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Entradas con las etiquetas ‘Sistema educativo nacional’

El desafío del COVID-19

Tengo por costumbre ver las noticias a las 6 de la mañana de lunes a viernes. A veces, un canal extranjero; la mayor parte, el noticiero de Leonardo Curzio. Durante varios años seguí a Javier Solórzano. Los cambios de Canal Once, con la nueva administración del gobierno federal, me hicieron abandonar la opción cuando se convirtieron en voceros.

En esos canales sigo desde temprano la evolución del coronavirus. Mis predicciones, que serán las de muchísimos, se cumplieron cabalmente: llegará a México, será una pandemia y conoceremos una experiencia inédita, distinta a todo, por la manera como el mundo se achicó, gracias o debido a la globalización y sus redes sociales.

Con el nivel de eficacia del gobierno federal se me trastocan las coordenadas. Cuando dice: “Estamos preparados”, no sé exactamente qué quiere decir. En Estados Unidos, campeones del pragmatismo, no lo dudaron y pronto fueron contundentes. Hoy hablan de cerrar fronteras a países, México incluido.

Con las deficiencias históricas del sistema de salud pública en México, ahora agravadas por las políticas gubernamentales de la 4T, se me nubla el optimismo. ¿Estamos preparados? Un país como China, capaz de construir un hospital que en nuestro país podrían tardarse años y terminarse con defectos, ha demostrado virtudes y flaquezas.

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Espacios para el aprendizaje

Ayer estuve un par de horas en la Universidad Multitécnica Profesional, al sur de Colima capital. Fue una tarde de aprendizajes. El motivo: participar en un panel sobre las leyes secundarias de la reforma educativa (que el secretario de Educación Pública no quiere llamar reforma) y sus perspectivas.

Sorprenderá un poco la convocatoria a quienes desconozcan de la citada institución, pues en Colima, nadie más, hasta donde mi conocimiento alcanza, ha convocado a un ejercicio semejante, y eso me ruboriza, pues ninguna de las otras casas de estudio públicas de enseñanza superior hizo algo semejante todavía.

El contenido de las leyes interpela a muchos actores: en primer lugar, al Congreso del Estado, pues tendrán que trabajar en la armonización de la Ley de Educación del Estado, y específicamente a las instituciones que forman profesionales de la docencia y la educación.

No sé si el panel habrá cumplido expectativas o no; si habremos sido suficientemente asertivos, inquisitivos o claros. De mi colega, Martín Robles de Anda, doy fe que sí.

El panel con un tema así en un momento cualquiera será siempre controvertido. No se discuten leyes en abstracto, al margen de posiciones políticas o intereses ideológicos, porque la educación no es asunto angelical. La primera tarea, por lo menos así lo asumo, es estudiar muy bien, tratar de entender y no obnubilarse con pasiones u odios. Si damos ese paso, el diálogo o la discusión valdrán la pena. Diálogar solo con quienes piensan semejante es ocioso, como mirarse en el espejo.

Reforma educativa: diálogo entre iguales

Con la aprobación de las leyes que regularán el artículo tercero constitucional, la semana pasada en el Senado se consumó la faena prometida por el presidente de la República en campaña: enterró lo que virulentamente calificó como “mal llamada reforma educativa”.

Con las nuevas leyes, General de Educación, para la Carrera de las Maestras y Maestros, así como para la Mejora Continua, comienza otra etapa en el sistema educativo nacional. Pronto empezaremos a observar primeros resultados. No comamos prisa.

Los próximos meses las legislaturas en todas las entidades deberán armonizar las leyes estatales en la materia, tarea no menor si se quiere realizar con esmero y responsabilidad, salvando los detalles que sean precisos entre los vacíos que se han denunciado.

En Colima me tranquiliza saber que la Comisión de Educación, integrada por mujeres de distintos partidos, trabajan unidas y anteponiendo el interés superior de la educación y de las niñas y niños, y así espero que transcurra el proceso que conduzca a actualizar la Ley de Educación del Estado de Colima.

En el país la fractura entre los partidarios de la nueva reforma y los críticos acerbos se profundiza. No voy a criticar a unos y otros, pero en ambos casos se parcializan juicios. Ni toda la reforma educativa de 2013, impulsada fervorosamente desde el Pacto por México, era laboral o punitiva, porque la reforma no era solo la evaluación docente para la permanencia, ni toda la reforma de 2019 se reduce a entregar las plazas al sindicato. Ambas formulaciones me parecen caricaturas desafortunadas. Hay peligros ahora, como los hubo en la anterior y fueron mortales.

