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ENERO 4

Primer domingo del año

Comencé a leer El arte de escribir bien en español. Manual de corrección de estilo, de María Marta García Negroni, Laura Pérgola y Mirta Stern. En las primeras páginas se abordan temas sencillos que, creo, domino en un nivel básico. Probablemente, con el avance de los capítulos encontraré otros niveles de dificultad. En el oficio docente sirven esta clase de lecturas, para nuestro dominio y por los estudiantes. El de la escritura, como la lectura, es otro síntoma de la crisis de aprendizajes en nuestras escuelas, y de la sociedad volatil que vivimos. Aunque las quejas son generales, las soluciones o las estrategias para encararlo en niveles universitarios, escasas. El problema, siendo grave, es tierra de nadie. Pero no vendrían mal a otros profesionistas de la palabra oral y escrita: periodistas o comentaristas, por ejemplo. Usuarios constantes y, muchas veces, dañinos del idioma.

Cavafis

Desconozco si en las religiones o doctrinas tenga significado nacer y morir el mismo día, unos años después. Es el caso del atormentado poeta griego Constantin Cavafis, o Kavafis. Nació en 1863 y murió el 29 de abril, siete décadas después. Leo ahora su poesía completa, obra a cargo de Pedro Bádenas de la Peña. Iré poco a poco, intercalando sus páginas con otros libros y distintas tareas. De los primeros poemas leo:

Teme, alma mía, la grandeza.

Y si no puedes vencer tus ambiciones,

con cautela y precisión secúndalas.

Cuanto más adelante vayas,

estate más atenta y avisada.

Chesterton

He terminado con sonrisas la trilogía de G. K. Chesterton. Volveré.

Escuelas en vacaciones

Entre el departamento y el quisco de la esquina hay dos escuelas, una de preescolar y otra de primaria. Mi hijo y yo, camino de regreso, vamos por su acera. Se detiene un momento y dice: papá, esta escuelita es bonita. ¿Te gusta?, le pregunto mientras giro la vista a la derecha. La vista es desagradable. Responde concreto: sí. ¡Ah, qué bien! No sé qué ve, cómo interpreta el paisaje ante sus ojos curiosos. Sé lo que veo. Y me molesta, o apena. O ambas sensaciones. A la permanente capa de polvo que se posa en las calles del Manzanillo real (el que se camina, y no el de los grandes hoteles), y que penetra todos los resquicios, se suman las hojas secas de los arboles de las escuelas y del entorno, las telarañas del cerco perimetral, los montones de basura acumulada por el viento, las bolsas de desperdicios que nadie puso en el sitio correcto, la mierda de los perros por todos lados invadiendo la nariz. El paisaje es de abandono. Consideraciones sindicales aparte (siempre solucionables), estoy convencido que las escuelas nunca debieran estar sucias, en estas lamentables condiciones, ni siquiera en vacaciones.

 

Primer fin de semana del año. Primer fin de semana sin fútbol.

INICIOS FELICES

El inicio de año sonríe. ¿Augurio del porvenir?

Esta mañana leí un mensaje de AZ. Revista de Educación y Cultura. En mi carácter de miembro del consejo editorial me informan algunos números del balance anual: crecimiento de la revista y el portal. La expansión es notoria, y la buena noticia me alegra. Además, me enteran que el número mensual, primero del año, incluye artículo de mi autoría.

Hace pocos días recibí un par de ejemplares de la revista del Centro Universitario de los Valles en la Universidad de Guadalajara, en el cual se publica otro artículo mío. Tenerlo en las manos es gratificante.

Ambas noticias me regocijan. Y me seguirán alegrando por unas horas. He visto el número de la revista “Tecnología, Cultura y Patrimonio”, y ahora leo el ejemplar de la revista AZ. Una y otra vez los hojeo. Es un vicio efímero. Luego les busco el sitio correspondiente y doy vuelta a la página, en busca del nuevo proyecto. Pero comenzar así, con noticias estimulantes, es buen principio.

Remodelaciones sin modelo

He recorrido sin prisa las calles del centro de la ciudad donde vivo. Fueron remodeladas hace poco y su resultado mereció titulares en la prensa local y aplausos en redes sociales para el gobernante municipal. También celebro la intención de embellecer la ciudad, o una parte de ella, aunque las intenciones no siempre bastan. Es el caso, por lo menos desde mi punto de vista. Esperaba algo más espectacular, a tono con los elogios que, sinceramente, ahora me parecen desmesurados.

Mientras transitaba las calles busqué en la memoria cuánto costó la obra. No recordé la cifra. Tampoco la buscaré después. Le estoy dando vueltas a la idea de escribir sobre la presencia (quiero decir, ausencia) de las universidades públicas en las obras públicas de este tipo. Ya estoy cocinando algunos párrafos. Me servirán para el artículo periodístico semanal.

 

 

 

 

 

 

TOMANDO RITMO

El profesor como ser humano

 Leo Profesores: vidas nuevas, verdades antiguas. Una influencia decisiva en la vida de los alumnos, escrito por Christopher Day y Qing Gu, profesores de la Universidad de Nottingham. El profesor Day es un reconocido experto en desarrollo docente, al que antes he leído y del cual tomé ideas en distintos momentos.

El libro reúne evidencias basadas en investigaciones propias y de otros autores, acerca de la influencia de factores críticos en el desempeño docente, su bienestar y el rendimiento de los estudiantes.

Una de las ideas centrales es que los profesores son afectados en su ejercicio profesional por sus problemas personales. No obstante las conclusiones de los autores, a las cuales uno puede llegar o ampliar después de una pausada reflexión, tengo la impresión de que esa frágil condición del profesorado es irrelevante o inexistente para los tomadores de decisiones. Lo afirmo por experiencia y porque me parece que en tiempos de premuras y burocracias, al profesorado se le trata como proletariado, en el peor sentido de la palabra, esto es, como empleados a los que se les paga para obedecer y callar. Sus problemas son eso, suyos, y las políticas educativas no construyen liderazgos efectivos para respaldar a los docentes, ni climas laborales inspiradores.

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PÁGINA UNO

Página uno

Esta es la primera página del reto: la escritura de un diario a lo largo de 2015. Desafío al mismo tiempo que divertimento. Ocasión para compartir trozos de lecturas de libros o revistas, andanzas entre periódicos, música, observaciones y algunas conversaciones.

En algún momento de cada día abriré las hojas del cuaderno que cuidadosamente elegí para la encomienda y con pluma fuente dejaré mis impresiones o, como ahora, escribiré directamente en el teclado. Cada uno de los objetos está en su sitio, expectante y curioso.

Advierto que la tarea será descomunal, por la exigencia cotidiana e intentar algo más que futilidades estrictamente personales. El tiempo que me consumirá no es problema. Sí lo serán las otras dificultades de la vida mundana, pero ya veremos.

No me pasa por la cabeza cesar en el intento, pero si es imposible escribir un día, regresaré al siguiente.

Cada página será un intento de observar mejor, leer más y afinar todo lo posible las palabras.

Una razón y media animan este experimento, si los científicos me permiten la palabra: usarlo como un cuaderno de ejercicios y prácticas de escritura y, tal vez, como la memoria que algún día alguien podría escudriñar para reconstruir el periodo desde una mirada personal.

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