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Entradas con las etiquetas ‘Sistema educativo nacional’

Escuelas de tiempo completo

Esta mañana recibí la llamada de un canal de noticias para solicitarme una entrevista sobre las escuelas de tiempo completo. Mi agenda está repleta y la cordura en el límite extremo. Una tarea más y reventaré. Acepté porque el tema me importa y es momento de plantear con claridad las posiciones al respecto. Entre una, otra y otra tarea leí sobre el tema y emborroné ideas para compartir vía telefónica. La entrevista duró unos 15 minutos, hablé y hablé, con apenas tres o cuatro preguntas. No sé si fui suficientemente claro, en cualquier caso, pude afirmar que las escuelas de tiempo completo, con sus imperfecciones, son indispensables, que debemos defenderlas y pronunciarnos. No son perfectas: ¿cuál escuela lo es en México? Tienen defectos: sin duda. Son perfectibles: todas. No cumplen las reglas de operación: que les cumplan, que las evalúen, y si debemos cambiar las reglas de operación, no a contentillo, que se cambien y adapten a la realidad. Lo que necesitamos, son escuela ricas, de tiempo completo y diversas, relevantes en actividades. En materia educativa la austeridad no tiene cabida.

Fin de cursos: hora de evaluaciones

El viernes terminó el ciclo lectivo en las escuelas públicas de educación básica. Se acabó el programa “Aprende en casa” (y enseña desde casa) y viene un verano “divertido”, anunció el secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma.

Es hora de evaluar las estrategias usadas para continuar el año escolar trunco por la pandemia, pero no solo el trabajo de las maestras, ni el aprendizaje de los niños con respecto al currículum oficial. Si asistimos a la transformación del sistema educativo, es buen momento para ensayar la evaluación de 360 grados, para que todos los actores del proceso tengan el derecho y la libertad de opinar; de examinar y ser examinados.

Que los niños, en el momento oportuno, sean evaluados en sus aprendizajes es necesario, servirá para diagnósticos y planeaciones; pero que también los niños evalúen lo que les correspondería juzgar: a sus maestros, materiales, tareas, horarios, programas de televisión y plataformas digitales, actividades, retroalimentación recibida.

Que los maestros evalúen a sus directoras y supervisores; por ejemplo, las decisiones y sus tiempos, canales de comunicación, acompañamiento, entre otros aspectos. Que los directores y supervisores hagan lo propio. Leer más…

CRISIS: OPORTUNIDAD Y CARENCIAS

Es lugar común que las crisis y las circunstancias inesperadas, como las que vivimos, nos colocan frente a oportunidades imprevistas. Las oportunidades tienen dos caras, por supuesto: aprovecharlas o no; salir avantes o fracasar. Los momentos de crisis templan a las personas, las fortalecen o exhiben en sus debilidades.

Todo eso se puso en juego con la pandemia también en el sistema educativo, con nuestros distintos roles, como padres y madres, maestros, directores y autoridades, incluso como estudiantes. Descubrió fortalezas y desnudó flaquezas.

Incesante, registro lo que capta mi radar. El discurso imperturbable del secretario de Educación Pública cuando presentó la estrategia nacional de educación a distancia, montada sobre Google y YouTube. Sus palabras sobre la educación de calidad y excelencia o la indiferencia ante la realidad de las distintas brechas digitales resultan ominosas. No pude evitar, mientras lo escuchaba, traer a la memoria las escuelas de Quesería donde desarrollo mi investigación. La escuela multigrado y multinivel de El Zedillo, por ejemplo, sin edificio, sin piso, sin agua, sin luz, sin internet, sin barda perimetral, sin baños, sin canchas, solo con dos aulas móviles y maestras comprometidas.

Me parecen fundadas las quejas en redes sociales de madres y padres, unas con más argumentos, acerca de la naturaleza de las tareas a los hijos o la cantidad de esfuerzo que les exige a quienes tienen dos o tres críos y deben apoyarles a todos, muchas veces, con carencias de escolarización que no salva YouTube, menos Classroom.

Observo la despreocupación frente a las condiciones de maestras y maestros que trabajan desde casa con recursos personales, con sus propios gastos, y me pregunto si los Sindicatos, por ejemplo, gestionarán o canalizarán parte de las cuotas como apoyo para cubrir el pago de internet o las recargas de teléfono. Probablemente ya lo hicieron y no estoy enterado.

