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Mala hora para la educación superior mexicana

Un profesor dedicado a temas de educación internacional subió a su cuenta de Twitter una imagen con información de los principales diez destinos a los que acuden los estadounidenses para cursar enseñanza superior en el extranjero. Son pocos, aclara, apenas el 1.9. Los países son: Inglaterra, Italia y España, con diferencias menores; luego, Francia, Alemania, Irlanda, China, Australia, Costa Rica y Japón.

¡No está México! Solo un latinoamericano, y eso es revelador de la percepción que pueden tener los jóvenes y sus familias de la vida en México y de nuestras universidades.

No sé si quería ver al país en esa lista, pero no encuentro una sola razón positiva para festejar la invisibilidad.

Luego de eso, me encuentro con otra nota acerca de la complicada situación financiera de nueve universidades mexicanas, las causas de sus quebrantos, los montos de los adeudos y las consecuencias.

Ningún hilo explícito aparece entre ambas informaciones, pero tal vez la segunda explique en parte la falta de atractivo de nuestras universidades para los jóvenes de Estados Unidos.

 

El presupuesto para la educación en 2020

El 20 de noviembre se contempla como plazo límite para la aprobación del presupuesto de egresos de la Federación del año próximo. La fecha, como se sabe, venció el viernes anterior, pero con un artilugio legal la Cámara de Diputados se declaró en receso y “paró el reloj legislativo”.

Se ha escrito y dicho abundantemente sobre las implicaciones, énfasis y recortes del proyecto enviado por el presidente de la República. Las protestas tienen paralizada a la Cámara y las negociaciones entre los sectores inconformes y los congresistas siguen candentes: el pronóstico no es reservado, negociarán; qué y cómo, quedará en las sombras.

De todos los temas educativos en juego me inquietan dos: las reducciones previstas para el programa escuelas de tiempo completo y para la formación de los maestros, a través de la Dirección General de Educación Superior para Profesionales de la Educación (DGESPE).

El primero está proyectado para reducirse en 52 por ciento respecto a lo ejercido el año en curso. Las afectaciones son varias, dos lesionarán a los actores principales del sistema educativo: por un lado, los maestros y maestras que ahora tienen su plaza en una escuela de tiempo completo y que, al no permanecer en el programa, tendrán que dividirse de nuevo, organizarse en dos o tres centros y peregrinar cotidianamente multiplicando su trabajo pedagógico y burocrático.

Por otro lado, al desaparecer muchas de las más de 20 mil escuelas de tiempo completo dejarán de percibir recursos para alimentar a cientos de miles de niños. El impacto puede ser tremendo. Gracias al programa, para esos niños la escuela, además de enseñarles lectoescritura, matemáticas y todas las disciplinas del currículum, también es la alimentadora, el espacio donde los niños eran recibidos con un desayuno y luego con comida. En un país donde más de la mitad de la población vive en la pobreza, el efecto puede ser devastador. A eso debemos agregar distintas evidencias que revelan los buenos resultados que estaban consiguiendo las escuelas participantes en el programa.

Si estas cuestiones contradicen la bandera de la equidad y el combate a la pobreza, el segundo tema refuta el discurso oficial de la revalorización del magisterio. ¿Cómo se puede revalorizar a un gremio cuando se le debilitan los insuficientes recursos? ¿Cómo se fortalecen las escuelas normales escamoteándoles dinero? Está claro que no todos los problemas de la educación, en particular, de las normales, se resuelven con presupuesto, pero hay carencias y problemas que lo reclaman con urgencia.

La austeridad en los recursos públicos es una premisa insoslayable, que debe fortalecerse y depurarse, sin duda, que se aplaude y reconoce, pero no debe ser pretexto para aplicar recortes indiscriminados que castiguen el estratégico sector educativo, menos cuando las evidencias lo avalan.

Más que discursos bondadosos, la escuela necesita fortalecerse, mejorarse todo lo posible, corregirse lo necesario y apoyarse con responsabilidad y sensibilidad. Hoy, tristemente, no lo vemos. ¿Se consumará la desgracia?

Tarde con mi hijo frente al asado

Domingo de descanso sin lunes de labores. Temprano dije a JuanCarlitos: quiero preparar un asado; uno bueno, con asado de tira y otros cortes, pero quiero que estés conmigo en todo momento, que me ayudes a preparar el fuego, la ensalada, y luego, a poner la carne y salarla juntos. Me dijo sonriente: de acuerdo; lo hacemos.

El domingo es espléndido. Hace calor, pero no tanto, y hoy juega México contra Brasil la final del mundial de fútbol sub 17. Un día espectacular para un momento que nunca imaginé.

