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Entradas con las etiquetas ‘Infancia’

DIÁLOGOS INFANTILES

Camino a la escuela Juan Carlitos me pregunta: ¿papá, eres feliz en tu trabajo? Me desconcierta. ¿De dónde vino la interrogante? Le respondo: sí; ¿no te parece? No dice nada. Su vista permanece fija en la avenida, o no sé en qué.

Después, solo, en el auto, me pregunté: ¿suficientemente feliz? ¿Cuán feliz?

Después de los despueses siguen danzándome las mismas cuestiones. Y siguen.

Como escribiera José Saramago en El equipaje del viajero: hay que tener cuidado con los niños. Mucho cuidado. Sobre todo, si no queremos movernos de la fila de los cómodos o resignados.

Los niños son un peligro. Sus preguntas pueden ser bombas detonando en la plaza central de nuestras presuntas certezas.

 

TAREAS ESCOLARES Y MOCHILAS

El próximo ciclo escolar es inminente. En estas épocas casi siempre son inevitables las reminiscencias a la edad infantil, a los días en que recibía los libros de texto gratuito en primaria, y el ritual cuidadoso de forrarlos.

Como en romería, también acudíamos a recoger el paquete de útiles escolares a que teníamos derecho por ser hijos de obreros azucareros. Allí íbamos, todos gustosos, al enorme salón sindical por los útiles, para luego ponerles nombre y forrarlos. Todos, libros y libretas cabían en pequeñas mochilas, a veces bolsas simples, que nunca me pesaron y cargaba gustoso.

Entre los mejores recuerdos tengo el olor de los libros nuevos, la sensación al pasar vuelta a cada una de sus hojas para descubrir las imágenes y los temas que estudiaríamos.

¡Cómo cambió la mercadotecnia! Hoy las mochilas se han vuelto de mil formas, de materiales y colores exóticos, de muchos gustos y precios, con rueditas, para cargar, para cargar y rodar, para niñas y niños, para adultos niños, para señoritas infantiles. Etcétera.

También se transformó la pedagogía oficial. A veces, mal pensado, me da por creer que quienes toman esa clase de decisiones, como multiplicar las materias, están convencidos de que la calidad de la educación o el aprendizaje de los niños depende del peso de las mochilas.

Tengo que reconocer que podría ser peor. Gianfranco Zavalloni suma 19 cuadernos para los bambinos italianos: gramática, prosa, poesía, textos, normas, psicomotricidad, música, ciencias, inglés, alemán, geometría, aritmética, geografía… Reta Zavalloni: desafió a cualquier adulto a tener 19 cuadernos e intentar organizarlos con criterio. Nosotros podríamos preguntarnos lo mismo.

Nunca me detuve demasiado en reflexionar sobre el tema original de esta página. Más que ideas fijas tengo preguntas: ¿cuántas horas deben estudiar cada día los niños en la escuela primaria?, ¿cuántas tareas deben llevarse a la casa?, ¿deben estudiar el fin de semana o dedicarlo a todo menos a la escuela?, ¿deben presentar exámenes los niños en lunes, luego de dos días descansando?, ¿cuántas libretas necesita un niño en la escuela primaria?, ¿es necesario tener un cuaderno por cada materia?

Preguntas, nada más preguntas.

CURSOS DE VERANO 2

¿Y si deliráramos por un ratito?

Siguiendo esa provocación, acuñada por el genio de Eduardo Galeano, se me ocurre preguntarnos: ¿y si las instituciones, los gobiernos, las empresas y personas alteráramos un día la rutina en estas épocas de curso de verano? Un día, no pido más para el experimento.

Sí, juguemos un ratito con la imaginación: ¿qué sucedería si un día de las dos o tres semanas que duran los cursos de verano los papás (y las mamás) tomáramos el lugar de nuestros hijos en los cursos de verano?

¿Y si nos vistiéramos de pantalón corto, los niños nos prepararan su lonche favorito y nos llevaran a la puerta del curso de verano, nos dejaran con un abrazo y un beso enormes y regresaran a casa a hacer sus “quehaceres”?

