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Día del Libro, nuevo libro

No soy afecto a la celebración del Día de…, pero hoy, Día Nacional del Libro en México, pasé por Puertabierta para recoger la edición de nuestro libro 35 años de Pedagogía. Balances y perspectivas, que coordiné con el director de la Facultad de Pedagogía, Francisco Montes de Oca Mejía, para conmemorar el aniversario de nuestra escuela.

Es una obra colectiva en la que trabajamos durante más de un año y suspendimos temporalmente por la pandemia y el confinamiento, pero que al fin, por suerte, y gracias a la editorial, pudo ver la luz en este mismo 2020.

En unos días comenzaremos las presentaciones. Por lo pronto, tenemos motivos para celebrar un nuevo logro.

Han valido la pena la iniciativa y las muchas muchas horas invertidas entre la escritura, reescritura, revisiones y correcciones. También, porque al cuerpo de 21 autores se sumaron varios estudiantes y egresados recientes de la Facultad que tendrán pronto su primer libro entre las manos y, supongo, sobradas alegrías.

Día negro para la educación

Otro día negro para la educación. Temprano recibí un comunicado firmado por el Consejo Nacional de Autoridades de Educación Normal, lamentando que el dictamen de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados no haya atendido la solicitud de reconsiderar el presupuesto para las 265 escuelas normales públicas. Explican razones y pesares.

Es inaudito. Sí. Mientras un brazo delgaducho del gobierno aplaude y reconoce el esfuerzo magisterial, en voz del secretario de Educación, ensalzando la más grande transformación educativa del país, el otro, el rebaño de diputados del presidente sin piedad acata instrucciones.

Día negro, negrísimo. ¿Qué sistema educativo avanzó sin mejorar a sus profesores y futuros profesores? Después de las aprobaciones y los festejos de los siervos, ¿alguien lo puedo explicar?

Jornadas felices

Ha sido uno de los días más agotadores de varios meses. Eso, en medio de la pandemia, no es poca cosa. La agenda comenzó de madrugada, involuntariamente. 

La mañana fue muy grata por la oportunidad de haber participado en una jornada de capacitación docente con la Universidad Juan Agustín Maza, de Mendoza, Argentina, al lado de dos colegas, una chilena y otra argentina. Contento por los comentarios de los asistentes y esperando haber correspondido con los anfitriones a su generosa invitación.

Después vinieron las labores docentes en la Facultad, calificando actividades de los estudiantes y devolviendo comentarios, para reanudar en la tarde. Primero, reunión con personal de una editorial internacional para acordar los términos de una conferencia que me solicitan para enero, luego, entrevistas personales con los estudiantes del curso de licenciatura que imparto.

Entre todo ello, responder correos, mensajes en el teléfono, un poco de lectura y algunas tareas domésticas. Quince horas después de haber comenzado, estoy ya recostado, pidiendo tregua. 

No son tantas actividades, podrían decirme, y es verdad, pero en cada una, en una sesión en pantalla de dos horas se me consumen más energías que caminando dos horas hacia La Cumbre; y en cada entrevista personal con los estudiantes, por los asuntos que a veces afloran, el desgaste emocional es superlativo. 

Es hora de leer. De disfrutar un poco los buenos momentos de la jornada y repensar en los otros, con el privilegio de ejercer una profesión maravillosa.

Un año imborrable

Facebook me trae con frecuencia buenos recuerdos. Como esta mañana. Del baúl sacó una foto del libro Colima: avances y retos. Educación, con dos palabras: ¡Por fin! Dudé 4 segundos. Recordé que hace un año, este día, presentamos el libro con ese título en el Congreso del Isenco, al norte de la ciudad.

Apenas unas horas antes tuvimos el libro entre las manos, pero suficientes para llegar con ellos al centro de convenciones y en un salón lleno escuchar los primeros comentarios sobre el texto. A la ocasión vinieron otras en los meses siguientes, invitados generosamente por las instituciones educativas, siempre con resultados muy gratos. Cuando todavía teníamos eventos en agenda, debimos suspender ante el inicio del confinamiento. No volvimos al libro nunca más, pero con ese proyecto se abrieron líneas que siguieron con el que ahora compartimos, sobre la pandemia en las escuelas de Colima.

Un día imborrable, como este año en que enseñamos y aprendemos en casa, mientras la contabilidad fatal continúa y vemos lejos todavía el amanecer.

Mañana de aprendizajes

Mañana de sensaciones gratas. Mañana fresca. Un gran salón con 15 personas expectantes: estudiantes, maestros y su rector, atentos, respetuosos. Aula de clases como de otra época. Afuera, los cantos de pájaros, el verde  exhuberante del entorno, el viento que anticipa invierno frío en la zona. Sábado. Mañana en el Seminario de Colima, en El Cóbano, para presentar Cuando enseñamos y aprendimos en casa. La pandemia en las escuelas de Colima, invitados por el profesor Juan Carlos Meza Romero.

Teníamos dos opciones: grabar un video y enviarlo, o asistir con las precauciones debidas. No dudé: volver. Volví. Volvimos, esta vez con Rogelio Alonso.

Mañana de aprendizajes, primero, escuchando los comentarios inteligentes de tres estudiantes, luego, un diálogo a partir de sus preguntas, varias de las cuales no me había planteado y traje en el cuaderno de apuntes. Con una de ellas escribiré mi colaboración para el Diario de la Educación. Aprendizajes, dije, mañana de aprendizajes.

La experiencia didáctica es lo más parecido a la universidad que sueño.