Comenzó el partido y yo, a la distancia, escuchaba mientras él desahogaba algún grito. El fuego se avivaba con los rezos para evitar el gol brasilero. Un tequila “Alacrán” se desparramó en la copa tequilera. Así se nos fueron los minutos del preparativo. El partido se terminó en el primer tiempo y mi confianza en la victoria creció.

El olor de la carne, el humo, los gritos, las imágenes, todo se mezcló. Lo más didácticamente que pude expliqué a Juan Carlos, señalando cada actividad, cada color del fuego o la carne. Así se nos fueron los minutos y el fútbol nos regaló el grito anhelado, el gol mexicano que canté antes de ver la pelota moviendo las redes.

Luego, ya con los cortes jugosos en la boca lo indeseable se presentó, y el árbitro hijodeputa silbó un penal que pudo no ser. El porterito mexicano casi ataja. El gol precipitó el inesperado final. México perdió en tiempo extra. Juancito y yo cantamos una pequeña victoria.

Sábado de libros en Manzanillo

Este sábado pasé parte de la mañana en la Universidad Multitécnica Profesional campus Manzanillo para presentar Colima: avances y retos. Educación.

Como cada vez que estoy por ese municipio regreso con renovadas alegrías y convencido de que amerita una atención mayúscula en todos los ámbitos, incluido el educativo.

La jornada fue muy agradable. Un auditorio lleno principalmente de estudiantes, con profesores atentos; un comentarista, el maestro Welter, que hizo una estupenda reseña de nuestra obra colectiva y ofreció un panorama completo para los asistentes.

En mi turno hablé de la colección Colima: avances y retos, emprendida por la Fundación Cultural Puertabierta, del libro, por supuesto, de lo que ofrece, y aproveché la audiencia que percibí interesada para enfocarme en cuatro temas donde Colima podría ser un punto de referencia para la pedagogía mexicana. No me extiendo en ellos; seguiré bordando y avanzando en las reflexiones para ofrecer ideas más acabadas.

Al final, aprovechando que algunos asistentes se acercaron para firmar el libro y tomarse una foto, cosa que agradezco encarecidamente, conversé con algunos de ellos sobre sus estudios o escuché sus inquietudes.

Una mañana plácida, completa. Un inicio feliz del libro en la aventura de compartirlo en las instituciones educativas del estado.

El mundo en Twitter

Sigo 907 cuentas en Twitter. La mayor parte son personas; luego instituciones educativas o culturales, medios informativos y periodistas, algunas oficinas públicas y ciertos personajes de la vida política (pocos) e intelectual. Muchos son mexicanos, pero también gente de Argentina, España, Brasil, Uruguay, Ecuador, Portugal, Francia.

Twitter cumple varias funciones en mi uso; de entretenimiento también, aunque principalmente para tener un vistazo rápido (parcial e incompleto, sin duda) a los acontecimientos nacionales e internacionales, en un momento donde falta horas y sobran banalidades donde perderlas; me ayuda a ubicar ejemplares nuevos de libros o revistas, encontrar artículos de colegas sobre ciertos temas educativos, en fin, usos que se podrían resumir en más lectura rápida que escritura.

Casi cada mañana paso por la cuenta y echo una ojeada, aunque puedo prescindir de ella uno o más días sin padecer ansiedad.

Probablemente porque a veces no amanezca del todo bien, me repulsa llegar a mi cuenta y encontrar la polarización cotidiana por razones políticas; y cuando hay acontecimientos como ahora, con la llegada de Evo Morales, la cosa se calienta de tal manera que tomo un té de paciencia y leo algunos de los mensajes enconados de ambas partes; luego de unos minutos, cuando se agota el té, y la paciencia, cierro y vuelvo a lo mío con la triste conclusión de que la cosa sigue igual pero un poquito peor.

Hoy desperté con esa sensación: vivimos dos países distintos. El uno, maravilloso, que nació a la bienaventuranza el 1 de diciembre y será el paraíso terrenal, con seres humanos redimidos por la fuerza del manto sagrado del líder; el otro, un montonal de basura donde se agrupan los corruptos, los conservadores y, de paso, todos aquellos que tenemos un pensamiento o una idea discordante de la biblia política del presente.

Entre amnesias selectivas, estallidos iracundos, insultos por doquier, incomprensión e intolerancia se va construyendo el tiempo de la política en la red social.

Me empiezo a plantear seriamente la posibilidad de una huelga de Twitter por unos días. Nadie me extrañará, y yo, seguramente sumaré minutos para otros menesteres más edificantes.