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COLIMA: CIUDAD EDUCADORA

AICEEl fin de semana leí el libro Escuela ciudadana y Ciudad educadora en el marco del Bicentenario, un documento que contiene las conferencias magistrales, paneles y talleres del VI Foro que organizaron varias organizaciones educativas y sociales en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en octubre de 2010.

La iniciativa de los seis foros, realizados en distintas ciudades del conurbano conocido como Gran Buenos Aires, remite a conceptos clásicos: escuela ciudadana y ciudad educadora, inspirados en Paulo Freire y en la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras; un movimiento nacido en 1990 en Barcelona bajo el liderazgo del alcalde Maragal con motivo del I Encuentro Internacional de Ciudades Educadoras, formalizado en Bolonia cuatro años después.

A la fecha son más de 400 ciudades del mundo las que pertenecen a esta red de gobiernos locales. En la región América Latina (con sede en Rosario, Argentina) son 13 países y 61 ciudades asociadas. México, Argentina y Brasil tienen el mayor número: 15 cada una. De nuestro país, entre otras, forman parte Cozumel, Ecatepec, Isla Mujeres, León, Guadalajara, Playa del Carmen y Tenancingo.

“Ninguna ciudad es esencialmente educadora per se, sino que deviene educadora a partir de su manifiesta intencionalidad”, afirma Analía Brarda, coordinadora técnica de Ciudades Educadoras en América Latina. No son las escuelas lo que las convierten en educadoras, sino la integración entre gobierno, sistemas escolares, instituciones sociales y los ciudadanos, con una nueva concepción y una práctica radicalmente diferentes. Así lo explica Moacir Gadotti: “Es la ciudad, como espacio de cultura, la que educa a la escuela y es la escuela, como palco del espectáculo de la vida, la que educa a la ciudad”.

La organización tiene un documento fundacional, la Carta de las Ciudades Educadoras, que describe los principios y compromisos de las adherentes. Sus objetivos son: promover el cumplimiento de los principios de la Carta, colaborar con otras ciudades, cooperar en proyectos y actividades con organizaciones de intereses afines,  profundizar el discurso de las Ciudades Educadores y realizar acciones directas, influir en la toma de decisiones de los gobiernos e instituciones internacionales en temas de interés para las Ciudades Educadoras así como dialogar y colaborar con organismos nacionales e internacionales.

Pero la membresía no es sólo un blasón, sino compromiso de alcance mayúsculo, progresivo por supuesto, que implica decisivas acciones gubernamentales de mediano y largo plazos con una indispensable colaboración ciudadana. El artículo 11 de la Carta es un buen ejemplo: “La ciudad deberá garantizar la calidad de vida de todos sus habitantes. Ello supone el equilibrio con el entorno natural, el derecho a un medio ambiente saludable, además del derecho a la vivienda, al trabajo, al esparcimiento y al transporte público, entre otros. A su vez, promoverá activamente la educación para la salud y la participación de todos sus habitantes en buenas prácticas de desarrollo sostenible”.

Entre las ventajas de pertenencia a la Asociación aparecen: formar parte de un conjunto de ciudades con una filosofía común que impulsen proyectos basados en la Carta; mostrar la ciudad, programas, experiencias y aportes a través de un Banco Internacional de Documentación; ser parte de la Asamblea General y contribuir  al desarrollo de la organización; pertenecer a redes territoriales y temáticas y tener acceso a información sobre programas, iniciativas y recursos de organismos internacionales, como la UNESCO, la Unión Europea o la Organización de Estados Iberoamericanos.

La capital de nuestro estado, Colima, podría enriquecerse y enriquecer con su experiencia a otras, participando en un foro de esta dimensión, dejando constancia de su compromiso porque la ciudad no sólo realice las funciones que le competen en los ámbitos político, económico, social y de prestación de servicios, sino también un decidido empeño por la formación y desarrollo de cada uno de sus habitantes, de los niños, jóvenes, adultos y ancianos. No únicamente de quienes asisten a la escuela.

El gobierno municipal, en manos del profesor Federico Rangel, dejaría magníficos precedentes con compromisos y acciones que transformaran el espacio urbano en una gran escuela abierta y ciudadana, porque una iniciativa de esa naturaleza (o en dirección semejante), bien planeada y mejor ejecutada, merecería la aprobación y la participación comunitarias.

 

MUNDO FACEBOOK

facebook-twitter4.jpg_640_640Conozco muchos aficionados-adictos a la red social Twitter, tuiteros, se autodenominan, que suelen apalear a los feisbukeros, aficionados-adictos del Facebook, con cuestionamientos a veces denigrantes sobre su capacidad intelectual, al grado extremo de su fundamentalismo, que ponen en tela de juicio la pertenencia a la selecta clase del “homo sapiens” donde caben, entre otros ejemplares, personajes como Laura Bozzo, George Bush, Bin Laden, el Chapo Guzmán, diputados, senadores y los conductores de los programas de chismes, abundantes en México y Argentina.