Es verdad que la reforma de 2013 se equivocó al comenzar con la evaluación docente a cualquier costo, sin comunicarla suficientemente y privilegiando acuerdos cupulares; también lo es que las comisiones tripartitas que se conformarán para la asignación de plazas o promociones abren la puerta al peor pasado que podíamos evocar, pero ambas reformas van más allá de eso. Otras críticas podrían formularse, es cierto, pero no hay espacio para explayarse.

Me interesa postular un punto de vista desde las escuelas, en los ámbitos donde los maestros trabajaron con una reforma y ahora tendrán que hacerlo con otra. Desde ahí, desde las aulas y las salas de reuniones o la oficina de directores (donde hay oficinas y directores), no se puede continuar ya la confrontación entre posiciones, la batalla de ideas y consignas. La escuela no puede ser territorio comanche, ese espacio del conflicto bélico donde se juega la vida en cada paso.

Maestras y maestros tienen que convivir por encima de las diferencias, ventilando posiciones hasta donde sea necesario o conveniente, pero luego deben tomar acuerdos, constituir el marco de su convivencia y su proyecto pedagógico.

Los maestros tienen que evitar en las aulas y en las escuelas el peligro que se cierne hoy entre los especialistas: que el diálogo sea imposible y las posiciones irreconciliables, que solo se acepte conversar con los iguales en apariencia, con quienes piensan semejante. En la escuela hay una sola bandera que vale la pena enarbolar: la formación de las niñas, los niños y los adolescentes.

Las escuelas no se crearon para dar empleos a los adultos, ni para conformar sindicatos. Las escuelas tienen sentido sí y solo sí como espacios de formación para que los más tiernos y jóvenes sean mejores ciudadanos que nosotros. Los maestros, siendo vitales, somos un medio, nada más, pero sin cuyo esfuerzo la tarea pedagógica es imposible. No perdamos más tiempo, ni el rumbo.

 

 

 

 

 

Estar conmigo o contra mí

Un tema ocupa los debates en las redes sociales que navego: el anuncio de un acuerdo con la CNTE para que los egresados de las escuelas normales tengan plaza en automático. Lo que para muchos constituyó un gran paso adelante con la reforma educativa de 2013 [luego empañado por las formas en que se concibió e instrumentó la evaluación para la permanencia], tiene redactado el epitafio.

Si se consuma, además del adiós a los concursos de ingreso, los egresados de las facultades universitarias de pedagogía y educación estarían marginados de la carrera docente, pese a tener muchas virtudes y haber demostrado capacidad para enriquecer las plantas de maestros de educación básica.

La historia, sin embargo, está viva y todavía podrían ocurrir modificaciones a lo previsto.

La división en el gremio de investigadores y articulistas especializados es una escalada más entre las visiones antagónicas sobre el sistema educativo nacional, su presente y futuro. Argumentos sólidos y esponjosos circulan en el debate. Hay un saludable intercambio en ciertos niveles, pero también diatribas y dogmatismo; lucidez, pero también insensatez.

Cada cual tiene derecho a expresar lo que se le venga en gana y los demás no tienen la obligación de compartirlo, ni el derecho a descalificar personas. Esa delicada frontera se rompe con facilidad.

Ojalá el debate nos vuelva más tolerantes, sensibles a la opinión discrepante y un poco menos soberbios con nuestros argumentos. En Twitter hoy preguntó Eduardo Sacheri, escritor argentino: ¿qué necesidad de ser tan hegemónicos?

Educación normal: para qué nos alcanza

Me gustaría afirmarlo con vehemencia hoy: la educación es una buena noticia. Pero cuando observo el presupuesto que el proyecto de gastos para 2020 destina a la dirección general que coordina a las escuelas normales del país, se me ensombrece el panorama y decae el ánimo.

Con un presupuesto tan lastimado, es difícil que las escuelas normales puedan encarar las tareas que demandaría una transformación de fondo, estructural en el sistema educativo, como la que se debe a las escuelas donde se forman los maestros.

Lo dicen desde las izquierdas y las derechas, porque el consenso es unánime: no hay sistema educativo mejor que la calidad puesta en práctica por sus maestros. Y si queremos transitar hacia un futuro distinto para la formación de los millones de niños y adolescentes, la reforma o renovación de las escuelas normales es condición indispensable.

Steve Jobs, ícono del mundo globalizado de hoy también lo tenía claro: en las escuelas los maestros son el protagonista, no la tecnología. Explicitemos: los maestros y educadoras que hoy laboran, pero también los que se empiezan a formar y quienes sostendrán el esfuerzo magisterial en las décadas siguientes.