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¿POR QUÉ SE RECHAZA LA REFORMA EDUCATIVA?

Después de una pausa voluntaria en la colaboración para El Comentario, hoy reanudo mi participación semanal. Como antes, me propongo abordar principalmente temas educativos, aunque ellos se entrelazan con lo social y será imposible no penetrar en otros ámbitos, ligados siempre al sistema escolar, o tejidos con una perspectiva pedagógica.

El tema de hoy es la reforma educativa. Tema de temas para quienes laboramos en el mundo de las escuelas, de implicaciones directas o indirectas, insoslayables aun para las universidades. Mi reflexión parte de una pregunta ¿por qué la resistencia a la reforma educativa?

Las reformas educativas no se consuman cuando los congresos parlamentarios aprueban las medidas que, a partir de ese momento, reconfigurarán formalmente un sistema escolar. Tampoco se consagran cuando el supremo tribunal de justicia aprueba la constitucionalidad de las medidas. Son pasos necesarios, imperativos tal vez, pero apostar la victoria de una reforma a la fuerza de los dictados legales exhibe la incomprensión de sus promotores.

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CUESTIÓN DE ENFOQUE: LA UNAM Y LOS RECHAZADOS

En una conferencia magistral, Francesco Tonucci sugiere a profesores españoles cambiar el acento en nuestras miradas. Con una sutileza, la perspectiva cambia. Para el común de la gente, dice, un sordo es una persona que no oye. Pero cambia si lo definimos distinto: un sordo es una persona exactamente igual a los demás, pero que no escucha. Se parecen, pero no es lo mismo.

Cuestión de enfoque. Todo depende del énfasis en el manejo de la información. Ejemplos de ello hay abundantes cada día. Los hechos noticiosos no son objetivos, depende de quien lo dice, cómo, para qué, a favor de quién, contra quién, etcétera.

Mi ejemplo es reciente. La UNAM y la publicación de las listas de sus nuevos estudiantes en licenciaturas. Al darse a conocer los resultados del segundo examen, la brevedad de Twitter hace más fácil los titulares de escándalo, del tipo: “Sólo el 11.4% de los examinados ingresarán a la UNAM”. Las cifras, sin leer la información, son escandalosas.

Desglosada la nota, puesta en contexto, la perspectiva es otra. Veamos el marco más amplio. Hay dos formas de ingresar a la UNAM: mediante el cuestionado “pase reglamentado”, es decir, automático, para los estudiantes que egresan de alguno de los dos subsistemas de media superior, el Colegio de Ciencias y Humanidades y la Escuela Nacional Preparatoria; el otro, con exámenes de ingreso. Son dos pruebas las que se organizan en la máxima casa de estudios del país. El titular citado en el párrafo anterior explica parcialmente los datos. Los tergiversa. O desinforma. O mal informa.

Los datos completos pueden ilustrar otros juicios. Con pase reglamentado ingresarán a la UNAM en el nuevo ciclo escolar 27 mil estudiantes. ¡27 mil alumnos! Es toda la población estimada para el siguiente semestre en la Universidad de Colima. No es desdeñable.

Súmense a ellos los 11,490 aceptados del primer examen, en febrero, y los 6,893 del más reciente. En total, 46 mil estudiantes. Un dato diferente al que un lector despistado, apresurado o cándido puede deducir de la nota imaginaria que da pie a este artículo.

Para situar los progresos en la materia, la UNAM informó en comunicado oficial que entre 2007, inicio de la gestión del actual rector, y el nuevo ciclo escolar, ingresarán ocho mil estudiantes más, para pasar de una matrícula de 299 mil estudiantes en aquel año, a más de 340 mil en el inminente ciclo escolar.

El problema del acceso a la educación superior en México es grave y no pretendo suavizarlo. Entiéndase mi postura. Intento ilustrar el manejo mediático. Los juicios del tipo aquí cuestionado, que responsabilizan a una institución, la UNAM en el país, la UdeC en Colima, son peligrosos, porque eximen de la responsabilidad al Estado en sus distintos niveles, que sigue fallando a la hora de ampliar las posibilidades de crear instituciones de educación superior suficientes y de la calidad más alta.

¿DÓNDE ESTÁN LOS MAESTROS COLIMENSES?

Las comparaciones son odiosas pero necesarias. Durante los meses que viví en Argentina presencié manifestaciones de protesta más o menos multitudinarias, entre ellas, las más representativas para los propósitos de este artículo, de estudiantes de colegios secundarios en Buenos Aires, de padres y madres de familia contra las autoridades porteñas por la asignación de espacios en escuelas de educación primaria y de los profesores por aumentos salariales.

Algo aprendí: de sus expresiones, de la civilidad (o no), de la rebeldía y la dignidad que se precisa para encabezarlas y sumarse, del tratamiento de los medios y las respuestas del estado. No son impolutas, son humanas y contextuales, pues, pero se deben analizar en colores y no con el cristal facilón de ahora.

Lo que sucede hoy en el país, en especial las protestas inéditas de los profesores en el otrora paradisiaco Colima, me trajeron a la memoria, inevitablemente, aquellas historias.

Probablemente los expertos en movimientos sociales podrán decir que en su singularidad hay patrones comunes, identidades reconocibles; no es mi caso y no estoy autorizado en esa materia, pero sí puedo afirmar que allá, como acá, el comportamiento gubernamental es muy semejante: indiferencia, descalificación e incomprensión.

