El valor del bachillerato

La semana anterior tuve oportunidad de asistir a algunas de las ceremonias en que se entregaron certificados a unos cuatro mil egresados de bachilleratos de la Universidad de Colima. El simbólico y relevante hecho es propicio para la reflexión sobre el significado de la educación media superior en un país inequitativo, con enormes segmentos sociales excluidos y en distintos grados de pobreza.

Sin pretensiones de exhaustividad, conviene recordar algunas cifras del Sistema Educativo Nacional: en el más pasado ciclo escolar se registró una inscripción de poco más de 34 millones de estudiantes en todos sus tipos y niveles. Una cantidad enorme, más grande que la población de muchos países latinoamericanos, por ejemplo. Sin embargo, también existen 32 millones de mexicanos mayores de 15 años que se encuentran en condición de rezago, sin haber sido beneficiados con el derecho constitucional (y humano) a la educación básica; de esos 32 millones, poco más de 5 millones, según cifras oficiales, en la penosa situación de analfabetismo.

De acuerdo con la información disponible de la SEP, a educación media superior tienen acceso dos de cada tres jóvenes en la edad correspondiente, y de ellos, apenas poco más de la mitad logran culminarlo. Significa que tienen un certificado de bachillerato solo 40 de cada 100 jóvenes en la edad de cursarlo. Tal desproporción refleja una ineficiencia estructural, que expulsa masas cuantiosas de jóvenes que se sumarán al ejército de los erróneamente llamados “ninis”, los muchachos que no estudian ni trabajan, pero que en muchos casos no tuvieron oportunidad de estudiar, fueron excluidos de la escuela o no encuentran empleo.

Poseer un certificado de bachillerato en una país así (injusto, inequitativo, pobre, violento ahora) equivale a ser parte de la minoría de privilegiados; con diferencias, claro, pues mientras unos lo estudian en el Tec de Monterrey, otros en una escuela oficial de educación a distancia, una propuesta educativa pobre para quienes más carencias tienen, en otra de las genialidades de la educación oficial mexicana: a los que más necesidades educativas (económicas, sociales) tienen les recetan las peores condiciones pedagógicas.

Los egresados de bachillerato de la Universidad de Colima son privilegiados: por haber estudiado en una universidad pública, financiados con recursos aportados por el Estado, con los impuestos públicos que pagamos todos; además, por haber egresado de una de las mejores universidades de América Latina, de acuerdo con el ranking de las 250 mejores universidades de esta región del mundo, elaborado en Inglaterra.

Ambas circunstancias son una doble distinción, pero también un compromiso con cada uno, con sus familias, con la universidad y con la sociedad que les financió. Cursar el ciclo de educación media superior, o cualquier nivel educativo, tiene sentido si la gente adquiere aprendizajes relevantes y avanza cualitativamente en su proceso de maduración personal, intelectual, social. Si eso lo estamos haciendo bien en las escuelas (junto con las familias), los vientos de la intolerancia, la estupidez y la corrupción cada vez serán menos dañinos en una democracia que avanza dando tumbos en pleno siglo veintiuno.

 

Comentarios

  1. balvanero dice:

    De acuerdo, el único camino es la educación; hacer bien nuestro trabajo quienes tenemos la muy alta responsabilidad de estar frente a grupo, en contacto con los jóvenes y sus legítimas aspiraciones.

  2. antonio torres figueroa dice:

    le falto agregar que en algunos bachilleratos de la universidad de colima, les falta un mejor nivel académico como ingles y computación (semiescolarizado 3)para estar mejor preparados para una carrera profesional.

  3. Alejandro Lopez Sandoval dice:

    Muy de acuerdo con usted.

  4. Eurídice dice:

    Juan Carlos:

    Saludos, efectivamente lo que plateas es totalmente cierto, pero con el 40% que permanece o 60% que no ingresa o abandona como hacer para que su experiencia de vida, aquello que Freire llamaba poder contexto convertirlo texto del aula y los textos de vida contextualizarlos en toda experiencia escolar, leer la realidad cómo hacerle para que los que transitan vivan experiencias como alfabetizadores, productores de historias comunitarias, hacedores de experiencias de gestión de mejora de la convivencia con nuestro ecosistema, con los demás y con nosotros, en fin tantas posibilidades que los jóvenes intervengan en sus realidades, para desplegar sus aprendizajes y poder convalidar sus capacidades que acrediten la posibilidad de desarrollar proyectos, desde diseño operación y evaluación.
    Te comento este rollo porque estoy integrando un libro de experiencias en bachillerato de vida, de lo que ha sido posible o de lo que se podría proponer para ser publicado UPN, pero hay que presentar textos de 15 a 20 cuartillas en octubre, como vez se que estas al tope… por lo que leí en éste blog.

    No se si te interese o estés en posibilidad… para detallartelo más y que evalues o alguien con quien colaborar o proponer de tu universidad.

    Le voy a proponer compañeros de la Universidad de Cordova en Argentina ya platique algo con los del CCH, con los de los bachilleratos hay 2, via a gente de la UNAM trabaja interculturalidad… haber quien más suma

    Por ejemplo con maestros de distintas partes país, de los bachilleratos tecnológicos estoy haciendo uno de éstos artículos compartiendo experiencia de una asignatura transversal que hasta este año se da en los 1030 bachilleratos federales en ésta modalidad.

    Muchos saludos y seguro todo va ir para bien o mejor, aunque el horizonte no pareciera…anticipar posibilidades, los jóvenes en muchas partes de nuestro país, su maneras de mirar la realidad anticipan posibilidades… quizás no pensadas por nosotros o afortunadamente no diagnosticas pero se mueven

    Saludos

    Eurídice

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