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Entradas con las etiquetas ‘Sistema educativo nacional’

Revalorización del magisterio

La reforma a los artículos 3º, 31 y 73 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se consumó con la aprobación de la mayor parte de los congresos locales. Todavía habrá de escribirse la historia del fin de la reforma anterior, las complejas negociaciones para lograr las votaciones suficientes y los acuerdos políticos con los sectores implicados, especialmente con las organizaciones sindicales reacias a los cambios.

Una de las bondades que se promueven con la reforma es la muerte de la evaluación docente con “fines punitivos” y la instauración de una nueva escuela mexicana; otra etapa, donde se reconozca la importancia social del oficio magisterial, cuyo eje se centrará, dicen, en la formación y no en la evaluación. El cambio es notable; los resultados, dependerán. Suponer que con decretar la revalorización del magisterio y colocarla en la Carta Magna ya comenzará a surtir efectos positivos es un acto de ingenuidad. El prestigio social o la importancia de una profesión se construyen, son producto de políticas y hechos, de una cultura y prácticas consistentes y perdurables.

Una medida necesaria, para muchos urgente, es la reforma de las escuelas normales; sobre el tema, en este proceso de discusión, se ha escrito mucho y sugerido ideas para una transformación sustancial. Veremos de qué calado son las estrategias gubernamentales.

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Tarjetas navideñas 2018

En los años infantiles las tarjetas navideñas eran usuales en mi pueblo; casi una obligación que sellaba amistades. En octubre o principios de noviembre los vendedores llegaban a casa con sus catálogos del año en turno, 1976, 1977, 1978, y así. Los papás, las mamás, sobre todo, elegían entre aquellas coloridas páginas las imágenes y mensajes; las primeras, incluían paisajes remotos, nevados, pinos de otras latitudes, personajes distintos, o los pesebres, el Niño Dios y los Reyes Magos. Seleccionadas, había que decidir el número y pagar anticipo. Llegarían semanas después; bienvenidas con algarabía. El de mejor letra, los papás o los hijos, escribían los destinatarios, o en máquina de escribir, cuando había. Luego el reparto al nacer diciembre.

Los árboles navideños artificiales no existían en el pueblo. Había que hacerlos con las manos y la imaginación, con los recursos disponibles. En mi caso, con papá o el abuelo Antonio salíamos a los campos cercanos que rodeaban el pueblo, guadaña en mano, a cortar la rama apropiada, para secarla al sol, pintarla de blanco o plateado, y adornarla con esferas que fácilmente se rompían, rodearlas con los lazos que también trenzábamos en casa; por último, los foquitos, que usábamos una y otra vez, solo cambiando los desperfectos del año previo. Y encima, entre las ramas, las tarjetas navideñas, como adorno orgulloso, pues entre más tarjetas, más amistades gozaba la familia. ¡Qué tiempos! Tan lejos de la mercadotecnia, tan cerca de la maravillosa sencillez.

El país de los 30 millones

Treinta millones de votos son el caudal que recogió el presidente en su campaña. Mucho más de treinta millones, si sumamos los que abonó a los candidatos de su movimiento y le permitieron la mayoría en las Cámaras de Diputados y Senadores, congresos locales y ayuntamientos. Treinta millones de votos pueden usarse como aval para cualquier reforma, para cualquier decisión; justifican cualquier dislate.

Más de treinta millones de estudiantes tiene el sistema educativo de preescolar a las universidades e instituciones de enseñanza superior. Plagado de problemas que no se resuelven de la mañana a la noche, que no se solucionan por decretos ni en el Congreso de la República, lejos de los salones de clase. La reforma moribunda es ejemplo.

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Retos educativos para el nuevo gobierno

La expectativa sobre la gran transformación del país produce un efecto doble, por lo menos: entusiasmo ante la posibilidad de cambios sustanciales, de lo cual pueden derivarse adhesiones y actitudes positivas; pero, en esa medida, el reclamo por resultados instantáneos, y el educativo es territorio agreste para cambios inmediatos.

A riesgo de simplificar, la raíz de muchos de los problemas educativos se hunde en la historia, con sus tendencias, costumbres, prácticas y vicios. Las dificultades que estallan en la escuela suelen engendrarse o exacerbarse por el contexto sociocultural y económico. Además, los cambios requieren diagnósticos precisos y alternativas pedagógicas plausibles, bien comunicadas, mejor soportadas y acompañadas con sensibilidad.

Los diagnósticos del nuevo gobierno federal todavía no los conocemos, porque apenas se instala, aunque ya se han hecho públicas buena cantidad de ideas e iniciativas, unas más o menos sustentadas; otras, insolventes.

En los diagnósticos de la educación en México hay desafíos inapelables. Sylvia Schmelkes, consejera del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), expuso una parte de ellos durante su participación en el panel “Los retos de la educación frente al nuevo acuerdo educativo”, realizado en el arranque de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En su conjunto, podrían agruparse en torno al derecho a la educación: el primero o uno de los primeros grandes pilares para cualquier transformación estructural del sistema educativo.

El siglo transcurrido a partir de la fundación de la Secretaría de Educación Pública, en 1921, atestiguó progresos extraordinarios en el sistema educativo nacional, cuyo tamaño lo convierte en el tercero más grande de América, después de Estados Unidos y Brasil. De una población abrumadoramente analfabeta, transitamos a más de 35 millones de alumnos de preescolar a la universidad, aunque prevalecen enormes zonas oscuras.

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El INEE en Colima

Dos son las preguntas recurrentes sobre el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). La segunda, qué hacemos en Colima. La respuesta depende del tiempo y circunstancia, el interrogador e interés. A continuación, una respuesta breve al cuestionamiento.

