El 19 de septiembre de 1921 nació en Recife, noreste brasileño, Paulo Reglus Neves Freire, conocido en el mundo educativo como Paulo Freire. Es la figura más connotada de la pedagogía latinoamericana y uno de los educadores principales del siglo XX.
El nombre de Paulo Freire es controvertido, como incordiante fue su vida para los gobiernos autoritarios que lo persiguieron o acosaron en Brasil, incluso muerto. En México su pedagogía inspiró durante décadas el proyecto del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, pues en ese campo hizo el primer gran aporte con una campaña alfabetizadora de extraordinarios resultados en 1962, cortada de tajo por la dictadura instalada en 1964.
Paulo, abogado de formación, abandonó pronto esa carrera para dedicarse de lleno al trabajo pedagógico, en distintos países y continentes, entre ellos, Estados Unidos, donde fue profesor universitario y representa una de las influencias más notables de la pedagogía crítica, promovida por educadores de talla global, como Henry Giroux y Peter McLaren.
El legado pedagógico de Paulo Freire es una referencia intelectual, política y pedagógica en buena parte del mundo occidental, aunque muchas veces más comentado o denostado que estudiado con seriedad.
En el marco del aniversario de su nacimiento, un grupo de educadores coordinamos una obra conmemorativa titulada Paulo Freire: un símbolo de esperanza contra la barbarie humana, publicada en Brasil por Edições Hipótese, de acceso libre y descarga gratuita. Los organizadores, Milagros Elena Rodríguez (Venezuela), Ivan Fortunato (Brasil) y José Gregorio Lemus Maestre (Venezuela), reunimos ocho capítulos de colegas de distintos países y un epílogo.
En el prólogo, cada uno de los organizadores escribimos un texto con la visión personal para reivindicar la pertinencia de seguir leyendo críticamente a Paulo Freire. Aquí les comparto el pasaje final del mío.
Hoy, en tiempos de barbarie e incertidumbre, Paulo nos ofrece pistas para la agudeza crítica sin perder la esperanza, una necesidad ontológica para no perecer, sobre todo, quienes nos dedicamos al oficio docente. Si debemos enumerar las razones por las cuales vale la pena continuar su lectura, de manera breve, aquí las dejo:
Porque nos enseña a pensar antes que a repetir.
En una época saturada de información, Freire recuerda que educar no consiste en acumular respuestas, sino en aprender a hacer mejores preguntas.
Porque devuelve dignidad al diálogo. Frente a la polarización, el insulto y la prisa, su obra muestra que comprender al otro no es rendirse, sino condición para transformar juntos la realidad.
Porque creyó en la posibilidad de cambiar el mundo. Cuando el cinismo parece más fácil que la esperanza, Freire propuso una esperanza activa: no esperar que las cosas mejoren, sino actuar para transformarlas.
Hay una cuarta razón: leer a Paulo Freire no es un ejercicio de nostalgia pedagógica; es una forma de preparar la inteligencia y la conciencia para un tiempo que necesita menos ruido y más humanidad. Que interpela nuestro oficio pedagógico y nos convoca a la tarea de luchar por el ser humano.
Posdata
Para los interesados el libro se encuentra disponible en el siguiente enlace:
https://drive.google.com/file/d/1aa_TPnbYuAtwA07QhoI9kvYExabjZee2/view?usp=sharing