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TRAGICOMEDIA EN EL CONGRESO DE COLIMA

Hace algunos días escribí sobre el foro a que convocó el congreso del Estado de Colima para actualizar la ley sobre derechos y obligaciones de los niños y adolescentes. La iniciativa me parecía loable, pero la forma terrible. El foro de marras ya se llevó a cabo. Y me equivoqué. Lo admito sin rubor. Fue todavía peor de lo que pude imaginar. Esa es la conclusión después de leer notas de distintos medios (casi todas igual, por cierto).

La participación fue pobre en cantidad. La calidad, a juzgar por lo que reportan los medios, para el olvido; repetición de lugares comunes, de esas que profieren los políticos que ningunean la inteligencia de sus representados. De los participantes hay que destacar lo que sólo un medio: la presidenta de la comisión convocante llegó una hora tarde; la mayoría de los diputados no asistieron. ¿La sociedad civil? Bueno. Tiene tareas más importantes que pensar en el futuro de la sociedad, o en los niños. ¿Qué son los niños? No votan. ¡Qué importa la democracia! Es un cuento chino para bobos.

Cuando escribí del tema ironicé: ¡un foro para hablar de los niños pero sin la participación de los niños! Es decir, los adultos, a quienes poco importan, decidirán sobre sus derechos y obligaciones.

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EXPLOTACIÓN EN EL SIGLO XXI

En su breve pero sustancioso libro sobre el aburrimiento de los estudiantes (¿Chicos aburridos? El problema de la motivación en la escuela, Rosario, Homo Sapiens, 2011), Cecilia Bixio escribe:

El olvido y el error abren la puerta a los saberes de los que no sabemos que sabemos.

Pocos párrafos adelante martilla:

Una educación democrática requiere de una escuela que también lo sea, que circule construyendo significados para la propia imagen y la de los otros como semejantes y diferenciados, y se instituya entonces como educación pública.

La lectura de esta clase de textos me dejan reflexiones; obligan a coger pluma y cuaderno para tomar notas que aclaren pensamientos e instiguen preguntas nuevas.

 

Explotación en el siglo XXI

Esta mañana me enteré en Canal Once del rescate de 48 trabajadores jornaleros de origen mixteco, brutalmente explotados en Colima. Un puñado de infantes vuelve todavía más inadmisible la situación.

En AFmedios encuentro un par de horas después más detalles, entre ellos, el nombre del explotador.

¿Nadie sabía? ¿Tuvo que venir una inspección federal para detectar un hecho oprobioso? Las imágenes en la televisión y en la nota del portal informativo colimense son ofensivas; prueba de la condición inhumana en que sobrevivían.

Mentiría si me llamara sorprendido. México todavía hospeda esta clase de fenómenos denigrantes de la condición humana y reveladores de incapacidad o corrupción gubernamental.

La explotación de la niñez o las condiciones laborales en empresas locales son evidentes y conocidas, para quien no cierra los ojos. Se sabe, pero no se actúa. Complicidad de unos, indiferencia o insensibilidad de la ciudadanía.

La triste realidad es que esas personas rescatadas pueden quedar en situación peor. Sin apoyos ni políticas efectivas, podrían sufrir indefensión absoluta. Y es que, como recordara Carlos Fuentes, hay algo peor que ser explotado, y es no serlo.

Parece mal chiste, pero es verdad. Con la explotación esas personas por lo menos ganaban tres pesos por cada cubeta de pepinos; unas treinta al día, declaró un niño entrevistado por el reportero. Pero de allí pagaban su comida y un miserable alojamiento. Sin esos tres pesos y una pocilga, sin políticas efectivas, no tienen nada, ni eso.

Pobres, indígenas, niños, sin escuela, una tierra extraña. ¿Qué les depara?

Apenas termino de leer la nota sobre el tema cuando me llegan las primeras noticias del accidente de aviación en el vuelo de Barcelona a Dusseldorf. Veo la larga nota de El País y luego las primeras imágenes del entorno. Imposible no sentirlo. Otro día triste.