El INEE es un órgano constitucionalmente autónomo, cuya actividad genérica es la evaluación de la educación, con la finalidad de contribuir a que se garantice el derecho a la educación de calidad con equidad para todos en el país. Ergo: no se evalúa por evaluar, aplicar exámenes y emitir reportes.

El cometido que los legisladores en 2013 le adjudicaron al Sistema Educativo Nacional, y al INEE, es imposible de alcanzar en un periodo corto. La lección universal es clara: transformaciones genuinas en los sistemas educativos no son factibles en un sexenio o una década. Lo cual no significa que deban esperarse 15 o 20 años, sino que deben realizarse evaluaciones periódicas que ofrezcan indicadores para ponderar avances e identificar dificultades o desaciertos en los actores, en las prácticas, políticas, programas y decisiones gubernamentales.

Al INEE, entonces, le corresponde acompañar ese inapelable desafío del sistema educativo, realizando evaluaciones, produciendo información y recomendaciones de política, pero no es responsable de ejecutarlas, pues es facultad de las autoridades en la federación y entidades. De la Reforma Educativa derivaron los compromisos que debe cumplir el INEE y que nosotros, en las entidades, operamos en coordinación con autoridades educativas y escolares, con profesores, estudiantes, padres de familias y organizaciones sociales.

En 2017, en Colima realizamos 4 proyectos: Evaluación de la Oferta Educativa en preescolar; dos operativos del Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (Planea) en educación media superior y secundaria, y una prueba piloto de Planea en preescolar, que posteriormente aplicamos en 2018. En este año, además de Planea preescolar, realizamos el correspondiente a primaria; coordinamos dos evaluaciones internacionales y en unos días Evaluación de la Oferta Educativa en secundaria.

En cada proyecto preparamos una estrategia sobre la muestra definida a nivel central, buscamos personas adecuadas para las funciones de cada equipo, las entrevistamos, reclutamos y luego capacitamos. El tamaño de los equipos depende de la muestra: hemos tenido operativos con más de 100 personas y otros con 3 u 8.

Aplicados los instrumentos, digitalizamos, ordenamos y remitimos para su análisis estadístico a oficinas centrales. La siguiente es la parte más interesante, desde mi punto de vista. Recibimos un reporte nacional y el correspondiente a Colima, y preparamos una estrategia de difusión y análisis con los actores implicados, así, antes de que los conozcan por la prensa repasamos con ellos qué indican los datos y qué tendríamos o podríamos hacer.

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La otra caravana de migrantes

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) tiene como tareas principales la evaluación de los componentes, procesos y resultados del Sistema Educativo Nacional; regula también la evaluación que otras instancias realizan y produce directrices que contribuyan a la mejora de la educación articulando calidad y equidad. La última, sin embargo, es una de las dimensiones menos conocidas e insuficientemente difundida.

La emisión de directrices proviene de la reforma al artículo tercero constitucional, que confirió la autonomía al INEE, creado en 2002. Se las define como recomendaciones para mejorar las políticas educativas orientadas a garantizar el derecho a una educación de calidad para todos. Se elaboran con los resultados de evaluaciones, de la investigación educativa, la revisión de acciones gubernamentales en la materia, así como la consulta a los actores implicados en cada tema: docentes, autoridades, investigadores, alumnos, organizaciones de la sociedad civil y padres de familia.

Los cinco conjuntos de directrices que ha emitido el Instituto hasta hoy tocan áreas cardinales en el sistema educativo: dos están enfocadas a la formación inicial de maestros y al desarrollo profesional de los docentes en ejercicio. La premisa es sencilla: no hay sistema educativo bueno sin buenos profesores; o, en otras palabras, la calidad de la educación en un sistema escolar depende, en gran media, de la formación y compromiso de sus maestros.

Las directrices que aparecieron como número cuatro, que promueven la permanencia en educación media superior, exponen la crudeza del enorme socavón que devora cada día del año escolar a 3,850 alumnos, expulsados de los bachilleratos en el país.

Las restantes tocan otras áreas delicadas del sistema educativo nacional, habitualmente oscuras o invisibles, lejos de las decisiones más trascendentes de la política educativa y destinatarias de magros presupuestos y programas: los niños y adolescentes hijos de jornaleros agrícolas migrantes y los niños indígenas.

Las “Directrices para mejorar la atención educativa de niñas, niños y adolescentes de familias de jornaleros migrantes” se anunciaron el 2 de agosto de 2016; las “Directrices para mejorar la atención educativa de niñas, niños y adolescentes indígenas”, el 27 de enero de 2017. La exigencia se impone: no hay posibilidad de construir un sistema educativa de calidad con equidad, sin que todos los niños y adolescentes en el país tengan posibilidades efectivas de ingresar a la escuela, permanecer con regularidad y culminar con aprendizajes mínimos.

No abrumo con datos. Solo ilustro: en el caso de los hijos de jornaleros agrícolas migrantes, el INEE calculó entre 279 y 326 mil el número de niños en edad escolar, pero de ellos, solo entre 14 y 17% estarían en la escuela. Con los indígenas, que suelen ser los mismos jornaleros agrícolas, la situación empeora. Resumen: los más pobres entre los pobres reciben la peor educación.

Hay un imperativo democrático, ético y político: visibilizar esa enorme caravana, los millones de personas, niños y adolescentes jornaleros agrícolas migrantes e indígenas, con políticas específicas y presupuestos suficientes. Sin atenderlos en condiciones dignas dentro del sistema escolar, no existe educación de calidad con equidad; ella solo será si cubre a todos, incluidos los que hoy son invisibles.