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El oficio de profesor

Cerca de las 7 pm. volví al cubículo luego de dos horas de clase. Cansado por despertar temprano y la labor intensa de la mañana, no tenía ánimo para continuar, aunque la agenda reclame atención. Sin prisa, encendí la luz, revisé la actualización pendiente de la computadora, que ya había concluido, entonces la apagué, guardé mi libro, un cuaderno, los lentes en su estuche azul y la pluma en la mochila gris. Revisé que no quedara nada, ordené los pendientes del nuevo día y puse llave en los cajones del escritorio. De pie, cerré la persiana de la pequeña ventana que mira un pedacito del cielo y los árboles de la avenida. El cielo nublado y algunos gritos en la calle me distrajeron. Entonces pensé que el mío, el oficio de profesor es un privilegio: casi nunca concluyo el día laboral con quejas por realizar un trabajo que no me gusta; casi nunca lamento estar donde estoy, y casi siempre me voy recapitulando que algo salió bien y luego podrá ser mejor. El de profesor universitario, mi oficio, es una fortuna. Habrá quienes lo sufran, y se los creeré; o quien lo maldiga todos los días, incluida la quincena. No es mi caso. No quiero con eso desatar pensamientos torcidos: también tengo malos días, debo realizar actividades que no me gustan, como llenar informes absurdos o planeaciones insustanciales, pero a ese tipo de tareas no les huyo, las mido, las encaro y trato de acabarlas en la primera estocada. Luego a lo que disfruto. Así hoy, como ayer, como casi a diario.

Subidón de emociones

Pasé del paraíso al infierno en pocas horas. Me refiero solo al mundo emocional, debo advertirlo. Probablemente exagero, pero es así como lo viví.

La historia se cuenta breve. Transcurrió la mañana sin incidentes, enfrascado en los párrafos iniciales del capítulo para un libro conmemorativo que ya pinta el semáforo en amarillo; son dos o tres párrafos, pero definitivos para abrir la puerta de la autopista o cerrar la brecha. Salieron bien y así me fui, engarzando ideas nuevas con apuntes previos, hasta alcanzar la primeras cinco páginas.

Una llamada cambió mi ánimo y enturbió la tarde que prometía apacible en el cubículo, revisando la tesis de Sonia y Juan. Fueron cuatro horas de muy mal talante, tanto que debí callarme para no agraviar con mis exabruptos a los niños que me miraban en silencio mientras viajábamos a casa.

Llegué a la reunión de las 16 horas sin humor para participar y deseando salir pronto para comenzar el cuestarriba. Pronto me di cuenta de probables equívocos originados por la infausta llamada. El ánimo volvió a su sitio; el malo, lejos.

Así se me va la tarde, en la soledad del cubículo y con la refrescante lección de no dar por perdido el partido hasta el pitazo final. Ah, y para cerrar con casi broche de oro, terminé de revisar la tesis y estoy a poco de aprobarla. Una tesis menos, una alegría más. Un día recuperado.

Avances y retos en la educación colimense

Otra iniciativa de la Fundación Cultural Puertabierta está a punto de ver la luz. El resultado es un libro colectivo que tiene por título Colima: avances y retos. Educación, primer tomo de una colección dirigida a analizar el presente y perspectivas del estado en la próxima década.

Invitado por la Fundación asumí la tarea de coordinar la obra, con la participación espléndida de un grupo de colegas quienes escribieron capítulos donde repasamos distintos temas, en torno a dos ejes, banderas universales en esta región del planeta: el derecho a la educación y la calidad de los aprendizajes.

La obra se estructura en tres partes: la primera, llamada Panorama, es una mirada al sistema escolar estatal, desde la organización de los servicios educativos, transitando por la demografía, la pobreza y los principales indicadores que revelan logros y desafíos en el cumplimiento del derecho a la educación. Colaboraron conmigo en la escritura Alejandra Meza Anguiano y Angeles Eugenia Salinas Ixta.

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El fútbol también sorprende

El fútbol es una maquinaria poderosa de dinero y negocios, de emociones y fanatismos, de corrupción y belleza. Es espectáculo del ingenio humano y de sus males, como la violencia o la trampa. En la cancha coexisten futbolistas como Diego Armando Maradona desafiando límites, y Claudio Gentile, empeñado en romperle los tobillos, en aquel memorable partido del Mundial España 82. El fútbol: luces y sombras.

La Federación Internacional que gobierna el balompié es una multinacional con más países que las Naciones Unidas y toma decisiones por encima de las justicias nacionales; funciona como una mafia para entregar sedes de mundiales mediante sobornos.

Ese fútbol a veces ofrece ejemplos de dignidad. La misma FIFA colabora a despejar mentalidades retrógradas, como ahora, en Irán, donde por primera vez este jueves las mujeres pudieron asistir libremente a un estadio llamado, paradójicamente, Azadi (Libertad), para presenciar el partido entre su selección y Camboya, eliminatorio para el mundial de Qatar.

No está resuelto el problema de los derechos humanos en ese país; las aficionadas tienen que estar en n sitio aparte y solo se les concede parte del boletaje, pero es un avance enorme. Según “El país” de España, se trataba de la única nación donde las mujeres no tenían esa libertad.

La historia es larga, pero un hecho reciente fue decisivo: la chica inmolada hace un mes luego de colarse a un partido y temer represalias. La presión de la FIFA para eliminar la barrera surtió efecto; ayer las mujeres iraníes sin temores cantaron cada uno de los 14 goles, como hacen todos los aficionados del orbe.

Esta gota de dignidad derramada en parte por la FIFA no borra la historia, pero servirá para que el fútbol siga siendo estandarte en la lucha de las mujeres iraníes por la igualdad.

 

Espacios para el aprendizaje

Ayer estuve un par de horas en la Universidad Multitécnica Profesional, al sur de Colima capital. Fue una tarde de aprendizajes. El motivo: participar en un panel sobre las leyes secundarias de la reforma educativa (que el secretario de Educación Pública no quiere llamar reforma) y sus perspectivas.

Sorprenderá un poco la convocatoria a quienes desconozcan de la citada institución, pues en Colima, nadie más, hasta donde mi conocimiento alcanza, ha convocado a un ejercicio semejante, y eso me ruboriza, pues ninguna de las otras casas de estudio públicas de enseñanza superior hizo algo semejante todavía.

El contenido de las leyes interpela a muchos actores: en primer lugar, al Congreso del Estado, pues tendrán que trabajar en la armonización de la Ley de Educación del Estado, y específicamente a las instituciones que forman profesionales de la docencia y la educación.

No sé si el panel habrá cumplido expectativas o no; si habremos sido suficientemente asertivos, inquisitivos o claros. De mi colega, Martín Robles de Anda, doy fe que sí.

El panel con un tema así en un momento cualquiera será siempre controvertido. No se discuten leyes en abstracto, al margen de posiciones políticas o intereses ideológicos, porque la educación no es asunto angelical. La primera tarea, por lo menos así lo asumo, es estudiar muy bien, tratar de entender y no obnubilarse con pasiones u odios. Si damos ese paso, el diálogo o la discusión valdrán la pena. Diálogar solo con quienes piensan semejante es ocioso, como mirarse en el espejo.