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EDUCACIÓN Y NUEVO GOBIERNO EN COLIMA

Finlandia es reconocido en el mundo como uno de los mejores modelos educativos. Los resultados iniciales de la prueba PISA, Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes, de la OCDE, sorprendieron y volcaron la mirada hacia el pequeño país nórdico. ¿Por qué habían obtenido tan altos resultados, cuando no se auguraba un desempeño notable, menos frente a los países poderosos?

Las exploraciones en el sistema educativo finlandés condujeron a las conclusiones que hoy son más o menos conocidas. Los resultados de los alumnos en la prueba PISA no eran sorprendente ni azarosos, sino la consecuencia de un movimiento global iniciado en el país décadas atrás. No fue un milagro de la escuela finlandesa, sino la conjunción de progresos en distintos ámbitos de la vida social, con la educación en un lugar preponderante. Su objetivo no fue, ni es, ser los mejores en la prueba PISA. No trabajaron para ello, no trabajan para mantenerlo. No es la meta.

Nuestro sistema educativo funciona en las antípodas, y sus resultados lo reflejan. Los programas nacionales de educación y las declaraciones gubernamentales, en buena medida, se reducen a la meta de elevar los puntajes de los exámenes como PISA o ENLACE. ¡Cómo si la educación tuviera el cometido de preparar a los alumnos para responder pruebas de opción múltiple! Las perversiones a que esta práctica da lugar están suficientemente documentadas en el mundo. ¡Hay que estudiarlas!

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EL APRENDIZAJE DEL INGLÉS EN MÉXICO

presentacin-del-estudio-sorry-el-aprendizaje-del-ingls-en-mxico-1-638A finales de enero “Mexicanos Primero” presentó su informe “Sorry. El aprendizaje del inglés en México”, sobre las políticas, condiciones, carencias y dificultades para la enseñanza y el aprendizaje del inglés en las escuelas públicas de educación básica, particularmente la secundaria.

El estudio es bienvenido. No hay otros tan sistemáticos ni amplios en un tema que la organización considera crucial para consumar el derecho a una educación de calidad. Aunque por los medios informativos se difundieron con cierta profusión los datos más escandalosos, quise esperar a que se publicara la versión completa para leerla y tener una opinión informada.

El reporte, que expone el estado crítico del tema a partir de datos construidos, tiene varias virtudes derivadas de su pertinencia y relevancia. Una de ellas me parece destacable: los capítulos iniciales sostienen que el aprendizaje del inglés (de cualquier materia) no está desligado de la problemática social, y que los condicionamientos del medio, si bien no son fatales o inmutables, obligan a políticas públicas y transformaciones para atender la diversidad en el vasto sistema escolar mexicano.

La postura se confirma en los hallazgos. Aprender más o menos inglés se correlaciona con niveles socioeconómicos de estudiantes y paterfamilias, aunque, en general, se aprende menos de lo esperable: poco, mal y tarde, aseveran contundentes los autores.

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LOS BACHILLERATOS DE LA UNIVERSIDAD

Esta mañana leí en nota difundida por Twitter que cinco bachilleratos de la Universidad de Colima ingresaron al Sistema Nacional de Bachillerato. La noticia me produjo alegría genuina. De los 16 años que pasé en tareas de gestión académica institucional, la mitad los dediqué a la educación media superior y conservo recuerdos extraordinarios.

Los dos periodos del doctor Carlos Salazar Silva como rector fueron un lapso adecuado para emprender el proceso de transformación académica que llamamos “reforma académica del bachillerato”, en ámbitos tan disímbolos como el programa de Escuela de Padres, la modalidad semiescolarizada o la creación del Consejo Académico del Bachillerato, órgano de consulta conformado por todos los directores de los planteles, que sustentaba la toma de decisiones más participativas y discutía los temas y problemas acuciantes.

Fueron años desafiantes, por la escasez de recursos a nivel federal, que solamente la voluntad firme y la defensa a ultranza del rector nos permitió superar con imaginación y perseverancia. Las bibliotecas para bachilleratos, el mantenimiento de edificios, la labor de los maestros a través de academias y los programas de formación docente son ejemplos.

De aquellos años adquirí muchos de los aprendizajes que conservo y me parecen vigentes, sobre todo, lo que me dieron como motivación desde las comunidades académicas. Escuchar a los directores, visitar las escuelas, atender oportunamente los problemas o conocer a cada uno de los maestros y las materias que imparten reditúa siempre en la gestión.

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LAS LECCIONES DE FMP

Empecé a trabajar en la Universidad de Colima a pocos días del fin del periodo rectoral de Jorge Humberto Silva Ochoa. Dedicado a tareas incipientes de investigación en temas educativos, estuve lejos de los acontecimientos que provocaron la división de la Universidad en la elección de Fernando Moreno Peña como rector.

Como lo tenía planeado, en los albores de la década de 1990 me fui a la UNAM. Casi dos años después regresé y me instalé en un cubículo del Centro Universitario de Investigaciones Sociales. Salí muy pronto de allí. Recibí el ofrecimiento del rector, Fernando Moreno Peña, para asumir la dirección de la Facultad de Pedagogía. No sé si fui consciente en la respuesta, pero acepté. Hasta entonces no había cruzado palabras con él. Mis 26 años de edad no fueron obstáculo para depositarme su confianza. No le fallé.

Como director de la facultad le vi en muchas reuniones de distintos tipos y participantes, pero recuerdo, sobre todo, las que dirigía en la sala de juntas del antiguo edificio de rectoría. Casi cada una era oportunidad de aprendizaje por su estilo de gestión: afable siempre (no recuerdo un enojo o regaño público, menos exhibir a uno de los directores), inteligente, ágil en el discurso improvisado más que como lector, hábil de razonamiento, convincente y sensible. De eso nutrí mi propia forma de gestionar una escuela o un sector de la Universidad.

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GREGORIO TORRES QUINTERO Y YO

El 28 de enero, al recordarse un aniversario del fallecimiento del pedagogo colimense Gregorio Torres Quintero, en el Archivo Histórico de la Universidad de Colima se presentó el libro “Yo Gregorio Torres Quintero”, biografía preparada acuciosamente por la doctora María de los Ángeles Rodríguez Álvarez, Mara. Tuve el privilegio de ser comentarista y aquí comparto un extracto de mi participación.

Gregorio Torres Quintero fue un educador que dialogó, en su pensamiento y actividad, con algunos de los grandes pedagogos de su época y anteriores. Esta historia, reconstruida con el paciente oficio de Mara, ofrece ángulos para aprender del pedagogo, del hombre, del político y del ciudadano.

La teoría y práctica de Torres Quintero estuvo influenciada por uno de los fundadores de la ciencia pedagógica, Juan Amos Comenio, autor de un texto señero en el siglo XVII. Probablemente también lo estuvieron sus preceptores más recordados, como Ignacio Manuel Altamirano o Carlos Carrillo. Del segundo, Mara extrae un párrafo ilustrativo de la sabiduría magisterial que los orientaba: “¿Ve usted cómo lo hago? (decía Carrillo a sus discípulos). Pues no quiera usted hacer lo mismo; resultará muy malo. El maestro jamás debe sujetarse en sus lecciones al cartabón que marcan los preceptistas; el maestro ha de ser un artista, en toda la extensión de la palabra y no un servil imitador. ¿Cuándo ha visto usted que dos artistas procedan del mismo modo en la ejecución de una obra? ¿Cuándo ha visto usted que un artista interpreta de la misma manera una obra varias veces?”.

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