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La necesidad democrática de la educación

Los regateos presupuestales a la educación son inexplicables en un gobierno que promete transformar la vida del país, que ha declarado una y otra vez que camina al lado de los maestros.

El Proyecto del Presupuesto de Egresos para el 2021 que presentó la Secretaría de Hacienda contradice todas las declaraciones.

El gobierno federal no duda en cumplir su hipótesis para revertir la desigualdad social. La apuesta a las becas como mecanismo de igualación social es positiva, pero no a costa de sacrificar otros rubros que la experiencia internacional y la propia, demuestran como eficaces a la hora de mejorar la calidad de los sistemas educativos.

Millones de alumnos becados en escuelas pobres con una pobre educación sólo disfrazará la profundización de las brechas sociales. En México, antes y ahora, los más pobres han recibido la más precaria de todas las educaciones. Eso es lo que el gobierno tendría que cambiar. Sólo becas no es la solución.

Ahora que se discutirá en el Congreso de la Unión el presupuesto para el 2021, especialmente el educativo, conviene leer a los que saben, como Fernando Savater. En su conferencia magistral al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima (febrero de 2010), el filósofo español nos dejó unas palabras excepcionales:

“Nuestras democracias tienen que educar en defensa propia. Lo que defiende la democracia es una buena educación. Si una democracia quiere sobrevivir, mejorar, generalizarse, si quiere hacerse de todos y para todos, necesita educación. Es un punto fundamental; no es optativo, no es que la educación sea una especie de adorno, de guirnalda que haya que colgar. Es un pilar para el funcionamiento de la democracia. Eso, nuestros abuelos griegos lo vieron de manera clara. Para ellos, democracia y paideia, democracia y educación, estaban necesariamente unidas: no había una verdadera democracia sin paideia, sin educación”.

Dicho eso, ¿quién puede aplaudir los brutales recortes presupuestales que se propone el gobierno federal? ¿Quién está de acuerdo en eliminar el programa Escuelas de Tiempo Completo que, además de su bondades pedagógicas, les ofrece el único alimento caliente y nutritivo a millones de niños en el país? ¿Quién?

 

Noroña y los huevazos

Esta mañana vi en Twitter el video donde lanzan objetos a Gerardo Fernández Noroña durante un acto público en Hidalgo. No lo comparto ni lo festejo.

Tengo pocas afinidades con el pensamiento del diputado, y menos con sus formas, pero nunca celebraré un acto así, tan degradante para la vida política y ciudadana del país.

No podemos permitirnos llegar a estos extremos. Si la fractura política ya parece más que insalvable, porque sobrevivió a la necesidad de estar unidos frente a la pandemia, la violencia física es una manera insostenible de dirimir las diferencias.

Los mexicanos (las mexicanas, por supuesto) tenemos la obligación de combatir el coronavirus tanto como la intolerancia, que no nos deja ningún fruto deseable.

No podemos permitir que el insulto o la agresión se conviertan en la nueva normalidad, en la forma de dialogar (sic) con quienes piensan y actúan distinto.

La necesidad democrática de la educación

Los regateos presupuestales a la educación son inexplicables en un gobierno que promete transformar la vida del país.

La apuesta a las becas como mecanismo de igualación social es positiva, pero no a costa de sacrificar otros rubros que la experiencia internacional y la doméstica, demuestran como eficaces a la hora de mejorar la calidad de los sistemas educativos.

Millones de alumnos becados en escuelas pobres con una pobre educación es un mecanismo que sólo disfrazará la profundización de las brechas sociales.

Ahora que se discutirá en el Congreso el presupuesto para el 2021, especialmente el educativo, conviene leer a los que saben y articulan dos temas nodales, como Fernando Savater.

En su magistral conferencia al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima (febrero de 2010) cinceló un discurso que comenzó aludiendo a que muchos políticos piensan que la educación es opcional o un asunto que se puede aplazar, pero no, nos recordó y les recordó a los ahí presentes, que ellos no deciden, que ellos fueron elegidos para que la sociedad los mande: El gobierno, los que mandan, son nuestros mandados, aquellos a los que nosotros les hemos mandado mandar y, por lo tanto, lo que tenemos que hacer es reclamarles que presten atención a las cosas que a nosotros realmente nos interesan.

Les dejo otro fragmento y espero que algunos de esos que van a decidir el presupuesto me lean. No van a cambiar de opinión, porque nadie la cambió después de leer media cuartilla, pero tal vez, tal vez les ruborice un poco cuando voten en masa: Nuestras democracias tienen que educar en defensa propia. Lo que defiende la democracia es una buena educación. Si una democracia quiere sobrevivir, mejorar, generalizarse, si quiere hacerse de todos y para todos, necesita educación. Es un punto fundamental; no es optativo, no es que la educación sea una especie de adorno, de guirnalda que haya que colgar. Es un pilar para el funcionamiento de la democracia. Eso, nuestros abuelos griegos lo vieron de manera clara. Para ellos, democracia y paideia, democracia y educación, estaban necesariamente unidas: no había una verdadera democracia sin paideia, sin educación.