Aclaro de una buena vez: me tienen sin cuidado los tuiteros y sus expresiones groseras, aunque no pocas veces carecen de fineza en el estilo o en el lenguaje. En otros tiempos probablemente me enzarzaría con ellos en discusiones sin otro afán que desenvainar espadas y discutirles: bizantinos serían los intercambios, por supuesto. Como lo tengo muy claro, no lo he hecho ni lo haré jamás de los jamases.

Cada quien es cada cual, canta el maestro Serrat. Cada cual tiene derecho a decir lo que le plazca, y a criticar a quien le pegue la gana, pero a mí, por lo menos, me fastidia el trato denigrante para personas bienintencionadas que usan esa red social para lo que fue creada. No defiendo, ni falta que les hace, a Facebook, una empresa fundada lejos de la búsqueda de la paz y hermandad entre los seres humanos. Ya vimos el papelón que juega Facebook y todas esas empresas como agentes (involuntarios, tal vez) del espionaje norteamericano. Pero eso lo hicieron con Facebook y sin Facebook, y lo seguirán haciendo cuantas veces se les hinche el deseo.

También tengo muy claro que la tecnología no es ingenua ni angelical, así que tampoco defiendo a las redes sociales. Nada más las uso como me son útiles. Lo que me enfada, repito, es que se denigre a las buenas personas que también abundan en esa red social. Ni Facebook es una caterva de retrasados mentales y cursis, ni Twitter es el olimpo de la inteligencia, la ecuanimidad y el ingenio más agudo. ¡Por favor!

Como no tengo intenciones de extenderme, me abstengo de presentarles una lista de los buenos amigos y amigas feisbukeros, en México y varios países, que gozan de más estatura intelectual que muchos tuiteros y tuiteras que conozco; moribundos en la comparación. Así que cierro aquí mi exabrupto repitiendo que cada uno usa las redes como quiera, bloquea a quien quiere, lee lo que se le pega la gana, a quien quiere, y si no, a otra cosa mariposa.

Entre Santa Fe y Córdoba

 

FINANCIAMIENTO DE LAS UNIVERSIDADES

En vísperas de la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2014, de nuevo se pone en la palestra el financiamiento para la educación en general, y de la universidades públicas en especial. Se reconfirma la enorme distancia entre los discursos demagógicos del gobierno federal, el de Enrique Peña Nieto ahora, y su representación en el instrumento central de la política pública: el gasto o la inversión en la materia. 2013 no es distinto a los regímenes panistas. Otra vez el proyecto de presupuesto es insuficiente.

Hace algunas semanas la organización “Mexicanos Primero” presentó su informe “(Mal)Gasto: Estado de la educación en México 2013”. En el documento se incluye la entrevista a Javier Mendoza, personaje clave de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) en el tema del financiamiento educativo. El investigador de la UNAM y asesor de la ANUIES revela buena parte del fondo del problema: sigue ausente la reforma estructural que dé certidumbre a las instituciones de educación superior. Los actores políticos (principalmente los gobiernos) le dan la vuelta.

“Un nuevo pacto en materia de financiamiento público para la educación” es indispensable, dice Mendoza. Propone cuatro cambios para mejorar el gasto:

1) Que se cumpla lo establecido en el Artículo 25 de la Ley General de Educación; es decir, que la inversión del Estado-federación, las entidades federativas y los municipios “no puede ser menor a ocho por ciento del producto interno bruto del país”. En 2011 el presupuesto nacional para educación representó el 6.64% del producto interno bruto. Considerando sólo la inversión pública fue de 5.23%. La operación matemática es simple. Para cumplir lo que dicta el artículo citado se precisa un incremento superlativo de la inversión pública en los años por venir.

2) Revisar los criterios y las fórmulas de distribución entre las entidades federativas del Fondo de Aportaciones para la Educación Básica y Normal (FAEB). Explica: “Se requiere un nuevo acuerdo entre el gobierno federal y los gobiernos estatales” y reasignar responsabilidades de cada uno.

3) El tercer cambio es “Realizar una programación presupuestaria efectiva para dar cumplimiento a la obligatoriedad de la educación media superior”, de acuerdo con los tiempos marcados en la reforma constitucional de 2012. Con los presupuestos inerciales la reforma aumentará cada año los millones de excluidos del bachillerato y profundizará las desigualdades e injusticia social.

