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La vulnerabilidad de las universidades

Dos universidades públicas estatales enfrentan problemas delicados, de distinta naturaleza pero con un fondo común: el menosprecio a la educación pública y a las universidades, sus instituciones más simbólicas.

La Universidad Juárez del Estado de Durango ha sido intervenida de manera autoritaria por el congreso local, con el voto de la mayoría priista, y vulnerado sus procesos internos y autonomía. Los diputados cambiaron unilateralmente y de manera acelerada la Ley Orgánica, desconocieron un proceso electoral interno, definieron los nuevos tiempos y designaron una rectora interina para, en siguiente capítulo, elegir un nuevo rector.

La Universidad de Guadalajara, por su parte, enfrenta un litigio con el gobierno del Estado. Mil millones de pesos le debe el gobierno panista a la Universidad y no lo pueden negar, para su colmo, el gobierno federal también ha declarado tácitamente la procedencia de la deuda.

El congreso local duranguense y el gobierno estatal de Jalisco no tienen margen de maniobra frente a una repulsa pública. La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, ANUIES, en sendos desplegados exigió a ambos actores rectificar.

El congreso de Durango comete violaciones jurídicas y debe pagar por sus actos contra el estado de derecho. El gobernador la tiene más fácil: pagar. Ya empezó: adelantó 170 millones de pesos y solicita mayores recursos federales para la Universidad que atiende a más de 122 mil estudiantes de bachillerato y más de 80 mil en enseñanza superior.

Ambos actos, con motivaciones particulares, constituyen clara muestra de una vulnerabilidad sabida, por la dependencia económica y por la tentación autoritaria de políticos que pretenden hacer de la universidad un trampolín para fines partidistas o sectarios. Contra ambos tiene que continuar el repudio y la exigencia de resolverlos con justicia, es decir, a favor de las universidades. Así sea, por salud de las instituciones educativas y de la sociedad.

Fuente: Periódico El Comentario

La autocrítica en la UNAM

Guillermo Sheridan y Carlos Ramírez, entre otros, han dedicado algunas de sus colaboraciones en revistas y periódicos a cuestionar la falta de autocrítica del rector de la UNAM.

El 30 de septiembre en su columna “Indicador político” Carlos Ramírez aseguró: “los últimos discursos del rector de la UNAM, José Narro Robles, le quedaron debiendo al país un diagnóstico crítico de la situación interna de la casa de estudios.” Despliega enseguida, como Sheridan en “Vuelta”, un abanico de los problemas acuciantes de la Universidad Nacional. Inocultables, sin duda. También ese día José Woldenberg escribió: “Pero la UNAM tiene problemas. Y no puede ser de otra manera. Sólo los organismos y las instituciones muertas viven en paz consigo mismas”.

Tienen razón. Siempre es necesaria la autocrítica en las universidades, como lo es en el conjunto de las instituciones de la vida nacional, quién puede dudarlo.

¿Alguien ha leído una autocrítica siquiera tibia de la –alguna vez profesora Gordillo sobre su sindicato? ¿El IFE ha sido todo lo autocrítico que se exige a las universidades? ¿Y los medios televisivos e impresos practican la autocrítica y la apertura sin restricciones?

Dice Ramírez en el mismo artículo: “Ahora que gobiernos panistas exigen cuentas, las universidades ponen el muro de la autonomía”. ¿El gobierno federal ha sido autocrítico alguna vez y aceptado su responsabilidad en la debacle financiera nacional? ¿Ha habido algún ejercicio crítico del gobierno federal sobre su propia actuación en el combate a la delincuencia y los miles de muertos?

En ese panismo que ensalza Ramírez, ¿alguien ha sido crítico con las macrolismonas públicas del intolerante gobernador jalisciense?

Diez años después de haber ganado la presidencia y dirigir el rumbo de la educación nacional, ¿hay una autocrítica de la SEP sobre los avances y los desaciertos? ¿Quién, desde la oficialidad, reconoce la pobreza del programa educativo sexenal?

Tienen razón Sheridan y Ramírez. En ella habitan muchos problemas. Se ensañan ambos con el sindicalismo de la UNAM, y aciertan. Pero cometen errores básicos de apreciación. Las universidades, la nacional y las estatales, no son monolíticas; los universitarios no son todos del PRI, PAN o PRD. De ellas egresan o en ellas estudian –o trabajan militantes de todos los partidos políticos, de grupos intolerantes, de sectarios y anarquistas, de radicales y conservadores, de ciudadanos sin partido.

Ni santas ni pérfidas, las universidades son instituciones públicas con historia y claroscuros. Además, ¿qué otra institución pública –o privada es objeto de tantos controles y restricciones –financieras, por ejemplo, como las universidades?

Fuente: Periódico El Comentario

Límites de la excelencia

La European University Association en un documento de 2005 declaró dos principios respecto al tema de la calidad. El primero me interesa comentar: “Ninguna universidad puede ser excelente en todas las áreas. Es el viejo dilema entre cantidad y calidad”.

Es un principio controvertido (acota discursos grandilocuentes), sin duda, pero realista. Reconoce la evidencia palmaria de que no se puede ser excelente en todas las áreas, o por lo menos no al mismo tiempo. Muchos factores explican desarrollo desigual: distintas funciones de las universidades, niveles de madurez, recursos, grados de compromiso y tradiciones, entre otros.

