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Entradas con las etiquetas ‘Pedagogía del oprimido’

POWER POINT EN LAS UNIVERSIDADES

PPointCon muchas horas de trabajo a cuestas en el día más pesado de la jornada laboral (todos los lunes, no solo este) y algunas ideas para manufacturar mi diario, me dispongo a elegir tema. Antes, paso revista a mi muro en Facebook y encuentro un breve artículo compartido por Arthur Edwards, colega y amigo de la Universidad de Colima. Se llama: Por qué las universidades deben prohibir el uso de power point.

Aquí está mi tema, digo. Algo semejante había leído antes, hace un par de años. Y más de una vez hablé de ello en clase o una conferencia. El autor no anda por las ramas: Power point vuelve estúpidos a los alumnos y aburridos a los profesores.

Las tres razones que convierten en tóxico el power point son sencillas: desalientan el pensamiento complejo, los estudiantes piensan en el curso como un conjunto de diapositivas y desalientan las expectativa razonables.

Evidentemente no caben las generalizaciones. Ni todos los profesores promueven la imbecilidad en los estudiantes usando el power point, ni los alumnos se tragan las diapositivas como pastillas para la diarrea. Pero hay un fondo de verdad: sustancialmente usar power point no nos coloca, como docentes, en ninguna vanguardia pedagógica. El power point (y sus variantes) epistemológicamente no establece una relación distinta entre alumnos-contenido-profesor, al uso del pizarrón para escribir la clase, el modo más común hace algunos años, junto al dictado.

No me atrevería a prohibir el uso del power point, menos en la universidad, donde casi nada puede prohibirse salvo aquello que gravemente atente contra los derechos humanos. Pero sí que pondría en serias dudas la eficacia (y probidad intelectual) de un docente que solo confía en sus magníficos power point.

DIVAGACIONES CON MANDELA (EN CLAVE DE TWITTER)

 

9788466312929Leyendo cierta prensa de mi país en estos días recordé a Nelson Mandela cuando dijo: la prensa es el reflejo oscuro de la realidad.

A pesar de su concepto sobre la prensa, Mandela insistía: pero debemos leerla, para saber cómo piensan quienes nos dominan o lo pretenden.

La idea del líder sudafricano camina a contracorriente de quienes prefieren abstenerse de leer la prensa que no comparta sus convicciones.

Es parte de una cultura política intolerante y cerrada al diálogo, donde sólo se lee o escucha a quienes piensan igual.

Es el caso de los políticos o gobernantes que ensalzan la crítica y la libertad de expresión: siempre y cuando no sean ellos el blanco.

¡Qué distinto al pensamiento de Pablo Latapí: el que no piensa como yo me ayuda!

Claro: Latapí era un educador, y los políticos… pues eso.

La lección de Mandela es una invitación al estudio, al esfuerzo permanente: para derrotar al adversario hay que conocerlo en sus entrañas.

Paulo Freire nos recordó magistralmente que la educación tiene una naturaleza política, y que hay preguntas obligadas.

Freire invitaba a preguntarnos: por qué se educa, para qué, a quiénes se educa, cómo, pero también, contra quiénes se educa.

Me recuerda a Savater cuando dice: nos educamos siempre, el problema es que los malos lleguen primero que los buenos.

Por cierto, encuentro semejanzas entre el pensamiento y el lenguaje de Mandela y Freire.

Para Mandela seguía vigente el lenguaje proscrito de “oprimidos” y “opresores”, que Freire analiza en “Pedagogía del oprimido”.

 Por ahora, parece que los malos van ganando, pero la otra lección de Mandela es esperanzadora: también puede ganar la dignidad.