ALUMNOS O ESTUDIANTES

En México se celebra hoy el Día del Estudiante. La ocasión es propicia para la reflexión sobre ellos, desde un ángulo inédito: estudiantes sin escuela, estudiantes en casa, estudiantes con enseñanza remota en situación de emergencia.

Jorge Larrosa, en un estupendo libro, P de profesor, diferencia entre jóvenes, estudiantes y alumnos. Desde su punto de vista la frontera es nítida: la juventud es una condición biológica, una edad, una etapa de la vida. Crítica la “juvenilización” de los jóvenes, como un proceso “por el que algo o alguien se convierte en un cliché, en una máscara, en una imagen, en una especie de doble convencional de lo que es”.

Los alumnos lo son a partir de que se inscriben a la universidad (ese es el ámbito de sus reflexiones, pero podríamos extenderlo): “es una condición puramente administrativa. Y se constituyen en alumnos, también, en el momento en que atraviesan la puerta de la sala de aula y ocupan su lugar”. Les preocupa su calificación, la forma en que deben presentar sus trabajos; toman la materia como trámite.

Estudiante es una condición “existencial y pedagógica”, a la cual debe llevar el profesor a los alumnos, quienes ya en ese papel asumen una actitud y compromiso más allá de notas y pruebas.

Aplicado al lenguaje nacional, caricaturizaría: el alumno se conforma con pasar de panzazo y solo por cumplir requisitos o cubrir créditos.

Con esas disquisiciones, podríamos concluir: alumnos son todos, ser estudiante es un proceso o un camino.

¡Felicidades a los estudiantes!

La nota color esperanza

El fútbol alemán volvió a las canchas la semana pasada, sin aficionados. Hoy la nota genial la brindó el club Borussia Mönchengladbach, en su estadio, el Borussia-Park: 13 mil aficionados del club pagaron 19 euros para apoyar a su equipo con su fotografía pegada a un cartón en el graderío. Para darle un tono más delirante a la idea, abrieron también espacio para aficionados del equipo contrario que, en menor proporción, también estuvieron presentes y sonrientes. Hoy cambio mi concepto de la frialdad con que conocí a la poderosa maquinaría teutona.

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