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Fin de ciclos, comienzo de otros

El lunes envié al editor del Diario de la Educación en España mi última colaboración de este curso; a lo largo de once meses la remití periódicamente, siempre a tiempo conforme al calendario que recibo con el inicio del año escolar español.

Puse por nombre “Lecciones de la pandemia”, un intento de recoger las enseñanzas que podría tomar el sistema educativo mexicano y algunas de sus tareas pendientes en el proceso de creación de lo que han denominado la Nueva Escuela Mexicana.

Concluir un ciclo es siempre satisfactorio. En junio de 2017 recibí la invitación de Pablo Gutiérrez para incorporarme al equipo de colaboradores, con un punto de vista desde América Latina. Sin dudarlo acepté, aunque eso implicaba dejar el Periódico Escuela, donde había colaborado durante varios años, también bajo su coordinación.

En estos tres años escribí más de 30 columnas con temas que he pretendido de vigencia no tan efímera, procurando una mirada más allá de México. Ahora tendré un reposo de dos meses y, si no sucede algo desafortunado, en septiembre retornaré al compromiso y privilegio de una tribuna lejos de casa.

Más de escuelas privadas y pandemia

Mi columna semanal despertó comentarios de directivos de instituciones privadas. Pronto recibí un par de mensajes respetuosos. Agradezco y comparto sus comentarios, que aligeran mi ignorancia.

Me cuentan, por ejemplo, que tuvieron el complicado empeño de no dejarles de cubrir el total del pago a maestros y trabajadores en sus escuelas; que hicieron esfuerzos para continuar: “no hemos parado en investigar, capacitarnos, diseñar e instrumentar plataformas y procesos que nos permitan estar al pie del escenario que se nos presenta”.

Con el propósito de desplegar otras ideas de mi postura, que no cabe en un artículo habitualmente breve como escribo en el espacio semanal, dejo algunos otros párrafos:

No percibo oposición entre las escuelas públicas y privadas; ambas cumplen una función pública y social. No son iguales, evidentemente, pero sí parte del mismo sistema educativo.

Entre las escuelas públicas no existe la preocupación por el pago de la nómina, me recuerda uno de los directivos que escribió. Es verdad. En algunos casos, la escuela privada es una iniciativa sustentada en recursos de una persona o familia y se juegan patrimonio, ofreciendo empleos y apostando a veces en la incertidumbre. No es una cualidad menor.

Las escuelas privadas no son todas iguales, como las públicas; habrá unas con mejores sistemas, organización, profesores, resultados. No caben las generalizaciones.

No tengo pretensión de desprestigiarlas, ni lo lograría desde una columna. Entre las escuelas privadas tengo estupendo amigos que, cuando he pedido, me abrieron sus puertas y apoyaron cuando pedí. Y espero que no cambie.

La reglamentación para las escuelas privadas es laxa, y con la nueva Ley General de Educación continúa siéndolo, pero eso es responsabilidad del Estado, de los poderes ejecutivo y legislativo; a ellos les toca cumplirla.

Que las escuelas privadas tienen ámbitos de libertad para la innovación lo reconfirmo: no tienen un sindicato encima y pueden introducir procesos de regulación del trabajo docente a favor de la innovación. Si un profesor no funciona o actúa de manera indebida, lo pueden resolver de inmediato. Tema de debate, por supuesto.

A las escuelas privadas no asisten solamente hijos de gente que tiene dinero de sobra; me lo han contado madres que hacen esfuerzos tremendos porque quieren ofrecerles la mejor enseñanza posible y destinan recursos al pago de colegiaturas sacrificando otras cosas.

La escuela privada, por sus tamaños, por la disposición que habitualmente tienen sus maestros (cuyo contrato depende en gran medida del desempeño), por el apoyo y exigencia de las familias, podría ser un laboratorio de innovación en un momento donde escasean las respuestas ciertas y no hay recetas.

Mi artículo es, antes que una crítica, una invitación a que las privadas aprovechen sus condiciones y ensayen estrategias innovadoras que enriquezca su labor y al sistema educativo. Para eso se necesitan ideas y valentía; de ambas, no tengo duda, habrá de sobra.

