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Paulo Freire en la terminal de autobuses

Como parte de mi programa de lectura hoy comencé un nuevo libro de Paulo Freire: Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa. Al escribir en mi cuaderno negro la ficha bibliográfica se volcaron recuerdos: Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2013. Como erupción vinieron imágenes a la memoria. Me invadieron nostalgias. Lo compré en la terminal de autobuses de Retiro, en Buenos Aires. Viajaba a Córdoba o Santa Fe, no lo sé, pero mientras paseaba en los andenes, esperando la hora de salida, me paré en un kiosco de periódicos, que es más que eso, y ahí estaban uno, dos, tres libros de Paulo. A la sorpresa de una escena inusitada en mi país, la siguieron la emoción de ver entre cuerpos semidesnudos de mujeres, revistas juveniles, deportivas y periódicos, un puñado de buenos textos. Pasé del puesto donde estaba al siguiente, de color azul también, y había más, y más en el siguiente. Y cada vez que viajaba a Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Catamarca, me hacía un tiempito para hurgar en los kioscos, sin saber que un mediodía, muchos años después, esa imagen seguiría tan viva como aquella fría mañana de mayo.

Lo que aprendimos con la pandemia 2

La semana pasada, en este espacio, les conté que había invitado a los estudiantes de la licenciatura en Pedagogía del sexto semestre grupo C, de la Universidad de Colima, a compartirnos sus reflexiones a partir de la pregunta que titula la columna: Lo que aprendimos con la pandemia. Aquí va la segunda parte de sus comentarios, mezcla de apuntes pedagógicos, valoraciones personales y hasta dolorosas confesiones. Por eso, y otras razones, sigo creyendo que las autoridades educativas tienen que abrir ojos y oidos para escuchar y observar a los más importantes protagonistas de las escuelas. No es un favor, es un derecho y una obligación.

Brizuela Padilla Jesús Omar
La pandemia nos ha permitido flexibilizar el proceso de enseñanza aprendizaje, desde otro espacio y con mediación tecnología nos obliga a aprender, pero nos da la oportunidad de crear nuevas alternativas y de innovar la forma en que decidimos llevar nuestro ritmo de vida.

Bernardino Cervantes Paulina Guadalupe
En lo personal yo puedo describir a la pandemia como “la situación que me ha quitado todo y me ha enseñado mucho”. Creo que la pandemia me robó mucho, pues yo perdí a mi padre, que ha sido el mayor tesoro que la vida me había dado; perdí la oportunidad de seguir con mis estudios de manera presencial, de realizar mis prácticas en las diferente áreas que pedagogía nos brinda, pero la pandemia me enseñó a valorar a las personas que tengo a mi alrededor, a las clases que los docentes nos proporcionan con mucho amor, al aprendizaje y los momentos felices que nosotros como compañeros podemos compartir, los aprendizajes que adquirimos dentro del aula, por medio de exposiciones, anécdotas e, incluso, por simples charlas que solemos tener antes o después de clase.

Ahora puedo valorar más el esfuerzo de los profesores al planear las clases. La pandemia me ha enseñado a valorar los distintos escenarios de aprendizaje, pues antes disfrutábamos de las clases en el salón, en el patio, en laboratorio, bibliotecas y en estos tiempos todo es en Internet, donde no se disfrutan las clases como antes, donde no nos vemos físicamente, donde, en algunas ocasiones, la mala calidad de conexión nos hace perder el ritmo de la clase.

Cortés Araujo Paola Montserrat
Con la pandemia aprendimos a apreciar realmente la vida, a valorar los pequeños momentos de felicidad y unidad familiar. A saber que lo más importante será siempre la salud, porque sin ella no podemos estar bien. Nos enseñó a conocernos a nosotros mismos más a profundidad y la manera de adaptación que tenemos como seres humanos a los cambios que se nos presentan. A saber que no tenemos seguro nada y puede pasar algo que nos haga volver a empezar o hacer las cosas de manera diferente a como las hacíamos. La escuela también dejó de ser como la conocíamos maestros y alumnos. Tuvimos que ajustarnos a la transformación que sufrimos y adaptar los planes y actividades con ayuda de los medios tecnológicos para llegar a todos los hogares.

Martínez Quintero Nayeli Alejandra
Con la pandemia aprendí que la vida nos puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, por lo tanto, deberíamos vivir cada instante como si fuera el último; agradecer lo que somos, lo que tenemos y demostrarnos amor, mucho amor. En lo personal, el aislamiento social me ayudó a empezar a valorar la compañía y las muestras de cariño que compartía con mi familia y amigos. Extrañar y valorar a mi escuela, a mis maestros, a los compañeros de clase e incluso a las personas que me encontraba por la calle cuando me dirigía a la Facultad de Pedagogía y a quienes amablemente saludaba con un “buenos días”, acompañados de una sonrisa; una sonrisa que hoy no se puede ver con el uso del cubrebocas. Además, aprendí a conocerme, aceptarme, tener paciencia y, en cierta parte, no hacer planes a futuro, pues comprendí que la vida es muy incierta, no sabemos lo que nos tiene preparado el destino.

