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Entradas con las etiquetas ‘Pedagogía de la dignidad’

LECCIÓN DE KRISHNAMURTI

Jiddu Krishnamurti, el sabio hindú, entre muchas, muchísimas lecciones, enseñó que “No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

Le creo. Más: estoy cierto que es así.

Rebelarse a la adaptación en una sociedad enferma es síntoma de salud. Significa renunciar a la inevitabilidad del nada puede cambiar, del todo será así por los siglos de los siglos (amén), del mejor callar.

Esa adaptación significa negar nuestra capacidad de transformación, la capacidad de evolución del ser humano; reconocer que el mundo no es, que está siendo, como demostrara otro viejo sabio, Paulo Freire.

Aquel pensamiento parece tan simple, pero su profundidad desafía la lógica de quienes alcanzaron una condición de bienestar, o a quienes se resignaron a la fatalidad por designio divino o porque los sátrapas que dirigen habitualmente no permitirían una inversión del estado de cosas.

Decir no a una sociedad enferma me parece uno de los actos más dignos de la especie humana.

Decir no en una sociedad violenta, empobrecida, injusta, mal educada o corruptamente gobernada, es un acto urgente.

Decir no es un acto de dignidad frente a la intolerancia, el cinismo, la frivolidad, la perversión, el autoritarismo.

Decir no y reiterar el sueño posible de una ciudadanía distinta y otra sociedad.

POWER POINT EN LAS UNIVERSIDADES

PPointCon muchas horas de trabajo a cuestas en el día más pesado de la jornada laboral (todos los lunes, no solo este) y algunas ideas para manufacturar mi diario, me dispongo a elegir tema. Antes, paso revista a mi muro en Facebook y encuentro un breve artículo compartido por Arthur Edwards, colega y amigo de la Universidad de Colima. Se llama: Por qué las universidades deben prohibir el uso de power point.

Aquí está mi tema, digo. Algo semejante había leído antes, hace un par de años. Y más de una vez hablé de ello en clase o una conferencia. El autor no anda por las ramas: Power point vuelve estúpidos a los alumnos y aburridos a los profesores.

Las tres razones que convierten en tóxico el power point son sencillas: desalientan el pensamiento complejo, los estudiantes piensan en el curso como un conjunto de diapositivas y desalientan las expectativa razonables.

Evidentemente no caben las generalizaciones. Ni todos los profesores promueven la imbecilidad en los estudiantes usando el power point, ni los alumnos se tragan las diapositivas como pastillas para la diarrea. Pero hay un fondo de verdad: sustancialmente usar power point no nos coloca, como docentes, en ninguna vanguardia pedagógica. El power point (y sus variantes) epistemológicamente no establece una relación distinta entre alumnos-contenido-profesor, al uso del pizarrón para escribir la clase, el modo más común hace algunos años, junto al dictado.

No me atrevería a prohibir el uso del power point, menos en la universidad, donde casi nada puede prohibirse salvo aquello que gravemente atente contra los derechos humanos. Pero sí que pondría en serias dudas la eficacia (y probidad intelectual) de un docente que solo confía en sus magníficos power point.

Elogio de la dignidad (en clave de Twitter)

La pedagogía del oprimido es la pedagogía de la dignidad.

La pedagogía de la dignidad no es la pedagogía para, sino de los que buscan esa condición.

La pedagogía de la dignidad promueve la república de los ciudadanos.

En la república de los ciudadanos, el autoritarismo es una alerta permanente.

Dignidad es antónimo de docilidad, abyección, pasividad, irreflexividad,  indignidad.

…también es contraria a levedad, censura, banalidad, corrupción y brutalidad.

En la cultura de la sumisión y el autoritarismo decir NO, equivale a insubordinación.

En la cultura del silencio NO es una palabra desterrada del vocabulario popular.

En la cultura del silencio y el autoritarismo, con excepción del que manda, los demás no son.

En la cultura del silencio autoritario la dignidad es un grito insultante.

En la cultura de la sumisión solo uno tiene la razón: el que manda, of course.

En la cultura del silencio opresivo usar el derecho a expresarse es propio de soberbios.

La cultura del silencio pretende expulsar a los ciudadanos; solo desea súbditos.

En la cultura del silencio, la mayoría de los medios se acomodan con el único que tiene derecho a la palabra (porque la paga).

Soberbia es el nombre del pecado para quien pugna por la dignidad.

La soberbia es una etiqueta de fácil colocación a quienes no asumen la condición de docilidad.

 

Posdata: La rebeldía es el único refugio digno de la inteligencia frente a la imbecilidad, dice Arturo Pérez-Reverte.