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Nuevas ventanas al aire

Hace varios meses Fernando Castillo, de la estación radiofónica Recuerdo 102.1 FM, me buscó para invitarme a colaborar con una opinión de dos minutos cada quince días en su noticiero matutino. Sin dudarlo, acepté. Esta semana cumplí seis meses: doce opiniones. Ha sido un desafío enorme, del que aprendo y disfruto.

El lunes, poco después de grabar la cápsula que transmitieron el martes, recibí la llamada de la nueva estación en Colima, parte de un grupo nacional: El Heraldo de México. Me invitaron a opinar cada semana durante tres minutos.

Ayer lo conversé con la jefa de información y acepté. Me incorporaré a su noticiero vespertino local a partir del siguiente jueves.

A las 15.45 h. podrán escuchar mis comentarios de temas educativos. Además, los martes, cada quince días, seguiré con mi participación en Recuerdo 102.1.

Será un nuevo desafío, una ventana para contribuir a la opinión pública en materia pedagógica, en especial sobre el acontecer en Colima. Por supuesto, hay alegría y motivación; más trabajo, sí, pero también oportunidad de crecimiento, compromiso social y una indeclinable fe en el poder transformador de la educación y el oficio docente.

Periodismo y educación

La educación como oficio, disciplina y pasión ha sido la compañía y sostén de mi vida laboral. A través del ejercicio pedagógico cumplo una tarea que concibo como privilegio, actitud vital y compromiso social.

Probablemente por eso también he vivido cerca de los medios periodísticos desde el comienzo de la útima década del siglo 20. Porque el periodismo es un vehículo que circula en las vías públicas y se desarrolla en los espacios colectivos para informar, analizar, registrar, denunciar y convocar a la reflexión y el debate; permite concretar el compromiso de trabajar en una universidad pública y darle un sentido social a la academia.

La educación tiene una naturaleza esencialmente política y adjetivamente pedagógica, decía Paulo Freire. Por eso tituló uno de sus libros como La naturaleza política de la educación. Escribir en medios es entenderla y practicarla así, apostar por un tipo de sociedad u otra.

Disfruto la docencia o la investigación académica, como la escritura que sale de mi teclado a distintos medios que acogen mis columnas y colaboraciones. Lo segundo es un componente de mi concepción del ser universitario, que no se restringe al claustro y aborda asuntos de la plaza pública. Ser universitario es asumirse ciudadano, implicado en la vida de la ciudad y los otros.

A lo largo de estos años he tenido la suerte de colaborar en varios medios de Colima y otros lugares. Desde hace un tiempo, fuera de México; hoy, para El Diario de la Educación, en España. No tengo la lista de todos los que me han acogido, ni viene al caso, pero entre ellos, El Comentario, el periódico de la Universidad de Colima, es la casa de mayor permanencia.

Escribo en sus páginas desde los años de 1990, y solo por lapsos me retiré, cuando la agenda lo impedía o alguna circunstancia extraordinaria lo complicó. La estancia vale la pena, sin duda. El primer libro lo preparé y fui publicando en El Comentario, luego lo firmé como Figuras y paisajes de la educación en 2011.

Este fin de semana El Comentario cumplió 46 años de vida. Es joven todavía, un joven maduro del cual cabe esperar resultados todavía más promisorios en las tareas de informar el acontecer colimense, de la vida universitaria y en la, quizá, más relevante de todas: la formación de nuevos periodistas, más inquisitivos, mejores en la escritura y el razonamiento, apasionados del oficio que, siendo dignos, dignifican su profesión.

¡Felicidades a El Comentario, a su dirección y equipo de colaboradores!

Oficios entrañables: el periodismo

Entre los oficios que elegiría en otra vida está el periodismo. Preciso: el periodismo de verdad, el que forjó a Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano o Juan Gelman. El que se hace en las trincheras de los sucesos, entrevistando a los otros actores, a los que no tienen voz, a los que no tienen oficinas de comunicación social ni quien les redacte comunicados fríos; recorriendo los túneles y los recovecos donde ocurren los hechos o se encuentran otras voces; el que construye opiniones inteligentes a partir de ideas sólidas y pulcramente redactadas. Lejos, muy lejos de los boletines de prensa y las entrevistas de banqueta.

Así me imagino en otra película vital. Por ello disfruto cuando leo el periodismo que surge de ese estilo periodístico. Por eso disfruto cuando leo la prensa bien escrita (un hábito en disolución por estos lares), redactada con respeto al oficio, es decir, a los lectores y al firmante. Por eso, quizá, leo y persigo libros de periodistas/escritores o escritores/periodistas, como los arriba citados y otros, entre los cuales, hoy tengo en la mesa de lecturas a un argentino que heredó las mejores tradiciones de ese periodismo narrativo y lo cultiva con estilo propio: Martín Caparrós, quien, en plan “esquemático tremendo”, define al periodista como el que ejerce en el terreno, así como el escritor en el escritorio.

El libro que leo se llama Lacrónica. Publicado por Planeta en 2015, compila un género que llamaban “territorios” en una revista bonaerense (“Porteños”) fundada en 1981. Los territorios contaban, dice Caparrós, “con prosa trabajada, la vida de un barrio, un oficio, un sector social”. Lacrónica es, remacha, “el tipo de periodismo que la mayoría de nuestros medios no publica”.

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La insoportable brevedad del poder

Nadie es tan poderoso para sentarse impávido a mirar cómo transcurre la eternidad. Nadie. Aunque los acólitos y jilgueros de la prensa no se cansen de repetirle, un día sí, otro también, que nadie es más guapo, inteligente y carismático, la cortina del poderoso termina por desvelarse suavemente o caerse en pedazos. Como cayeron los tiranos de distintas épocas y geografías, con más o menos infortunio.

¿Qué es un político en este medio mexicano, colimense, sin un aparato propagandístico fina y generosamente aceitado con pesos y regalos? ¿Qué es un político sin micrófonos siempre a su disposición, sin reporteros que olvidaron las fronteras de la dignidad profesional? No digo que no habrá de otra calaña, pero la gran mayoría son de oropel.

Pepe Mujica, viejo sabio (no me canso de repetirlo y él de confirmarlo), volvió a hacer declaraciones para la prensa española hace diez días. Los políticos, aunque se ubiquen en las antípodas del ex presidente uruguayo, harían bien en escucharle, aunque no admitan nada ni lo declaren.

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¿CABECITAS LOCAS O CABECITAS CONFUNDIDAS?

¿Qué sucede con nosotros a fuerza de hacer del “Me gusta” en Facebook una herramienta tan cotidiana como lo fue en otros tiempos un cuaderno, un lápiz, la calculadora, una máquina de escribir?

¿Es inevitable el automatismo a que nos conduce la repetición incesante?

Ayer por la tarde, poco antes de subir la página de mi Diario, recibí un mensaje que me transcribía la nota de un medio que se autoproclama informativo y de análisis político. Con cierta prolijidad describía un hecho acaecido en Tecomán (Colima) poco menos de dos horas antes, con una abundancia inusual en estos casos, en tan corto lapso.

La noticia era la muerte de un estudiante golpeado salvajemente por sus compañeros preparatorianos, mismos que, según la nota, ya habían sido detenidos. Lo creí y me conmocionó. Escribí sobre ello y poco antes de publicarlo, una advertencia me detuvo: ¿y si es falso?

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