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Entradas con las etiquetas ‘Violencia escolar’

La pandemia anunciada

Si uno había seguido con algún detenimiento la evolución del COVID-19, primero en China, luego en el mundo, era inevitable que la propagación se expandiera con la velocidad y morbilidad con la que está ocurriendo. Y lo era, también, la declaratoria oficial de “pandemia” por parte de la Organización Mundial de la Salud. Hoy se oficializó y yo, desde la ignorancia, supongo que entramos a una nueva etapa frente al coronavirus. Exactamente no sé qué signifique. Rezar no puedo, ni sé, pero espero que salgamos bien librados y podamos contarlo sin rictus de pesar.

¿Cuánto sabemos y cuánto nos siguen escondiendo? ¿Llegará a México con la misma intensidad que a España o Italia?

En los países altamente desarrollados, pongamos Alemania, por ejemplo, las predicciones sobre las persona que podrían resultar infectadas, aun asintómaticas, son brutales, y un bofetazo a la soberbia de la especie humana. ¿Aprenderemos las lecciones?

¿Epidemia local?

El lunes en la Universidad de Colima, hoy en la secundaria Enrique Corona Morfín, hubieron manfestaciones para denunciar actitudes de profesores (alguna profesora en la Universidad) que incurrieron en comportamientos de acoso. Como bola de nieve ya empezó a rodar lento y amenaza con aplastar a algunos docentes de comportamientos deleznables. Ojalá haya justicia, derivada de averiguaciones profundas en cada caso. Ojalá, también, sea un mensaje para quienes no terminan de entender la delicadeza de un trabajo como el del educador.

Diario de viaje

Aproveché las horas de espera en los aeropuertos de Buenavista y Ciudad de México para leer y tomar notas. El lunes envío el primer artículo para El Diario de la Educación y el tiempo es justo para comenzar a escribirlo, revisarlo, corregirlo y luego dejarlo en pausa por algunas horas para la versión final.

En la llegada al hotel, luego de comer y conversar con las anfitrionas de la Preparatoria 8 de la Universidad Autónoma de Nuevo León, abrí las cortinas de mi cuarto, piso 15, para mirar la ciudad y empecé a teclear en la computadora. Terminé pronto, con un sabor de boca ingrato. El tema es la violencia en las escuelas y la capacidad de resolverla, entre otras razones, por las dificultades para comprenderla.

No elegí el tema; me atrapó, por los sucesos en el Colegio Cervantes de Torreón. Entre las notas, encontré un hecho que ignoraba. Cinco días después hubo otra agresión en una escuela secundaria técnica de Calpulalpan, Tlaxcala. La víctima, una maestra; el agresor, un estudiante de 13 años, a quien habían expulsado por encontrarle navajas. Los comentarios fustigaban la decisión de que los responsables de la operación mochila sean maestros.

La historia seguirá dando materia para otras páginas, por desgracia.

Monterrey, N. L.

Advertencias: violencia en escuelas

El incidente ocurrido en el Bachillerato 1 de la Universidad de Colima en el cual, como se recordará, explotaron materialmente una taza de los baños, era una señal preocupante por el mensaje y lo que pudo provocar con gente cerca. Eso no fue broma, y si lo intentaron, nadie en juicio sano puede sonreír ni un poquito. Hoy la cosa empeora: esta mañana Diario de Colima publica la nota sobre un niño de tercer grado de primaria que presuntamente extorsionó a sus compañeros con una navaja. A juzgar por el anónimo entrevistado, el responsable tendría entre 8 y 9 años.

Aunque la nota precisa responsabilidades, más nos valdría no tirarla en la bolsa de las notas escandalosa. Hay un fondo para analizar. La columna de El Santo hoy en “El Universal” retoma datos del INEGI y afirma que en México el 35.82% de los niños en primaria y secundaria “se han involucrado directamente con la violencia social on line”.

Los hechos de Colima son advertencias para interpretar y actuar con inteligencia y firmeza. Somos muchos los implicados: familias desatentas o superadas, maestros y directores desafiados a actuar en contextos inéditos, niños sometidos a una violencia simbólica y material como tuvimos jamás, y un contexto en donde los muertos ya se volvieron tan cotidianos como la canícula y las nostalgias por el Colima de tarjeta postal.

Los medios informativos también tienen una responsabilidad. La misma nota del niño de la primaria, recortada, se publicó en un portal noticioso, pero la foto que acompañaba era de otra escuela. De ese tamaño es la flojera o el profesionalismo magro; total, son escuelas las dos, razonarán (sic) en el medio.

El mundo nunca fue una isla maravillosa rebosante de paz y amor, pero la facilidad e instantaneidad de las comunicaciones propicia que al mismo tiempo se pueda presenciar en vivo o instantes después, el incendio de un edificio en Londres o el asesinato de un político en un museo, los ataques terroristas en Europa, los tiroteos semanales en Estados Unidos o el lanzamiento de misiles de los Estados Unidos hacia sus objetivos de turno.

Y Colima ya no es ajeno a esa realidad. Las ejecuciones en vías públicas y horas de tráfico se instalaron en la normalidad. Mantener a la escuela lejos de esos fenómenos es misión extremadamente complicada. Las escuelas no son islas pacíficas en archipiélagos violentos.

Todos somos responsables, unos más que otros, ciertamente. Es hora de cumplirlas o por lo menos de intentarlas, lejos del escándalo mediático o el vocerío demagógico.

 

Foto: Aeromar

 

Violencia social y escolar

Leo en la prensa una nota estremecedora. Solo el encabezado me dejó más frío que el frescor de la lluvia en mi ventana abierta. Un niño de siete años muerto; la causa aparente: el bullying  de sus compañeros en una escuela primaria de Jalisco. La muerte casi siempre es una mala noticia, pero cuando la víctima es un niño, en las circunstancias supuestas, el hecho adquiere dimensiones escalofriantes.

De la nota leída en el portal de noticias AFmedios no quiero hacer juicios concluyentes porque no es un expediente legal, ni puedo juzgar en la materia. Los indicios revelarían, según la nota, que el niño fue sumergido en el retrete de su escuela provocándole una invasión de agua en los pulmones. Los juicios al respecto son responsabilidad de cada uno.

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