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Hijos como padres

photo_6Que un padre declare su amor en público no es extraño. Que para el mismo propósito use argumentos rebosantes de cursilería también entra en la norma. Que los hijos pongan al padre en su sitio, cuando así se precisa, es menos habitual; creo.

Mis hijos entran en esta última categoría y su cariñosa, justa insolencia, obliga al agradecimiento. Somos padres, no superiores ni amos en casa. Somos responsables, tenemos obligaciones, debemos cuidarlos, pero no a costa de convertirlos en eunucos de la ciudadanía que se ejerce con libertad responsable, la única existente.

Sentados a la mesa, un día normal, lunes tal vez, mis hijos escuchan el diálogo formal y las buenas noticias que el padre les cuenta. Al finalizar, Mariana, la mayor, sin contemplaciones, demuestra haber comprendido y agradece emocionada porque papá tendrá nuevas responsabilidades y “todos estamos contentos”. Al final lanza tiro directo: pero entonces dejáremos de verte todos los días, no comerás con nosotros ni leeremos juntos en la noche. Balbuceo una respuesta ante el obús.

Juan Carlos, sin fijar los ojos, comedor exquisito de lo selectivo, no tira a la gradas, solo al ángulo, como Messi en sus mejores tardes: pues sí, en tu nuevo trabajo serás el director general, pero en casa eres mi papá.

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MAYO 2

Con las redes sociales descubrimos posibilidades expresivas inéditas. Sin ser la piedra filosofal, potencian nuestras formas de comunicación y socialización, aunque, paradójicamente, nos puedan orillar al aislamiento físico. Como cualquier avance tecnológico, tienen virtudes y defectos. Es así por génesis. Pero unas y otros crecen en la medida de las luces de sus usuarios.

Utilizadas como opción informativa son cada vez más imprescindibles. Usarlas desde la banalidad y la pura distracción, son el más grande recipiente de estupideces que jamás ideó la humanidad. Un clavado en facebook o twitter durante diez minutos es suficiente para atontar el intelecto.

De lo bueno y de lo malo abunda en redes sociales. Aunque, por supuesto, lo bueno y lo malo son relativos y se construyen con criterios sociales y culturales propios.

En redes sociales una de las víctimas principales son las autoridades. En México, el presidente, los gobernadores, los diputados y candidatos en campaña son blanco favorito. Los juicios cubren todo el abanico de la racionalidad. Desde el planteamiento crítico con fundamento, hasta el insulto más soez. ¡Con cuánta ligereza leemos insultos a esos personajes! Nazi, pendejo, fascista, asesino, son predilectos. Habitualmente, a mí no me divierten.

Que tengamos esa posibilidad del insulto es una demostración del marco de libertades que hoy gozamos, y en regímenes groseramente autoritarios serían inadmisibles. No es una concesión, adviértase, sino una condición de los sistemas democráticos.

En una sociedad democrática los críticos al sistema y a los gobernantes no podrían reducir su tribuna a las redes sociales. Ellas tendrían que ser, en todo caso, una de las vías, pero no la principal, menos la única. Que lo sean, porque los congresos estén dominados por las decisiones plutocráticas, no por el debate racional, sí es una límitación de nuestra estatura política. Pero gastar el tiempo y las posibilidades de las redes sociales en actitudes vociferantes es tan estéril como creerse valiente sólo por mentarles la madre desde ese cómodo anonimato.

GRACIAS A EL COMENTARIO

He sido colaborador del periódico El Comentario desde hace más de una década. Mi paso fue, es un hábito gozoso, una disciplina fuera de horarios laborales que implica leer, estudiar, escribir, revisar, corregir y exponerme a la mirada de otros, de quienes siempre se aprende.

Fueron las páginas de este periódico donde se publicaron por primera vez los artículos que formaban parte del proyecto que luego se convirtió en un libro, “Figuras y paisajes de la educación”, que me brindó y sigue regalando alegrías.

Escribir en medios periodísticos para compartir reflexiones breves con lectores no especializados es parte de mi perspectiva pedagógica. Me interesa el intercambio con colegas, pero creo que es una responsabilidad democrática de los académicos la promoción del debate público más amplio, en mi caso, sobre temas educativos.

Tener espacio en medios impresos es un privilegio invaluable. En estos años, en las páginas de El Comentario escribí con libertad de los temas que elegí, en la extensión que decidí y nunca recibí línea de nadie. Debo confesar que sólo una vez un rector, cuyo nombre no viene al caso, me llamó a su despacho para informarme que había recibido una llamada de gobierno del Estado por un artículo, y me dio su respaldo. Al despedirnos su mano abierta me confirmó su sinceridad y el respeto a mi libertad.

Escribir en medios es una oportunidad y es un derecho al que nunca renuncié ni renunciaré. Un año después de haber tomado decisiones trascendentales en mi vida, con la distancia de por medio, con el pausado tiempo para la reflexión, he trazado y confirmado metas para el futuro. En 2014 atisbo inéditos retos profesionales e intelectuales: me dedicaré a nuevos proyectos de escritura y al proyecto de investigación en que laboro.

Para concentrarme en esa agenda de trabajo me alejaré por un tiempo de las páginas de El Comentario. Regresaré cuando sea propicio y lo acordemos con los directivos del periódico. Agradezco el respeto que me brindó todo el equipo, desde Roberto Guzmán, quien me abrió las puertas, a su actual director, Daniel Peláez.

¡Hasta entonces, hasta siempre!

Twitter@soyyanez