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El rumbo de la educación superior en México

La semana anterior participé en una mesa de discusión con el título de esta colaboración, dentro del Foro de investigación educativa organizado en la Universidad de Colima por su Secretaría de Investigación, la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado, la Universidad Pedagógica Nacional unidad Colima y el Instituto Superior de Educación Normal, Isenco.

Para la ocasión expuse algunos temas críticos que definirán, a mi juicio, el rumbo de la educación superior nacional. Repaso en resumen, y advierto que en algunas de ellas he insistido en este mismo espacio.

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La agenda educativa básica

Con las diferencias que pudieran derivar de los modos personales, de los programas ideológicos y de las prioridades coyunturales, la agenda prioritaria de la educación en México está más o menos delineada. Amén de las genialidades que puedan ocurrírsele al secretario del ramo (ni tantas ni afortunadas en los años recientes), lo que no se puede dejar de hacer es evidente. Repaso breve.

El derecho a la educación es más un adorno discursivo que una práctica, más un adjetivo que un compromiso hecho realidad para la mayoría de los ciudadanos. Las cifras de analfabetismo, rezago, los ninis, la deserción y expulsión de la escuela son elocuentes: en México no estudian todos los que debieran, no todos los que estudian terminan y, con demasiada frecuencia, la educación para los afortunados es de mala calidad. Cumplir el derecho a la educación es la primera de todas las tareas para el gobierno de turno.

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Confesiones (en clave de Twitter)

Me cansan un poco los autoritarios -y autoritarias- que disfrazan su discurso con palabras huecas y melifluas.

Detesto a los autoritarios que pretenden educar con la impostura.

Me cansan los autoritarios que, micrófono en mano, dictan la última palabra; la suya, por supuesto.

Repudio a los autoritarios que desde el rectángulo de una pantalla pretenden recortarnos la realidad.

Rechazo a los autoritarios (y autoritarias) en la dictadura, pero mucho más a los autoritarios en la democracia.

Me cansan los políticos autoritarios que esconden la cabeza a la hora de las decisiones, pero inflan el pecho en la de acusaciones.

Detesto a los líderes mesiánicos seguidos por turbas de ignorantes y flojos.

Me cansan los autoritarios que construyen gigantes de papel, o enanos de humo… viceversa.

Me cansan aquellos que prefieren a los autoritarios para no pensar, decir ni asumir responsabilidades.

No soporto a los autoritarios que, por serlo, desprecian a los otros, aunque los abracen y besen la mejilla.

Me gusta, en cambio, provocarles para que muestren lo que mal esconde su corteza, es decir, su torpeza.

Me cansan tanto los autoritarios, pero no me cansaré de cansarlos.

Detesto a los autoritarios, por eso no les dejaremos el campo libre.

Me cansan los autoritarios de aquí y allá, pero no tanto como para no combatirles, aquí y allá.

Twitter@soyyanez

Buenas noticias

Recibí un mensaje electrónico de España. Lo escribe Marina, pedagoga a quien conocí durante su estancia de movilidad académica en la Universidad de Colima. Me comparte una buena noticia que quiero extender a ustedes, porque presiento que hay algo relevante que debo contarles.

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La consistencia de los sueños

El fin de semana, lejos de las actividades laborales, regresé a la lectura de una de mis más entrañables compañías literarias: José Saramago. Hace algunos meses no lo frecuentaba. Ahora, que retorno, lo hago con una mezcla de sentimientos; por un lado, alegría y expectación, por otra, cierta nostalgia. La razón es simple: es el último de los libros pendientes de lectura. Se llama “La consistencia de los sueños. Biografía cronológica”. No es en realidad un libro de Saramago, sino sobre él. Lo escribe Fernando Gómez Aguilera, poeta y escritor español, experto en la obra del escritor luso y autor de la recopilación “José Saramago en sus palabras”.

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