Tercera página

Como algunos de ustedes saben, he dedicado más de dos décadas al estudio de la educación, al ejercicio de la docencia y a la gestión en escuelas, principalmente de la Universidad donde trabajo. Con énfasis distintos, en diferentes momentos, las tres actividades estuvieron y están presentes en mis agendas de estos años. La educación, pues, es profesión y pasión.

En mi peregrinaje por el mundo universitario encuentro muchos alicientes y razones para la inspiración, para seguir creyendo en la poderosa capacidad que tiene la educación, no como sinónimo de escuela, quede claro el lector, sino como proceso intrínsecamente humano, social e inacabado. Tal confesión afirma que no simpatizo con la idea de la escuela como empresa y el alumno como cliente; no dudo en la defensa de la educación como derecho humano y bien público.

Tampoco dudo de mi convicción, aunque sobren motivos para derrumbar optimismos, como ciertos liderazgos magisteriales, ignorancias en autoridades educativas e inocultables fenómenos de corrupción en el mundo escolar. Creo, sin embargo, que Fernando Savater acierta cuando dice que un pesimista puede ser un buen domador, pero no un buen educador. Y más creo en Paulo Freire cuando escribe la pedagogía de la esperanza.

Preguntará el lector a dónde llevan mis palabras. Es hora de decirlo. Dos motivos simultáneos me trajeron a este Cuaderno una mañana de sábado: encontrarme con un amigo a la distancia, virtualmente, argumento válido en sí mismo, e identificarme con sus ideas y suscribirlas también.

Pero Polo, profesor y colega español, de Islas Baleares, dirigente y fundador de la Escola de Mitjans Didàctics, Escuela de Medios Didácticos, es el personaje a que aludo. Singular y extraordinario, como ya he escrito en otra ocasión, contestó así a un periodista: “La educación es importante para que no hay plañideras, sino gente que sepa analizar y dar respuesta. A través de la educación tenemos que intentar que el mundo se parezca cada vez más a aquello que soñamos”.

Aquí cierro el Cuaderno, porque Pere, Pedro, me recuerda en el párrafo que hay mucho por hacer y sólo tenemos el tiempo justo.

Comentarios

  1. Sandra dice:

    me consta su pasión por esta noble profesión, felicidades!!

  2. Balvanero dice:

    Saludos Juan Carlos, verdad es que la eduación es profesión y pasión; agregaría, si me permites algo que te he comentado en alguna ocasión, también es vocación, acaso y por ello sea lo anterior…

  3. Herfher dice:

    La educacion, ciertamente, es un proceso de cambio y precisamente por esto debe ser compartido tanto por el educador como por el educando, para que el primero abra bondadosamente las mentes de sus discipulos y logre hacer participe de su conocimiento y entusiasmo a los que le rodean.
    Pero ademas el educando no debe ser simple receptor de informacion y conocimientos, sino que debe retroalimentar al docente para que de esta forma amplie la informacion y generen junto conocimiento nuevo.
    Este es mi ideal de educacio Maestro Juan Carlos

    • Podríamos discutir si el profesor «abre» la mente del educando o contribuye a que cada estudiante lo haga, pero en definitiva, su influjo tiene que ser significativo; eso es congruente con la segunda parte de tu comentario cuando hablamos del trabajo conjunto para producir conocimiento nuevo.

      Gracias por tu comentario!

  4. Socorro Cervantes dice:

    «La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana, un poco como las grandes actitudes inmóviles de las estatuas me enseñaron a apreciar los gestos. en cambio y posteriormente, la vida, me aclaró los libros» Margarite Yourcenar

    saludos Maestro Yañez

  5. Arthur Edwards dice:

    El desarrollo de un ser humano no se puede reducir a un insumo del sistema productivo…ni de un cliente que recibe un servicio. El ser humano solamente se realiza cuando pasa por un proceso de cambio. Un proceso evolutivo en el cual cambia de perspectiva sobre cosas fundamentales de la vida. Una educación debe no solamente inculcar disciplina y amor académico, sino también inculcar el «como vivir». Vivir con respeto, dignindad, apertura, compasión, generosidad,y un muy profundo conocimiento de la condición humana y nuestra responsabilidad moral y ético de siempre promover todo lo que nos defina y nos hacer crecer como personas de bien.

  6. Arthur Edwards dice:

    Sí, economistas defienden mucho esta vinculación al sector productivo. Tienen cierta razón, pero en mi opinión se pasan. Una educación superior muestra de manera muchas cosas tangibles:

    – que el alumno sabe fijar metas
    – que sabe terminar lo que empieza
    – que tiene carácter para perdurar el calvario del estudio
    – que es capaz de aprender

    y hay muchísimas cosas más. Mi argumento, en fin, es que un número importante de personas nunca ejercen la carrera que estudiaron. El éxito de estas personas se basa en su capacidad de integrar los muchos elementos tangibles/intangibles de manera exitosa al adaptarse a cambios bruscos y constantes. Además, es cierto que personas en la realidad socioeconómica actual cambian de actividades laborales numerosas veces. Parte de la ventaja de estudiar a nivel superior es que te prepara para adaptarte, independiente de los conocimientos y competencias que aprende uno.

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