Escuelas privadas y pandemia

Desde hace un buen tiempo sostengo que las escuelas particulares en México son más libres que las públicas. En el nivel superior, la expresión puede ser escandalosa pero es real: son más autónomas –de facto– las privadas que las públicas, porque no dependen del presupuesto estatal ni tienen que ceñirse a las obligaciones abiertas o encubiertas. Su libertad para ofrecer carreras, definir tiempos, planes de estudio, matrículas, costos y contratar profesores no pasa por ningún control externo.

Con la contingencia pedagógica a que obligó la pandemia, la libertad de las escuelas privadas fue mayúscula. La Secretaría de Educación Pública decidió el fin del ciclo escolar y las escuelas privadas, sin control, decidieron continuar y seguir cobrando la colegiatura mensual. ¿Eso es admisible, legal, correcto? Dejo ese tema a expertos en temas jurídicos y contables. Voy al ámbito conocido: lo pedagógico.

¿Qué hicieron distinto las escuelas privadas para concluir el ciclo escolar? No lo sé, confieso mi ignorancia. No he leído una crónica, reportaje o nota periodística que ensalce las virtudes de los programas para continuar el ciclo escolar en las escuelas privadas mexicanas. Ni uno solo. Tengo experiencia con las escuelas de mis hijos, pero no sería válido generalizar a partir de dos escuelas.

Durante la pandemia, en las escuelas públicas han ocurrido cosas extraordinarias. He tenido oportunidad de leer lo que hicieron en escuelas, supervisiones y unidades de servicios de apoyo a la educación regular para mantener la relación entre maestros, familias y niños. Me admira la vocación y el profesionalismo. En contextos precarios lograron, en los casos que conocí, resultados alentadores, no tanto por aprendizajes, sino por esfuerzos e imaginación. Los aprendizajes ya serán valorados en otros momentos.

¿Y las escuelas privadas qué hicieron? Ya dije. No lo sé. ¿Qué harán el próximo ciclo escolar? Esa es mi pregunta por razones profesionales y estrictamente personales. ¿Harán algo distinto? ¿Les alcanzará la imaginación y el coraje para atreverse?

Si no es así, de poco habría servido tanta libertad y la dosis de autoritarismo consentido por los padres y un marco legal más flojo que el peor.

La cueva del cíclope

Anoche comencé a leer La cueva del cíclope. Tuiteos sobre literatura en el bar de Lola (2010-2020), de Arturo Pérez-Reverte.

Paseando en la librería virtual lo encontré, vi la reseña, el precio y creí que valía la pena.

La saga del capitán Alatriste la conocí apenas salía, luego empecé a leer todas sus novelas. Falcó fue la última que compré. Publicó algo más, pero ya no hice mucho caso.

Lo sigo en Twitter y me divierten sus envites temerarios, de kamikaze japonés, confiesa. En su faceta tuitera le admiro sagacidad y rapidez. Honra a sus personajes: cuando no hay opción, lo mejor es batirse y tirar a matar.

Del libro, con más de dos mil páginas, apenas recorrí varias decenas. Lo pasaré bien en este repaso por sus tuits de una década, y los de sus contertulios en el bar de Lola.

Viernes nublado

En la ciudad donde vivo amaneció nublado. Unas gotas me recibieron al abrir los ojos. Observé el cielo y las nubes auguran lluvia; o eso quiero creer. Me gustan los días así, si expulsan al calor.

Como casi todas las mañana dedico unos minutos a leer las noticias más relevantes, a veces solo titulares, en otras, un artículo de opinión y algunas noticias nacionales, locales o mundiales.

Más sombría que la mañana es el ramillete de noticias que encuentro.

Resuenan los ecos de la terrible matanza en Irapuato. Las advertencias desesperadas del gobernador y la Secretaría de Salud de Colima para que la gente se quede en casa porque saben (imagino) que pronto tendrán hospitales llenos. Las acusaciones crecientes al gobierno de México por el ocultamiento de la cifra real de muertos por COVID-19, cuando se contrastan datos de la conferencia vespertina con las actas de defunción. Cifra record de contagios en México ayer. La parálisis económica del país y la región; según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe 2.7 millones de empresas serán liquidadas por la pandemia, unas 500 mil en México, y un pronóstico de caída del PIB de 8 % en el subcontinente El rebrote del virus en Estados Unidos…

Con ese coctel es suficiente. Cierro internet y comienzo la jornada laboral.