Manuel Velasco Murguía: constructor de la cultura en Colima[1]

El Seminario de Cultura Mexicana nació en una época singular de la historia nacional y mundial: el país había acogido la diáspora española, luego de la derrota de la República y el triunfo franquista; Europa se desangraba con la soberbia nazi, trituradora del patrimonio milenario y aspiraciones humanas. La conflagración bélica cambió sentidos y dividió bipolarmente al orbe.

Esas circunstancias temporales desembocaron en la renovación de la perspectiva cultural de las instituciones educativas de nuestro país, pues muchos de los exiliados ibéricos se incorporaron al naciente Colegio de México, a la Universidad Nacional y al Fondo de Cultura Económica, enclaves que recibieron sus aportes en varias parcelas del conocimiento.

El Seminario, fundado en febrero de 1942 por el presidente Manuel Ávila Camacho, tuvo honda influencia de José Vasconcelos quien, a pesar de que ya vivía otro horizonte cultural y político, aún era recordado en su mística revolucionaria, cuando fundó la Secretaría de Educación Pública, editó los clásicos griegos y con las misiones culturales extendió por la nación los efectos formativos para millones de mexicanos.

A esta generación constructora perteneció el maestro Manuel Velasco Murguía, uno de los fundadores de la Corresponsalía Colima del Seminario de Cultura Mexicana. Su legado persevera en quienes la integramos. Honrarlo es revitalizarnos, recordarnos, esto es, volver a pasar su huella por el corazón y la memoria.

El propio José Vasconcelos, hace casi un siglo, expresó que un sentido de la palabra revolucionario aplica para quien construye más y mejor. Esa impronta es fiel para la vida caleidoscópica de Manuel Velasco Murguía.

Gran parte de su trayectoria profesional estuvo ligada a la educación en dos instituciones: la Normal de Maestros y en la Universidad de Colima, como coautor del proyecto que la parió en 1940, en este mismo edificio, durante el gobierno de Pedro Torres Ortiz, al lado de otro gran docente, Rubén Vizcarra Campos.

Don Manuel Velasco nació en 1913. Cursó estudios en la Escuela Normal de Colima y el Instituto Nacional de Pedagogía. Vivió casi un siglo, intensamente. Vivió en imperativo, porque tuvo siempre algo que hacer. Conservó intacto el asombro, pues respondió con su vida a las preguntas más importantes.

Fue periodista, radioaficionado, fotógrafo, músico y, sobre todo, formador de incontables generaciones de colimenses.

Al recibir la medalla al mérito universitario “Gral. Lázaro Cárdenas del Río” en la Universidad de Colima, el 26 marzo de 1987,  con especial cariño recordó su paso por las escuelas rurales de Colima y Villa Victoria, Michoacán. También fue inspector escolar, director de Educación Pública y Pensiones Civiles, munícipe, juez del Registro Civil y tesorero municipal de Colima; secretario particular de gobernadores y rectores.

La Universidad le publicó los libros Colima y las islas de Revillagigedo, Cosas de Colima, Relatos de Colima y varios tomos de Historia de la Educación Superior.

Durante su larga trayectoria recibió la Orden Ignacio M. Altamirano, y su nombre le fue colocado al auditorio de los Bachilleratos 1, 2 y 3, el 17 de septiembre de 1990. Su rostro sonriente ofrece la bienvenida en la sala de juntas de la rectoría en la Universidad de Colima.

De hablar pausado, su memoria nunca erosionó. Aun longevo tuvo a la mano el dato preciso, la anécdota oportuna y la sustentación de sus afirmaciones con el auxilio –en caso de duda– de un archivo debidamente organizado.

El profesor Manuel Velasco Murguía practicó vitalmente los oficios más nobles y los combinó durante 70 años con pasión, desde la cual contribuyó a delinear el perfil de la educación colimense.

Los pasos del maestro Velasco Murguía tuvieron dirección certera: la enseñanza ejercida como apostolado. Su pensamiento conserva una actualidad que debe ser aquilatada por los miembros del Seminario de Cultura Mexicana. Humanista en todas las facetas de su vida. Constructor del siglo veinte colimense.

No fui su discípulo o algo próximo; tampoco gocé el privilegio de su amistad. Cuando requerí, encontré respuesta y asesoría precisas. Pero eso mismo, la distancia sentimental, me coloca en la mirilla justa para valorarle en todas las dimensiones que abarcó su vida.

Desde la privilegiada vista de mi oficina en la Dirección General de Educación Superior de la Universidad le miraba caminar con frecuencia a su llegada y salida, de paso lento y acompañado fraternalmente. Me detenía un momento, veía la escena y envidiaba la vitalidad y disciplina de un hombre al que el amor a su oficio y de la familia mantuvo lúcido. Su ejemplaridad me conmovía, como su honestidad y cabalidad. Un hombre de su tiempo, de palabra y palabras, de hechos.

Manuel Velasco Murguía es testimonio sin par de la nobleza colimense, al que el Seminario de Cultura Mexicana recuerda y honra hoy, para pulir la brújula que debe orientar nuestra trayectoria por lo menos en los próximos 60 años.

 

[1] Discurso leído el 8 de febrero de 2018 en la sesión conmemorativa del 60 aniversario del Seminario de Cultura Mexicana corresponsalía Colima.

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