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LOS RETOS EDUCATIVOS DE COLIMA. PARTE I

La semana anterior, en vísperas de una reunión sobre el tema educativo en el Estado, revisé apuntes y datos. El ejercicio me permitió elaborar un diagnóstico cuya descripción será mínima, por los límites de este espacio.

En principio, es obligado diferenciar entre educación y escolaridad; entre educación y escuela. La escolaridad es un ritual; la educación, un proceso que ocurre en la escuela y en otras agencias sociales, como la familia, los medios, las calles de la ciudad o pueblo, entre otras. Lo que necesitamos, desde este punto de vista, es mejorar la educación no sólo en la escuela; por supuesto, en cualquier esfuerzo educativo el impacto de la escuela es decisivo, pero sólo desde la escuela difícilmente se puede tener éxito en un contexto adverso a las buenas intenciones que declaran las políticas educativas o el currículum.

En otras palabras, a riesgo de redundancia, hay que desarrollar la potencia transformadora de la escuela, el salón de clases y las actividades de los maestros, pero debemos articularla a una acción sistemática en otras instancias sociales y gubernamentales.

Una segunda consideración general es que Colima presenta, en general, mejores resultados que la mayoría de las entidades, pero su potencial permite ambicionar cotas superiores en indicadores cualitativamente más relevantes. Entre los retos de la educación en Colima ahora presentaré cinco.

Derecho a la educación. Central en México es la concreción del derecho a la educación. Colima no es la excepción. Es verdad que en analfabetismo Colima está lejos de los más atrasados, pero también, que hay comunidades pequeñas en la entidad con cifras peores que en aquellos Estados. En educación media superior y superior la cobertura está lejos de lo deseable. En Colima es común confundir cobertura (personas de un grupo de edad inscritas en el nivel educativo correspondiente) con absorción (aspirantes que solicitan ingreso contra los que efectivamente lo consiguen). No son lo mismo: uno se mide contra la población total de la cohorte, el otro, contra los egresados del nivel educativo previo.

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FOROS NACIONALES DE EDUCACIÓN Y LA (IR)RELEVANCIA DE PARTICIPAR

Reformas a la mexicana, resultados previsibles. Después de aprobada la reforma educativa se convocó a la participación social para “revisar el modelo educativo”. El mensaje político y pedagógico es múltiple, diverso, contradictorio. Cada cual lo interpretará a través de sus cristales.

Participar es un derecho y una obligación en sociedades democráticas. ¡Hay que participar! parecería el primer imperativo ante la convocatoria. La historia, vieja maestra que prodiga enseñanzas a quien abre ojos y oídos, nos indica que casi nunca (no me atrevería a escribir “nunca” porque se me podría escapar algún momento luminoso y singular) la participación social en este tipo de foros sirvió para algo más que rellenar cajas de archivo y adornar discursos o documentos.

¿Alguien puede asegurar que sirvieron de algo las miles (más de 60 mil para algún programa sectorial) de ponencias que se presentaban apenas unas semanas antes de dar a conocer los programas nacionales en la materia?

A mí, que no me gustan las modas ni la demagogia, me surgen preguntas. Apunto algunas: ¿por qué ahora sí será tomada en cuenta la participación en los foros? ¿Quién puede garantizar que será valiosa y considerada? ¿Por qué vamos a creer en ellos, los organizadores, los mismos que durante años y años afinaron estos intrascendentes mecanismos, monumentos de la demagogia nacional? ¿Por qué creer a quienes hicieron de la participación un acto vacío?

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