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LOS PROBLEMAS DESDE UN TAXI

Posted by Juan Carlos Yåñez Velazco

ÂżSe imagina usted que al tomar un taxi en el regreso a casa o camino al trabajo, en el retrovisor descubre o cree adivinar un rostro conocido que le habla con vivo interĂ©s y le pregunta por todos los temas pĂșblicos que caben en los minutos del traslado?

Algo asĂ­, o parecido, experimentaron algunos habitantes de Oslo al abordar un taxi conducido por el premier noruego Jens Stoltenberg. Su objetivo era sencillo de expresar pero de mĂșltiples implicaciones: “conocer la opiniĂłn de la ciudadanĂ­a sobre los grandes temas”. SĂ­, conocer sus opiniones al nivel de la calle, de lo que opinan los ciudadanos y no solo los medios y los asesores.

A la inteligente maniobra que denota sensibilidad y preocupaciĂłn, no sĂ© quĂ© reacciĂłn habrĂĄ sobrevenido en el nĂłrdico paĂ­s, pero en nuestro caso, si sucediera, se  sentarĂ­a un inconcebible precedente, me temo que lejano todavĂ­a de los mĂĄs extraños delirios de algĂșn gobernante.

Mientras Vicente Fox preferĂ­a no leer las noticias para no amargarse cada dĂ­a, la gran mayorĂ­a de los gobernantes (el propio Fox en su momento, claro) pagan jugosas cantidades con dinero pĂșblico a los medios para que cada mañana, cada tarde, cada noche, y siempre que sea necesario, les repitan, como la bruja de Blanca Nieves, quiĂ©n es el mejor, el Ășnico, el bien amado…  por los tres o seis años que dura el puesto, obvio.

Leyendo la nota sobre el polĂ­tico noruego en el diario “Tiempo argentino”, recordĂ© con una sonrisa (de compasiĂłn por nosotros) las Ășltimas elecciones colimenses, en las que un cĂĄndido candidato confesaba sorprendido que en Colima “tambiĂ©n habĂ­a pobres”, es decir, que desde los suntuosos vehĂ­culos oficiales en que paseaba, y antes, cuando era un ciudadano comĂșn, no habĂ­a visto jamĂĄs esa clase de gente a sus cuarenta y muchos años.

No se puede juzgar a los polĂ­ticos mexicanos por los hechos de algunos, entre otras razones, porque siempre habrĂĄ peores (hechos y polĂ­ticos), y los juicios correrĂ­an el riesgo de quedarse cortos, para su fortuna y nuestra desgracia.

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