Blog

SOMBRAS Y LUCES 2

Las noticias del desplome del petróleo parecen aterradoras para economías como las nuestras, atadas al antiguo oro negro.

Los precios alcanzaron límites negativos históricos, según cuenta la prensa vespertina que leo en la pausa del trabajo en casa. Muchos adversarios de López Obrador festinan la caída. Se burlan de Rocío Nahle; otros piden detener la construcción de Dos Bocas. El encarnizamiento en redes sociales es el enésimo capítulo de esta batalla campal de desprecios mutuos.

No celebro ni un poco las noticias pésimas para la economía mexicana. No me alcanza la ignorancia para imaginar los efectos que se producirán en los grandes indicadores de la economía nacional y en los pequeños de la vida doméstica. Tampoco para calcular cuánto tiempo costará recuperarnos de esa pandemia de desgracias que nos azotan.

Mi pequeña buena noticia, el envío del próximo libro a la editorial, prefiere esconderse entre los archivos de la computadora; tímida o asustada, tal vez esperando que el sol salga de nuevo y encontremos otras razones para la alegría.

ADIÓS A LAS AULAS

Hoy me enteré por la prensa que las universidades públicas y privadas decidieron no volver a las clases en las aulas. El resto del ciclo escolar será en modalidades en línea. La decisión es un acto de responsabilidad.

El desafío sigue siendo sanitario, por supuesto, pero ahora enfrentaremos también una contingencia pedagógica.

La pandemia será una buena oportunidad para poner a prueba los progresos de las universidades en materia de educación a distancia.

El problema tiene varias aristas. En primer lugar, las condiciones de acceso a las tecnologías y computadoras en casa de los estudiantes; al respecto, las cifras advierten una brecha inevitable que podría profundizarse. En mi Universidad se estima que cuatro de cada diez estudiantes no tienen equipamiento para estudiar en casa.

¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo acercaremos las actividades y contenidos? Seguramente nos informarán en los días próximos.

El otro gran desafío, al mismo tiempo, es pedagógico. No basta con la declaración de intenciones, de que adoptamos tal o cual modelo, o con ofrecer un paquete de herramientas. Si la cosa fuera tan simple, habríamos avanzado en ese sendero hace mucho tiempo.

La tecnología sin pedagogía no funciona, debe quedar muy claro.

El lunes volveremos a las clases. Por ahora, tengo muchas dudas, pocas certidumbres y algunas ilusiones.

SOLIDARIDAD Y APRENDIZAJE EN TIEMPOS DE PANDEMIA

En momentos de crisis afloran emociones y valores latentes o intermitentes. Algunos son positivos, otros no. La pandemia que sufrimos nos ofrece motivos para observarlos, ponderarlos o repudiarlos. Lo he dicho: pasados estos meses, controlada la explosión, porque así será en algún momento, no podemos darnos el lujo de desaprovechar estos meses de dolores y aprendizajes. Sí o sí, debemos salir de la experiencia convertidos en mejores personas.

En estas semanas hemos visto casos infames de profesionales de la salud mal tratados por sus vecinos o en vía pública. Como hemos apreciado, a raudales, en todas partes del mundo, reacciones colectivas e individuales de generosidad, cooperación, solidaridad, amor a los otros…

En esta masiva expresión de buenos sentimientos, de mejores actitudes, coloco la experiencia que viviré mañana. Un taller para aprender sobre el uso de la herramienta Power Point. La historia se cuenta breve: Lucy Nieto, estupenda colega y persona excepcional siempre, ofreció a través de su muro de Facebook dicho taller, sin costo para nosotros, y sin más afán que compartir lo que mucho sabe. Nos inscribimos un montón, supongo, porque tendrá cuatro grupos.

Además de lo que aprenderé con Lucy, respetada y querida universitaria en San Luis Potosí, abriré las ventanas para que soplen en casa esos vientos de generosidad que tanta falta nos hacen siempre, pero que en tiempos de crisis, son indispensables.

FÁBRICA DE SUEÑOS

Esta mañana desperté y abrí el libro Poesía completa, de Jorge Luis Borges. Recorro sus páginas sin prisa, a veces leyendo en voz baja para escucharlo. Entre los poemas que leí hoy apareció “Sueña Alonso Quijano”:

El hidalgo fue sueño de Cervantes

Y don Quijote un sueño del hidalgo.

Es decir, que la máxima obra de la literatura en nuestro idioma es producto de un doble sueño. ¡No está mal, nada mal soñar!

Pensé: ¿cuántos sueños se estarán forjando en estas semanas infinitas de encierro?, ¿cuántas obras maestras de la música, las letras, la pintura… nacerán en las próximas semanas, meses, años?, ¿cuánta maravilla se estará produciendo en las vidas cotidianas mientras vivimos resguardados?

Sí, no está mal soñar aunque estemos confinados, o quizá por ello, y escondernos, de vez en cuando, en la fábrica de sueños.

LUCES Y SOMBRAS

Tal vez tendría que estar tranquilo. Dentro del pandemónium causado por la COVID-19, en Colima los siete casos confirmados ya se recuperaron, según se lee hoy. Es una noticia estupenda, como la información oficial de que no ha muerto ninguna persona en la entidad, condición exclusiva.

Después de la buena, pienso en alguna declaración del gobernador y se me ensombrece el entusiasmo: a falta de pruebas, palabras más palabras menos, no podemos saber si hay más casos. De él mismo, también supimos que Colima no ha recibido [o no había recibido] un peso del gobierno federal para la contingencia.

¿Entonces? Hay luces, pero no dejo de apreciar sombras.

Ayer escribí en este Diario a propósito de una incursión por Walmart y la aparente naturalidad [¿irresponsabilidad?] con que estamos enfrentando el riesgo en la vida cotidiana. Y muchos comentarios se desgranaron en el mismo sentido, o sea, que lo observado en un ratito es común y extendido.

Además de buena suerte, nos acompaña un poco de irresponsabilidad, y eso es pésima noticia.

¡Ojalá la fortuna nos dure mucho más, como recé ayer!