Blog

Entradas con las etiquetas ‘Financiamiento’

La dificultad de entender al gobierno

Se consumó la desaparición de 109 fideicomisos con la votación del Senado. Después, se anunció que pronto terminarán las auditorías y se denunciará a los responsables. Primero el castigo, luego el juicio.

A este gobierno federal hay que entenderlo antes de juzgarlo, para comprender su lógica. La nuestra, o la mía, es que primero debieron ser las indagatorias y los juicios justos, enseguida, las decisiones y sanciones correspondientes.

Insisto: a este gobierno, primero debemos entenderlo. Cortan de tajo 109 fideicomisos sin diseñar o hacer públicas las alternativas para incentivar, por ejemplo, la ciencia, la tecnología y la innovación, o la articulación entre universidades, centros de investigación, empresas y gobiernos.

Repito. No es fácil comprenderlo. Se mueve con otra lógica. El discurso del secretario de Educación Pública es reiterativo hasta el cansancio: apuesta a la dignificación del magisterio, pero a la hora de los presupuestos, cuando la demagogia se pone a prueba, recortan brutalmente el dinero para desarrollo docente y formación de nuevos maestros.

Con estas decisiones que desde alguna racionalidad parecen desconcertantes, no asoman buenos tiempos para las universidades públicas.

Esta semana, las instituciones de educación superior de la región centro occidente, agrupadas en la Asociación Nacional de Universidades, emitieron un comunicado con título elocuente: Por el rescate de la educación superior.

Sus titulares confiesan con cuidadosa oratoria: “vemos con gran preocupación y desánimo las políticas presupuestales” de los últimos dos años.
Hacen cuentas: de 11 fondos para las universidades en 2015, sólo quedan 3. De una bolsa de 6,900 millones de pesos, se redujo a 1,374 millones. Afirman que están operando con menos recursos que hace 5 años.

Sombrío panorama, dicen los rectores.

Algunos celebrarán los recortes bajo el discurso de la austeridad, o la corrupción. Que la segunda se investigue y castigue, de acuerdo; que la primera se produzca sin regatear lo esencial. ¿Es mucho pedir?

Los presupuestos recortados no castigan a los rectores o autoridades, atentan contra maestros y estudiantes.

Aunque nos cueste entender la lógica de este gobierno, la educación no es un adorno, y no se educa desde la demagogia o la incoherencia.

 

Nos sobran razones

Nos sobran razones para la preocupación y nos faltan otras cuantas para alguna certidumbre dentro de la perplejidad reinante.

El aval de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, para avanzar en la eliminación de más de cien fideicomisos, afectando áreas sensibles para el desarrollo del país, es inexplicable por la manera como ocurre y sus previsibles efectos.

Con el argumento de combatir la corrupción y ayudar a contener la pandemia, no se plantean alternativas para impulsar ámbitos como la cultura, el deporte o la ciencia y la tecnología, entre otros.

No se puede estar en contra del combate a la corrupción. Pero sería indispensable que el gobierno ofreciera las pruebas contundentes de las fechorías y que los responsables enfrentaran las consecuencias, sin linchamientos públicos oficiales y con juicios justos. Evidencias y no sólo consignas deben sustentar las políticas públicas.

Tampoco podemos oponernos a la inyección de recursos para la pandemia, pero un poco de más claridad y transparencia nos ayudaría, como estar infectados un poco menos del virus de la obediencia ciega.

Lo insensato, además, es que dichos argumentos nobles se pretendan a costa de suprimir apoyos a la ciencia, la tecnología o la cultura, por citar las áreas cercanas a mi campo profesional. Donde hubo corrupción, que se corrija y se limpie, o se propongan esquemas superiores.
La semana pasada el debate educativo nacional se concentró en los recortes proyectados para 2021 en programas que uno supondría estratégicos para el sistema educativo, como la formación de los nuevos maestros y la actualización de los que ya laboran, o el programa Escuelas de Tiempo Completo.

Los anuncios de esta semana ensombrecen más las perspectivas.

¿Qué país desarrollado en el mundo logró construirse sin las bases de una buena educación, una ciencia y tecnología de excelencia, cercanas a los problemas de la realidad y sustentadas en la rigurosidad científica?

¿Qué país puede volar sin las alas de la educación, la ciencia y la cultura?

Ahora empiezan a recorrerse las rutas trazadas en el presupuesto federal del próximo año y las decisiones parecen tomadas lejos del Congreso de la Unión.

Decía y repito: nos sobran razones para la preocupación y las dudas, nos faltan certezas, algunas, por lo menos, para el optimismo.

La necesidad democrática de la educación

Los regateos presupuestales a la educación son inexplicables en un gobierno que promete transformar la vida del país, que ha declarado una y otra vez que camina al lado de los maestros.

El Proyecto del Presupuesto de Egresos para el 2021 que presentó la Secretaría de Hacienda contradice todas las declaraciones.