4) Finalmente, reformar la Ley General de Educación y la Ley para la Coordinación de la Educación Superior “a fin de establecer una política de financiamiento de las instituciones públicas de educación superior con visión de Estado y transitar hacia presupuestos plurianuales”.

En la conclusión de la entrevista Javier Mendoza es contundente: o se efectúan reformas a fondo o seguirán las inercias y remiendos. A lo cual podríamos agregar la persistencia de las negociaciones oscuras, la ineficiencia, la inequidad, la corrupción y la mala educación.

David Calderón, de “Mexicanos Primero”, apunta los rasgos que todavía no tiene el presupuesto en México y por los que habría que pugnar: eficaz, equitativo, participativo, eficiente, transparente y honesto. Una obligación de los gobiernos y una exigencia también a las instituciones. Déficit de nuestra raquítica cultura democrática.

En la negociación en puerta no hay elementos para el optimismo. No se necesita una bola de cristal para adivinar lo que sucederá este año y, tal vez, el resto del sexenio.

PEQUEÑOS OFICIOS, GRANDES PERSONAS

 A mi Mariana Belén, por sus ocho años

 

Entre los oficios y profesiones unas gozan de máxima estima y honores en nuestra sociedad. Las razones son históricas, culturales, académicas. Si son justas o no, es tema aparte. Existen aunque no pocas veces sus oficiantes contradicen la dignidad social que disfrutan. En esa taxonomía de las profesiones los médicos, los arquitectos, los abogados son la primera categoría. Luego vienen otras. De todas las demás no hablaré para no herir susceptibilidades y porque su jerarquía es menos clara. Fuera de ese escalón aparecen los pequeños oficios, los que probablemente nadie querría desempeñar, salvo vocaciones precoces o un padre en la actividad.

La jerarquía no es ficticia. Normalmente se asocia al dinero, a las consideraciones sociales, al prestigio que ostentan los títulos. Conociendo con el paso de los años a gente que desempeña unas y otras ocupaciones, tengo claros los criterios de mi amistad. Me honran estupendos amigos médicos, arquitectos, abogados. Algunos de tres o más décadas y a prueba de casi todo.

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PEDAGOGÍA Y SUS EGRESADOS

Por medio de su correo electrónico me enteré que Angélica Rubí Gómez Aro, Rubí, como la conocemos, fue designada directora del Vasco de Quiroga, una antigua, pujante y renovada escuela de formación de trabajadoras sociales, cuya historia, aporte y trascendencia en Colima se sabe menos de lo que sería justo, pero ese es otro tema. El nombramiento de Rubí me llena de alegría personal y profesionalmente. Siempre es magnífica noticia que las designaciones de ese tipo recaigan en buenas manos, en manos honestas, trabajadoras, decentes, transparentes, sin las cuales no se puede dirigir una institución educativa. Lo he escrito en otros momentos: no se puede educar desde la impostura. Y Rubí, no tengo duda, será una estupenda directora al lado de muchos profesores comprometidos a quienes tengo el gusto de conocer y me honran con su amistad.

El nombramiento me recordó que ya son varios estudiantes, primero, y colaboradores después, quienes se ganaron la oportunidad de conducir comunidades escolares, todos ellos, me atrevo a decirlo, con resultados sobresalientes. Me referiré solo a los egresados de licenciatura, porque la maestría es capítulo aparte, pródigo también. A riesgo de olvidar alguno, tengo en la memoria varios actuales directores en la Universidad de Colima: Marcial Aviña en el Bachillerato 1, después de una exitosa incursión en el 13. Armando Hernández en el Bachillerato 18. Candelaria Gaspar en el 26. Omar Bravo en la Facultad de Lenguas Extranjeras. Juan Carlos Meza en Pedagogía, donde antes estuvieron también Jonás Larios y Carmen Silvia Peña. Fuera de la Universidad tengo presente a Roberto Carlos Peña, dirigiendo una institución privada de educación superior.

Con egresados así uno puede sentirse honrado de haber pertenecido, de seguir perteneciendo a su cuna de formación profesional, de todos nosotros, la Facultad de Pedagogía, próxima a sus 29 años en febrero de 2014.

Cada uno de ellos, y cada uno de los otros que ocupan espacios como coordinadores, subdirectores, en asesoría académica, y luego ocuparán direcciones y puestos clave, me recuerdan, por supuesto, el inevitable e inolvidable transcurrir de los años en la docencia, así como la fortuna de haber tenido el privilegio de conocerles y hoy, mirarles a la distancia con orgullo en su vigoroso transitar por instituciones educativas que, como dije al principio, necesitan mujeres y hombres que contribuyan a la formación de otros buenos hombres y mujeres, de los cuales también han de sentirse orgullosos en el indispensable ciclo vital de las instituciones.

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