Blog

Entradas con las etiquetas ‘Sistema educativo nacional’

Sangría brutal en el sistema educativo

Esta mañana escuché las estimaciones de la organización Mexicanos Primero sobre el abandono escolar por la pandemia. En 6 millones calculan el número de estudiantes desconectados. La cifra aterra.

Por supuesto, México no es el único país que enfrenta el problema. Lo sufren los estudiantes y podrían padecerlo el resto de su vida, al verse impedidos del derecho a la educación. Las organizaciones internacionales, como Unesco o Unicef, observan con preocupación los saldos cruentos de la pandemia en América Latina.

El cálculo de Mexicanos Primero es peor que los escasos números proporcionados por el gobierno federal. Seguramente, como es habitual, dirán que tienen otros datos, pero no aparecen. Su ausencia agrava el panorama y funda sospechas.

Si las cifras de la organización privada se comprueban, el sistema escolar sufriría una terrible pérdida de incalculables daños personales y sociales. Equivaldría regresar a la matrícula de hace 20 años; o a borrar a todos los estudiantes de educación media superior.

Es el presente y el futuro lo que nos estamos jugando con las decisiones que se tomen sobre la escuela.

Balance de la educación en el 2020

El inédito año que termina nos deja una estela de lecciones y retos. Lo ocurrido formará uno de los capítulos más complejos para estudiar la historia de la educación y la gestión gubernamental.

En mi balance hay logros y desaciertos, partiendo de reconocer la dificultad de detener un sistema educativo tan grande como el mexicano, diseñar una estrategia frente al escenario convulso e impredecible y luego reactivar los servicios educativos en modalidades remotas de inciertos resultados.

La tarea gana en complejidad si faltan claridad y sentido de proyecto. Es el caso del gobierno federal, aunque los estatales deben asumir responsabilidades. Debemos admitir que México no ostenta el monopolio del desatino. Para Alejandro Morduchowicz los ministerios de educación en la región, en general, fueron superados por las circunstancias de la pandemia.

La prueba definitiva de este recuento gris de la Secretaría de Educación Pública es el anuncio de que Esteban Moctezuma, todavía secretario, tiene pasaporte a la embajada de Estados Unidos. No es un premio, ni una medalla por servicios prestados a la excelencia educativa.

En el año pandémico los desaciertos tienen un peso abultado: deficiencias constantes en la comunicación social, en la relación con el magisterio y los padres de familia; respuestas tardías, como se hizo evidente en la presentación de los lineamientos para la evaluación apenas unos días antes de realizarse la del primer trimestre.

Aprende en casa 1 y Aprende en casa 2 todavía deben ser evaluados de forma más consistente, pero es evidente la brecha entre los juicios autoelogiosos del secretario Moctezuma y lo que obtuvimos en otro tipo de estudios, sondeos e investigaciones.

Tengo por grave la ausencia de consultas a maestros, padres y madres de familia y estudiantes, para el diseño de las estrategias, con el resultado de ofrecer un planteamiento uniformizante que sólo podía dejar como consecuencia la reproducción legitimada de las desigualdades.
También hay aspectos positivos, por supuesto: el esfuerzo responsable de miles de maestros y maestras, acompañado de la voluntad de las familias, en especial, de las madres, que soportaron en gran medida la tarea.

Frente a la adversidad, el magisterio debió encarar las dificultades con los recursos a la mano, destinando de su dinero, porque tampoco el gobierno federal acompañó como era debido. En ese sentido, es un año de aprendizajes que merecerían reconocerse y convertirse en parte de la prometida Nueva Escuela Mexicana, que sólo podrá construirse con la adhesión crítica de las maestras y maestros, y observarse en los salones de clases, no en los discursos oficiales para los cuales, México ya avanzó en este año de pandemia.

Un poco de menos grandilocuencia y mucho más coherencia, un poco de menos incomprensión y más imaginación ayudarían a salvar el 2020 sin un déficit impagable para millones de estudiantes y miles de maestros.

¿Importa la educación?

El martes, en otro espacio radiofónico compartí una propuesta radical de Naomi Klein, periodista, escritora y activista canadiense.

En su libro Los años de reparación, nos dejó una idea provocadora para la reflexión, pero temeraria para las autoridades de los sistemas educativos y la cultura instituida en torno al cambio en las escuelas.

Dijo Naomi Klein: “En lugar de fingir que es posible subsanar décadas de austeridad en unas pocas semanas de vacaciones de verano, deberíamos cerrar esas escuelas durante un año entero y usar ese tiempo para repararlas y reimaginarlas… mientras tanto, los maestros, con ayuda de un cuerpo juvenil, podrían impartir las clases al aire libre”.