El gobierno federal no duda en cumplir su hipótesis para revertir la desigualdad social. La apuesta a las becas como mecanismo de igualación social es positiva, pero no a costa de sacrificar otros rubros que la experiencia internacional y la propia, demuestran como eficaces a la hora de mejorar la calidad de los sistemas educativos.

Millones de alumnos becados en escuelas pobres con una pobre educación sólo disfrazará la profundización de las brechas sociales. En México, antes y ahora, los más pobres han recibido la más precaria de todas las educaciones. Eso es lo que el gobierno tendría que cambiar. Sólo becas no es la solución.

Ahora que se discutirá en el Congreso de la Unión el presupuesto para el 2021, especialmente el educativo, conviene leer a los que saben, como Fernando Savater. En su conferencia magistral al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima (febrero de 2010), el filósofo español nos dejó unas palabras excepcionales:

“Nuestras democracias tienen que educar en defensa propia. Lo que defiende la democracia es una buena educación. Si una democracia quiere sobrevivir, mejorar, generalizarse, si quiere hacerse de todos y para todos, necesita educación. Es un punto fundamental; no es optativo, no es que la educación sea una especie de adorno, de guirnalda que haya que colgar. Es un pilar para el funcionamiento de la democracia. Eso, nuestros abuelos griegos lo vieron de manera clara. Para ellos, democracia y paideia, democracia y educación, estaban necesariamente unidas: no había una verdadera democracia sin paideia, sin educación”.

Dicho eso, ¿quién puede aplaudir los brutales recortes presupuestales que se propone el gobierno federal? ¿Quién está de acuerdo en eliminar el programa Escuelas de Tiempo Completo que, además de su bondades pedagógicas, les ofrece el único alimento caliente y nutritivo a millones de niños en el país? ¿Quién?

 

La necesidad democrática de la educación

Los regateos presupuestales a la educación son inexplicables en un gobierno que promete transformar la vida del país.

La apuesta a las becas como mecanismo de igualación social es positiva, pero no a costa de sacrificar otros rubros que la experiencia internacional y la doméstica, demuestran como eficaces a la hora de mejorar la calidad de los sistemas educativos.

Millones de alumnos becados en escuelas pobres con una pobre educación es un mecanismo que sólo disfrazará la profundización de las brechas sociales.

Ahora que se discutirá en el Congreso el presupuesto para el 2021, especialmente el educativo, conviene leer a los que saben y articulan dos temas nodales, como Fernando Savater.

En su magistral conferencia al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima (febrero de 2010) cinceló un discurso que comenzó aludiendo a que muchos políticos piensan que la educación es opcional o un asunto que se puede aplazar, pero no, nos recordó y les recordó a los ahí presentes, que ellos no deciden, que ellos fueron elegidos para que la sociedad los mande: El gobierno, los que mandan, son nuestros mandados, aquellos a los que nosotros les hemos mandado mandar y, por lo tanto, lo que tenemos que hacer es reclamarles que presten atención a las cosas que a nosotros realmente nos interesan.

Les dejo otro fragmento y espero que algunos de esos que van a decidir el presupuesto me lean. No van a cambiar de opinión, porque nadie la cambió después de leer media cuartilla, pero tal vez, tal vez les ruborice un poco cuando voten en masa: Nuestras democracias tienen que educar en defensa propia. Lo que defiende la democracia es una buena educación. Si una democracia quiere sobrevivir, mejorar, generalizarse, si quiere hacerse de todos y para todos, necesita educación. Es un punto fundamental; no es optativo, no es que la educación sea una especie de adorno, de guirnalda que haya que colgar. Es un pilar para el funcionamiento de la democracia. Eso, nuestros abuelos griegos lo vieron de manera clara. Para ellos, democracia y paideia, democracia y educación, estaban necesariamente unidas: no había una verdadera democracia sin paideia, sin educación.

Mundos paralelos

Contradictorias, por decirlo suave, son las posiciones que desde el partido gobernante en el país surgen respecto a la educación. Por un lado, la recién presentada iniciativa que propone la gratuidad de la educación superior pública, y por otro, el presupuesto para educación en el proyecto de egresos 2021, que recorta 13 programas federales, todos importantes, pero destaco la brutal decisión de desaparecer tres: Escuelas de Tiempo Completo, Expansión en la oferta en educación media superior y superior y Fortalecimiento a la excelencia educativa.

Lo mismo sucede con el no menos despiadado recorte del presupuesto para las escuelas normales, cuando el secretario de Educación Pública ha insistido durante dos años en la revalorización del magisterio. Cada uno amerita análisis propio, que dejaré para otra ocasión.

Por ahora quiero preguntarme: ¿gratuidad de la educación superior sin recursos adicionales para que las universidades públicas se recuperen de los recursos que ya no obtendrán por concepto de cuotas? ¿Cómo se amplia el cupo de las universidades públicas sin más recursos para contratación de profesores, principalmente? ¿Alguno de los magos de la política oficial tiene la respuesta?