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EL DICCIONARIO

No conozco un libro más generoso que el diccionario. Un buen diccionario, claro. Es más, mucho más espléndido que Paulo Coelho, Carlos Cuauhtémoc Sánchez y esa clase de remedios caseros para el alma desalmada. En mi caso, recurro a ellos siempre, o casi siempre.

Aunque prefiero el impreso en dos tomos de la Real Academia Española y Espasa Calpe, a veces la premura obliga a la consulta veloz en rae.es, su eficaz web page. Y contra el imperio de cronos, solo kronos, más escurridizo entre nosotros.

En su serie de novelas policiacas, protagonizadas por Kostas Jaritos, Petros Márkaris nos conduce una y otra vez por las calles de Atenas y, con menos prolijidad, por el Dimitrakos, diccionario griego. En sus páginas se recluye cuando las investigaciones del departamento de homicidios (que atinadamente dirige, dicho en la más tópica jerga burocrática) no avanza. Del Dimitrakos surge, a veces, la luz que alumbra los recovecos ignotos de sus pesquisas, como una suerte de bola de cristal culta.

Los paralelismos son inevitables. Es un buen momento para leer a Jaritos, es decir, a Márkaris, o viceversa. Y es que la situación mexicana, de a poquito, fuera de la pantalla de Televisa, se acerca a la griega, con más violencia, fosas y desaparecidos que allá. Toquemos madera porque no seamos la americana triste tragedia griega, pero, sobre todo, toquemos de vez en cuando el diccionario.

POR CALLES DE ATENAS CON MÁRKARIS

PETROS-MARKARIS-2No es la reencarnación de Sócrates o Platón, ni se acerca, pero es griego y tiene su peculiar filosofía expresada en destellos como “Menos da una piedra”, elogio resignado de las nuevas costumbres a que están obligados los griegos para no hundirse en la desesperación y encontrarle algún optimismo a la vida, devastada por los topes mortales del capitalismo en su terrorífica montaña rusa que ora se despeña aquí, ora allá o acullá. Se llama Kostas Jaritos, comisario de la policía ateniense que nos conduce (o pierde, para un desorientado) por las calles griegas, mientras busca la madeja que descubra los móviles y responsables de la materia de trabajo de su departamento de homicidios.

El comisario Jaritos es el personaje creado por el escritor Petros Márkaris, autor de una saga policiaca que ya suma ocho novelas disponibles en librería electrónica y un libro de ensayos sobre la actual crisis en su país. Griego desde 1974, nacido en Estambul de origen armenio, se autodefine de formación y cultura alemana. A sus más de 70 años tiene una consistente biografía, como guionista, dramaturgo, traductor y novelista.

Mi encuentro con Márkaris fue fortuito. Me sorprendió encontrar en las mesas de librerías santafesinas varios títulos suyos publicados en Tusquets. Un libro levanté para leer la contratapa: “Pan, educación, libertad”. En internet encontré toda la información que necesitaba. Lo compré, leí y cerré con una sonrisa, a pesar de las tribulaciones que debe pasar su mujer, Adrianí, para llenar con delicias (austeras, lo que concede máxima gracia) los platos cada noche, debido a los recortes asfixiantes del salario de Jaritos. ¡Las penas con Pan, educación, libertad son menos, qué duda cabe!

Ahora en fila de lecturas tengo uno más, para completar la trilogía sobre la crisis griega. Después no sé si me seguiré con el resto. Empecé con el más reciente, ya citado, y mientras escribo estas líneas hago una pausa en la lectura del segundo, “Liquidación final”; terminaré con el primero (“Con el agua en el cuello”) cualquier día próximo.

El comisario Jaritos, es decir, Márkaris, me gusta; y como esto no es una reseña literaria no estoy obligado a explicarlo ni describir porqués: me gusta y como leo por gusto, ya está. Además del disfrute, me ayuda, debo agregar, porque entre los textos académicos muy sesudos (y densos, a veces) que debo leer para mi oficio, necesito salir a la ventana de un departamento en el quinto piso para tomar el viento fresco, así sea a través de un libro en las calles de un país lejano y ajeno, que de a poco, se vuelven literariamente entrañables.