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PREGUNTAS AL VACÍO

Lluís Pastor, académico de la Universitat Oberta de Catalunya, escribió: “El método del periodista consiste en contrastar hechos y consolidar verdades para ofrecer al público una información que se aproxime lo mejor posible a la realidad. Y este método está basado en el conflicto porque hay que contraponer visiones, hechos y argumentos de personas que dan exclusivamente por buenos los suyos”.

Si compartimos la afirmación de Pastor, entonces, preguntémonos: ¿qué es esto que, en nombre del periodismo, se hace en Colima y consumimos los ciudadanos?

¿Qué clase de periodismo se teje sobre la base de declaraciones, comentarios a las declaraciones y comentarios de los comentarios de las declaraciones?

¿Qué clase de periodismo, es decir, qué calidad de periodismo se forja allí donde los periodistas no indagan hechos, no caminan las calles, no hurgan en documentos, no cruzan datos e información, no contrastan?

¿Es periodismo o es tertulia con el pretexto de las noticias, es decir, de las declaraciones?

SEPTIEMBRE 25

Mientras el gobernador ya anuncia los “Logros y resultados” de su sexto informe (por suerte, último), cada día de los más recientes amanecimos con uno o dos ejecutados. Para colmo, hoy leo en “Diario de Colima” que habrían asaltado una de las unidades de transporte público que cubre la ruta Colima-Tonila; los tonilitas, como los conocemos quienes los hemos usado.

La ola delincuencial va creciendo en Colima y la tranquilidad se esfumó hace rato.

Personalmente no lo constaté, pero me cuentan que el centro de Colima capital es territorio de asaltos a negocios y ahora se pueden ver hombres de seguridad contratados por los comerciantes. Quejas en medios sí he leído, y confirman las apreciaciones. Si esto es verdad, la cosa pasó a extremos inéditos.

No sé si el cambio de gobierno podrá dar señales inmediatas de atención a estos problemas; lo que ya no tiene discusión es la probada ineficacia (dejemos para los juzgados la sentencia por los presuntos delitos) de los hoy responsables, ni su descrédito o desprestigio.

No festino la deplorable situación que vive el estado de Colima, tampoco el triste final del mandato del gobernador. La única vez que hablé personalmente con él, a solas, me pareció un buen hombre, de intenciones honestas. Es verdad, estaba a punto de gobernar Colima.

Seis años después, lo digo con pesar, lamento el balance que la historia hace ya de estos años. No por él, sino por nosotros y lo que costará recuperar todo lo perdido, como la confianza, la credibilidad y la buena imagen de los funcionarios públicos.

EL PAPA EN EL CAPITOLIO Y LOS DIPUTADOS EN COLIMA

En el Congreso del país más poderoso del mundo hoy escuchamos un discurso memorable. Y la expresión ya es tópica desde antes del acto. Podrá haber mejores discursos, más elocuentes oradores, pero junto, difícilmente.

La voz pausada y suave del Papa que llegó del fin del mundo retumbó atronadora. Lo afirma un no creyente, no practicante, no aficionado a las misas dominicales desde el siglo pasado.

Sin estridencias, con un mensaje profundamente político, en tonos casi tiernos, el Papa dictó cátedra. Más allá de religiones y fobias, el hombre, Jorge Mario Bergoglio, confirma que sin prisa pero firme erige una de las personalidades más influyentes de la primera mitad del siglo. Su habilidad fue capaz de acercar extremos otrora irreconciliables, como Estados Unidos y Cuba; o coadyuvar al acercamiento entre las FARC y el gobierno colombiano.

Lo que hoy vivimos es un pasaje que recordará la historia dentro de muchos años. Lo que pasó adentro, frente al Congreso, donde algunos diputados no pudieron esconder el llanto, o afuera, con el impresionante gesto simbólico de dirigir un mensaje desde el corazón político de los Estados Unidos en español. Sí, en ese idioma que hoy la virulencia de Donald Trump ha vuelto pecaminoso para millones en ese país. Pues allí, el Papa argentino sin contemplaciones saludó en la lengua cervantina. ¿Alguien duda del valor enorme de esos dos minutos?

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ESCRACHES EN COLIMA

EscrachesEn Argentina leí por primera vez una nota informativa sobre el escracheo a personas de la política. Argentinos y extranjeros fueron víctimas. Entre las escenas que vi por televisión, las más recordadas son las del juez español Baltasar Garzón, en un auditorio de la Universidad de Buenos Aires.

Para la Real Academia Española “escrachar” significa romper, destruir, aplastar; tiene una segunda acepción: fotografiar a una persona.

Wikipedia es más explícito y didáctico. Explica que surgió en Argentina en 1995, contra la impunidad de los genocidas liberados por el indulto de Carlos Saúl Menem (foto inferior). Lo define así: “Es un tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar”.

A Colima llegaron los escraches contra quienes aprobaron el préstamo solicitado por el gobernador. Con variantes, he visto dos, como muchísimas personas, a juzgar por el número de reproducciones de los videos. Los blancos han sido sendos diputados priistas, José Antonio Orozco y Martín Flores.

No es difícil imaginar que vendrán más. La irritación y crispación, acentuadas por ciertas dosis de cinismo, más el escándalo de despilfarro y opacidad, son un caldo de cultivo propicio para ese tipo de protestas.

Ojalá que la virulencia no desencadene en violencia.

Ojalá, además, que los acostumbrados a olvidar recuerden que las verdades no se votan, ni se dictan en parlamentos; se construyen con los hechos y luego, cada cual recoge los restos de su responsabilidad.

Indultos de Menem

OFICIO DE ENSEÑAR 2

Ayer escribí en esta página de las recompensas que el oficio de enseñar nos regala cada cierto tiempo. Lo hice para compartir mi alegría por la publicación de los artículos de dos jóvenes talentosos y prometedores estudiantes de pedagogía. No voy a repetir la historia, aunque conservo el grato sabor.

Hoy me sucedió de nuevo, esta vez con la doctora Mara, María de los Ángeles Rodríguez, colega en la Facultad, quien se acercó para comentarme que quería hablar de mi último libro. Intrigado esperé el momento y conversamos gratamente. Ella había leído y señalado algunas páginas, tenía anotaciones y fue desgranándomelas con honestidad, confianza y la madurez que debe imperar en los espacios académicos como los de una universidad.

Aquí un contrapunto, allá la confesión de un desconcierto por una idea no vista antes, acá un cierto pesar, así transcurrió casi una hora.

La sesión me regaló la satisfacción de saber que alguien lee tu libro, le gusta o discrepa, o las dos cosas. Un aprendizaje valioso e inédito que valoro sobremanera. Un ejercicio que los colegas tendríamos que repetir para enriquecernos y aprender de otras formas de pensamiento.

Lamentablemente pasa que no sabemos qué escribe, investiga o publica el colega que trabaja todos los días a cinco o quince metros de nosotros. Me temo, también, que si no estamos muy interesados en el diálogo con los colegas, algo semejante podría suceder cuando estamos frente a los estudiantes. Y sin diálogo, sin comunicación, la enseñanza se vacía de una buena parte de su sentido.

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