Blog

Entradas con las etiquetas ‘Profesores’

Mañanas de aprendizaje

Esta mañana tuve una conferencia con profesores de bachillerato del ISENCO en sus tres sedes (Manzanillo, Tecomán y Colima). Arrancaron así una jornada de capacitación previa al ciclo escolar.

El bachillerato es un ciclo formativo por el cual siento afecto especial. Los ocho años como director general de Educación Media Superior en la Universidad fueron momentos de aprendizajes indescriptibles, con retos extraordinarios y pletóricos de satisfacciones. Dos factores jugaron a favor: un rector, Carlos Salazar Silva, decidido a transformar los bachilleratos y a apoyarlos para hacerlo posible; el otro, los profesores de los 31 bachilleratos, el IUBA y la Escuela Técnica de Enfermería, con enorme compromiso y cariño por su oficio.

Es difícil elegir el mejor periodo en mis muchos años en la Universidad, pero ese me dejó enormes satisfacciones y un puñado de amistades que conservo.

Volver a los bachilleratos siempre es grato para mí. Por eso colaboro como parte del Consejo Consultivo de Educación Media Superior de la Universidad Autónoma de Yucatán, invitado por su rector, y por eso asisto feliz a las invitaciones de un dilecto amigo, Sergio Dávila, director académico del Colegio de Bachilleres del San Luis Potosí. Por eso, también, atiendo siempre las invitaciones de los amigos y colegas del ISENCO.

En la charla de hoy abordé algunos de los retos y probables acciones a realizar para enfrentar con alguna certidumbre el ciclo escolar próximo. Las valoraciones las harán ellos.

Para mí, la experiencia fue muy agradable [a pesar de la frialdad de mirar el “auditorio” a través de Meet], por las preguntas y el interés que asoma en ellas. Una hora media que me dio la oportunidad de expresar lo que quería, pero también, de pensar en temas que no tenía en el radar e insinuar propuestas que, estoy seguro, pueden ensayarse con buenos resultados.

Como siempre, al cierre de estas actividades, el agradecido es el ponente, expuestos a sus certezas, pero también a nuevas preguntas.

Vuelta al trabajo

La pandemia en Colima sigue incrementando la contabilidad de infectados y fallecidos. Aunque la primera prioridad es la vida, la salud de todos, en las calles se cruzan el analfabetismo ciudadano y la ineficacia gubernamental.

Ayer se terminaron las vacaciones para la comunidad académica de la Universidad de Colima. Volvimos a las tareas del quehacer universitario. La gran mayoría lo haremos desde casa. Las aulas, las oficinas y nuestros cubículos seguirán vacíos. La justificación es evidente.

Los profesores e investigadores ya comenzamos, como las autoridades. Pronto empezaremos el trabajo colegiado para el semestre siguiente.

Aunque la Universidad fue pionera en varias materias tecnológicas, en México y la región, no logramos incrustarla en los planes de estudio o en las prácticas de enseñanza. No de manera suficiente.

Hoy el desafío es enorme. Como para todas las universidades. En muy poco tiempo tendremos que migrar a modalidades distintas, que ya ensayamos entre abril y junio, con buenos y no tan buenos resultados.

Esa experiencia es valiosa. Debemos aprender de ella, valorar aciertos, errores y reconocer las difíciles condiciones de muchos de los estudiantes. Sobre esa base será posible atisbar caminos para orientar los procesos formativos por venir.Tres retos, por lo menos, aprecio en el horizonte de la Universidad: primero, lograr que los estudiantes sigan en las escuelas, que nadie se quede fuera, porque si el abandono escolar es cruel, ahora podría ser implacable y con efectos irreversibles. La historia nos marca. Por cada cien niños que ingresan a la escuela primaria, sólo 24 egresan de las universidades. Tenemos que parar esa sangría, y la pandemia es pólvora para esos fuegos.

En segundo lugar, debemos construir proyectos pedagógicos adecuados a cada circunstancia, que recuperen los contenidos y objetivos más valiosos de los planes de estudio, evitando las tentaciones baratas y trazando itinerarios metodológicos factibles.

Por último, que seamos capaces de diseñar esquemas de comunicación efectivos, entre estudiantes y profesores, profesores y directivos. Comunicación y acompañamiento emocional son más indispensables que nunca.

El imperativo es claro: en momentos de perplejidad es de las universidades de donde cabe esperar algunas luces que iluminen el paisaje.

Es de las universidades de donde tenemos que esperar mejores resultados en un contexto como el que enfrentamos, porque en ellas, se congregan muchos de los hombres y mujeres con las más altas formaciones escolares, por tanto, quienes mayor compromiso social tienen con los otros.

¿Una clase o cinco clases?

Ayer tuve oportunidad de presentar una conferencia ante poco más de 300 profesores de la Universidad Autónoma de Coahuila, a través de la plataforma Teams y más de 280 personas en Facebook. Apuntar el dato no es presunción, sino los lectores a los que pretendería llegar con estos párrafos.