Pensé, pienso, si es posible hacer algo semejante en México.

Me vienen a la cabeza las recientes declaraciones del secretario de Educación Pública, aplaudiendo que en estos dos años hemos avanzado muchísimo, porque no hay huelgas, porque hubo acercamiento con el magisterio, porque se instaló la Nueva Escuela Mexicana y porque tenemos Aprende en casa 1 y 2, y otras bondades por el estilo.

Con ese optimismo, dirán que cambiar no es necesario si ya estamos revolucionando la pedagogía.

En otras esferas, alimentadas por datos y perspectivas distintas, la idea de Klein es muy sugerente. No sólo es posible, sino urgente y necesaria en muchos lugares, donde no existen condiciones materiales, ambientales, tecnológicas e higiénicas para volver a una mejor escuela que la de marzo pasado.

Se nos fueron otra vez los meses. Es decir, se le están yendo a las autoridades, que en este momento ya tendrían que estar haciendo todas esas reparaciones.

Pero eso significa, como podrán imaginarlo, que hay presupuesto y un proyecto para que volvamos a otra escuela.

Sin embargo, no aparecen en el horizonte ni dinero, ni proyecto. Así, entonces, es impensable.

La lección que aprendí con Alejandro Morduchowicz, argentino radicado en México, es imperdible: sospechemos, siempre sospechemos cuando al discurso del cambio en la educación, no lo acompañan los presupuestos.

Pandemia y juventudes

América Latina dejará de ser una sociedad juvenil en el año 2037, según las estimaciones del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía. Seremos entonces naciones donde los adultos superen en número a los jóvenes y niños. Los retos cambiarán en muchos ámbitos, como educación, salud y empleo.

Una buena parte de los adultos de esa sociedad hoy son jóvenes. Jóvenes que viven en el continente más desigual y que en millonarias cantidades enfrentan desigualdades de distintos tipos.

La pandemia recrudeció las brechas y podría agudizar sus efectos. Ya está demostrado con amplia evidencia.

Si queremos una mejor sociedad en 20 años, es imperativo resolver las inequidades que nos atraviesan y podrían condenarnos al atraso por lo menos la mitad del siglo. No sólo en educación.

Ante esas realidades resulta más incomprensible la situación que enfrenta el sistema educativo mexicano con los presupuestos asignados para programas estratégicos. Es verdad que el gobierno federal destina enormes cantidades de dinero para becas a los jóvenes, pero no a las instituciones educativas o a políticas que permitirían mejorarlas; tampoco a la formación de maestros ni a la enseñanza de los niños más pobres, en cuyas manos estará jugándose, en buena medida, el futuro.

Por eso, me resulta incomprensible leer que el Tec de Colima requiere 13 millones del presupuesto estatal, pero sólo tiene contemplados 8 millones.

Pregunto. ¿La pandemia no dejó en claro todavía a gobernantes y políticos los distintos valores que tiene la educación? ¿Por qué se tiene que limosnear el presupuesto para educación?

Es en estas horas, al destinarse recursos económicos, cuando en definitiva se mide el valor que tiene la educación para quienes toman decisiones que afectan o benefician a las sociedades. Es ahora, no en los discursos ni documentos. Es en los presupuestos.

¿Importa la educación? Es decir, ¿importan presente y futuro? Lo demás es pura demagogia.

Escuelas de tiempo completo

Esta mañana recibí la llamada de un canal de noticias para solicitarme una entrevista sobre las escuelas de tiempo completo. Mi agenda está repleta y la cordura en el límite extremo. Una tarea más y reventaré. Acepté porque el tema me importa y es momento de plantear con claridad las posiciones al respecto. Entre una, otra y otra tarea leí sobre el tema y emborroné ideas para compartir vía telefónica. La entrevista duró unos 15 minutos, hablé y hablé, con apenas tres o cuatro preguntas. No sé si fui suficientemente claro, en cualquier caso, pude afirmar que las escuelas de tiempo completo, con sus imperfecciones, son indispensables, que debemos defenderlas y pronunciarnos. No son perfectas: ¿cuál escuela lo es en México? Tienen defectos: sin duda. Son perfectibles: todas. No cumplen las reglas de operación: que les cumplan, que las evalúen, y si debemos cambiar las reglas de operación, no a contentillo, que se cambien y adapten a la realidad. Lo que necesitamos, son escuela ricas, de tiempo completo y diversas, relevantes en actividades. En materia educativa la austeridad no tiene cabida.