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Terapia intensiva

Después de pasar una Semana de Pascua como en montaña rusa en la Ciudad de México, laborando en el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, en esta volví a experimentar algunas sensaciones semejantes, en sentidos iguales y contrarios. Aquellas jornadas en Barranca del muerto fueron frenéticas, inéditas, lindas; también desoladoras, contradictorias, desconcertantes; esta última ha tenido alguna semejanza en la intensidad del sube y baja emocional.

Ayer tuve una tarde especial, presentando un libro en escenario que jamás imaginé: el Congreso del Estado. El autor de uno de los capítulos, medio enfermo pero feliz, me describía por teléfono sus sentimientos por lo experimentado. No tuve tiempo de disfrutar la experiencia; debía preparar un proyecto para presentar en mi curso de francés hoy. No terminé, aunque intenté todo lo posible.

Hoy, cuando salí de clases, revisé la agenda y entendí que no había tiempo para el ocio. La siguiente semana debo impartir una conferencia y un taller a profesores de preparatoria en la Universidad Autónoma de Yucatán, así que debía afinar los materiales que utilizaré.

Solo a mediodía, involuntariamente, me quedé dormido luego de una larga reunión, tirando por la borda, impensadamente, una reunión con mis compañeros de generación de la carrera universitaria. Desperté tarde, con pesar y como sedado. Vine a mi mesa para retomar los documentos de Mérida y encontré una llamada perdida. Uno de mis más queridos colegas me buscó; no suele hacerlo así, ni en sábado. Le devolví la llamada de inmediato y quise bromear con el saludo, como habitualmente; su tono me heló. Su mamá, a quien vi apenas hace unos días de pie y jovial, de compras, está en terapia intensiva. Respiré hondo, preparé un café y tomé rumbo al hospital, apenas con tiempo de contarles mi pesar y desear que, quienes puedan, recen por nosotros esta noche.

FELIZ CUMPLE…

A los 40 y 13 la vida me sonríe. Con los sinsabores de cada etapa adulta, por supuesto. Estar vivo no es cosa menor; he visto partir al infinito a muchos amigos, de mi edad o más jóvenes, por eso, cada mañana respiro con todas las fuerzas cuando abro los ojos.

¡La existencia es un milagro! Me repito. Entonces, cansado o enfermo, me levanto y empiezo la nueva jornada.

La salud es un privilegio. Esta mañana caminé siete kilómetros sin agitarme ni un poquito, disfrutando el placer del viento en la cara y el silencio de la meditación. Solo por placer del cuerpo y la mente.

Tengo un trabajo que me gusta, hago lo que elegí y tengo el respeto de muchas personas a quienes me importa conservar cerca.

Tengo dos hijos maravillosos, una casa propia, pocas deudas, comida todos los días, una ciudad que elegí para asentarme, un auto que preferiría no manejar, dos ojos que funcionan aceptablemente, un cielo azul, la vista imponente de los volcanes, un montón de libros por leer, algunos por escribir, y tantos proyectos como para llenar mi vida en los próximos años.

En el baúl de las emociones tengo amor, melancolías, pasiones y tentaciones. Tengo sueños, decepciones, y renovadas ganas de volver a empezar en el punto donde algo falló. Tengo casi todo, menos odio o envidia. A nadie, a nada.

Es verdad que cada mañana o cada noche, cuando me miro al espejo, encuentro algo distinto, pero sonrío por encima de las novedades y me acepto sin condiciones.

Empiezo una etapa de la vida y agradezco infinitamente tantos mensajes como me dejaron en este muro.

GRACIAS por las palabras y los afectos, de hoy, de ayer y, en algunos casos, de muchos años.

Un abrazo. ¡Hasta siempre!

La política es un péndulo implacable

Péndulo. Esa es la imagen que me viene a la cabeza luego de las elecciones en Uruguay, un país que parecía estar vacunado contra ciertas tentaciones.

En realidad, los casos paradigmáticos abundan. Pasó en España varias veces en estas décadas, entre PP y PSOE; en México con el triunfo del PAN y el retorno del PRI. En Brasil, luego de Lula y Dilma. En Argentina con los K, Macri y el retorno de una de las interpretaciones peronistas.

Las decisiones populares van y vienen, apuntan a un lado y luego el viento las sopla en sentido contrario. Las decisiones de los gobernantes avivan los fuegos y fueguitos. Uno puede suponer que no hay remedio, que es así, una condición de la democracia y mejor acostumbrarse. Como ciudadano uno puede tener la esperanza que si no le gusta el gobierno que no votó, habrá oportunidad, más tarde o más temprano, de darle la vuelta.