Luego de la conferencia fui a la página de Facebook para conocer la valoración de los participantes. Había más de 500 comentarios, para la primera conferencia del día [una profesora argentina] y para la segunda, que titulé “Enseñar en la Universidad en tiempos de pandemia”.

Leí con mucho interés y donde correspondía, agradecí, saludé o dejé algunos comentarios.

Leyendo a varios profesores me percaté que pude propiciar una confusión y heme aquí, dispuesto a zanjarla.

En alguna parte de la charla comenté que hay posturas que señalan la necesidad de abandonar las clases largas y cambiarlas por otras más cortas, que es preferible cinco clases de 10 minutos a una clase de 50 minutos; aquí, el término “clases” no lo referí a la unidad temporal de organización del trabajo escolar, el horario o dosificación curricular [decimos: tengo cinco o seis horas de clase por semana en mi materia], sino a la parte de la misma en la que los profesores hablamos, hablamos y hablamos.

En otras palabras: cuando digo, cambiemos una clase de 50 minutos por otras más cortas, no me refiero a la organización escolar, sino a la organización didáctica, de tal suerte que el profesor hable menos y los alumnos hablen más o, depende de materias y carreras, que los profesores hablen menos y los alumnos hagan más y participen mejor.

El principio de todo esto es que no hay recetas, que no existen soluciones universales o genéricas. No me atrevería a expresar que en medicina, ingeniería, biología o contaduría las horas-clase deben durar tantos minutos, o que la clases-actividades en el aula deben organizarse de tal o cual forma; eso ya corresponde a los profesores en lo individual, pero sobre todo, a los equipos docentes.

No sé si la aclaración ha sido clara, perdón la redundancia: nunca pretendí decir que el maestro debe estar 15-18 minutos en un aula y luego salirse al siguiente grupo, cuanto que el tiempo que dure en cada una, no puede estar disertando todo el tiempo, ni la mayor parte [aunque, repito, dependerá de la materia, nivel, objetivos de aprendizaje].

Las clases tradicionales, el profesor hablando parado frente al grupo, no se van a jubilar con pandemia o sin pandemia, pero es indudable: cada vez son menos efectivas como la herramienta principal para promover aprendizajes. De eso podríamos hablar largo y tendido, pero he dicho que desaconsejo las peroratas largas, y debo ser congruente.

El primer día de clases

El martes volveremos a las actividades escolares maestros y estudiantes de la Universidad de Colima y otros subsistemas. El primer día como maestro es trascendente, sobre todo, cuando enfrentas un grupo estudiantil nuevo. No sé si puede calificarse como el más, pero es un día para el que uno debe prepararse mejor que siempre.

Ignoro si los maestros somos conscientes de ello y vamos como a cualquier día, pero en estas semanas, en que tuve oportunidad de hablar ante profesores de varias instituciones educativas, enfaticé la necesidad de llegar preparados como a un examen duro, con la mejor actitud, mensaje asertivo y oídos alertas.

La docencia es una profesión de alta demanda física y emocional, que exige no solo disposición cognitiva, también corporal, porque estar en pie varias horas, moverse en el aula, caminar entre las filas cobra factura, por lo menos, mientras se coge el ritmo habitual.

En su investigación sobre los profesores más extraordinarios en Estados Unidos, Kein Bain encontró un conjunto de prácticas que los caracterizan. El primer día también es clave: no llegan al salón con la cara más arisca o las amenazas habituales entre aquellos que suponen que la rigurosidad de su curso se mide por la expresión facial, el tono imperativo de voz, las advertencias sobre lo que sucederá al que falte o llegue tarde, no lea, se mueva, incumpla tareas o se equivoque.

Leer más…

Revalorización del magisterio

La reforma a los artículos 3º, 31 y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se consumó con la aprobación de la mayor parte de los congresos locales. Todavía habrá de escribirse la historia del fin de la reforma anterior, las complejas negociaciones para lograr las votaciones suficientes y los acuerdos políticos con los sectores implicados, especialmente con las organizaciones sindicales reacias a los cambios.

Una de las bondades que se promueven con la reforma es la muerte de la evaluación docente con “fines punitivos” y la instauración de una nueva escuela mexicana; otra etapa, donde se reconozca la importancia social del oficio magisterial, cuyo eje se centrará, dicen, en la formación y no en la evaluación. El cambio es notable; los resultados, dependerán. Suponer que con decretar la revalorización del magisterio y colocarla en la Carta Magna ya comenzará a surtir efectos positivos es un acto de ingenuidad. El prestigio social o la importancia de una profesión se construyen, son producto de políticas y hechos, de una cultura y prácticas consistentes y perdurables.

Una medida necesaria, para muchos urgente, es la reforma de las escuelas normales; sobre el tema, en este proceso de discusión, se ha escrito mucho y sugerido ideas para una transformación sustancial. Veremos de qué calado son las estrategias gubernamentales.

Leer más…