Me incordian los discursos falaces que exaltan al aire la actitud de compromiso y entrega de “todos”, cuando todos sabemos, eso sí, que no todos dan su mejor esfuerzo. Ese discurso, políticamente correcto pero verídicamente estulto, no reconoce el compromiso de quienes sí lo hacen con absoluta responsabilidad. Reconozcámoslo: los momentos de crisis exigen y comprometen.

Para no extenderme: repudio la ceguera de autoridades o maestros que no se dieron cuenta que la realidad cambió y que la casa no es la escuela; que no se puede trasladar la dinámica del aula a la sala de estar o la mesa del comedor. No se dieron cuenta, no quisieron darse cuenta o no les importó.

Además de apreciar genuinas expresiones de generosidad en organizaciones sociales y la proliferación de espacios de información o debate, bienvenidas siempre, quedan al descubierto muchas de nuestras falencias, evidentes en la pobreza de ideas que sustentan proyectos educativos.

Termino con una imagen que me va quedando más clara con los días de contingencia pedagógica. Después del terremoto los expertos y, a veces cualquier persona, advierten las deficiencias en las construcciones. Ahora, con el confinamiento y la educación a distancia, ya podemos también apreciar deficiencias que permanecían ocultas en escuelas y sistemas educativos. De paso, el talante de las autoridades.

MANIFIESTO POR OTRA EDUCACIÓN EN TIEMPOS DE CRISIS

El Diario de la Educación, espacio periodístico español donde colaboro desde hace tres años, difundió el Manifiesto por otra educación en tiempos de crisis. 25 propuestas, obra del Foro de Sevilla. Lo firman José Gimeno Sacristán, Jaume Carbonell, Jaume Martínez Bonafé y Julio Rogero.

El Manifiesto comienza advirtiendo un riesgo; dice: Se pide al alumnado confinado que siga actuando como si estuviera en la escuela… al mismo ritmo y con mayor exigencia si cabe, como si nada pasase, cuando en realidad todo es diferente y más si tenemos en cuenta los desiguales contextos sociales y familiares.

Enseguida alienta: Todo lo que sucede nos exige una reflexión profunda y un posicionamiento claro… Nos parece urgente promover un espacio y un tiempo donde cuestionarnos, dialogar, reflexionar colectivamente y hacer un acercamiento racional a la pregunta por la educación que queremos hoy y en el futuro.

Por su trascendencia y espíritu reflexivo, comparto algunas de las propuestas, especialmente las que juzgo más cercanas a nuestra realidad y a los colectivos docentes mexicanos. Se dividen en dos tiempos: qué hacer en la situación actual y cómo construir el futuro.

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Ampliación de la cuarentena: ¿oportunidad perdida?

Si una parte de nosotros ansiaba que en abril regresáramos a la normalidad; la otra parte, más informada y dura, decía que era imposible. Se concretó hoy. El secretario de Educación Pública, replicando las medidas anunciadas en la conferencia vespertina del gobierno federal, avisó que la suspensión escolar se prolongará hasta el 30 de abril. Entonces, se valorarán las medidas y tomarán nuevas decisiones.

En un mes la situación podría ser caótica y dolorosa. Las infecciones habrán explotado y los muertos estarán sembrados a lo largo del país. No es un deseo, ni cercano, pero así sucederá. Ante lo inevitable es mal consejo cerrar los ojos.

Como ya saben todos, las escuelas prolongarán diez días el regreso. Las primeras semanas, las que corren, han dejado enseñanzas de lo posible y de lo reprobable, de lo bueno y lo no repetible. Pero hay tiempo, creo, para que el sistema educativo en sus distintos niveles aprenda y no perdamos el ciclo escolar con tareas repetitivas e intrascendentes, fastidiando a los estudiantes con actividades planeadas al vapor, sin probarse, sin acompañamiento efectivo y sin la atención debida en casa, porque en casa la vida no se volvió más relajada y sí complicada.

Me temo que ahora la preocupación pedagógica se dividió en dos prioridades que parecen la misma: una, cumplir el calendario y los programas oficiales; para algunas escuelas, dejar tareas y tareas para agotar los temas; la segunda, consiste en procurar una experiencia distinta, inédita, para aprender en un escenario que nadie imaginaba y para el que no estábamos preparados.

Es la vieja disputa entre cronos y kairós, entre el tiempo del reloj y el tiempo vital del aprendizaje. Si fuera un partido de fútbol, los que juegan por el kairós pierden por goleada en el final del primer tiempo.

Se podría recuperar el programa burocráticamente, aunque se aprenda poco, o bien, los niños podrían aprender que, en algunos momentos, hay que hacer tareas y actividades porque es la obligación y nada más. ¿Podremos hacerlo distinto?