Aceptar el principio no significa la renuncia a trabajar en todas las áreas, o impulsar unas en desmedro de otras. Significa, desde mi perspectiva, comprensión de que normalmente unas están más cerca de alcanzar parámetros deseables, que se necesitan estrategias adecuadas a cada condición y, sobre todo, que no es justo usar el mismo rasero para ámbitos heterogéneos.

Pensemos en las facultades de una universidad: entre aquellas con 50 años de vida y unas con 10 habrá diferencias inherentes en principio solo a la antigüedad. Juzgarlas a todas con las mismas exigencias podría ahondar la diferencia, condenando a las de menor avance.

Por eso –y más razones-, los rankings universitarios que circulan en el mundo con fuerte impacto mediático no son confiables, pues cada uno atiende ciertas variables, con base en las cuales se califica a toda la universidad. Dichos atributos son valiosos pero referidos a una porción.

La aceptación del principio de la asociación europea es también un gesto de responsabilidad, muestra de comprensión de la dificultad de los procesos de transformación institucional. Pretender que todas las áreas caminen la misma ruta en igual tiempo podría traducirse en un ejercicio semejante a hacer rodar un triciclo con ruedas de distintos tamaños o, peor, con llantas redondas y cuadras.

Fuente: Periódico El Comentario

Los saberes necesarios para el futuro

En el libro de un gurú de moda –colombiano cuyo nombre no voy a mencionar en el tema de la educación basada en competencias encontré una alusión a Edgar Morin y su obra “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, que me recordó las dudas acerca de la concreción de las ideas de Morin en el sistema educativo mexicano, no por insolvencia teórica, sino porque el discurso reinante en el mundo pedagógico oficial navega otras aguas.

Pensé, por ejemplo, en la reforma de la educación media superior, con su pretensión de suprimir la enseñanza de la filosofía, medida antagónica a las ideas del filósofo francés, en el texto aludido.

Pienso también si desde ciertas corrientes frívolas se puede enseñar el ideario de Morin. Si la obsesión es, por ejemplo, instruir para ser competentes-competitivos-exitosos (con el modelo Carlos Slim como perfil de egreso): cómo educar advirtiendo a los estudiantes sobre el peligro de la ilusión y el error en el proceso de conocimiento, o cómo enseñar la identidad terrenal, el proceso de incertidumbre o la antropoética.

Sospecho de la comprensión que se tiene de Morin a la hora de aterrizarlo en los sistemas e instituciones educativas. Incluso dudo de la claridad que tiene el iluminado que ahora inspira sistemas e instituciones educativas y que nos enseña, entre otras joyas, que el objetivo es, dice sin rubor, la “persona humana” (¿hay algunas que no lo sean?).

Conforme avanzo la lectura confirmo que el tal gurú lo es para un cierto tipo de “personas humanas”, probablemente bien intencionados pero ingenuas. Lean a continuación lo que escribe como la competencia a formarse después de aprender uno de los capítulos de su libro: “Conceptuar las competencias como un concepto complejo, con base en la cartografía conceptual”. ¡No sé si me doy a entender!

Si los sistemas, las instituciones y los actores de la escuela necesitan revitalizarse y sólo encuentran en el camino la orientación banal y milagroso de ciertos vendedores de espejitos, nuestro futuro en el mediano plazo y largo plazos habrá que esperarlo tan negro como nunca, porque a todos los problemas habrá que sumar la ignorancia de nuestra incompetencia.

Fuente: Periódico El Comentario

El presupuesto educativo para 2011

En la discusión del presupuesto para educación en 2010, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), con su rector a la cabeza, se unió a las negociaciones de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) con el Congreso de la Unión y el gobierno federal.

ANUIES, como ha sido usual en los años recientes, es responsable de buena parte de la negociación del financiamiento para las universidades públicas estatales. Por su parte, antes de 2010, la UNAM había acordado su presupuesto sin mediaciones ni otros participantes; así, la decisión de unirse al organismo que agrupa a las instituciones educativas públicas y privadas fue relevante. El impacto político y mediático no habrán sido menores, aunque sea difícil cuantificar los efectos. Al final, el presupuesto para la educación superior conseguido superó el proyecto del ejecutivo federal.

La fortaleza de la ANUIES con la UNAM es mayor y no desdeñable, por eso cabía esperar movimientos políticos, como ya sucede en la víspera del debate por el nuevo proyecto de egresos. En la discusión para 2011 el gobierno federal quiso mover sus piezas y recomponer el escenario. En principio, la UNAM tiene una partida presupuestal que no la obliga a presionar por más recursos a su favor. La jugada parecía perfecta, para sacarla de las negociaciones que encausa ANUIES. Pero su rector tomó otra determinación que no esperaban las autoridades federales.

Ahora, ha dicho José Narro, tenemos que participar en la negociación del presupuesto para que el mismo trato que recibe la UNAM sea tributado al conjunto de las universidades públicas. Una lección estratégica que deja descolocado al gobierno federal.

Si antes el papel de la máxima casa de estudios nacional era crucial, hoy lo es mucho más, porque el rector tiene mayor autoridad y sus argumentos rebosan solidaridad. Si antes su presencia era poderosa e incómoda, hoy lo es más, afortunadamente. Sin embargo, las piezas esperan el siguiente movimiento y faltan varios capítulos.

Fuente: Periódico El Comentario