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La cueva del cíclope

Anoche comencé a leer La cueva del cíclope. Tuiteos sobre literatura en el bar de Lola (2010-2020), de Arturo Pérez-Reverte.

Paseando en la librería virtual lo encontré, vi la reseña, el precio y creí que valía la pena.

La saga del capitán Alatriste la conocí apenas salía, luego empecé a leer todas sus novelas. Falcó fue la última que compré. Publicó algo más, pero ya no hice mucho caso.

Lo sigo en Twitter y me divierten sus envites temerarios, de kamikaze japonés, confiesa. En su faceta tuitera le admiro sagacidad y rapidez. Honra a sus personajes: cuando no hay opción, lo mejor es batirse y tirar a matar.

Del libro, con más de dos mil páginas, apenas recorrí varias decenas. Lo pasaré bien en este repaso por sus tuits de una década, y los de sus contertulios en el bar de Lola.

Twitter y la escritura terapéutica

A veces me tienta la idea de hacer una clasificación de los tuiteros en mi TL. Luego me acuerdo de lo bien que me hacen pasar muchos momentos y me retracto. En realidad, me pasa de todo, de lo bueno casi siempre, de lo no tanto a veces.

Uso Twitter con distintas intenciones: informativas (buena parte de las cuentas que sigo tienen esa motivación), pedagógicas, políticas, amistosas, humorísticas y poco más. Mis valoraciones tienen que ver con lo que busco y, en consecuencia, cuando no lo encuentro, pues dejo de seguir y ya está.

Entre los que poco soporto, pero a veces no puedo evitarlos, son los que se viven el día entero quejándose del montón de trabajo y de la falta de tiempo, y para dejarnos constancia, no dejan de tuitearlo. ¿Y qué carajos haces aquí?, se me antoja escribirles. Pero luego recuerdo: cada uno es como es. Y la escritura tiene una indudable función terapéutica. Tal vez escribir de los agobios del exceso laboral y la escasez de tiempo resulta contradictorio, mientras no dejan su cuenta de Twitter a un lado, pero podría serles una forma de salvar momentáneamente la angustia.

Otra clase de tuiteros que tampoco me simpatizan mucho son aquellos que van repitiendo fórmulas que exhiben agotamiento mental del tipo: “avísenle a @fulanitodetal que…”.

No quiero seguir y aborto las siguientes clases de tuiteros. Cada uno es cada cual, y si Twitter sirve para evitar el suicidio o el desahucio, ya cumplió su función con creces. Por fortuna, desconectarse sigue estando en nuestros dedos con un teclazo.

 

 

ENCUENTROS AFORTUNADOS

Gay TalesePor afortunada recomendación comencé a leer a Gay Talese, escritor norteamericano, reconocido como uno de los creadores del “nuevo periodismo”, también llamado “periodismo literario”.

Una noche de desvelo conseguí electrónicamente tres libros. Por intuición, elegí primero Retratos y encuentros. No sé si era la mejor opción, pero me deslumbró la capacidad del autor desde la página inicial. Puede parecer una expresión tópica, pero Talese es de otra calaña periodística.

He concluido sólo dos capítulos, uno sobre la ciudad de Nueva York; el otro, sobre Frank Sinatra. Los adjetivos me resultan insuficientes; los aprendizajes, ni siquiera los imagino.

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Compendio de lugares comunes (en clave de Twitter)

Los usos equívocos e invertidos (¿pervertidos?) de la educación son numerosos. Un recuento parcial enseguida.

La educación no es un sindicato poderoso integrado por escuelas y maestros.

Los sistemas educativos no nacieron para contratar maestros, sino para formar ciudadanos.

Las escuelas no son estacionamientos, tampoco guarderías de estudiantes o de profesores esperando jubilación.

La escuela no es una carrera de obstáculos, con el objetivo de desgranar estudiantes.

Tampoco es una competencia entre profesores para decidir a quien reprueba más, por tanto, es el más “duro”.

La educación no es una variable independiente con respecto al sistema social.

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Confesiones (en clave de Twitter)

Me cansan un poco los autoritarios -y autoritarias- que disfrazan su discurso con palabras huecas y melifluas.

Detesto a los autoritarios que pretenden educar con la impostura.

Me cansan los autoritarios que, micrófono en mano, dictan la última palabra; la suya, por supuesto.

Repudio a los autoritarios que desde el rectángulo de una pantalla pretenden recortarnos la realidad.

Rechazo a los autoritarios (y autoritarias) en la dictadura, pero mucho más a los autoritarios en la democracia.

Me cansan los políticos autoritarios que esconden la cabeza a la hora de las decisiones, pero inflan el pecho en la de acusaciones.

Detesto a los líderes mesiánicos seguidos por turbas de ignorantes y flojos.

Me cansan los autoritarios que construyen gigantes de papel, o enanos de humo… viceversa.

Me cansan aquellos que prefieren a los autoritarios para no pensar, decir ni asumir responsabilidades.

No soporto a los autoritarios que, por serlo, desprecian a los otros, aunque los abracen y besen la mejilla.

Me gusta, en cambio, provocarles para que muestren lo que mal esconde su corteza, es decir, su torpeza.

Me cansan tanto los autoritarios, pero no me cansaré de cansarlos.

Detesto a los autoritarios, por eso no les dejaremos el campo libre.

Me cansan los autoritarios de aquí y allá, pero no tanto como para no combatirles, aquí y allá.

Twitter@soyyanez