Los que parecen inmortales son los que llegan, se sientan, y de pronto, con la varita mágica de la prepotencia tocando su rabo suponen que su mandato es divino y omnisapiente. Ocurre en los países, en los estados y en las instituciones. Pero siempre, más tarde o más temprano, el viento soplará en otra dirección y los omnipresentes de ayer perderán el halo que creían poseer, y otros llegarán para ocupar su lugar. Siempre.

Misiones de generosidad

He pasado la tarde en Buenavista, Cuauhtémoc, conversando con David Gildo, jefe de la Misión Cultural 61.

Conocí la Misión hace tres meses y durante este lapso estuve el tiempo suficiente para comprender la trascendencia de la obra pedagógica creada por José Vasconcelos hace casi 100 años, y la generosidad de los misioneros que ahí laboran, en condiciones durísimas a veces, sin confort alguno, más cerca del olvido y la indiferencia.

Hemos pasado varias horas conversando, en su espacio, lo menos lejano a una dirección que pueda imaginarse cualquier lector bienintencionado, o recorriendo las calles del pueblo, entre la basura en las esquinas, la mierda de los perros por todas partes y las camionetas que nos saludan al paso.

Ahí, donde la adversidad se enseñorea, gente como David y la maestra Celia, y todo el grupo de misioneros, cada tarde contagian a quienes confían en la Misión Cultural. Las huellas de David están en los grupos musicales que formó en todas las comunidades que lo vieron trabajar diligente y comprometido durante tres décadas.

Una labor extraordinaria que ignoraba, que valoro ahora y contaré en todas partes donde sea posible y necesario.

Avances y retos de la educación colimense

El sábado presentamos el libro “Colima: avances y retos. Educación”, en el campus central de la Universidad Multitécnica Profesional, al sur de la capital. Unas 80 personas estuvieron en el auditorio para escuchar las intervenciones de Salvador Silva, presidente de la Fundación Cultural Puertabierta, patrocinadora del proyecto editorial; Fernando Iván Ceballos, coautor de uno de los capítulos y profesor de esa institución educativa, y la mía.

El libro es el primer volumen de la colección titulada “Colima: avances y retos”, dirigida a pensar presente y futuro de Colima en distintos temas estratégicos, con una perspectiva plural, rigurosa, sustentada en datos e investigaciones, pero accesible para públicos no especializados. Los lectores tendrán el mejor juicio si se cumplió el objetivo.

En cada una de las presentaciones que hemos tenido en distintos espacios y municipios hay expectativa, porque no existe ningún libro que reúna en 200 páginas información básica sobre el sistema educativo colimense, de indicadores principales y temas centrales. Evidentemente, no están todos los temas o niveles escolares, por la complejidad y amplitud del campo pedagógico, pero sí una selección de aquellos que permiten escudriñar los avances y desafíos que tiene la educación en la entidad.

En la semana que inicia tendremos dos presentaciones más y con ellas cerraremos el año, si no sucede algo extraordinario. La primera, el miércoles, en Manzanillo, invitados por la Dirección de Educación del municipio, que convocó a un conjunto de instituciones educativas para participar en la actividad. La segunda, el viernes, en el pleno del Congreso del Estado, organizada por la Comisión de Educación y Cultura.

El libro tiene destinatarios diversos: estudiantes de educación y docencia, profesores, directores, las autoridades educativas, pero también periodistas que acostumbran opinar de temas escolares y quienes diseñan políticas públicas. Queremos ofrecer información y perspectivas, que contribuyan a sustentar juicios y tomar decisiones basadas en evidencias, lejos de los “me lates” y las ocurrencias, de la improvisación o la rutina.

La del viernes es una oportunidad inmejorable para colocar a la educación en el centro del espacio político local, en la tribuna más plural donde se discuten problemas, presupuestos y prioridades. Ojalá sea un encuentro afortunado entre los especialistas en temas educativos y los políticos profesionales, entre quienes miramos con esperanza el acontecer en las escuelas colimenses y quienes deben impulsar el desarrollo de la entidad.

Si el presente de las escuelas es el futuro de las sociedades, más nos vale que empecemos a mirar con detenimiento lo que sucede en los centros escolares, para entenderlas e impulsarlas. De ello depende nuestro futuro.