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El fugaz oasis latinoamericano

Posted by Juan Carlos Yáñez Velazco

Cuando América Latina se tiñó de izquierdas, sobre todo en el Sur, muchos nos entusiasmamos por una renovación ideológica que consolidara democracias y progresos sociales. Lula en Brasil, Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, Hugo Chávez en Venezuela y Pepe Mujica en Uruguay parecían un póquer espectacular de liderazgos que también se miraban con entusiasmo desde Europa. A ellos se sumaban el boliviano Evo Morales, indígena y líder de los productores cocaleros, y Michelle Bachelet, la primera presidenta en Chile.

Fue un oasis emocional efímero. Mis simpatías se desmarcaron pronto del que menos me despertaba: el venezolano. Luego las cartas se fueron cayendo. Los escándalos de corrupción alrededor de Lula lo debilitaron, aunque habría de renacer porque la incompetencia y brutalidad de la derecha es incomparable. El péndulo argentino cobró factura y después del matrimonio Kirchner/Fernández llegó Mauricio Macri (desde la dirección del club de fútbol Boca Juniors y de dirigir empresas familiares) a gerenciar el país de las fisuras. Al exguerrillero uruguayo lo seguí admirando hasta el final de su gobierno y de su vida, y me parece ejemplo de cordura y coherencia democrática.

A la muerte de Chávez se abrieron interrogantes sobre el sucesor. Se profundizaría la revolución bolivariana, lo que sea que eso signifique, así como también se enardeció la oposición a sus políticas. María Corina Machado siempre me dejó dudas y nunca compré sus banderas, más allá de la necesidad de democratizar a un país cuya población empezó a migrar y no por el gusto de vacacionar o cambiar las arepas por otras gastronomías. Pero los venezolanos tienen derecho a elegir lo que sea que ellos consideren, o a quien quieran, como han reclamado. No seré yo quien diga tal o cual cosa al respecto. ¡Faltaba más!

María Corina Machado obtuvo el premio Nobel envuelta en una polémica mundial por sus logros y medios. Todas las derechas aplaudieron y algunas humillaron. A mí me parecía temerario, aunque ya cualquier resultado puede esperarse de esa institución fundada con fines honorables.

Obligado a fijar postura, diría que la distinción a la señora Machado no fue una buena elección, pero eso pasó a segundo término cuando regaló su premio al presidente de los Estados Unidos (propagandista del odio y la destrucción del diferente, enemigo de la paz) y reconfirmó el error, certificando que vivimos en una realidad loca de atar. O como la calificó Martín Caparrós, el periodista argentino: un mundo estúpido.

 

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