El día del padre en el minuto 91

En el minuto 91, cuando silba el árbitro, todo es más fácil de explicar en un partido de fútbol. En el minuto 91 todos somos expertos.

Solo con una dosis de ingenuidad y mucha esperanza en la belleza a veces enigmática del deporte podría apostarse a que México no saldría con la portería llena de goles frente a la poderosa Alemania. Era uno de esos ingenuos. Mi confianza no tenía huesos viejos. Fueron las últimas horas las que me hicieron pensar en un partido sin derrota. La victoria nacional era más impensable, pero un buen partido sin derrota cabía en mi pronóstico.

Anoche, mientras conversaba con mi querido amigo, Pedro Vives, fiel testigo, le conté mi confianza. Extrañado me miró y dijo: ¿por qué? Le expliqué con pocos argumentos e inusitada seguridad: porque Alemania no ha tenido buen desempeño en sus partidos más recientes, porque creo que los jugadores mexicanos tienen vergüenza después de los escándalos y querrán darle vuelta a la página tan bochornosa.

El resultado del Alemania-México ya está escrito. La historia del fútbol mexicano tiene una página memorable. Sobran las palabras.

Apenas escuchar el silbatazo, acompañado con el conteo regresivo, Juan Carlitos y yo nos fundimos en abrazo largo, acompañado de besos que me tiraron los lentes.

-¡Papá, tenemos que escribir del partido!

-No sé hijo, no sé de qué escribir. ¿Tienes una idea?

-Sí, papá, escribe de la experiencia, de haber visto un partido del Mundial juntos, mi primer mundial.

-¿Pero qué diremos? Dame ideas, estoy muy emocionado y no se me ocurre nada.

-No sé, papá, eso cuéntalo, cuenta que ha sido nuestro mejor día del padre.

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