Educación superior gratuita sin presupuesto

La nota periodística de La Jornada, escrita por Víctor Ballinas y Andrea Becerril el 10 de septiembre, comienza así: “Con el aval de todas las fuerzas políticas, se presentó ayer en el Senado la iniciativa de Ley de Educación Superior, en la que se establecen las bases para que el Estado cumpla con la obligación de garantizar el derecho de los mexicanos a la instrucción universitaria gratuita”.

Según la nota, en el artículo 64 de la iniciativa, el Proyecto y Decreto de Presupuesto de Egresos de la Federación “establecerá un fondo federal especial destinado a asegurar a largo plazo los recursos económicos suficientes para la obligatoriedad, de manera gradual, de los servicios de educación superior”; ese fondo permitiría “apoyar el incremento de la cobertura de educación superior, mejorar la distribución territorial y la diversidad de la oferta educativa, y garantizar el financiamiento plurianual de la infraestructura, equipamiento, instalaciones, incremento de la planta docente y gastos de operación de las instituciones públicas de educación superior”.

A reserva de las discusiones que puedan suscitarse, el consenso para su presentación, con la participación de todos los partidos, supone que no habrá problemas para una aprobación rápida. Aplausos unánimes.

Pero aparecen las contradictorias posiciones en el partido gobernante respecto a la educación. Un día antes de la iniciativa, en el Senado se entregó el Proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación del año 2021. Desde los primeros análisis hubo rechazo en distintos sectores magisteriales. Destaca, tristemente, el recorte de varios programas federales que sostendrían el discurso de la educación con equidad, entre ellos, la desaparición de tres: Escuelas de Tiempo Completo, Expansión en la oferta en educación media superior y superior y Fortalecimiento a la excelencia educativa.

Lo mismo sucede con el no menos despiadado recorte del presupuesto para las escuelas normales, cuando el secretario de Educación Pública ha insistido durante dos años en la revalorización del magisterio, la relevancia de las escuelas normales y la sensibilidad de la SEP para trabajar junto a los maestros.

Contra el discurso, el presupuesto dicta otra línea. El mismo día la Junta de la Coordinación Nacional de Autoridades de Educación Normal, en representación de las 32 entidades, expresó su “preocupación” por el presupuesto que les asigna el Proyecto de Egresos. La educación normal sólo recibirían 20.6 millones de pesos, equivalente a 229 pesos por estudiante en 2021, denuncia en su pronunciamiento dirigido a los secretarios de Educación Pública y Hacienda y al presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados. Tijeretazo brutal de 95.3% con respecto al presupuesto 2020.

La primera decisión tendrá hondas implicaciones. Constituirá un punto y aparte en la historia de la educación nacional, aunque los cambios en la ley queden lejos de las realidades. Las universidades públicas autónomas tendrán que comenzar procesos de ajustes internos graduales, como todo el sistema, lo cual obligará a discutir seriamente los procesos de admisión, entre otros temas.

Pero el presupuesto para 2021 también tendrá repercusiones graves, aunque tal vez sea sólo pasajero y, lo mejor, pueda rectificarse en las discusiones del Congreso.

Los dos hechos están ahí. De alguna forma reflejan el estilo de gobernar, con mensajes contradictorios y decisiones que a veces no se sustentan en condiciones factibles. Dos de los programas que fortalecerían la decisión trascendente sobre la educación superior (Expansión en la oferta en educación media superior y superior y Fortalecimiento a la excelencia educativa) están orientados a esos propósitos; quizá su pecado es que no fueron creados en este sexenio. Es verdad que hay un ligero incremento global para educación media superior y superior, pero la organización “Mexicanos Primero” en su análisis lo atribuye a los programas de becas: financiamiento a la demanda, no a la oferta, propuesta clásica del neoliberalismo.

Cierro con preguntas obvias que circulan en el ambiente cuando se repasan estas noticias: ¿gratuidad de la educación superior sin recursos adicionales para que las universidades públicas se recuperen de los recursos que no obtendrán por concepto de cuotas? ¿Cómo se amplia el cupo de las universidades públicas sin más recursos para contratación de profesores? ¿Alguno de los magos de la política oficial tiene la respuesta?

Mundos paralelos

Contradictorias, por decirlo suave, son las posiciones que desde el partido gobernante en el país surgen respecto a la educación. Por un lado, la recién presentada iniciativa que propone la gratuidad de la educación superior pública, y por otro, el presupuesto para educación en el proyecto de egresos 2021, que recorta 13 programas federales, todos importantes, pero destaco la brutal decisión de desaparecer tres: Escuelas de Tiempo Completo, Expansión en la oferta en educación media superior y superior y Fortalecimiento a la excelencia educativa.

Lo mismo sucede con el no menos despiadado recorte del presupuesto para las escuelas normales, cuando el secretario de Educación Pública ha insistido durante dos años en la revalorización del magisterio. Cada uno amerita análisis propio, que dejaré para otra ocasión.

Por ahora quiero preguntarme: ¿gratuidad de la educación superior sin recursos adicionales para que las universidades públicas se recuperen de los recursos que ya no obtendrán por concepto de cuotas? ¿Cómo se amplia el cupo de las universidades públicas sin más recursos para contratación de profesores, principalmente? ¿Alguno de los magos de la política oficial tiene la respuesta?