De Niz Velazquez Dania
Con la pandemia aprendimos a ser más empáticos, a ayudar al otro sin esperar nada a cambio, pues todos nos encontramos en el mismo barco que va navegando hacia un futuro incierto, donde no sabemos quién estará mañana. Aprendimos a valorar y extrañar cada uno de los momentos que vivimos en el pasado, a apreciar y reconocer el gran valor de un abrazo, un beso, del estar cara a cara con nuestros compañeros, maestros, amigos, familia y expresarles lo que sentimos, que claramente no es lo mismo hacerlo frente a una pantalla donde todo es más frío.

Aprendimos la gran importancia de trabajar en equipo para lograr metas y aportar nuestro pequeño pero gran valioso granito de arena para seguir avanzando. Y uno de tantos aprendizajes que hemos tenido en esta época de confinamiento es el de reinventarnos, de buscar lo mejor de nosotros, de probar cosas nuevas que nunca nos habíamos animado a hacer por miedo y que hoy, gracias a eso, hemos roto con esa barreras que nos han enseñado a aprender de todo y de todos.

Gutiérrez Flores Blanca Alejandra
Con la pandemia aprendí a valorar a mi familia, el esfuerzo que hacen mis padres para poder continuar con mis estudios, que aunque no haya trabajo buscan la manera para que no me faltara nada; me demostró en realidad quienes son las verdaderas amistades y que la familia siempre será primero, además de crear hábitos buenos a mi rutina, ser una persona más organizada y solidaria con mis vecinos.

 

Regalos de la vida

Nunca conmemoré el Día del Libro. Intento hacerlo todos los días: los respeto, cuido, limpio, a veces acaricio; los leo con la actitud que corresponde, a veces con fruición, otras con paciencia, explorándolos, con marcador, cuaderno y pluma para tomar notas. Así voy cada día, o casi todos los días. Ahora la fecha es especial.

Este mediodía entregué a Puertabierta el nuevo libro. Se llama La universidad que soñamos. Es un texto que esperó tres años para empezar su proceso editorial; que escribí, corregí, reescribí, rehice, hasta que dos lectores y críticos avezados me dieron el visto bueno.

En este proyecto hay muchísimos días de trabajo arduo, silencioso, y varios buenos momentos. Días felices, como pocos puede haber.

Será un libro distinto en mi cartera. Todos tienen un significado personalísimo, pero a éste le sumo varias razones íntimas, pues tengo la colaboración de mis hijos. Será el primero, deseo, de otros proyectos donde aparezcan sus firmas y genio.

Buenas noticias: el regreso a las aulas

La buena noticia de la semana es el comienzo del regreso de los niños a las aulas en las escuelas públicas mexicanas. 137 escuelas y poco menos de seis mil estudiantes campechanos son la avanzada.

400 días después del cierre por la pandemia, las aulas volvieron a ocuparse. Los edificios fríos y vacíos volvieron a ser escuelas con la vida que les inculcan las voces infantiles.

En las próximas semanas veremos a otros estados integrarse al retorno voluntario. Si el camino es terso, el próximo ciclo escolar todos los días llegarán maestros y niños a las aulas.

Sin embargo, hay riesgos. El control de contagios en las comunidades, pueblos y ciudades es condición indispensable para que las escuelas no se conviertan en foco infeccioso. Sin cuidados, podemos vivir lo que Argentina sufre ahora: que la apertura de escuelas explote los contagios en los grupos de edad escolar.

Colima puede preparar muy bien el retorno aprovechando las lecciones de la experiencia: acuerdos políticos entre autoridades federal y estatal, dirigencias sindicales, padres y madres de familia; un plan de retorno cuidadosamente elaborado con base en evidencias y criterios técnicos; preparación del magisterio sobre los objetivos del regreso; protocolos aplicados y en condiciones de seguridad y una comunicación social eficiente, oportuna y precisa.

La última es una variable mal manejada durante la pandemia en México. Los mensajes de las autoridades circulan de forma tardía, deficiente e imprecisa, engrosando el rumor, desinformación y temores.

Ojalá las lecciones de la pandemia, cuando sean recogidas por las secretarías de educación, adviertan que es crucial la comunicación, tanto como las condiciones de las escuelas y la preparación de los maestros para las nuevas realidades.

Ojalá la buena noticia de estos días sea el principio de una transformación extraordinaria en el sistema educativo.

