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Senderos de la luna

Ayer por la tarde Salvador Alejandro me regaló su libro Senderos de la luna, apenas publicado.

Me alegró mucho leer su buena noticia pocos días antes, cuando lo anunció en Facebook. No creí que lo tendría tan pronto, así que lo agradezco doble.

Salvador Alejandro fue estudiante de Pedagogía en la Universidad de Colima, donde lo conocí y tuve oportunidad de conversar en varias ocasiones. Es una buena persona y amigo generoso, inquieto y valiente.

Leí hoy al comenzar la tarde su libro de poesía y reflexiones. Me sorprendió la frescura de algunos de sus versos, aunque no me concedo libertad para juicios poéticos, más allá de los que me producen las palabras que los escritores y poetas vacían al impulso de sus sentimientos.

Celebro que un chico joven se trace objetivos y los cumpla, que eluda timideces. Esta mañana, en mi curso, justamente hablaba de eso, de que la educación, como bien enseña Nuccio Ordine, no consiste en engordar pollos sino en formar herejes, esto es, personas que eviten los caminos trillados y tracen los propios, que se propongan itinerarios y se atrevan a recorrerlos.

En eso creo, por eso celebro la obra de Salvador Alejandro. La primera, porque estoy seguro de que llegarán otras, cada día mejores.

La necesidad democrática de la educación

Los regateos presupuestales a la educación son inexplicables en un gobierno que promete transformar la vida del país.

La apuesta a las becas como mecanismo de igualación social es positiva, pero no a costa de sacrificar otros rubros que la experiencia internacional y la doméstica, demuestran como eficaces a la hora de mejorar la calidad de los sistemas educativos.

Millones de alumnos becados en escuelas pobres con una pobre educación es un mecanismo que sólo disfrazará la profundización de las brechas sociales.

Ahora que se discutirá en el Congreso el presupuesto para el 2021, especialmente el educativo, conviene leer a los que saben y articulan dos temas nodales, como Fernando Savater.

En su magistral conferencia al recibir el doctorado honoris causa en la Universidad de Colima (febrero de 2010) cinceló un discurso que comenzó aludiendo a que muchos políticos piensan que la educación es opcional o un asunto que se puede aplazar, pero no, nos recordó y les recordó a los ahí presentes, que ellos no deciden, que ellos fueron elegidos para que la sociedad los mande: El gobierno, los que mandan, son nuestros mandados, aquellos a los que nosotros les hemos mandado mandar y, por lo tanto, lo que tenemos que hacer es reclamarles que presten atención a las cosas que a nosotros realmente nos interesan.

Les dejo otro fragmento y espero que algunos de esos que van a decidir el presupuesto me lean. No van a cambiar de opinión, porque nadie la cambió después de leer media cuartilla, pero tal vez, tal vez les ruborice un poco cuando voten en masa: Nuestras democracias tienen que educar en defensa propia. Lo que defiende la democracia es una buena educación. Si una democracia quiere sobrevivir, mejorar, generalizarse, si quiere hacerse de todos y para todos, necesita educación. Es un punto fundamental; no es optativo, no es que la educación sea una especie de adorno, de guirnalda que haya que colgar. Es un pilar para el funcionamiento de la democracia. Eso, nuestros abuelos griegos lo vieron de manera clara. Para ellos, democracia y paideia, democracia y educación, estaban necesariamente unidas: no había una verdadera democracia sin paideia, sin educación.

Feliz cumple a la Universidad

Llegué a la Universidad de Colima con 15 años; muchos después, aquí sigo. Era un niño entonces. Mis compañeros de la prepa, algunos, un poco crueles, decían que me habían bajado del cerro a tamborazos. Y claro, Quesería, mi pueblo, son lomas entre lomas, en los cerros donde nace el volcán de Fuego. Por suerte, nunca me intimidaron, no hice caso y seguí mis estudios hasta terminar con un título y el premio al mejor estudiante de mi carrera; que no era gran cosa, porque sólo éramos seis, pero está por ahí, para orgullo de mi madre en su momento.

Mi historia con la Universidad tiene muchos capítulos. Tantos, que tengo en planes un día escribirla en un libro para contar vicisitudes, desde mi experiencia como director de la Facultad de la cual egresé, hasta el proceso en que pretendí participar por la rectoría. De lo demás, hay poco que decir. Algunas páginas ya están escritas. Un día, tal vez, decida que es el momento.

Hoy la Universidad, mi segunda casa, cumple 80 años. Y por supuesto que lo celebro y me celebro por ser parte de ella. Porque ahí me formé, porque trabajo en ella y ahí pasaré otros cuantos años de mi vida.

Es un buen momento para agradecer a todos de quienes he aprendido y con quienes trabajé. Y no digo sólo a mis maestros, también a mis colegas, jefes, colaboradores y ahora, a los estudiantes que asisten a mis cursos. ¡Gracias! ¡Felicidades a ellos!

¡Felicidades a quienes han hecho de ella la casa de miles de colimenses!

Tarde de cine

Dos horas de la tarde los pasé viendo la película La lengua de las mariposas. Dura menos, pero en algunos momentos la detuve para escuchar mejor, de nuevo o tomar algunas notas. Esa y otras cintas serán parte del material que analizaremos en un curso.

La película está basada en la historia escrita por uno de los periodistas españoles más reconocidos: Manuel Rivas, y forma parte del libro ¿Qué me quieres, amor?

El personaje principal es un maestro, don Gregorio, interpretado maravillosamente por un actor estupendo como Fernando Fernán Gómez. Disfruté la dos horas, poco menos, aunque el final, incluso visto varias veces, no deja de formar un doloroso nudo en la garganta.

Robo a escuelas

Hay días en que cuesta mucho mantener el optimismo. En tiempos de pandemia, la misión a veces es imposible. Como hoy. Leo en un portal noticioso y a mi cansancio de cada lunes sumo impotencia: “Alarmante robo de material en las escuelas del estado”, titula la nota, sobre una entrevista con el director del Instituto Colimense de la Infraestructura Física Educativa.

Aunque la información es escueta y focalizada en Tecomán, el comienzo denuncia robos en las escuelas de todo el estado.

Los objetos hurtados favoritos: materiales eléctricos y equipos de cómputo.

El robo es delito. Se sabe. Pero robar a instalaciones públicas que prestan servicios como los de salud o educativos ameritarían persecuciones y sanciones mayores, por los daños patrimoniales y la situación de indefensión en que colocan a las instituciones escolares.

Las necesidades sociales, el hambre, el desempleo o la desesperación pueden explicar los móviles del robo a las escuelas, pero los daños que causan son imperdonables. El presente de las escuelas es el futuro de las sociedades; sin un presente promisorio, cancelamos parte del futuro.