles.

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