ECOS DEL MUNDIAL

brasil2014El fútbol es más que un deporte. Desde hace tiempo su dimensión económica y el alcance que representa superó la imaginación de los organizadores de la primera copa mundial en 1930. Los escándalos que rodean a la FIFA, el organismo supranacional que dicta sus leyes a veces por encima de las legislaciones de cada país, no dejan lugar a dudas sobre el poder y el alcance de sus tentáculos. Dichos escándalos, nada nuevos, confirman las acusaciones que en su momento hicieran algunos de los más importantes protagonistas, como Diego Armando Maradona.

El mundial de Brasil, que llega al fin de su primera etapa, admite muchas lecturas. La más estrictamente balompédica deja varias notas curiosas y otras cuantas edificantes. Entre las primeras, por ejemplo, dos hermanos jugando en dos países distintos, uno para Ghana, otro para Alemania; una expresión del nivel de globalización que invade el fútbol, con unos 70 jugadores vistiendo playeras de naciones adoptivas. Más curiosidades: Colombia aporta tres entrenadores para equipos latinos (Ecuador, Costa Rica y Honduras), pero importó para su selección uno de los tres argentinos que dirigen en el torneo.

Entre las segundas, las noticias que inspiran sentimientos y exaltan esfuerzos colectivos, la más impactante es Costa Rica, ubicada en su grupo con tres campeones mundiales, ganando a dos y empatando con el tercero, para la más histórica de sus pocas actuaciones y la alegría del país. Otros casos son aislados y no tienen la misma consistencia heroica, como Irán sosteniendo durante 90 minutos un empate contra la millonaria delantera argentina, sólo roto por un error arbitral que no marcó un penalti a favor de los iraníes, y una genialidad de Lionel Messi cuando se jugaba el excesivo tiempo complementario.

Un mundial que acortó distancias como pocas veces en la justa, pues fueron regresados a casa en la primera ronda tres campeones mundiales, sin piedad y sin gloria. Un mundial que regala goles y premia el fútbol vistoso, que juega a ganar y no a evitar la derrota. Que no escatima goles y reconfirma la rancia postura de la FIFA, que se niega al uso de la tecnología para eliminar las injusticias que miles en el estadio y millones en las pantallas observan. Claro, no son sólo pruritos contra la tecnología, sino la posibilidad de inclinar la mesa para donde convenga.

Lo deportivo parece salir indemne y con buenas cuentas. Lo financiero será jugoso para la FIFA, pero Brasil podría ingresar a un infierno, advertido desde hace un año, porque la justicia social no encuentra asiento definitivo en los hogares de decenas de millones de brasileños que eventualmente disfrutarán la diversión durante un mes y seguirán hundidos en la miseria los próximos muchos años.

Un campeonato privado (la FIFA es el dueño) pero masificado, alentado por las marcas más poderosas del planeta. A diferencia de la concesión cínica de un poco de pan y mucho circo, esta vez el circo del balón no será suficiente o no ha sido (¿nunca más será?) bastante para callar la miseria, la injusticia y la depravada obsesión por las riquezas a costa de la universal pasión deportiva.

Aunque la comercialización del fútbol penetra en todas las esferas de la sociedad, se atisban nuevos usos y otras visiones para mirarlo. Las redes sociales son un aliado poderoso de esa otra forma de vivir el mundial. Por otro lado, no sé cuántos países, pero Argentina, por ejemplo, permitió no sólo que los niños y maestros puedan ver los partidos de su selección durante la jornada escolar, sino que distribuyeron en las escuelas materiales preparados ex profeso para analizar el mundial como fenómeno social y cultural.

Para lo que resta, a los aficionados que disfrutamos ese deporte nos queda esperar que no nos lleguen a cuenta gotas los buenos partidos, que no persistan las injusticias en la cancha o la infamia como la que hicieron contra los jugadores de Costa Rica en la prueba antidopaje después de su victoria contra Italia. Eso, y que gane quien mejor juegue, quien reivindique la victoria limpia y respete al contrincante sin trampa ni violencia.

Un Mundial, en síntesis, que podría significar un oasis de buen fútbol y, ojalá, el punto y aparte en la trascendente, urgente historia de los campeonatos por la justicia social.

Comentarios

  1. 1K Leonel Arroyo Elizarraraz dice:

    Football is no longer more only a sport; there is much interest economic and even political.
    A country like Brazil that has invested so much money in the world cup, only worth for their residents if they had been champions.
    It is sad to see huge stadiums to side of modest houses.
    In a sport that generates so many gains, it is rare that there is no corruption of by means or trap match.

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