 

Lo que aprendimos con la pandemia

Soy profesor en la Universidad de Colima. Lo saben buenos amigos que me conocen o siguen desde hace tiempo. Ahora imparto un curso en la licenciatura en Pedagogía a estudiantes del sexto semestre; mujeres, la gran mayoría. Hace algunas semanas les propuse escribir un artículo colectivo, experiencia que ya viví con resultados fantásticos. A la iniciativa respondieron con moderado entusiasmo al principio. Los primeros días recibí pocos mensajes en nuestro grupo de Classroom, pero después aparecieron en abundancia.

Aquí les comparto la primera parte de sus aportaciones a la provocación inicial, que era sencilla: con la pandemia aprendimos… En cada párrafo aparecen los nombres de sus autores, a quienes agradezco la generosidad.

González Rocha Victoria Sinahi
Con la pandemia aprendimos a valorar más nuestra vida, a invertir nuestro tiempo en actividades que nos apasionan y hacen felices, aprendimos a disfrutar cada segundo con nuestros seres queridos, a disfrutar risas y anécdotas de los abuelos, a extrañar y valorar a nuestros verdaderos amigos. Aprendimos a invertir tiempo cuidando nuestra salud física y mental, pero sobre todo aprendimos a valorar lo que tenemos y lo afortunados que somos al seguir disfrutando de la vida.

Manzo Montelongo Daniela
Con la pandemia aprendimos que es importante limpiar cada rincón de manera minuciosa, puesto que de pronto podemos encontrarnos con una formación de basura construida a través de los descuidos de cada día, semana o mes. Es ésta misma formación la que afecta a las escuelas, puesto que con la pandemia se han mostrado todos los problemas que se encontraban ocultos debajo de los pupitres, los escritorios, las situaciones socioeconómicas particulares, la planeación y el currículo de cada escuela, dejando entre ver un problema que ya no se trata sólo de limpieza superficial, si no del enfoque y prioridades escolares.

Martinez de la Mora Nallely Marisol
Con la pandemia aprendimos a ser aún más autónomos con nuestro proceso de aprendizaje, debido a que nuestros profesores y compañeros están al otro lado de la pantalla, y resolver dudas o dar explicaciones se ha vuelto un poco complicado, así que se ha tomado como tarea primordial de los estudiantes dar más de lo que aportábamos de manera presencial. Concuerdo con mis compañeras: aprendimos a realizar nuevas actividades, la mayoría de ellas de carácter formativo.

Rentería Macías Karina
Con la pandemia aprendimos a valorar la función tan importante que tiene un docente; darnos cuenta que para estar frente a un grupo son horas de planeaciones y no siempre se puede realizar lo planeado debido a ciertas situaciones que se presentan. Aprendimos a reconocer que los docentes nos brindan los conocimientos para crear los pilares de nuestra formación académica y también lecciones de vida. Aprendimos la importancia que tiene estar unidos en un aula de clases e interactuar con nuestros compañeros y docentes.

Solorio Herrera Fernanda Jacqueline
Con la pandemia aprendimos a mirar desde otra perspectiva distintos ámbitos de nuestra vida (la educación, la familia, el trabajo, etc.) y a llevarlos de manera diferente, con ello también aprendimos a valorar a la familia, el trabajo, los amigos, la educación y la salud. Nos enfrentamos a momentos difíciles y nuevas realidades que nos ayudaron enormemente a crecer como personas, a ser autodidactas, valorar todo a nuestro alrededor; encontrando nuevos aprendizajes aún en la dificultad.

López Arzate Edith Iaznaia
Con la pandemia aprendimos a seguir reglas, a tomar mejores medidas de higiene, a ser disciplinados. La pandemia, a pesar de su impacto negativo, nos enseñó a disfrutar los amaneceres y esperar con ansias los atardeceres. Aprendimos a apreciar nuestra soledad, al igual que a disfrutar la compañía. Con la pandemia aprendimos que nunca es tarde para acercarnos a los que queremos, a solidificar sentimientos, a comprender las ideas de otros. Gracias a la pandemia, aprendimos a mejorar personal y espiritualmente, a comprender nuestro valor y finalmente, a amarnos a nosotros mismos.

Amezcua Romero Jatziry Magaly
Con la pandemia aprendimos a ser conscientes de que todo puede cambiar, que un día podemos estar tranquilos en nuestro salón de clases pero al siguientes nos encontramos encerrados en nuestros hogares, que un día podemos estar abrazando a alguien muy importante de nuestra vida, pero al siguiente sólo será un recuerdo. Aprendimos a valorar nuestras vidas y lo que tenemos, a mirar más detalladamente lo que se encuentra alrededor, a tomar decisiones por nuestro bien, pero sin afectar a los que nos rodean. Aprendimos a encontrarnos a nosotros mismos, pero sin desviarnos de la realidad.

La semana próxima compartiré la segunda parte y la reflexión final.