Artículos, Blog

Cartas a la escuela

Posted by Juan Carlos Y√°√Īez Velazco

Hace unos d√≠as rele√≠ Pasi√≥n por la escuela. Cartas a la comunidad educativa, de Miguel √Āngel Santos Guerra (Santa Fe, Argentina, HomoSapiens Ediciones, 2010). La peregrinaci√≥n por el libro me redescubri√≥ la l√ļcida brevedad y elocuencia del apreciado profesor universitario, admirado en varios pa√≠ses de Latinoam√©rica, especialmente M√©xico y Argentina.

Pasión por la escuela forma parte de mi baraja de textos selectos, de los cuales elijo algunas páginas para comenzar las clases con estudiantes de Pedagogía, las tardes de martes y jueves. Me gusta comenzar las sesiones delante de los 25 o 27 estudiantes que asisten a las aulas donde trabajo. Abro un libro frente a ellos, busco el pasaje y leo; luego, levanto los ojos y observo la mirada expectante de la mayor parte del grupo. Al final, no preciso preguntar ni solicito comentarios, sólo dejo que transcurran algunos instantes para despertar reflexiones. A veces sucedan preguntas; otras el silencio y, quizá, la curiosidad por seguir leyéndolo.

Las cartas de Santos Guerra son perfectas para inducir reflexiones sobre paisajes y recovecos a veces invisibles de la vida escolar, sobre todo, con estudiantes que ser√°n profesores o con maestros noveles.

El peligro con la pandemia discursiva de eso que hoy llaman ‚Äúeducaci√≥n socioemocional‚ÄĚ es que los valores que promueve permanezcan en un plano abstracto, como contenido del ritual escolar o la formaci√≥n docente, pero que no se incorpore a la pr√°ctica real de los maestros. Que se convierta s√≥lo en contenido program√°tico, pero no en savia de las relaciones pedag√≥gicas y las comunidades docentes.

En el acercamiento personal al libro, un sentimiento atraviesa toda la obra, o uno en particular resalto ahora que culmina el fin del semestre escolar en esta regi√≥n de Am√©rica Latina: gratitud. Varias de las cartas de Pasi√≥n por la escuela transpiran gratitud y humildad, como la escrita a la se√Īora que se encarga del aseo en los centros educativos, invisible para el com√ļn de profesores y estudiantes, pero necesaria para laborar en condiciones higi√©nicas indispensables.

El g√©nero epistolar produjo varios libros y muchas p√°ginas memorables en la pedagog√≠a, por ejemplo: Cartas a una maestra por los alumnos de Barbiana, el proyecto creado por Lorenzo Milani en la Toscana; Cartas a Guinea-Bissau, de Paulo Freire, y del propio educador brasile√Īo las Cartas a quien pretende ense√Īar. Philippe Meirieu escribi√≥ Carta a un joven profesor. Por qu√© ense√Īar hoy. En la misma l√≠nea podr√≠amos incluir los Consejos a los maestros j√≥venes, de Celestin Freinet, aunque lo integren m√°s bien art√≠culos.

Las cartas gozan de prestigio magro en el mundo de la academia, donde priman los marcos teóricos, aparatos críticos o abundantes citas correctamente formuladas en las normas sacralizadas; pero esa literatura también puede ser un anzuelo más atractivo para no-lectores o lectores poco asiduos a navegar en los meandros del rigor académico.

No se trata de una concesión barata, como de un esfuerzo por transformar los contenidos académicos en pretextos para la lectura de la realidad a través de la lectura de las palabras, como proponía Paulo Freire.

Las cartas de Santos Guerra son un recordatorio de que en las escuelas es indispensable tener presentes a todos aquellos que tienen un papel, aunque parezca menor; que en un peque√Īo o gran centro escolar todos desempe√Īan un rol indispensable, sin el cual, la obra pedag√≥gica palidece o incumple funciones. Que la educadora es una obra social en la cual nadie sobra y todos deben inmiscuirse.

Con varios pasajes de la lectura de Santos Guerra en mente el jueves llegu√© a la facultad. Otra tarde de oto√Īo con ambiente estival. En la puerta, una mujer de mediana edad, pantal√≥n negro y camisa blanca, encargada de la vigilancia, me salud√≥ con rostro afable pero cansado. La mir√© y su expresi√≥n me devolvi√≥ la imagen que no puedo sacudirme: la de muchas horas bajo el sol, apenas eludido entre las sombras del √°rbol frondoso que custodia la puerta. Ojos extenuados, sin √°nimo; expresi√≥n gastada. Hombros ca√≠dos y gesto adusto.

Pas√© el filtro sanitario, ya protocolo voluntario. Las im√°genes se me hab√≠an pegado en la piel. Pens√© en el privilegio de mi oficio. Observ√© atr√°s: los ojos clavados en el piso de la se√Īora que antes me hab√≠a servido el gel antibacterial estaban en otra parte. O en ninguna. Esperaban al siguiente transe√ļnte. Los m√≠os siguieron directos al aula; la mirada en la puerta, la conciencia detr√°s. Le agradec√≠ en silencio, como un d√≠a hicieron los estudiantes, cuando les ped√≠ que recorrieran el campus en busca de aquello que no aprecian en su andar cotidiano, pero les resulta encomiable. A la salida de clases, tres horas despu√©s, volv√≠ por la misma puerta, la salud√© y agradec√≠ de frente con un chocolate en la mano. Lo mir√≥, me mir√≥, sus ojos brillaron un poco. Nos miramos. Sonri√≥.

Y mientras tanto…
Mientras se disputan los partidos del controvertido Mundial de Catar, envuelto en esc√°ndalos de corrupci√≥n para designarlo como sede; por las condiciones laborales en que, se asegura, murieron miles de trabajadores y las prohibiciones en el millonario pa√≠s, me pregunto si los maestros en las escuelas de los pa√≠ses latinoamericanos que asisten a la Copa aprovechan esta √©poca para convertirlo en tema de clase, estudiando geograf√≠a, historia, m√ļsica, arte, literatura, econom√≠a o el mismo deporte; o si seguimos de espaldas a lo que sucede fuera de las escuelas. No tengo evidencias ni hip√≥tesis.

Mientras es hora del partido que eleg√≠ para este d√≠a del fin de semana, tomo el libro escrito al alim√≥n por los escritores Juan Villoro, mexicano, y Mart√≠n Caparr√≥s, argentino: Ida y vuelta. Una correspondencia sobre futbol (M√©xico, Seix Barral, 2012). Magistral intercambio epistolar entre ambos durante la celebraci√≥n del Mundial de Sud√°frica, en donde despliegan su sapiencia balomp√©dica y el ingenio de su escritura, a la vez l√ļdica y did√°ctica entre las canchas, el bal√≥n, los futbolistas y el valor del deporte.

Hay coincidencias en ambos mundiales, Sud√°frica y Catar: primero en un pa√≠s africano, primero en un √°rabe; el enfrentamiento entre M√©xico y Argentina, la patria de los escritores, con desenlace parecido en ambos partidos. Las semejanzas alimentan la ilusi√≥n de que sea, de nuevo, el escenario para que la Selecci√≥n de Espa√Īa se erija campeona del mundo. Aunque el futbol siga siendo, ya sabemos, lo m√°s importante de lo menos importante.

Related Post

Leave A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.