La más común de las actitudes gubernamentales es esa: negar autonomía y construir la hipótesis de la fabricación desestabilizadora, de que una mano invisible y perversa mueve los hilos de una bola de marionetas despersonalizados, léase profesores, estudiantes o padres de familia, como si protestar fuera un acto deleznable y criminal per se.

No meto las manos al fuego por nadie. No justifico los actos violentos e irracionales de profesores o estudiantes, menos de policías. No admito, no comparto, no aplaudo que una manifestación reivindicatoria de los derechos magisteriales se acompañe de machetes o palos como vimos en semanas recientes.

No. No aludo a ese tipo de disidencia. Estoy hablando del derecho a la manifestación pacífica, de la disidencia inteligente de quienes se sienten afectados y reclaman ser escuchados: una condición mínima de cualquier democracia. Un derecho que no se les ha concedido, porque los candidatos en campaña o los diputados en sus informes pirotécnicos escuchan lo que quieren y olvidan al instante. Porque las autoridades suelen practicar una consigna autoritaria: estás conmigo incondicionalmente o estás en mi contra y atente a las consecuencias.

En Argentina, frente a cada uno de los movimientos arriba comentados, los medios dan cobertura, unos más, otros menos, pero los protagonistas de ambas partes aparecen en los programas de televisión, están en radio y prensa escrita, son entrevistados, se escuchan sus opiniones, ofrecen sus verdades y la ciudadanía toma nota o partido. No se traga relatos únicos, oficiales.

Tómese cualquier periódico de Colima estos días. ¿Dónde están las voces de los profesores, de las maestras de aula? ¿Dónde está el periodismo de investigación? ¿Dónde están los reportajes que presentan datos, que confrontan posturas, que analizan u opinan con fundamento? Pregunto desde la ignorancia: ¿cuántas mesas de debate en salones universitarios, programas de radio o televisión ha habido en Colima para analizar el inédito movimiento magisterial?

¿Dónde están las voces de esos cientos de maestros colimenses, otrora orgullo de la educación en la entidad? ¿De verdad son una bola de revoltosos, irresponsables y manipulables?

No tengo respuestas, pero sí me gustaría conocer las voces de todos ellos, no únicamente las declaraciones gubernamentales o de los dirigentes sindicales. Entonces, solo entonces, podría intentar la respuesta que hoy no puedo sustentar con la versión de quienes tienen por hábito la mentira y la demagogia.

POR QUÉ NO EDUCAN LOS MUNICIPIOS

El 9 de octubre de 2012 publiqué este artículo que desempolvé de los archivos electrónicos para compartir de nuevo. Los ajustes son menores, por circunstancias del tiempo y afinación estilística. La preocupación de entonces, como ahora, es estructural, en una coyuntura que debería significar punto y aparte. Las lecciones de las urnas, es decir, de la ciudadanía fueron contundentes, pero temo que no estuvieron presentes algunos, los que ahora tendrían que soportar los cambios que la gente reclama.

El tema de mi artículo es el abandono de la función educativa por los gobiernos municipales. Y hace tres años, como ahora, regreso al punto, porque quienes gobernarán a la población colimense son partidos de colores distintos. Lo que está por verse es si también los estilos y sensibilidad.

El llamado es cada vez más urgente. Los municipios, con todo y su exigüidad financiera, no pueden seguir renunciando a la tarea (su obligación constitucional) de educar. ¿Tendremos que seguir repitiéndolo o aquí empezará a escribirse otra página?

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NUEVAS FIGURAS, OTROS PAISAJES DE LA EDUCACIÓN

LIBRO JUAN CARLOS YAÑEZ (NUEVAS)Cuando dejé las tareas a que había dedicado mi vida durante 20 años, las de gestión en la Universidad de Colima, tenía más o menos claro el futuro, los retos e implicaciones. Salí con renovadas ilusiones y un portafolio de proyectos. Unos eran profesionales, intelectuales, periodísticos; otros, personales y familiares. Entre los primeros, me propuse escribir un libro durante 2013 y comenzar otros dos, durante la estancia en Argentina. Cumplí la meta. El resultado esperó paciente el mejor momento y su obra es posible por Puertabierta Editores. Lo presentaré mañana, en Manzanillo, en actividad organizada por la Fundación Universidad de Colima, con las Universidades Vizcaya de las Américas y mi casa de estudios. Hoy quiero compartir una parte de la Introducción para ese libro.

Escribí Nuevas figuras, otros paisajes de la educación durante 2013, entre Villa de Álvarez, Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires. Me inspiraron lecturas, momentos de soledad, paisajes que recorrí en kilómetros de caminatas y viajes por carretera en la experiencia fructífera de realizar dos estancias académicas en Argentina. Me alentaron, también, los recuerdos de mañanas y tardes vesperales que brotaron entre las brumas de la memoria, preludio urgente a la reflexión y su escritura.

A diferencia de Figuras y paisajes de la educación, aparecido primero en entregas periodísticas semanales durante tres años, esta vez quise conservar inéditos los trozos de este repaso biográfico por la geografía educativa, escolar y universitaria. Sólo incluí algunos textos publicados, pertinentes para el propósito y sin caducidad conceptual o temporal.

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